Poesía

Poesía completa de Diego de san Pedro

Como siempre, la poesía como ungüento salvífico para los avatares de la vida. Esto es lo primordial que hallamos una vez leída. La vuelta a la poesía como bálsamo revitalizador en tiempos convulsos, y si es clásica mejor. Ahora, después de tanto tiempo reconforta adentrarse en la poesía de Diego de San Pedro.

Su extensa obra lírica le hace merecedor a que volvamos a vivir sus pautas de un siglo tantas veces repetido en la literatura española. Su argumentación poética, como apunta el editor, estriba en “la interpretación del texto y el público al que va destinado”, pág.15. Esta es la base primordial, la premisa de una certera lectura. Se parte de una poesía narrativa piadosa y de una reflexión moral por otra; ambas necesarias para construir su árbol poético.

Cuatro apartados configuran el libro: Poesías mayores, poesías menores, poemas de dudosa atribución, poemas, letras y canción en el Tractado de amores de Arnalte y Lucenda. La passión probada con casi dos mil quinientos versos es el poema más extenso en el que se detalla “todo el proceso que va desde la profecía del ángel y la traición de Judas hasta el martirio, crucifixión y muerte de Jesucristo”. La descripción y el diálogo son notas distintivas, así como la mezcla de comparación (” Y teniendo peligrar / aquel que en la mar entró, / su proprio offficio es llamar / a los sanos y rogar / le buelvan donde partió”)… , la reprensión a los poetas (“Los pasados trobadores, / para sus obras perfetas, / ciegos de tales errores / demandavan les favores / a las scientias y planetas…), el autor y el texto (“Y por el camino yendo / a sus disciplos hablaba, / doble pena pasdeciendo, la suya y dellos sintiendo, / y muchos los consolava….”), autor ( “Siente agora peccador /, lo que su alma sentía / de aquel Dios tu Salvador / cuando tan fuerte sudor / todo su cuerpo cubría) o texto (“Cuando ya Nuestro Dios vido / que su muerte se acercava, / y vio al desconocisdo / en grand bollicio metido, / y que nunca sosegava,…”).

Resaltemos algunas delicias del poema que nos conmueven por su atrevido estilo directo o dialogal; por ejemplo el autor contra Judas : “Dí, traidor, qué te movió / a hazer tan grand error; / cuál diablo te engañó, / quién jamás nunca pensó / de vender a su Señor. / Devieras ser refrenado / de yerro tan conoscido, / por perder de ser llamado / el más traidor y malvado / que en el mundo fue nascido”). O la estrofa 134: “Pilatos les respondió / y dixo de esta manera /¿´Pues dete, qué haré yo´?/ Luego el pueblo le tornó / respuesta diciendo: ´Muera´/ Dixo Pilatos: ´¿Por qué tengo este hombre de matar, / que malhechor nunca fue? / Nunca causa en él hallaré / para tal sentencia dar´.

La última estrofa es bien significativa: “Desta manera acabaron / las penas del Rey Eterno, las cuales nos remediaron / y quitaron y libraron / del tormento del infierno. / Contemplemos y pensemos / en su Passión gloriosa; / sospiremos y lloremos, / penemos por que gozemos / de ver su pena gloriosa”. El ruego de la devota monja lo cumplió con demasía.

Desprecio de la Fortuna dedicado al conde de Urueña; acompaña un breve prólogo para ser mejor entendido y por qué lo realiza (“…, pensé hazer esta pequeñuela obra y llamela Desprecio de la Fortuna, donde prueva por notorias razones que havía de servir, aunque la dexamos mandar, y enderecela a Vuestra Señoría porque según dixe ya otra vez en una escriptura mía, para que toda materia sea agradablemente oída, conviene que el razonamiento del que dize sea conforme a la condición del que oye”, pág.200.

