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Media Maratón de Formentera (Islas Baleares). Del Faro de La Mola al puerto La Sabina

Por fin pude participar en una carrera que me ilusionaba. No conocía el lugar aunque el año pasado estuve en Ibiza en otra y quedé prendado de la isla. En esto del atletismo aprendes cosas nuevas que ni por asomo te las imaginas. El adjetivo paradisíaco lo he empleado en algunas ocasiones en lugares o en lecturas poéticas en las que el sentimiento-primordial en la poesía- es fundamental. El baño de paisaje que nos dimos el día 11 de mayo en la media maratón de Formentera ya queda en nuestras mentes como algo que llevarás siempre. En esto del atletismo somos como romeros sobre todo si te acompaña la naturaleza ante la dureza de la prueba y un sol infernal; pero los peregrinos del atletismo sabemos que la entrada en la meta es una alegría enorme que agradeces. Y así ocurrió cuando arribamos al puerto de “La Sabina”.

Se comenzó en el Faro de La Mola. Allí nos dimos cita los 2.000 inscritos- no se permiten más-, de ahí que hubiera sorteo ante tantas peticiones. El ambiente se percibía en los rostros primaverales sobremanera; muy pocos éramos los que habíamos cumplidos muchos años más; sinceramente me extrañó; pero tanta juventud te invitaba a ser como ellos con esa alegría que brotaba de sus ojos. En los tres o cuatro primeros kilómetros solo nos acompañaba la naturaleza; y es ya en la bajada del faro cuando en un cruce con señal enorme de hotel Riu donde salieron a recibirnos unas siete u ocho personas; eso sí mudos. Los primeros aplausos-tímidos, por cierto- fueron en Caló de Sant Agustí de una treitena de personas en el kilómetro cuatro. Después, solo el paisaje como testigo. Los primeros ánimos que recibí fueron de un puñado de niños que apostados-subidos en pared me aplaudieron con rabia, con ese espíritu que no olvidas a la entrada de Sant Ferrán De ses Roques. Y en la calle central un policía municipal que guardaba seguridad me dio ánimos: así, así, que los veteranos también corremos; le di las gracias a pesar de que en mi tono se notó la sequedad por falta de agua. Sí es cierto, que en esa calle hubo algunos aplausos, sin más. Fue en Sant Francesc Xavier en donde se congregó mucho público, sobre todo en una curva donde me aplaudieron con ganas gritando mi nombre: ánimo Félix, que agradecí con los brazos abiertos. Más o menos sería el kilómetro 13, 500. Ahí me sentí con fuerza para proseguir.

Casi todos coincidimos en que que a partir del kilómetro 17 sentimos una dureza en nuestras piernas en las que el ritmo decaía. En el último kilómetro te sentías dueño de tu cuerpo y, sobretodo, cuando veías a lo lejos la alfombra y público que aplaudía y la música que se oía eran como el ángel de la guarda que te empujaba. Y en la meta mucho público y aplausos constantes cuando recibes la medalla de que la has terminado en el tiempo programado, que ya no me la quité, incluso en la estancia en el hotel, en el avión, en el metro, hasta que llegué a casa. Quizá no llegues a comprender la alegría que sentimos si no has hecho alguna carrera y la hayas terminado.

Al final, en la espera voluntaria para el que quisiera recibir masaje en las piernas, lumbares, etc., vimos cómo en la entrada de la carpa las ambulancias se llevaron en camilla inconsciente a una chica jovencísima; y a los cinco minutos a un chico también muy joven tumbado; los dos había participado en la carrera. También se desvaneció otra chica que no había participado y otra ambulancia se la llevó. Espero que ya desde Madrid no les haya ocurrido nada y estén repuestos del susto. Nos podía tocar a cualquiera, el sol no quiso ayudarnos; la causa fue, sin duda, por las altas temperaturas. No olvidemos que se comenzó a las 17.30 horas. También mi recuerdo y ánimo para esas más de treinta personas que no pudieron terminarla. Que lo intenten otra vez. y que tengan en cuenta a esas cinco personas que me adelantaron en el kilómetro 17 que llevaban inscrita en la camiseta “el mundo pertenece a a quienes se atreven”. Bien es cierto que el poema de Chaplín es en singular (“el mundo pertenece a quien se atreve”). Creo que esa era la frase. El atletismo es así: solidaridad, entrega, amistad, respeto.

