Blog

Uncategorized

Recuerdo de un soneto quevediano de la época estudiantil universitaria

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

¡Oh, cómo de deslizas, edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría

pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz, de tierra el débil muro escalas,

en quien lozana juventud se fía;

mas ya mi corazón del postrer día

atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!

¡Que no puedo querer vivir mañana

sin la pensión de procurar mi muerte!

Cualquier instante de la vida humana

es nueva ejecución, con que me advierte

cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

————

Estamos ante un soneto-de tipo clásico- famoso de Francisco de Quevedo capital para analizar su poesía y lo que se ha llamado “el Barroco” como la otra cara del Renacimiento. Esa reflexión sobre la vida unida a un sentimiento de angustia ante la muerte fue uno de los temas fundamentales del Barroco. Es el pesimismo y desengaño de esa época concreta propio del poeta. No es el soneto más perfecto. Esta perfección la hallamos en el que comienza “Cerrar podrá mis ojos…”. Dámaso Alonso nos dejó escrito que es el más perfecto (“probablemente el mejor de la literatura española” y a él nos referimos cuando hablamos o escribimos de Quevedo, aunque también tuvieron mucho éxito su epístola censoria al Conde Duque; ” No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, ya la frente, /me representes o silencio o miedo”.

A nadie se les escapa, incluso en una primera lectura, que percibimos una meditación sobre la brevedad de la vida en general y también la del poeta. Es la otra cara de la vida, la que se nos oculta. Llama la atención el tono enfático con que se nos advierte por la repetición de elementos exclamativos en demasía en el primer cuarteto. Hecho bien pensado para que comprendamos la autenticidad que encierra el tema que se nos propone; por eso comienza dirigiéndose a la vida como algo inestable, huidiza, “cómo de ente mis manos te resbalas”. La precisión es nítida. Y más todavía con la palabra muerte que viene, que está ahí con “mudos pasos, con callado pie, todo lo igualas”. Estas ideas no son originales de Quevedo; ya desde la Edad Media no los recuerdan las Coplas de Jorge Manrique (“Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte /contemplando / cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando”). Pensemos, también, en las Danzas de la muerte cómo en ese baile se lleva al Papa, al Rey, al Obispo, al labrador, etc.

Importante la reflexión que hace el poeta en el segundo cuarteto “mas ya mi corazón del postrer día /atiende el vuelo, sin mirar las alas”. Es decir está alerta de lo que pueda venir de ese “postrer día”. El vuelo ha representado la muerte; la vida se pasa sin darnos cuenta y ,tal vez, sin gozar del presente; es un síntoma que el poeta la siente, que está cerca.

Quevedo está presente desde el inicio hasta el final (“entre mis manos, edad mía, mi corazón, mi muerte, no puedo, con que me advierte”). La reflexión es personal, claro dentro de cómo se consideraba este tema tradicionalmente. Se parte de una idea existencialista, propia del momento que le tocó vivir; es la angustia, la desolación, la que le lleva a trazar este pensamiento.En el primer terceto cobra un significado esencial las admiraciones del primer verso (“¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!”; es decir desdichada. En el segundo verso de este terceto, Quevedo juega con una antítesis con “pensión y procurar”. La abstracción está ahí; pensión como renta y procurar hacer diligencias para lo que se desea; juego de contradicciones. Cada día vivido es un tributo a la muerte. En el último terceto se insiste en la misma idea, cada instante que transcurre te va restando de vida; eso sí, nos pone sobre aviso, nos advierte, la vida se va transformando en muerte. El panorama de negritud se salva en “la otra”, verdadera visión cristiana con ese vamos de paso , que debemos estar alertas que tantas veces hemos oído o leído. La visión moralizante se desprende desde el primer verso dando a entender que la vida es inconsistente, breve; nos puede sorprender la muerte en cualquier momento, de ahí esa advertencia con que nos envuelve todo el poema. Estamos ante una reflexión final, nítidamente en el último terceto con la tríada adjetival con que define a la vida con esa indeterminación anafórica “cuán, “cuán, “cuán”; frágil, mísera y vana que en literatura recibe el nombre de epifonema.

