Personales

Ante la ventana, 3. Yo no sabía…

Yo no sabía que

tus ojos en mis ojos

fueran cantos de transparencia,

y tu cuerpo un jardín de primavera y

los brezos que atienden a llamada,

a fuego sin fin.

Al clarear nos entrelazamos

con manos juntas sobre el cuerpo desnudo,

solo el aire entre los dos

y la fuerza temblorosa

ante el encuentro furtivo

que supo a gloria, a cincel corpóreo,

en la comba del panal.

Rastros de luz, abandonamos

ante el silencio de paredes risueñas,

llamean al deletrear tu nombre de miel-brezal.

No es de despedida; el tiempo no se detiene,

los claveles quedan. Es tiempo de espera,

arracimados en la albada.


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Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Personales

Ante la ventana, 2. La primavera estalla

El corazón estalla ante la alegría de vivir; si no das rienda al sentimiento que yergue junto a la esperanza, y unes lo corporal entre el tú y yo, sumido en el alma, esencial entre personas, posiblemente la felicidad se acorte y no vuelva; de ahí que disfrutemos de esta primavera que se nos presenta a raudales para que sea única y verdadera.

La primavera se presenta con claridad; nos da la bienvenida; abril y mayo esperan el regocijo, el incendio de la fuerza corporal, con la alborada tan presta para arder, a la espera del regadío viviente. Venga, anímate.



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Personales

Ante la ventana, 1. Ya he aludido

Ya he aludido, en varias ocasiones a la ventana, que comencé cuando nos visitó lo inesperado por su sorpresa, sin que nadie lo advirtiera. Fue lo que se llamó «Filomena». Ahora es otra ventana, como mirador, mucho más amplio en su largor, profundidad y anchura. La luz penetra en toda la casa como centinela, como ojo abierto, que destella alegría, entusiasmo, felicidad. Es un incendio de plenitud que penetra en la mente, que te dice vete contento; aquí me quedo vigilante con toda claridad . Llévate la fascinación de los libros que parecen que hablan a la espera que vuelvas. Tan esclarecedor como te vas, se quedan.

Al regreso no hace falta que te agarres al alféizar de la ventana para asomarte. Todo forma una habitación espléndida con paredes blanquísimas. Ni candelabros son necesarios. Es un espacio narcotizado de belleza y de luz que te saludan. El alma se sincera y te anima a que contribuyas con el espacio. La nostalgia no cabe. Ahora solo la contemplo como guardián/a. La fantasía, por tanto, se yergue, huye de la soledad y se encrespa ante lo imposible, como elogio de lo que no se puede lograr. Es el recuerdo de lo vivido, que no se añora, ni se desea. Pasó y ya está. Llamea como necesidad existencial, pero se aporta; vamos todos hacia la finalidad y abandonamos el fruto del deseo.

No es el ancla, sí el centro de la casa, pero no va conmigo la quietud en los espacios, prefiero la huida y acogerme en bibliotecas; la mejor universidad, es el júbilo del pensamiento.

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Personales

Pere Gimferrer

Su nombre nos lleva muy lejos; su poética la cargamos a cuestas; su perfección nos inunda de sabiduría y sentimientos; ya en el bachillerato nos quedamos en la memoria con Arde el mar, pero no nos enganchaba al menos a mí. Sí estaba ahí como algo novedoso y quizá extraordinario, pero no llegamos. Cuando entré en el paraíso destinado a pocos fue cuando rayó la perfección con Rapsodia, Tornado, Alma Venus y Amor en vilo. Este último fue una inundación intelectiva hecha materia, difícil de superar. Ahí me quedé. Hace poco me dije: voy a releer aquellos versos que me impresionaron y me dejaron tan pensativo. Y estos días de carnaval he vuelto a leer los cuatro. Ha sido una gozada; es el amor hecho carne, espiritualidad, sentimentalidad y prodigio; es el canto a lo divino, a lo que permanece, a lo necesario, a lo que nos obliga a ser. También cayó en tierra abonada Interludio azul, pero no he vuelto a releerlo, ni siquiera estos días. En mi mente, ahora, se ha aposentado el libro que ya se ha convertido en clásico si hacemos caso por el revuelo con que se ha recibido. Mañana viernes comenzaré las 695 páginas de que consta La península de las casas vacías de David Uclés.