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La vuelta de Nora en el Bellas Artes de Madrid

Anoche estuve en el teatro Bellas Artes de Madrid para ver la obra a las 19 horas. Fui con la idea de que había sido, según la crítica más exigente, “The best play of the Broadway Season”. Y el recuerdo, sin duda, de los debates y lectura que propuse como obligatoria en la Facultad de Casa de Muñecas (1879) de H. Ibsen durante varios años dentro de la Historia del Teatro y de la Representación escénica. Los debates fueron apasionantes que aún permanecen en mi memoria; si bien,  la salida de Nora por abrumadora mayoría lo contemplaron como acertada, no lo fue tanto en el abandono de los hijos. Las discrepancias se palparon en el ambiente. La pregunta más general fue ¿por qué Ibsen no dio otra salida en la que los hijos no quedaran solos sin el cariño maternal?; aunque bien es cierto que otros lo vieron como correcto el planteamiento del escritor noruego. El hecho de que fuera a finales del siglo XIX no vale. Una persona lo es desde que nace más allá del sexo; esa igualdad que pregonamos debe existir desde el mismo momento de la concepción; no podemos columpiarnos y mantener que fue otra época y sociedad distinta. Lo que está mal es en todo tiempo y lugar, por eso  tuvo tanto éxito la obra teatral. Nora rompió con los prejuicios porque no entendía los entresijos del mundo cerrado en que se encontraba; fue valiente y por eso, hoy día aún se la recuerda. Ya no podía creer “en los prodigios”. Cuando su marido pide la transformación de los dos…., “hasta el extremo de….”. La respuesta de Nora es cristalina: “hasta el extremo de que nuestra unión fuera un verdadero matrimonio.¡Adiós!”.

Ahora nos hallamos ante otra cuestión, como es la vuelta de Nora . Solo me valgo de la representación ya que la obra no la he podido encontrar y por tanto leer. Ante un público en su gran mayoría entrado en años y con mayoría de mujeres, llena la sala teatral. Con un escenario casi desnudo, no muy acogedor, pero suficiente-eso ya es muy positivo- comenzó casi puntual; lo cual me sorprendió ya que por los motivos que sean la puntualidad en las salas madrileñas no lo son, al menos en las obras literarias que son las que visito de vez en cuando para ver representaciones teatrales.

Nada que objetar en cuanto a la dicción, movimientos-aunque, dos en concreto al dar la vuelta me llamaron la atención al ser dos actrices consagradas; tal vez una nimiedad para algunos y para otros pasara desapercibido, pero en el bachillerato yo participaba como actor en las obras que se representaban en el centro en Navidad y al final de curso, y el director teatral nos decía que en el escenario al darse la vuelta para un movimiento nunca se debe dar la espalda al público, por cierto lo hacen muy bien tanto la mujer como el hombre cuando explican el tiempo en TVE1 de las 22 horas-, sonido, voz, luces, etc., se rayó la perfección; son aspectos capitales cuando hablamos del teatro basado en la palabra.

Todo el diálogo que escuché de la obra de L. Hnacth tiene un común denominador: Casa de Muñecas de H. Ibsen. Me hizo recordar la obra del dramaturgo noruego. Ahora, sin embargo, vuelve Nora no para hablar qué ha sido de sus hijos sino para pedir la firma de su marido para divorciarse. Ella después de muchas penalidades se ha convertido en una escritora con nombre propio, con habitación propia, después de quince años. Los diálogos de los cuatro personajes están muy bien conseguidos y representados hasta tal punto que llegas a emocionarte con lo que ocurre en la escena en varias ocasiones. A mí me pasó. Esas vivencias no todos los actores y actrices son capaces de hacerlas florecer.

Aunque Nora no venía a dar más explicaciones de su portazo, sin embargo, al enterarse su hija más pequeña-ahora ya mujer- es testigo de los diálogos entre la criada y su madre y su padre-madre sin que esta se entere. A la mitad de la representación es la hija la que se presenta a la madre y le cuenta con crudeza, desparpajo, clarividencia y arrojo todo lo que se ha dicho y ella ha sentido. Es una de las escenas mejor conseguidas. La emoción llega a la máxima cota.

Al final un público entregado-diez o doce de pie- aplaudieron con emoción la excelente representación que el actor y las tres actrices agradecieron saliendo tres veces.

A mi parecer, el tema quedó inconcluso. Necesitamos que la libertad sea capital en las relaciones humanas, así como la igualdad más allá del género; hecho que ya se ha pregonado en la literatura; esa tolerancia, respeto debe primar. La educación como factor para inculcar que nadie es más que nadie. Somos personas en el mismo plano de igualdad. Es posible una tercera obra en la que se superen muchas de las trabas que todavía permanecen en el umbral del siglo XXI. No hemos avanzado tanto.

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