En todo el soneto lo simbólico está presente, se vale de un lenguaje figurado lleno de metáforas, así como la disposición adjetival. En el primer verso hallamos la aliteración para destacar la inestabilidad (la repetición de la “s”-mis manos te resbalas-). Una personificación en los versos tercero y cuarto (con “mudos pasos”, con “callado pie”). Claro el concepto de igualar. Donde encontramos dificultad para el entendimiento es en la metáfora “…mi corazón del postrer día / atiende el vuelo sin mirar las alas”. La ayuda vendría al considerar vuelo como muerte y alas como tiempo. Otra metáfora convulsa sería “cualquier instante de la vida humana es nueva ejecución”. Señala una idea dada con anterioridad. La dualidad vida / muerte como algo contradictorio pero indivisible; la vida como portadora de muerte.

Observamos la anteposición del adjetivo (“mudos pasos”, “callado pie”, “de tierra débil muro”, “lozana juventud, “postrer día”, “dura suerte”, “cualquier instante”) para motivar más si cabe las ideas que quiere mostrarnos, para acentuarlas; la posposición de “muerte fría” en el primer cuarteto aunque el poeta aplica el adjetivo “frío” a la idea de la muerte, pensamos que no es en sí ni fría ni caliente, lo que es frío es el cuerpo muerto. Simplemente hace una transposición de ideas con el epíteto.

Hallamos otras figuras literarias para remarcar el pensamiento que propone (hipérbaton-“Feroz, de tierra el débil muro escalas”-, sinécdoque-“mi corazón”-, antítesis-el primer terceto, contraposiciones de contenido-, anáfora- cuán.., cuán.., cuán..”-, epifonema-“frágil, “mísera, “vana” .). Es el final, la inconsistencia de la vida; la degradación conque es definida la vida.

La conclusión personal: vive, hermano/a.


Ensayo

Pensamiento y crítica literaria en el siglo XX (castellano, catalán, euskera, gallego)

La realidad multilingüista en España es un hecho que nos enriquece. Las cuatro lenguas conforman un mosaico cultural que no debemos desaprovechar. Este ensayo “aspira a situarse en un espacio abierto a las ideas y a la crítica allá donde hayan surgido” (solapa final del libro). Es, por tanto, una ventana que se abre para que se aporten todas las ideas más allá de las opiniones que lanzan distintos especialistas de las cuatro lenguas españolas. Desde luego es un ensayo necesario en el ámbito universitario.

VV. AA., , Pensamiento y crítica literaria en el siglo XX (castellano, catalán, euskera, gallego). Madrid, Cátedra, 2019

Cuatro capítulos y un prólogo repletos de verdadera sapiencia e investigación (“el sintagma ´pensamiento y crítica´ aspira a crear una zona de correspondencias y discursos que permita no quedarse en la sola teoría literaria”, pág.15). Lo primordial es que llegue primero, y después que sirva de cabecera; claro, la lectura como altozano, si no es así, todo será baldío.

El capítulo IV dedicado a la crítica y pensamiento literario gallego en el siglo XX termina con las palabras que han servido para aclarar lo que es propio del análisis del que parten : “no es posible escribir sobre Galicia sin tener en cuenta el exilio, la diáspora, las cárceles del franquismo y la democracia, el manicomio o los nuevos enclaves propiciados por el capitalismo global”, pág. 756. Ahí está la base que ha propiciado el acercamiento en este ensayo. El análisis cultural, por tanto, ha tenido en cuenta esas premisas para acercarse a lo literario, a la crítica y a lo historiográfico .