Tal vez escribiera este poema al final de su vida (“Mi seso lleno de canas, / de mi consejo engañado”) para recopilar sus escritos que fueron gloria y ahora ante el final se percibe un cierto arrepentimiento, pues ya pasó su vanidad ( ” Aquella Cárcel de Amor…”. ” Y los yerros que ponía /en un Sermón que escriví…”. “Y aquella copla y canción / que tú mi seso, ordenavas…”. Son las cuatro primeras estrofas de las cuarenta y una-cuatrocientos diez versos-. Luego viene la invocación ( de la cinco a la treinta y siete estrofas). El primer verso marca el desarrollo posterior (“Mas, tú, Señor eternal, / me sey consuelo y abrigo / con tu perdón general, / que sin gracia divinal, / no sabré lo que me digo”…). Pide ser absuelto “en lo passado” y ayuda “en lo presente”. Para a continuación hablar de la Fortuna frente a la razón ( “tan señora la Fortuna / y tan sierva la Razón”; la genuflexión ante la Fortuna (“visto el daño que hay en ella / no será por fuerza della / sino por flaqueza nuestra”), o la ya famosa Rueda (“Y por esto no se vieda / mire bien quien no miró, / que del bien y mal que rueda /solamente dello queda / el contar cómo passó. / Todo has de perescer, / lo peor y lo mejor, / el ganar con el perder, / con el pesar el plazer, / con el morir el dolor”). Y la última, como resumen (“Pues tú, Fortuna temida, / mirando lo que es oído, / con sentencia conocida / yo pienso que estás corrida / y tú que estó yo corrido. / Mas sin temer tu grandeza, / ni tus bienes, ni tu ira, / ni tu mal, ni tu franqueza, / si burlas de mi pobreza, / yo burlo de tu mentira”).

Y así se va desgranando el florilogio poético de Diego de San Pedro. En las poesías menores podemos leer veintiséis poemas breves en los que pulula el amor; el primero a “una dama de la Reina doña Isabel”; las coplas “trobadas por causa vuestra; y no se os haga graveza / hazer al bien perdido. / Tenedlas por gentileza”. La segunda a “una dama muy hermosa y de mucha gracia” (“Y porque en vos se contiene / perfección tan verdadera, / ¡qué gloria grande les viene / a la tierra porque os tiene / y al Cielo porque os espera!”).

Los poemas de dudosa atribución están conformados por un villancico y un poema sin título. Poemas, letras y canción en el Tractado de amores de Arnalte y Lucenda. Sin duda una edición necesaria para leer con serenidad la poesía completa de una persona entregada a lo existencial como factor humano. El autor, como sabemos, pasó a la historia por su Carcel de amor que juntamente con el Amadís fueron los libros de más éxito del siglo XV. Su exaltación al feminismo lo dejó nítido en su Sermón de amores. En definitiva, es el gran prosista y el poeta didáctico-moral que nos instó a vivir, a buscar el placer aunque, al final, lo mitigara con su Desprecio de la Fortuna.


Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Novela, Poesía

Una ondina moderna

Al abordar el libro Una ondina moderna , narraciones y poemas me encuentro con una mujer pletórica de ideas nuevas en su novela, poesía y relatos de la primera mitad del siglo XX. Tres géneros que se resumen en una adelantada, creadora de una población que es la suya con el emblema de gentes que han recibido el señalamiento de afroamericanas; en este entorno hay que estudiar su obra; por eso debemos celebrar que tengamos acceso a su lectura.


Como nos adelanta el editor, el hecho de que proviniera de una familia ” de origen multiétnico y en una ciudad en la que la sociedad estaba formada por gentes de origen muy diverso”, hay que tenerlo en cuenta para comprender mejor lo que Alice nos quiere transmitir. Incluso se nos dice que podía encajarse en el grupo Brass Ankle, “quizá haciendo alusión a los grilletes con que se mantenía sujetos a los esclavos”, pág.13. Si fuera así, el recuerdo se convierte en alarido y la emoción subyace en todos sus escritos.

Poco importa el rastreo que se pueda hacer, incluso delimitándola bajo el paraguas “Negro Literature”, pág.65; lo primordial es la lectura y que pertenezca a una denominación no mengua su poderío singular, como una vez acabada la novela corta Una ondina moderna podemos pensar. Destaquemos esa destreza con que desbroza unos hechos que permanecen, por lo que hemos avanzado poco en lo que se considera primordial en las personas como es el humanismo, da igual desde donde lo otees. ¿Qué hay detrás de esa “ondina”, es solo ficción o es una realidad que describe para mejor explicarlo? Las primeras palabras de la novela nos evocan un presagio: “El mar se mecía a sus pies con una tenue monotonía de vida y muerte”. Lo simbólico se apodera de la narradora recurriendo a la mitología, a ese espíritu que subyace y que lo aclara en la última línea de la novela: “Lo enterraremos junto al mar, Madre”. El mar como refugio, como canto constante para los indefensos, para los/as sin voz. Los recuerdos como evocadores de lo que fue, pero también como agarradores de las posibles caídas.

