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De vuelta de la carrera «La hoz del Huécar»

Hay tres nombres que todo conquense memoriza: las casas colgadas, Federico Muelas(existe la «senda del hocino de Federico», en la que, al principio, podemos leer unos versos del poeta extraídos de su famoso soneto a Cuenca: ¡Oh, aventura de cielos despeñados / en volandas de celestes prados!), y J. L. Perales. En cuanto al primero, es más para el turismo, por lo que es un aspecto que queda ahí sin más, al menos para mí. Sin embargo, el poeta Federico Muelas para los docentes o amantes de la poesía, hay que tenerlo en cuenta, aunque hayamos sido injustos al no valorarlo en su justa medida, pero me alegré que en el umbral del puente san Pablo y debajo casi de las casas colgadas, un grupo de jóvenes tocasen piezas de Mozart y Bethoven; en un intervalo, entablé conversación con ellos; y una de las cuestiones que salió fue el poeta Federico Muelas al que me dijeron que lo habían estudiado en el bachillerato. Si repasamos los textos de bachillerato que están en uso en la Comunidad de Madrid, ninguno lo nombra; claro que en la universidad ni rastro. Me emocioné que la gente se parase a escuchar a Mozart-yo también lo hice-, y cuando terminaban una pieza se ofertaba con euros, que  ellos agradecían. Entendí que amaban la música, les deseé suerte, para añadir: no olvidéis que música y literatura se hermanan.

Vista del puente san Pablo y Parador de Turismo. Antiguo Convento de los PP. Paúles.

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Tercer y último dia de selectividad en Madrid

Primero, gracias mil, a los lectores de mis apretadas líneas de estos tres días de selectividad en la que, año tras año, participo; me consta que el país que más me sigue después de España es Argentina; vaya un aplauso sincero por la constancia en responder, aclarar o ampliar al señor  Neyret-la red nos tiene que servir para el conocimiento-  que, tal vez, sea  residente en Argentina. Anoche me dio la noticia, en contestación a mi escrito, que R. Bradbury había muerto. Hoy, el diario El País (pág. 38) nos trae la noticia.

Si hay una palabra que recoja el ambiente de este día es alegría. Hasta percibo que la vestimenta destila otra actitud, otra forma; no son ajenos, tampoco, los correctores-vocales, todos nos hemos puesto más guapos, valga la expresión. Es el final, es la fiesta del deber cumplido; es la puerta que se les abre a la ciencia, al pensamineto, al ser. Como ya adelanté en el «twitter», la víspera de las pruebas, enhorabuena, de nuevo.

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Segundo día de selectividad en Madrid

No me ha causado sorpresa, los lectores del diario El País estamos acostumbrados,  que la información sobre un acontecimiento primordial, como son las pruebas de selectividad, se arrincone a la página 4 del suplemento Madrid, y encima en página par. Ni siquiera en la portada del suplemento se nos informa; al parecer tiene más importancia lo de «Tío Pepe». ¡Todo un hito para los anales del periodismo! Pero, este es el periodismo que tenemos.

Por si fuera poco, el título de la crónica de P.A. me saca de quicio. Que yo sepa- soy vocal- el estreno no versó sobre Historia o Filosofía sino que fue  Comentario de Texto, Lengua y Literatura, que nombra de pasada. ¡Qué oportunidad ha perdido el periodista para ahondar en los dos temas que cayeron: «Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX» y «La poesía de la Generaciópn del 27» para reivindicar el conocimiento, la solidaridad y la generosidad que traslucen en los temas nombrados en estos días de tribulación; por ejemplo, la poesía como casa de misericordia o los nombres de Pérez Galdós, Clarín y Pardo Bazán como sustratos de tantas cosas existenciales como nos conciernen hoy.

Estoy convencido de que estos jóvenes, en el segundo día, vienen más tranquilos; respiran conocimiento y se muestran más cercanos, más sonrientes, despopjados ya de lo típicos nervios del primer día. Los veo pletóricos, con ansias de convertirse en universitarios. Espero que encuentren lo que desean y no desbarren el primer año, no pronuncien la expresión:»¡qué desilusión!, esperaba otra cosa». La ilusión, la utopía, la heterodoxia, deben predominar, ser simiente, en la Universidad.

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Selectividad en Madrid

A primera hora me persono en la Facultad de Biología en donde está la sede que me corresponde y en la que estoy convocado a las 8.30 horas. Son las 7.50 minutos; me dirijo a tomar un café; la cafetería está cerrada, me dicen que hasta la 8 no abren; en la espera, observo, a lo lejos, a una antigua compañera que viene acompañada con una joven. Nos saludamos, me presenta a su hija, y me lanza: doctora cum laude; mi más sincera enhorabuena, respondo. No me dejan que invite, quieren festejar conmigo la calificación.

  A las ocho nos tomamos el café e invito a unos huesos de san Expedito que traigo en el bolso, como recuerdo de esas rosquillas que hacía mi madre en el pueblo. Son lo más parecido y que tanto gustaban a mi padre. Les encantan, sobre todo a su hija Isabel.

Otra vez, encargado de aula. Me ayuda al reparto de exámenes y a la vigilancia otra profesora de matemáticas. La primera prueba versa sobre comentario, lengua y literatura con dos opciones. En la literatura salen dos temas para el lucimiento: «La poesía de la Generación del 27» o «Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX». Si yo me hubiera examinado me hubiese decantado por el segundo. Es más creativo.

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Fin de semana en Ávila

Otra vez en la estación de Chamartín a la espera de que el tren parta hacia Ávila. Me espera otro Medio Maratón (21km. 97, 05 metros), hoy, día 12, a las 17.30 minutos. Como siempre, el periódico del día y un libro. A pesar de que los libros están desperdigados (Madrid, Extremadura y la Sierra madrileña), siempre tengo a mano el que necesito, en este caso el LIbro de la vida de santa Teresa de Jesús por lo que evoca la capital castellana. La primera cita, curiosamente, de la «Salutación» de esta página «web», es de la doctora de la iglesia (» Tened olio en la aceitera / de obras y merecer,/ para poder proveer / la lámpara, que no muera«), pero esto no es óbice para que esté en desacuerdo, y a mi parecer anticristiano, el hecho de que exigiera dote para las novicias que entraban en el convento; y eso sí, las que no podían, estaban destinadas a realizar las labores de las letrinas, cocinas, etc. Jesús de Nazaret no lo haría. Solo me refiero a ese hecho concreto, no a su lucidez estilística que brota de sus escritos. En lo demás, «el tiempo de perdiz» y «el tiempo de oración», no entro.

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