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Premio Nobel de Literatura

Con motivo de los dos Premios Nobel de Literatura casi todos los medios de comunicación-mis parabienes para los que lo pronuncian bien que ya los cité en otra ocasión- insisten en poner el acento tónico en la /ó/, cuando es en la /é/ tanto en la lengua sueca como en la castellana. Precisamente este “blog” nació el día 10 de diciembre de 2010 con motivo de la concesión del Premio a Vargas Llosa. Por cierto, esto me lo enseñaron en la E.G.B. y lo he venteado en mis años de docencia; sinceramente no lo entiendo y más cuando alzan la voz recalcando ese acento tónico en la /ó/ y además escribimos Nobel sin tilde en la /ó/ por lo que debe recaer el acento tónico en la /é/. Como ya me he referido varias veces no volveré más.

Adjunto lo que escribí el día 10 de diciembre de 2010:

Cantando sobre el atril. El primer canto, necesariamente, es para aplaudir, felicitar al Secretario perpetuo de la Academia sueca por haber pronunciado unas pocas palabras en castellano/español entre las que destaco “acérquese y reciba el Premio Nobel”. ¡Qué alegría sentí cuando pronunció la palabra Nobel con el acento tónico en la vocal /é/! Estos días nos han martilleado los oídos, sobre todo en la radio, con acento en la /ó/! Incluso esta mañana en el programa “A vivir que son dos días”. Apagué la radio malhumorado. ¿Es que no escuchan a las personas cultas? Un periodista debe formarse todos los días. ¿Es que se prefiere el “mantenella et non enmendalla”? Corríjase que los oyentes lo agradecerán.

Adjunto la imagen y la declaración del secretario de la Academia Sueca para que se observe cómo al pronunciar Nobel el acento tónico recae en la /é/ .

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Otro curso 2019 /2020 en los cross universitarios.

El sábado pasado, día 28 de septiembre, comenzaron las carreras universitarias que se realizan los sábados. Con ambiente primaveral aunque con un calor excesivo nos dimos cita en la Universidad de Comillas un curso más. La participación fue como casi siempre: 108 hombres y 33 mujeres. Los que participamos en esta universidad siempre la recordaremos por su buen hacer en la preparación, en el desarrollo y en el trato con el que se desviven los organizadores; aunque ya lo haya repetido en alguna ocasión el paraje-lleno de retamas, encinas (en castúo carrascos, tan típicos en esa lejana Extremadura-), hierbas verdes y amarillas- es acogedor que nos invita a la tranquilidad, a la alegría, a la amistad, a las enhorabuenas.

Mi agradecimiento a las personas que con sonoros aplausos festejaron mi llegada a la meta. Y cómo no, el recuerdo-lo prometí- a las dos “fisios”-una de Guinea Ecuatorial y la otra española- y gracias mil por dejarme nuevo al terminar. Es de las pocas universidades que al final del cross puedes ser atendido para descargar el esfuerzo y cuidar de las posibles lesiones. Con la esperanza de que el año que viene nos veamos, de nuevo, en ese entorno paisajístico lleno de esperanza y dicha.

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La Hoz del Huécar enamora; siempre en mi memoria

Cuando llega junio ya estoy pensando en volver a Cuenca donde se celebra una de las carreras en las que más disfruto a pesar de su dureza. Da la sensación de que vas a asaltar los cielos donde se dirime la proeza de las piernas y la madurez valiente de la fuerza mental. No se trata en mi caso de hacer tiempo sino de terminarlo en el tiempo oficial, y eso sí recoger el galardón- en este caso medalla y camiseta- y guardarla como recuerdo pleno de felicidad.

Con espíritu alegre y confiado ayer día 16 de junio y persuadido de que un año más recibiría los aplausos que saben a gloria iniciamos la subida de la “Hoz”-¡ Oh, aventura de cielos despeñados! escribió el poeta F. Muelas-, una vez dado una vuelta por la Ciudad para ser testigos ante un público no demasiado bullanguero pero que se agradece. Cuenca es así. Incluso los turistas miran, miran , miran y parecen petrificados, ni una señal de alegría o aplauso a los que con esfuerzo año tras año se enorgullecen de recorrer la “Hoz del Huécar”. El hormigueo, los aplausos en la plaza de España, al terminar, radian felicidad. Son los familiares, amigos y los que llegaron primeros; nadie se queda sin el merecido aplauso.

Para los que me preguntan les digo lo mismo. Esta carrera y la “Behobia” de Donosti imprimen carácter. No las olvidarás. Haz la prueba, si aún no te has atrevido.

Con el “run, run”, el borboteo del agua empezamos a subir la Hoz

Es un deleite ir subiendo y ver las límpidas aguas del río y el fru-fru-fru continuo de la arboleda; son hechos que el oído no perderá cuando vas percibiendo el ruido armonioso de las aguas y las hojas de los álamos y siempre el Sol-que no se apiadó- como testigo. Si no sufres entre los kilómetros 7 y 12 es que no has hecho una buena carrera y no te has divertido; aquí es donde sientes lo enamorizo que es la “Hoz”, flor de senderos.