Ya en las primeras páginas la expresión “¿Qué habrá querido decir” es inquietante para quien acaba de casarse. El “perdóname, por favor” no fue acogido, ni siquiera el abrazo y los besos apasionados. Marion no respondió. Mucho tiempo después musitaba la misma expresión ” ¿ qué habrá querido decir?”. Su remordimiento no cejará, y estalla con otro pensamiento: ¿Me consideras encerrada y limitada?”.

Lo que no entendería Marion es lo que ocurrió en la estación cuando Howard se apeó del tren y no ver el “trineo esperándolo”. Este hecho y todo lo que ocurrirá en la novela será determinante. Nos llevará al nacimiento del niño; el dardo envenenado llegó al corazón. “Quería que lo supieras…., ya que es culpa tuya”. La intriga de la narración te deja en suspenso hasta que se aclaran los pormenores de la relación y los “dimes”. Al final, Howard tiene que partir y le dice: “Dios te bendiga, Marion”. Terrible idea, casi al final: “De haber sido una mujer, por supuesto que habría tenido que quedarse y afrontar la situación, pero afortunadamente, en el mundo no se esperan tales cosas de los hombres, siempre se les permite la alternativa….” La estampa “Marion contempló largo tiempo la diminuta forma en su pequeño ataúd revestido de flores” nos sumerge en el silencio al preguntarnos ¿por qué? y no hallamos respuesta.

Me he detenido en el último y más extenso poema del libro (“Harlem John Henry views the Armada”). Es en realidad un canto salvífico a una cultura propia inserta en lo americano; esta mezcla se consigue con la aceptación de la tolerancia. Precisamente esta dicotomía nos conduce a una excelencia poética, incluso cuando se añaden voces dialectales, Poco importa si fue verdad o se va lejos. El personaje se ha convertido en mito, como representante de la clase trabajadora, que venció a la máquina, al sacrificarse por los demás, y así es contemplado por la poetisa afroamericana. El comienzo del poema con Harlem mirando al cielo le hace musitar: “Beauty must be, must be, else life is dust”. ¿Qué hacer ante las dicotomías “Beauty and peace. Beuty and war?”. No puede haber otra senda que la titulada “Let us have peace! Tiene que haber un momento en que en la ciudad se adentre la luz para cantar (“Beautiful the feet of them that bring us peace!).

El final es clamoroso: la belleza del dolor es un grito contra el odio; es el triunfo del bien sobre el mal, el día sobre la noche; es el gran día de la igualdad, de los justos. Ahora sí: ” God´s goin´ to build up Zion ´walls! El pensamiento bíblico resplandece; es el Jesús de los cristianos el que estaba llamado a derribar y construir una nueva justicia, un nuevo Sión, la tierra prometida. El poema termina con el festejo y la gratitud: “Great day! Great day!”.

——

Dunbar-Nelson, A., Una ondina moderna. Narraciones y poemas. Madrid, Cátedra, 2021

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Poesía

Hélices. Poemas (1918-1922) de Guillermo de Torre

Cuando queremos analizar la literatura de principios de siglo una palabra que nos viene es “vanguardia” y la expresión que recoge su significado, que ha quedado en la memoria: “romper moldes”. Guillermo de Torre fue un abanderado en la ruptura con el pasado. No estuvo solo pero su nombre acapara lo esencial. Hélices ha pasado a la posteridad como ejemplo nítido de este periodo. El crítico Díez de Revenga en su estudio de la poesía de vanguardia matiza claramente sus poemas: “son un prodigio de ingenio, imaginación, capacidad creadora…”. Así como las acertadas palabras del editor en la contraportada: “la subversión de las vanguardias y la simultánea cancelación de la estética modernista que fueron necesarias para la posterior eclosión de la joven literatura de la generación del 27”.

