Un añorar despierto hoy nos conmueve. Ya los poetas dejaron su impronta, de ahí que de vez en cuando nos postremos ante la poesía; y cómo no, traer a la memoria a Manrique con esas Coplas esmaltadas de oro. En el fondo, a los poetas del tiempo les preocupa la fama. Si en José Hierro, el olvido, el sueño y la fama son una trilogía que le acompañan como evasiones, solo coincide con Manrique en la fama, aunque el poeta se sienta abrumado por la responsabilidad del tiempo («Se fue muriendo todo / pero ellos no murieron»). Aquella vida esperanzada que le quedaba al maestre don Rodrigo cuando le llamó la muerte. Hierro también siente esa llamada, pero la increpa; se agarra a la vida. Se opone al fervor medieval de Manrique. Su postura se enhebra con aquel grito del Arcipreste de Hita contra la muerte, cuando arrebató a Trotaconventos:»Oh muerte, muerte seas«. Hierro no la acepta, se enfada porque tiene vida , la posee, por eso se rebela («Vete muy lejos de mi lado, / a donde yo nunca te vea…/ me resisto a dormir tu sueño, / a ser mi sombra, madre negra«).
Categoría: Personales
«No es una carrera». Es la 103. Noviembre 2026
La frase ya de por sí nos evoca, si no la única, una de las carreras que un deportista debe ejercitar. Ya estoy inscrito. La ciudad tan emblemática y de espaldas al mar, como ha sido descrita, merece que nos paseemos por ella y, claro, participar en la carrera más antigua de la península ibérica. Y ya de paso, si puedes, lee el último premio Nadal : La ciudad de las luces muertas y podrás entrever la lapidaria frase: «La oscuridad había cubierto la ciudad», pág,195. La imaginación y la realidad hacen que nos creamos lo que parece difícil ante la búsqueda de lo que se perdió en un lugar llamado hace más de cuatro siglos en una obra inmortal «de cortesía«. Pero, en un momento, «la gente entró definitivamente en pánico«, pág.79; un trueno y el apagón se fundieron y el ruido se extendió. Y, antes, si tienes dudas, te convendría leer la reseña que hice en este blog. Búscala. Luego, intenta dar tu opinión, si te atreves.
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Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License
Ante mi ventana, 11. Qué pena, sin resquemor
Ya no es lo mismo
el desgaste pudo,
el viento se llevó el ánimo. No
importa, queda lo hermoso
Otro mar vendrá.
Todo comienza y
acaba, aunque queda el espíritu.
Ante mi ventana, 10. Esperanza sin límite, solo basta
A la espera de un libro
nos abrimos a comentar,
de rostro salinero y mirada fija,
de nombre celestial, a temprana hora,
en un día caluroso.
Sin llamada, prometiste.
No entiendo de cuitas,
ni ensoñaciones canceriles,
sí fervor, sin soledad atenuante,
enhiesto el pesamiento, firme.
La vida fluye sin tu presencia,
con hondo quehacer, viajero,
peregrino hasta la cima,
sin estorbos, llave de ensueños
esperanza sin límite,
solo eso basta.
Volveré al lugar.
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Ante la ventana, 9. El almendro
El almendro envuelto en floración,
se viste de hermosura, se enseñorea.
El florecer de la retama.
Ya la primavera se ha vuelto ciencia,
cada palabra arde en deseos de claridad
enorme con fulgor arrasado.
Centelleo que despierta en permanente
surco en la mirada.
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