Me cumple hacer constar las gracias a esa familia que me aplaudió en la curva para enfilar el kilómetro siete, donde la pendiente es pronunciada; y, sobre todo, al público cuando coroné la subida y me disponía a bajar por el “Castillo” camino de la catedral, y luego sin duda en la recta final y curva para adentrarte en meta en donde el público se agolpaba y me aplaudió con rabia. Por vez primera, en las siete veces que he participado en la carrera, no escuché “ánimo profesor” o venga “rebollo que ya lo has conseguido”. Muchas anécdotas podía contar de la carrera, pero me sorprendió una pareja-sobre el kilómetro cuatro- que iba muy cerca de mí cuando él dijo: “a grosso modo….”, y ella respondió se dice “grosso modo”; y él respondió: ” tú siempre tan culta”. Y cómo no, también casi llegando al kilómetro cinco observé a una esbelta joven primaveral que se retiraba. Que no se preocupe, nos puede pasar a todos; las lesiones se producen cuando menos lo esperas. A todos los que no pudieron terminarla, bien por lesión, por falta de voluntad o porque entraron fuera del tiempo oficial muchos ánimos; merece la pena intentarlo el próximo año. Son hechos que no se olvidan; también en el atletismo se aprende.

En esta carrera, también, se dan a conocer los productos capitales de la provincia, lo cual siempre es un conocimiento que de otra forma, quizá, no lo percibas con esa clarividencia. Pero no olvides que lo primordial es el deporte muy extendido en la provincia de Cuenca.

Uno de los parajes del Huécar por el que atravesamos
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Media Maratón de Formentera (Islas Baleares). Del Faro de La Mola al puerto La Sabina

Por fin pude participar en una carrera que me ilusionaba. No conocía el lugar aunque el año pasado estuve en Ibiza en otra y quedé prendado de la isla. En esto del atletismo aprendes cosas nuevas que ni por asomo te las imaginas. El adjetivo paradisíaco lo he empleado en algunas ocasiones en lugares o en lecturas poéticas en las que el sentimiento-primordial en la poesía- es fundamental. El baño de paisaje que nos dimos el día 11 de mayo en la media maratón de Formentera ya queda en nuestras mentes como algo que llevarás siempre. En esto del atletismo somos como romeros sobre todo si te acompaña la naturaleza ante la dureza de la prueba y un sol infernal; pero los peregrinos del atletismo sabemos que la entrada en la meta es una alegría enorme que agradeces. Y así ocurrió cuando arribamos al puerto de “La Sabina”.

Se comenzó en el Faro de La Mola. Allí nos dimos cita los 2.000 inscritos- no se permiten más-, de ahí que hubiera sorteo ante tantas peticiones. El ambiente se percibía en los rostros primaverales sobremanera; muy pocos éramos los que habíamos cumplidos muchos años más; sinceramente me extrañó; pero tanta juventud te invitaba a ser como ellos con esa alegría que brotaba de sus ojos. En los tres o cuatro primeros kilómetros solo nos acompañaba la naturaleza; y es ya en la bajada del faro cuando en un cruce con señal enorme de hotel Riu donde salieron a recibirnos unas siete u ocho personas; eso sí mudos. Los primeros aplausos-tímidos, por cierto- fueron en Caló de Sant Agustí de una treitena de personas en el kilómetro cuatro. Después, solo el paisaje como testigo. Los primeros ánimos que recibí fueron de un puñado de niños que apostados-subidos en pared me aplaudieron con rabia, con ese espíritu que no olvidas a la entrada de Sant Ferrán De ses Roques. Y en la calle central un policía municipal que guardaba seguridad me dio ánimos: así, así, que los veteranos también corremos; le di las gracias a pesar de que en mi tono se notó la sequedad por falta de agua. Sí es cierto, que en esa calle hubo algunos aplausos, sin más. Fue en Sant Francesc Xavier en donde se congregó mucho público, sobre todo en una curva donde me aplaudieron con ganas gritando mi nombre: ánimo Félix, que agradecí con los brazos abiertos. Más o menos sería el kilómetro 13, 500. Ahí me sentí con fuerza para proseguir.

Casi todos coincidimos en que que a partir del kilómetro 17 sentimos una dureza en nuestras piernas en las que el ritmo decaía. En el último kilómetro te sentías dueño de tu cuerpo y, sobretodo, cuando veías a lo lejos la alfombra y público que aplaudía y la música que se oía eran como el ángel de la guarda que te empujaba. Y en la meta mucho público y aplausos constantes cuando recibes la medalla de que la has terminado en el tiempo programado, que ya no me la quité, incluso en la estancia en el hotel, en el avión, en el metro, hasta que llegué a casa. Quizá no llegues a comprender la alegría que sentimos si no has hecho alguna carrera y la hayas terminado.

Al final, en la espera voluntaria para el que quisiera recibir masaje en las piernas, lumbares, etc., vimos cómo en la entrada de la carpa las ambulancias se llevaron en camilla inconsciente a una chica jovencísima; y a los cinco minutos a un chico también muy joven tumbado; los dos había participado en la carrera. También se desvaneció otra chica que no había participado y otra ambulancia se la llevó. Espero que ya desde Madrid no les haya ocurrido nada y estén repuestos del susto. Nos podía tocar a cualquiera, el sol no quiso ayudarnos; la causa fue, sin duda, por las altas temperaturas. No olvidemos que se comenzó a las 17.30 horas. También mi recuerdo y ánimo para esas más de treinta personas que no pudieron terminarla. Que lo intenten otra vez. y que tengan en cuenta a esas cinco personas que me adelantaron en el kilómetro 17 que llevaban inscrita en la camiseta “el mundo pertenece a a quienes se atreven”. Bien es cierto que el poema de Chaplín es en singular (“el mundo pertenece a quien se atreve”). Creo que esa era la frase. El atletismo es así: solidaridad, entrega, amistad, respeto.