El editor, ya en las primeras líneas, nos recuerda a F. T. Marinetti en el archiconocido pensamiento: “los nuevos poetas cantarían a las masas, a las ciudades, a los arsenales, astilleros, fábricas y puentes, a las locomotoras…”, pág. 15. Guillermo de Torre lanza en 1923 los poemas de Hélices. El progreso llamaba a la puerta y se cobijó en el movimiento ultraísta, como generador de otro mundo. Su éxito corroboró las ideas que había concebido como artífice primordial de un nuevo movimiento ante un lenguaje artístico; de esta forma celebró el canto del futurismo, de la misma manera que rechazó el realismo burgués como fuera de la realidad. Fue una protesta. Acertadamente, el editor nos advierte de que “hoy el libro es un documento histórico que testimonia un importante episodio en la poesía española del siglo pasado que durante mucho tiempo fue oscurecido o subestimado”, pág. 21.

Estos años fecundos y convulsos se entroncaban con las ideas que propalaban por el resto de Europa. Así, tanto Guillermo de Torre-creador del término ultraísmo; “yo fui el verdadero portaestandarte ultraico”- como R. Cansinos Asens, como el otro movimiento genuino español, el creacionismo-cuyo inventor-venteador fue V. Huidobro- y al que se unirían Gerardo Diego y Juan Larrea han pasado a la historia literaria como hacedores de esa contribución a las nuevas ideas de la concepción artística; ensancharon, al menos, una reflexión más, y todavía la crítica más exigente prosigue en su vocación investigadora.

La estructura del libro es nítida, y aunque para mí lo primordial de una obra es leerla antes de lo que se pueda decir, en este caso, quizá sea mejor la lectura de la introducción antes por lo atinada, lo equilibrada y la brillantez con que Domingo de Ródenas nos la presenta. También muy bien ensartado está el sumario de Hélices; parece como si te instara a la lectura con solo verlo. Diez apartados lo conforman, enumerados del 1 (versiculario ultraísta) al 10 ( Hai-Kais). Además vienen tres apéndices (en el primero: “poemas publicados antes de Hélices”, “poemas publicados después de Hélices”: en el segundo: “Bengalas”; en el tercero: ocho poemas (“Domingo alpino”, “Sobre el lago Leman”, “Balneario”, “Vuelo de ángeles”, “Poemas de engranajes”, “Etches-Ona, “Poema mural”, “Letanía del acercamiento”). Desde luego para este lector, estos ocho poemas te llegan, te acercan; muy distintos a los de Hélices, que yo desconocía. Todos posteriores a Hélices.

No podía faltar en esta magnífica edición y además necesaria las ideas de Guillermo de Torre tiempo después en el apartado “Posteridades”. Domingo de Ródenas parte de “Esquema de autobiografía intelectual” del que extrae el pensamiento del autor de Hélices y por qué sufrió el rechazo de la mayoría ante su posición con lo que las vanguardias suponían en un momento dado: “Exhibía aquel libro un carácter insolente y subversivo, delataba un radical disconformismo. Pretendían, en suma, aquellos poemas señalar una dirección divergente, dar un violento golpe de timón en la lírica posmodernista”, pág, 106. No tardó “el soldado vanguardia” en ir destejiendo lo que denominó “preconsciente”. En la conferencia que impartió en el Ateneo de Valladolid fue el primer aviso sobre lo que había construido, ” a reaccionar sobre sí mismo; a “esbozar un gesto de protesta frente a sus ideas más acendradas”. Después aclaró, aun más, sus ideas en Buenos Aires. Fue el mejor crítico de su obra que tanto revuelo supuso.

————–

Torre, Guillermo de, Hélices. Poemas (1918-1922. Madrid, Cátedra, 2021, 275 págs.


Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License



Poesía

En una tarde luminosa como Adiós al frío de Elvira Sastre

Me dirigía en coche a casa, hace meses, en 2020, cuando escuché en el programa “La ventana” de la SER unos versos que leía otro poeta de un nuevo libro de Elvira Sastre. Para mí, el libro que me impregnó fue La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida del que di cuenta en este blog en su momento. Sencillamente me impresionó. He leído, también, Baluarte , Aquella orilla nuestra y la novela Días sin ti . Tal vez porque fuera lo primero que leí de Elvira Sastre y me encantó, me quedé encasillado, pensativo, y en mi memoria pervive La soledad de de un cuerpo acostumbrado a la herida. Ni siquiera este que acabo de leer-Adiós al frío- con ser magnífico lo supera.

