Pérez Galdós

Una nueva biografía: Galdós

Bienvenida sea la nueva biografía galdosiana y mis parabienes por esta nueva ventana en el centenario de su muerte cortado por lo que viene en llamarse “coronavirus”; tiempo que nos ha servido para la meditación de que otro nuevo mundo es posible si entendemos lo que nos ha caído sin visos, todavía, de su final. Me consta en estos días convulsos que una de las lecturas preferidas ha sido Pérez Galdós. Varias personas se me han dirigido bien personalmente o vía “whatsaap” preguntándome cuál sería la biografía más certera del novelista por excelencia a la par de Cervantes. Mi respuesta antes de detallarles las que se han publicado fue: la mejor biografía es la lectura de su obra; así de nítido; después Memorías de un desmemoriado de Galdós, y para coronar esta tríada Galdós visto por sí mismo de Carmen Bravo Villasante, bien en la editorial “Novelas y cuentos” o la más reciente de la misma autora ya con el tíulo Galdós en la editorial Mondadori, 1988. Es la esencia, es el néctar porque hallamos vitalidad en la narración y aviva al lector /a; desde luego capital para el que no se haya iniciado todavía; al leer el ensayo biográfico de Carmen Bravo Villasante sentimos delectación, aunque sea incompleto como ella misma resalta; las demás están ahí, incluida la última publicada Galdós, una biografía. XXXII Premio Comillas por mayoría. Las otras tres más recientes: Francisco Caudet, P. Ortiz Armengol, Fco. Cánovas. Pero no descubrimos nada si estas no nos llevan a que el lector/a se acerque a la mayor parte de su obra. Primero lo que da vida y después “ya veremos” y sin prisas, eso es lo que manifesté.

Las biografías no son como las novelas que las puedes leer de un tirón; aquellas requieren tiempo y a ser posible que haya intervalos largos. En mi caso, de esta nueva biografía, solo he leído el prólogo florido, sin duda, sin que encontrase novedades reseñables. Algunas ideas que se vierten son el “run rún”, pero que no se atienen por ejemplo cuando se escribe la expresión ” poco y mal entendido”. Lo de “poco” sinceramene no sé de dónde lo saca; un autor que leí en el bachillerato, en la universidad; que estuvo en las oposiciones, tanto en la de profesores de Agregado como en las de Cátedra; y ahora también en las oposiciones de secundaria; después lo impartí tanto en la Enseñanza Media como en la Universidad. He sido testigo de numerosísimas tesis, incluso lo que antes se llamaba en los años setenta “tesina”. Tiene una vastísima bibliografía. Tampoco fue orillado ante el rótulo de la “novela experimental” ya en en furgón de cola. Claro que se leyó a Galdós en ese tiempo de tribulación; por cierto, algún nombre se recuerda no por sus novelas-pocas- sino por lanzar su antigaldosianismo. Me estoy refiriendo a Juan Benet.Querían que lo recordaran. Tengo la impresión de que los que vierten estas ideas ni han leído a Galdós y menos a Juan Benet. De este autor, ya muerto, yo sí lo leí e incluso publiqué en la revista Ínsula, y más tarde lo impartí en la Universidad Complutense. Lo de “mal entendido”, sinceramente no lo entiendo y menos proveniente de una filóloga galdosiana. Y menos, aun, cuando hace referencia a datos elementales de su vida (“algunos se repiten mal”); esto desdice en un prólogo sin que nos invite a decirnos cuáles son. Si se refieren a datos familiares o a la vida sentimental del escritor, estos poco importan ante ese vasto mundo novelesco, dramaturgia, el escritor periodista o la correspondencia para aunar lo individual y lo colectivo.

Me he leído también el apartado “Sociedad y novela”, 1876-1878. Aquí me he detenido. Solo 14 páginas, de la 167 a la 181 me han parecido pocas para una dualidad amplísima en la obra galdosiana y aunque la autora se refiera solo a las novelas de la primera época; hay que pensar que estamos ante un ensayo de más de 800 páginas por lo que tenía que haber profundizado más ya que es la base en la que se sutenta la obra galdosiana; en este periodo, me sorprende que no haya hecho mención a Rosalía, el eslabón entre lo que enumeramos como tratamiento histórico y realidad contemporánea, que hubo debate sobre este tema en el IV Congreso Internacional Galdosiano en 1990. Como bien sabemos fue descubierta por el investigador A. Smith y publicada en la editorial Cátedra en 1983. Eso sí, en la bibliografía final aparece y en una nota (pág.777).