El capítulo III es novedoso, al menos para quien escribe estas líneas. Ya desde el principio se nos adelanta que la literatura vasca ” se ha desarrollado en gran parte en la tradición oral, debido a la situación de la diglosia, que vedaba su acceso a las instituciones educativas y sociales que aseguraran su cultivo escrito”, pág, 419. En nuestra posguerra destaca el elemento lírico; como clave lo social para extender una cultura distinta y heterogénea que tiene como foco irradiador las editoriales de las órdenes religiosas afincadas en el País Vasco. Sin embargo, se deja bien claro “que son los prólogos de los libros publicados y los debates literarios entablados en la prensa cultural´- pág. 424- en los que se han basado para trazar las ideas más importantes de esta literatura. Las primeras líneas están enmarcadas en lo que se ha llamado el “renacimiento vasco” que abarca de 1876 a 1936 en el se observa un paralelismo con la ” Reinaxenca” de Cataluña y el “Resurdimento ” gallego.

El capítulo II está dedicado al pensamiento y crítica en catalán. Son más conocidos los comienzos de la literatura catalana; en los primeros años del siglo XX se percibe una cierta nacionalización con ese espíritu que imprime a lo cultural con aires distintos lejos de la península. Todo el conglomerado insta a mostrarnos otra realidad propia y distinta. Querían ventearla y quitarse de encima un cierto complejo cultural que en el fondo no se admitía. Según los autores parte de dos fechas; la inicial en 1898 cuando se representa Goethe en traducción de Joan Maragall y lo cierran en 2007 cuando Cataluña es invitada a la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. La universalidad es destacada en el año 1935 con el artículo “Universalidad y cultura” de Josep Carner.

En el capítulo primero se recogen lo referente a lo publicado en castellano, tal vez lo más conocido por su predominio. Y una personalidad quedó en la memoria de estos estudios: Menéndez Pidal; es el canon. Inmediatamente su discípulo Américo Castro ( recordemos El pensamiento de Cevantes, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, La realidad histórica de España) . Y prosiguieron Rafael Lapesa, Zamora Vicente, etc.

La vuelta a lo genuino se dejó sentir, así Quijote se convirtió en piedra angular. La aparición de Vida de don Quijote y Sancho supuso una mirada a lo español, una palanca para los estudios filológicos sin olvidarnos de La ruta de don Quijote, Meditaciones de Quijote, El Quijote durante tres siglos. La estela de Azorín al crear una vinculación entre “hombres, paisajes y libros” se convirtió en el embrión de lo que significaba Castilla. Su memoria hace destacar a “don Benito Pérez Galdós, en suma, ha contribuido a crear una conciencia nacional: ha hecho vivir España, con sus ciudadanos, sus pueblos, sus monumentos y sus paisajes”, pág.44.

Hay dos apartados que configuran su desarrollo; parte A- que consta de 14 apartados- y parte B-con el título “las ideas teatrales”, una introducción y cuatro apartados- . Uno de los puntos de la parte A es el referido a las Primeras historias de la literatura española, concretamente el quinto. Como casi en todo, son los extranjeros los que observan la realidad española, incluso, claro está en lo referente a la literatura. Como sabemos, Juan de Mairena se quejaba de la falta de “un buen manual de literatura”. Clarín, Machado y Azorín lo lamentaron. Se tuvo que esperar a los de Julio Cejador y Francia y Juan Huratdo-Á. González Palencia, que fueron los dos primeros escritos por españoles, pág. 48, más allá de lo sesgada de cómo favorecía la primera a un catolicismo enclenco. No me extraña que el segundo manual-publicado en 1921-tuviera hasta cuatro ediciones antes de 1940, a pesar de que era demasiado conservador. En su advertencia estaba nítido: “Hemos procurado presentar ante todo el dato concreto, preciso y objetivo”, pág.50. Con esta forma de mirar se alzó la Historia de la literatura española de Ángel Valbuena Prat , primera edición en 1937; después vinieron la de Guillermo Díaz Plaja, Historia General de las Literaturas Hispánicas, 1949; y la de Ángel del Río en 1961, Historia de la literatura española.

