Teatro

Chamizo: dramaturgo

Con el  mismo espíritu que a la poesía, Chamizo se acercó al teatro. Drama y poesía se aúnan. Es más, es difícil, como ya atisbaron los clásicos, ser un buen dramaturgo si no se tiene la vena poética. El género teatral estaba en boga en su tiempo y Chamizo no dudó en sumarse. Probablemente los dramaturgos Álvarez Quintero, Villaespesa, Marquina, Arniches, Pérez Galdós, Valle-Inclán, García Lorca, Benavente, etc. le influyeron como base estructural para conformar la pieza teatral Las Brujas, pero sin que tengamos testimonio de ello.

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Teatro

El teatro anterior a 1939

Es difícil toda clasificación en el género dramático porque más allá de las obras, tendencias, autores, tiene que predominar un teatro basado en la palabra; teatro con cara y ojos, con personajes, que nos inculquen nuevas esperanzas, confianza  en este camino existencial en el que nos desenvolvemos; esto es lo que hicieron los grandes dramaturgos de todas las épocas.

La crítica lo ha entrevisto, en este período, como de alta comedia, costumbrista, poético, costumbrista con la vitola cómica, humorístico, de compromiso, histórico, incluso como innovador; y aún así hallaríamos aquella obra singular que no encajaría en estas divisiones. Pero, hay cuatro dramaturgos que se levantan por encima de todos: Benavente, Valle-Inclán, García Lorca y Pérez Galdós. Cada uno de ellos destaca por alguna faceta dramática.

Si nos detenemos en el Premio Nobel de Literatura, Benavente, no hay término medio en cuanto a la crítica. La mitificación y la censura forman parte de su estandarte,  y eso que escribió 172 obras, desde El nido ajeno (1894) hasta Por salvar su amor (1954). Intentó acercarse a la sociedad, y además estaba orgulloso de haber llegado a los entresijos de la misma. Sin embargo, el crítico José Monleón escribió que “ su inteligencia le hacía ver la mezquindad de la sociedad a la que servía, sin atreverse a afrontarla en los puntos fundamentales”.

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