Hubiera preferido que este apartado fuera más personal ya que las exiguas líneas son como un compendio de lo ya escrito por muchos investigadores, lectores y críticos. Sí destacan y necesarias las 14 notas (págs. 776-779), más para los estudiosos, curtidos, de Galdós que para el lector común que se inicie. Por el momento, dejaré la lectura; necesito el sosiego necesario para que no influyan estas ideas en el resto de la biografía, o así lo deseo.

Pérez Galdós

Miau: la libertad en una sociedad convencional

Si hay una palabra que nos asombra en la obra galdosiana, en su conjunto, esa es libertad. Clave, sin duda, también en Miau, espejo de la sociedad madrileña del último tercio del siglo XIX en la que se describe con tino la burocracia española, el cesante,un aldabonazo viviente. La dualidad individuo-Estado y la faceta familiar del personaje; en esta novela Ramón Villaamil. O en plano más abarcador las “villas mil”, en muchos lugares en que puede acaecer lo que se nos describe, que detrás existen muchos personajes como don Ramón. Los problemas en sí y como se intentan resolver se pueden dar en muchas familias, como el mundo de la infancia, la burocracia, los sueños, el afán por poseer aunque aplaste a otros, etc. La codicia como abanderada del enriquecimiento. Planteamiento que nos lleva al más allá de nuestra conciencia para exigir justicia.

Cuando la lucha es agónica, ¿cuál es la respuesta? En este caso la huida hacia el descanso eterno; es cuando uno ha perdido el uso de razón e intentar recuperarla es caer en el abismo. Cada lector/a puede elegir el camino que le suponga salir del atolladero; el elegido por el protagonista quizá no esté acorde con la gran mayoría de las personas, aun entendiendo esa realidad atosigante que rodea a Ramón Villamil; ante esa situación se encontró inerme, a pesar de que su nieto pide al Creador que coloquen a su abuelo; esta exigencia no se da, de ahí el desenlace fatal; ¿estamos ante el destino, o es que debemos luchar aún más para no perder el hecho humano? La desesperación de Villamil la comprendemos, pero no hasta el extremo final en que se envuelve porque la vida le parece absurda. Le faltó ese hilo de esperanza, esa luz que puede aparecer en un momento. La muerte como salida no puede darse aunque adquiera conciencia que así no se puede vivir y revolotee por la imaginación; ni siquiera como halo de misterio o de paraíso para siempre.

La literatura y las artes siempre se han posicionado ante la dura realidad que nos envuelve; han sido los verdaderos críticos; hay que llevar los libros a la vida, así la convertiremos en arte. La triple vertiente política, histórica y social se amasan. Bien lo supo plasmar Galdós en su magna obra.

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Pérez Galdós

Relectura en estos días aciagos, después de mucho tiempo, de "Una industria que vive de la muerte. Episodio musical del cólera" publicado en La Nación en 1865 por Pérez Galdós

Cuando leí por vez primera este cuento-ensayo quedé impresionado no solo por lo bien que está escrito sino también cómo Galdós supo aunar música-industria-cólera-muerte. De un hecho del que fue testigo realiza una obra artística que ocurrió allá en 1865, en Madrid, en el que también nos visitó una epidemia de cólera. Galdós se percata de este hecho de actualidad. No podemos olvidar que los problemas reales del momento tenían expresión en los cuentos, y estos en los periódicos y revistas. Periodismo y costumbrismo unidos. Se publicó el 2 y el 6 de diciembre de 1865 en La Nación, aunque lleva fecha de 20 de noviembre. Personalmente, pienso que más que cuento se puede denominar, sin lugar para la duda, ensayo periodístico; poco importa que sea fantástico, real, maravilloso, irreal o de ficción. Antes de entrar en lo acontecido con el cólera, nos adelanta: “Decid, señores músicos, Palestrina, Haendel, Mendelssohn, ¿cuándo habéis llevado la imaginación hasta este punto? ¿Hay en vuestras cinco miserables líneas nada comparable a ese dies irae cantado por un martillo?

Al cólera siempre se le ha emparejado con el terror, con la economía, con el contagio, con la historia, pero no con su música que yo sepa. Este es el acierto de Pérez Galdós: haber relacionado el cólera con la música; haber prestado el oído. La combinación música y cólera es perfecta, y, sobre todo, con el objeto martillo con significado de muerte y esta con una plena significación: liberación. Esta ¿tenía que ver con la sociedad española de 1865? ¿Existe una relación entre ella y la epidemia? La evidencia es el cólera, pero ¿no podía Galdós aprovechar la ocasión para diagnosticar la enfermedad de la sociedad del momento? Lo que es nítido es el enriquecimiento del fabricante y la miseria de los demás. Galdós lo deja nítido: no se puede permitir el lucro ante la desgracia de unos.