La segunda parte está dedicada a las “ideas teatrales” que tanta importancia tuvieron sobre todo, en las primera mitad del siglo XX. Sí nos advierte la autora que “el pensamiento en torno a la escena discurre en cierta media paralelo al devenir de las ideas en el ámbito de la poesía y la narrativa”, pág.147. Así se desbroza “palabra o espectáculo”, “el teatro como instrumento de transformación social”, “el debate de los realismos”, “la vieja polémica sobre el realismo”, “los años de la ruptura”, “el espectador como centro”, etc. Todo un compendio que es necesario asimilar si queremos comprender uno de los géneros, tanto en la palabra como en la representación, que más se han significado en la literatura castellana del siglo pasado.

Personales

La Hoz del Huécar enamora; siempre en mi memoria

Cuando llega junio ya estoy pensando en volver a Cuenca donde se celebra una de las carreras en las que más disfruto a pesar de su dureza. Da la sensación de que vas a asaltar los cielos donde se dirime la proeza de las piernas y la madurez valiente de la fuerza mental. No se trata en mi caso de hacer tiempo sino de terminarlo en el tiempo oficial, y eso sí recoger el galardón- en este caso medalla y camiseta- y guardarla como recuerdo pleno de felicidad.

Con espíritu alegre y confiado ayer día 16 de junio y persuadido de que un año más recibiría los aplausos que saben a gloria iniciamos la subida de la “Hoz”-¡ Oh, aventura de cielos despeñados! escribió el poeta F. Muelas-, una vez dado una vuelta por la Ciudad para ser testigos ante un público no demasiado bullanguero pero que se agradece. Cuenca es así. Incluso los turistas miran, miran , miran y parecen petrificados, ni una señal de alegría o aplauso a los que con esfuerzo año tras año se enorgullecen de recorrer la “Hoz del Huécar”. El hormigueo, los aplausos en la plaza de España, al terminar, radian felicidad. Son los familiares, amigos y los que llegaron primeros; nadie se queda sin el merecido aplauso.

Para los que me preguntan les digo lo mismo. Esta carrera y la “Behobia” de Donosti imprimen carácter. No las olvidarás. Haz la prueba, si aún no te has atrevido.

Con el “run, run”, el borboteo del agua empezamos a subir la Hoz

Es un deleite ir subiendo y ver las límpidas aguas del río y el fru-fru-fru continuo de la arboleda; son hechos que el oído no perderá cuando vas percibiendo el ruido armonioso de las aguas y las hojas de los álamos y siempre el Sol-que no se apiadó- como testigo. Si no sufres entre los kilómetros 7 y 12 es que no has hecho una buena carrera y no te has divertido; aquí es donde sientes lo enamorizo que es la “Hoz”, flor de senderos.

Me cumple hacer constar las gracias a esa familia que me aplaudió en la curva para enfilar el kilómetro siete, donde la pendiente es pronunciada; y, sobre todo, al público cuando coroné la subida y me disponía a bajar por el “Castillo” camino de la catedral, y luego sin duda en la recta final y curva para adentrarte en meta en donde el público se agolpaba y me aplaudió con rabia. Por vez primera, en las siete veces que he participado en la carrera, no escuché “ánimo profesor” o venga “rebollo que ya lo has conseguido”. Muchas anécdotas podía contar de la carrera, pero me sorprendió una pareja-sobre el kilómetro cuatro- que iba muy cerca de mí cuando él dijo: “a grosso modo….”, y ella respondió se dice “grosso modo”; y él respondió: ” tú siempre tan culta”. Y cómo no, también casi llegando al kilómetro cinco observé a una esbelta joven primaveral que se retiraba. Que no se preocupe, nos puede pasar a todos; las lesiones se producen cuando menos lo esperas. A todos los que no pudieron terminarla, bien por lesión, por falta de voluntad o porque entraron fuera del tiempo oficial muchos ánimos; merece la pena intentarlo el próximo año. Son hechos que no se olvidan; también en el atletismo se aprende.

En esta carrera, también, se dan a conocer los productos capitales de la provincia, lo cual siempre es un conocimiento que de otra forma, quizá, no lo percibas con esa clarividencia. Pero no olvides que lo primordial es el deporte muy extendido en la provincia de Cuenca.

Uno de los parajes del Huécar por el que atravesamos