Hace un par de días terminé de leer la antología poética-89 poemas- en la editorial cátedra de W. B. Yeats. Su labor poética es completamente distinta a la de Elvira, pero me pregunté: por qué no leer ahora ese libro también de poesía que lo tenía como aparcado pero en mi mente. A fe que lo he leído de un tirón; parece como si todos los poemas estuvieran hilvanados y no podía dejarlo para otro día. Y así ha sido, en una tarde luminosa -como el libro-en el ámbito de la ciudad universitaria de Madrid. El paisaje y el aire límpido me acompañó en la lectura de este libro hermoso, amoroso, como todo lo que se desprende de la poeta. Cualquier poema que leía, parecía como si el tiempo se detuviera; estaban llenos de vida, del cuidado de alguien que quiere transmitirnos belleza que es amor (“que este no era el plan que trazamos /, que una vida sin ti es un mundo”). Quedas petrificado, atrapado ante (“Tu nombre fue la salida de mi casa, / tu nombre es la entrada a mi hogar”). Sus huellas amorosas son como palimpsestos para la eternidad. La melancolía no puede ser obstáculo para la pérdida, para la ensoñación; “aquella que fue el beso en el portal”,/ mi miedo esperando respuesta”…, “quisiera decirte que no hay hueco para ti en / ella./ Quizá tú solo seas, por fin, / la palabra que pone el fin al poema”.

Hay días en que el recuerdo se despereza, en que es poseída ante “los días que huelen a ti, / que aparecen como golpes secos / en esta memoria apagada”. Ese instante no puede ser olvido y menos lamento. ¿Hay algo más hermoso que lo vivido ante una entrega total sin obstáculo?: no puede perecer en ningún caso, y así se purifica, “comprendo que eres la única / que cabe en todos mis poemas”. Siempre como luz, como cirio perenne. Sin duda, la primera parte de las tres que jalonan el libro te envuelve de tal manera que deseas volver a empezar.

La segunda parte consta de nueve poemas. Son distintos, pero en ellos enardece esa voz lírica que asombra ya con el primero, titulado “Incansable”. Adjetivo que llena, palabra tras palabra, ese tiempo que nos devora: “Es solo eso, mi vida, /este tiempo incansable, / y tus huellas que lo siguen”. Hasta en el poema “La lista de la compra” se orea ese tiempo asesino, huidizo, silente (“todo va gastándose, golpe a golpe, / como la propia vida”). Para terminar con esa tristeza que es amor: “no quiero volver a empezar / una vida interminable / sin ti.

Los último diez poemas conforman la tercera parte. Es el ensimismamiento en unos, en otros el recuerdo agradecido y la exaltación; pero en todos esa pizca amorosa que los alumbra. El primero “Todo está en calma” nos conduce al sosiego aunque nos arrastre “con el mismo vértigo de siempre /aunque a veces las preguntas se asomen…”. No podía faltar el poema como canto a “Somos mujeres” en estos tiempos convulsos. Hasta seis veces repite el imperativo “Miradnos” en los sesenta y tres versos atronadores, a cual mejor. Ahí va la tríada: “Miradnos, / y nunca olvidéis que el universo y la luz / salen de nuestras piernas”. O el de más esplendor: “Somos música, /inabarcables, invencibles, incontenibles, inhabitables,,,,,/ porque la belleza siempre cegó los ojos / de aquel que no sabía mirar”.

Bienvenida sea esta luz eternal en los que los versos se apoderan de las huellas de la vida, pero no para lamentarnos aunque nos revolotee el verso “Cuánto duele lo que no se merece”. Eso sí, tenemos que propalarlo para que nos sirva de refugio, de guía, de casa de misericordia ante las incertidumbres que nos pueden visitar en este camino incierto. La poesía siempre te engrandecerá.


Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Poesía

89 poemas. (Antología poética 1883-1939) de W.B. Yeats

Con acierto, de nuevo, la editorial Cátedra publica otra antología capital de la poesía de la primera mitad del siglo XX por la importancia que tuvo en un momento dado y que hoy, otra vez, reverdece. En realidad, con la poesía siempre debemos estar atentos porque sirve para todos los tiempos; es como un maná excelso. No dudes en acercarte a esta poética, poco a poco, en edición bilingüe de un poeta y dramaturgo irlandés, que siempre fue motivo de celebración, tanto en la poesía como en el drama; no olvidemos que fue el creador de un teatro nacional irlandés- Iris Literary Theatre, 1897- y además recibió el Premio Nobel, 1923. En el fondo lo que deseó fue ensalzar la cultura irlandesa y su historia. La crítica más exigente así lo ha entrevisto. Pero, no podemos olvidar que la obra lirica de Yeats tiene “algo más de quinientos poemas”, pág. 71. Estos que se publican son una atinada selección.