La historia comienza en el taller de un carpintero de ataúdes y finaliza con su entierro; murió al terminar su último encargo (“cesó de clavar, y cayó al suelo después de vacilar un instante. El horrible martillo calló”); lo paradójico estriba en que los golpes que daba el carpintero se oyen después de su muerte. Es aquí en donde está lo irreal o maravilloso que mantenemos en la imaginación. Galdós hace morir de la misma forma a quien usaba la muerte como riqueza. Casi al final, el lector/a percibe que el narrador parece como si se decantara por la superación del cólera: “Al siguiente día la animación y la alegría reinan en todos los talleres de la vida”. Y termina: ” Algunos han visto el cólera de cerca , otros lo han sufrido, otros lo temen y otros lo palpan . ¿Por qué no ha de haber quien lo oiga? Sí, lo ha oído quien tiene la manía de atender siempre a la parte musical de las cosas”.

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Pérez Galdós

Pérez Galdós ” a la par de Cervantes”

Aclaro que “a la par de Cervantes” no es expresión mía sino de Andrés Trapiello, pero que asumo. De estudiante escuché tanto en la Enseñanza Media como en la Universidad “después de Cervantes: Galdós”. La he mantenido cuando era necesario en la docencia. No olvidemos que hasta que llega Galdós nadie se preocupó de Cervantes, salvo los ingleses. No se puede dudar que fue un maestro en el mirar la sociedad, en la belleza y en la penuria, y, sobre todo, en haber sabido escuchar las variedades del habla.

La semana pasada publicó en El País semanal Javier Cercas un artículo con el título “Galdós”, que leí con atención. Al terminarlo pensé inmediatamente: ¿cómo es posible que un profesor universitario intente despreciar a una gloria nacional valiéndose, ¡qué cosas! de otro artículo de una galdosiana como Almudena Grandes, que vate el récord de lecturas hoy. Por cierto, el otro día estuvo en el Ateneo de Madrid impartiendo una conferencia sobre Galdós y se salió (¡inmensa, impresionante!). A esto hay que añadir que se “apellida socia” en expresión esproncediana.

El profesor comienza su artículo: “Buscaba yo la forma de razonar en esta columna por qué me gusta menos Benito Pérez Galdós…..”. Nada que objetar al gusto. Ahora bien, cuando escribe “Galdós, en efecto, se halla en las antípodas de eso”. Paré la lectura para coger aire; lo primero, yo prefiero “los antípodas”-lo aprendí en la E.G.B.-. Ya sé que la Academia lo da por aceptable, pero nos insta a que empleemos el masculino. que es la forma correcta. Sr. Cercas, lo de “pensar o no pensar” no siempre ocurre, pero al final es el lector/a el que se decanta por lo que lee, aunque observe la línea del autor. Usted mismo lo hace, en concreto en Anatomía de un instante y en Soldados de Salamina.

Lo que me sacó de quicio: “pueden asimismo aprenderse leyendo libros de historia ( a veces, incluso, un buen manual)”. Recapacité y me pregunté, pero ¿este señor habrá leído a Galdós? ¿Qué habrá leído de su inmensa obra (artículos periodísticos, ensayos, cuentos, novelas, cartas, teatro, episodios nacionales)? Incluso estuvo al lado y apoyó revistas modernistas como Electra y Alma española. Su final no se sostiene, casi es un insulto a los millones de lectores de Galdós. La expresión huera, manida “llevados por el celo patriotero” es impropia de un intelectual y menos de un profesor universitario. Ahí estuvo Galdós y estamos sus lectores. Para mí es un insulto ese adjetivo. Por cierto, por lo de “manual” mandé esta carta a El País, que no se publicó: Lo que sí es manualesco: “Fortunata y Jacinta es, tal vez, junto a La Regenta la mejor novela española del siglo XX”. Percibo que ha leído poco a Galdós. Como Fortunata tiene por lo menos diez más. Prosiga leyendo y luego escriba.

La contestación ante tanto despropósito vino en el Babelia último con el título “Novelas y doctrinas” del novelista y académico Muñoz Molina, que raudo lo tuitué “urbi et orbi”, claro y añadí mi felicitación. Sus ideas conforman el estandarte galdosiano.