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Personales

Antonio Machado pervive, aunque nos dejara un 22 de febrero, su obra trasciende, se eterniza

Continua evolución de su poética que nos enganchó: «la poesía es la palabra esencial en el tiempo«. Doble idea: esencialidad y temporalidad. Abierta ya en el siglo XXI para que reflexionemos sobre los problemas que nos acucian; sin que nos falte la otra almena existencial como es la otredad. Es la esperanza la que subyace en las personas. Es la fraternidad humana.

Siempre tuve como algo esencial la expresión …»en una tarde azul sube al Espino, / el alto Espino donde está su tierra«. Es la emoción hecha carne; es el sentimiento hondo, sincero, verdadero, que nos aprisiona. ¡Qué bien supo el poeta plasmar su amor eternal! Ráfagas líricas que nos enternecen ante una nueva sentimentalidad; una lírica intelectual no cabe en lo que el poeta quiere expresar.

Cada vez que me acerco a las relecturas del poeta reverdecen; es como si fueran nuevas. Son las huellas que te dejan. Es la palabra como una palpitación del espíritu; lo que pone el alma. (Me habéis llegado al alma, ¿o acaso estabais en el fondo de ella?

Converso con el hombre que siempre va conmigo /-quien habla solo espera hablar a Dios un día-«. En el fondo había en Machado una cierta esperanza. Estaba convencido, como Galdós, que la doctrina de Jesús de Nazaret estaba muy lejos de aquellos que predicaban o se consideraban cristianos, de ahí que lanzara : «Es evidente que el Evangelio no vive en el alma española». Para Machado triunfaba «la máscara de catolicismo«. En su obra hallamos testimonios de esa ansiedad de Dios en contra de la religiosidad tradicional y de los clérigos que no daban ejemplos, a pesar de su falta de fe. Sentía admiración por el Cristo que anduvo en la mar; incluso por un cristianismo revolucionario, tipo Tolstoi. En Baeza no encontró esa espiritualidad tan propia del verdadero cristiano; «inercia espiritualidad» en contraste con Soria. La verdadera otredad-lejos del subjetivismo- es ir acercándose al alma colectiva con reflexión que anonada con meditación profunda. Es la tríada de Dios, persona, sentido cristiano, dejando claro que en poesía la intuición es lo primero y después el sentimentalismo, para pasar de la… ¡ inmensa minoría a la castuoría inmensa! Esto me lleva a pensar que Juan Ramón Jiménez había leído El miajón de los castúos, 1921, de Luis Chamizo. Es el pensamiento del poeta de Moguer…, «que pocos años después se saldría de sus espejos, galerías, sus laberintos maravillosos…para cantar los campos de Castilla….!

«Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. / Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. / Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar». Es la dualidad vacío/esperanza. «Sentí tu mano en la mía, / tu mano de compañera, / tu voz niña en mi oído,,, Como si fuera un resplandor de una nueva primavera. Es una carta, sin duda, a su amigo Palacio, nacida del corazón. Su «Leonorcica» está presente (está su tierra), a quien adoraba.

No estaría de más recordar: «El Cristo-decía mi maestro-predicó la humildad de los poderosos. Cuando vuelva, predicará el orgullo a los humildes. De sabios es mudar el consejo. No os estrepitéis. Si el Cristo vuelve, sus palabras serán aproximadamente las mismas que ya conocéis: ‘Acordaos de que sois hijos de Dios, que por parte de padre sois alguien, niños» `. Tal vez sería el retorno al verdadero cristianismo primigenio porque el que observa Mairena no convence.

Éxodo. Fue duro. Carles Riva nos ha contado el final doloroso. Corpus Barga, bajo la lluvia, tomó en brazos a a su madre y llegaron al pueblo costero Collioure. Aquí murió el poeta un 22 de febrero, y dos días después su madre.

Como se ha extendido y aprendimos de memoria en el bolsillo del gabán del poeta, José Machado se encontró un papel con tres anotaciones; la primera, «Ser o o ser«. La segunda: «Estos día azules y este sol de la infancia». La tercera: «Y te daré mi canción / se canta lo que se pierde / con un papagayo verde / que la diga en tu canción».

Como coda, recordemos, sin tanta antelación, lo machadiano: «el vacuo ayer, el mañana huero».

Con la celebración del centenario ha quedado un poco en la niebla que no propuso su candidatura a la Academia y fue elegido en 1927. Caso único que yo sepa. Unamuno desde Hendaya lo felicitó por haber sido elegido. El poeta le respondió: Le agradezco su felicitación por mi nombramiento de académico. Es un honor al que no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no serlo nunca. Pero Dios da pañuelo al que no tiene narices», 12 de junio de 1927.

Sí tenemos el borrador que hizo para su entrada.

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