Si bien en la mente de los lectores se ha tenido que la poesía del poeta irlandés subyacía solo su tierra, Luis Cernuda pensaba que “en parte, puede parecerlo; pero, aunque se tenga esa creencia no conviene desatender a cuanto debe esa poesía al mundo de la cultura europea”, págs. 67-68. Su pensamiento quería trasmitirlo con palabras llanas, lo más natural posible, que llegara y llenara a los lectores; palabras repletas de lo simbólico, una forma más nítida para la comprensión. Pero es evidente que dada su formación en él anidaba un espíritu nacionalista irlandés.

El espíritu del paso del tiempo revolotea constantemente; su recuerdo permanece asido. Lo siente como algo natural. En Crossways, en concreto en su poema “The sad shepherad” evoca su historia: “I will my heavy story tell / till own words, re- echoing, shall send / their sadness through a hollow, pearly heart; / and my own tale again for me shall sing….”, pág. 90. El paso del tiempo en The Rose. La rosa como sinónimo de fragancia, de juventud, de primavera, de belleza ha sido una constante en la poesía de siempre. Recordemos a nuestro Juan Ramón: “¡No le toques ya más,/ que así es la rosa!; es decir, el poema excelso no hay que tocarlo. Pero, también, la rosa fenece. Yeats la recuerda como “the rood of time (sad Rose of all my days), como of the world, rose of all the World (he made the world to be a grassy road / before her wandering feet), como of peace ( a peace of Heaven with Hell, como of the batle” (and wage God´s batles in the long grey ships). En The Tower se observa cómo el pasado ha cincelado su cuerpo y, por ende, también su poesía; pero eso sí, matice que es más joven, que está más enraizada en lo que siempre ha querido expresar (“Never had I more /excited, passionate, fantastical, / imagination, nor an ear an eye /that more expected the impossible”). El final de este largo poema sobrecoge; como si estuviera genuflexo ante lo que le espera ( “Now shal I make my soul /, / compelling it to study / in a learning school / till the wreck of body……”)

A full moon in march (1935) recoge dos poemas. En “A prayer for old age” rememora ya al final de su vida, su humildad ante Dios, instándole a que le libre “from those thoughts men think / in the mind alone. Al mismo tiempo se pregunta qué será de él ( “What am I that I should not seem /for the song´s sake a fool?) . En el poema ” The four ages of man” nos recuerda las cuatro edades de las personas. La primera representa la lucha con la tierra-en este caso las entrañas- y vence (“it walks upright”). Después luchó con el corazón (“Then he struggled with the heart”) y posteriormente con la mente para postrarse ante la divinidad que triunfará (“God shall win”).

En la nota a pie de página, el editor nos aclara la sencillez del poema realizado por el poeta: “La Tierra-cualquier civilización dominada por la naturaleza-; el Agua-una edad sexual, armada, la caballería las crónicas de Froissart; el aire -del Renacimiento a final del siglo XIX; el fuego , -la purga de la civilización por nuestro odio (cfr. A. Norman Jefferes, op. cit., págs. 451-452), pág.323.

Last poems ( 1938-1939), el editor nos muestra nueve poemas. En esta antología también, al final, podemos leer Poems not included in the definitive edition (1886-1907). En uno de ellos “Where my books go” se preocupa del mensaje de sus libros, pero sobre todo de que lleguen a lectores y les impregne de acierto, de sabiduría, de compañía; las palabras como “wings untiring and never rest in their flight” para esa ayuda que a veces necesitamos; ese canto debe ir lo más lejano, “beyond where the watters are moving”. Las palabras que escriben deben tener sentido.

Para poder entender en toda su extensión la poética de Yeats conviene leer las aclaratorias y brillantes notas a pie de página de cada poema.

———————

Yeats, W. B., 89 poemas. (Antología poética 1883-1939). Madrid, Cátedra, 2021, 385 págs.


Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License