No contento el sr. Cercas con el varapalo a una de las tres glorias nacionales (Cervantes, Lope de Vega, Galdós), de inmediato, escribe carta a la directora que pudimos leer “on line” y a la mañana siguiente en papel. Su contestación lo estropea más; yo no veo que lo razone como apunta la carta y menos con “desde Valle-Inclán o Baroja hasta Juan Benet-por mencionar solo escritores españoles-” Me sorprende que usted escriba esto. Valle-Inclán y Baroja aceptaron el magisterio de Galdós. Vamos por parte. Lo de Valle-Inclán. Usted no aporta datos, aunque puede que tenga en mente-como tantos- “don Benito el garbancero” de Luces de Bohemia. A esta expresión recurren siempre los que no leen a Galdós. Valle- Inclán admiraba a Galdós- lo repito: ¡lo admiraba! Aceptó su magisterio- como han escrito quienes le conocieron y críticos como Bermejo Marcos, Fernández Almagro, Iglesias Feijoo, etc. Pero es que la expresión “don Benito el garbancero” es de Darío Gadex, no de Valle-Inlán; eso sí cuatro años después de la muerte de Galdós. De todas formas, no se debe tomar de forma literal el exabrupto (intelligenti pauca).

A pesar de que Valle-Inclán no fue atendido por Galdós en dos ocasiones; la primera, cuando le pide entrar en el teatro como actor: le escribió una carta para que le recomiende a Carmen Cobeña y Emilio Thuiller para que lo incorpore a la compañía. Pero fue Benavente, al enterarse, el que añadió un personaje Teófilo Everit, ejemplo de poeta modernista, a la obra que estaba componiendo La comida de las fieras y actuó. La segunda, lo más conocido: El embrujado. Valle-Inclán le pide a Galdós que haga lo posible para que se estrene su obra después de que las compañías privadas le cerraron las puertas, estamos en 1912. Galdós era el director artístico de El Español. Las compañías tenían entonces un poder enorme; tanto la compañía como Galdós no tuvieron a bien estrenarla por falta de calidad (“por su juicio crítico”). Parece que no le faltó razón ya que la obra no tenía la calidad que su autor le suponía. El tiempo le dio la razón. Interesante fueron las conferencias que se desarrollaron en el Ateneo de Madrid acerca de este episodio; pero, en ningún momento, habló mal de Galdós. Antes de escribir (allá va) hay que leer y documentarse.Por si había alguna duda: Valle-Inclán en Cenizas toma como modelo a Galdós, Ibsen y Dumas.

Lo de Baroja es otro cantar. Seamos serios, hasta mi entender, solo se refirió a Galdós en un prólogo a La nave de los héroes, en 1925. Es decir, cinco años después de la muerte de Galdós. en el que atacaba al personaje el “Empecinado” de uno de sus Episodios. De Benet sí-pero no de forma desaforada-, en alguna ocasión, su no simpatía con Galdós, pero en periódicos o tertulias y que conste que he leído a Benet y también escribí en la revista Ínsula acerca de su obra de forma laudatoria y siempre lo expliqué en mis programas docentes cuando no era tan fácil; no sé si todos pueden escribir lo mismo. Aunque sea en los periódicos hay que tener cuidado con lo que se escribe porque detrás hay un mundo que, quizá, se sonroja por tanta frivolidad como creo que el sr. Cercas ha escrito esta semana. Sin duda, tiene todo el derecho a opinar e incluso escribir que no le gusta pero no con argumentos que no se sostienen y menos descalificando a sus lectores.

Coda.La nómina galdosiana es inmensa ( es un poco fuerte, pero el desconocimiento de la obra de Galdós del señor Cercas es sublime, raya lo insólito, al menos por el artículo de El País semanal , y si no es así “perdones mil”, quizá tuvo un mal día); pero voy a citar algunos que leyeron y apoyaron con ahínco: Torrente Ballester,Clarín, Max Aub, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Gregorio Marañón, Antonio Machado, García Lorca, Cernuda, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Américo Castro (“no ha habido y no lo hay todavía un novelista español tan grande, tan rico como él, con excepción de Cervantes”. Hasta Rafael Aberti en su Arboleda perdida escribe del “grande y popular novelista Benito Pérez Galdós, (…), la del inmenso novelista dejó también en mí sus escondidos hoyos”. .

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Pérez Galdós

Prosigamos leyendo a una gloria nacional: Gáldós entre el amor y la ciencia

El Galdós finisecular se debate entre el amor y la ciencia. Encerrado en esta idea, de nuevo, condena la representación del mal que viene dada por la larga figura de Doña Perfecta. Este espíritu intransigente es literalmente desmenuzado en Casandra (1905), en La de los tristes destinos (1907), en Alma y vida (1902) y Amor y ciencia (1905). En un último intento, trata de enhebrar su preocupación realista con los nuevos aires renovadores de la Generación de 1898 y el movimiento modernista. Quiere experimentar un nuevo arte de novelar que arranque de lo subjetivo, de lo esencial, y también sea más atemporal.

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