Ensayo

Pedro Salinas, una vida de novela

Hay autores, sobre todo si son poetas, que tienen un pedestal para que volvamos a leerlos, y uno de ellos es Pedro Salinas, que supo aunar libertad y sentimientos, vida-literatura, ficción-realidad. Precisamente este ensayo nos advierte de la importancia, otra vez, del poeta del amor.

Lo que pretende la profesora y más que entusiasta de Pedro Salinas en este ensayo es reverdecer su vida, “acercarse a la interioridad del hombre para entender mejor su producción literaria” (pág. 17). Precisamente, la ensayista se basa en que si bien los estudios de Pedro Salinas han versado sobre la obra múltiple del escritor, no se ha ahondado lo suficiente “en el hombre con encontrados registros, escindido, en lucha, víctima de su falta de seguridad y de un profundo sentimiento de culpa” (pág. 13). Es como un acercamiento “al hombre desconocido, acallado”. Al terminar el largo planteamiento, 461 págs., quedas exhausto , cierras el libro, miras a la lejanía y te dices: ha merecido el tiempo dedicado a su lectura, y te viene a la mente era necesario el ensayo, Pedro Salinas está dentro, vivo ; defendamos su obra y si puedes propálala con ese mensaje nítido: que vida y literatura son lo mismo y recojamos la sabia pregunta: ” ¿a quién sino a ti voy a decir mis verdades?”, ese es Pedro Salinas.

Estructuralmente, el libro consta de diez apartados. Sinceramente me han sorprendido los dos primeros en los que se rememora su niñez y adolescencia ( “Salinas entre lo anecdótico y lo profundo”. “Más allá de una vida conocida”). La dualidad que percibía, a pesar de que estaba seguro de su realidad física, de sus apellidos, de sus años, etc. “Pero y la otra, la íntima, la profunda realidad ? ¿Soy yo el que soy?” (pág, 101), se pregunta.

Más conocido, sin duda, es el apartado tercero: “Un hombre entre dos amores”. La expresión que siempre nos aflora: “Se fijó en mí en aquella primera clase y eso fue todo; un flechazo”. Así nos lo ha recordado Katherine cuando asistió a un curso que impartía Pedro Salinas sobre “La Generación del 98”. Corría el verano de 1932; Katherine vino a España para estudiar el tema de su tesis doctoral. Salinas, también, lo recordaría: “No puedo creer que nuestro primer encuentro, que nuestro primer cruce de miradas fue en un aula de la Residencia, una tarde de agosto” (pág. 123). Lo demás, lo que ocurrió ya lo sabemos. Lo primordial es que nos ha dejado sus impresionantes La voz a ti debida, Razón de amor, Largo lamento más allá de lo que algunos críticos han dicho. Me quedo con la opinión de la protagonista aunque, quizá, se la exalte en demasía (“Sonreí cuando leí sus reseñas, pero, creo que tenían razón en parte” (pág. 31). Lo que debemos hacer es leer la obra- los tres libros de lírica que ella inspiró-; el resto son aspectos íntimos, son luchas, son celos y tantas cosas más que acarrearon dolor, sufrimiento, pero el amor conlleva, a veces, sinsabores. En el ensayo están recogidos. La mitificación ha quedado para la historia; en realidad, tampoco sabemos cómo sería exactamente porque tal vez la idealizara, algo normal cuando el amor aparece ( “Mi corazón tú lo conoces: eres tú. Tú eres lo que me está pasando siempre”). Sabemos que la ruptura no la entendió el poeta (“Otra mujer, en tu lugar, se habría considerado muy afortunada”; la respuesta es nítida : “yo no soy más que lo que soy”, pág. 138). Quizá estemos ante más ficción que realidad, eso no quiere decir que no se añorasen siempre. El amor es así.

Otro aspecto capital en el poeta era la necesidad de un interlocutor, la necesidad de diálogo para no sentir el vacío, bien apoyado por la ensayista a lo largo de cuarenta páginas; podemos incluso pensar que fue sobrecogedor; seguramente el aislamiento le ahogaba, de ahí la necesidad de comunicación aunque fuera con el género epistolar (Ese es mi método curativo el ejercicio epistolar, en sus dos direcciones, de ida y vuelta”, pág,164.). Es el diálogo entre el tú y el yo (“yo soy tu Pedro Salinas”, “el que tú suscitaste”) que el poeta supo descifrar con limpidez para mostrar qué sentía, verdadero motivo existencial, en este caso quizá obsesivo como se deja desprender en el ensayo. El apartado “Una isla de amor hecha palabras”-el quinto- es un torbellino de querencias arrebatadoras epistolares, lleno de recuerdos, lugares que hablan de amor; el mundo creado de dos personas. “la isla” enhebrada de pétalos rojos que se acarician, que van más allá del color o el perfume para adentrarse en el interior, en los faros del alma.

La mención al exilio, la añoranza de sentirse español, el querer ser, el haber perdido todo, el recuerdo de las costumbres, las calles que recorrió, su entusiasmo por Galdós (¡”Hay que ver lo que sabía aquel hombre”!) exclama al leer Fortunata y Jacinta, Los episodios nacionales, la fuerza de la lengua castellana como motor a pesar de la lejanía, su cosmolitismo, conforman el capítulo dedicado a “¿Quietismo o acción?” No podía faltar en el ensayo la defensa del idioma como escribe la editora “Maestro del idioma”, que sin duda fue un dechado, recordemos El defensor en el que hallamos la fuerza del castellano en “Defensa del lenguaje”, toda una delicia su lectura en la que tantos hemos bebido para aclimatar el pensamiento, no solo lingüístico.

Su humanismo docente, su vocación poética, lo biográfico trasmutado en poesía, narrativa y dramaturgia, la poesía inédita, los proyectos narrativos y teatrales inacabados conforman otra forma de entender a quien lo fue todo en el arte ser diferente impregnado de sabiduría, acercamiento y sentimiento. Supo elevar la literatura a nuestras vivencias. El acertado título “una vida de novela” nos lo revela. Es “la vida literaturizada”.

Ensayo

Pensamiento y crítica literaria en el siglo XX (castellano, catalán, euskera, gallego)

La realidad multilingüista en España es un hecho que nos enriquece. Las cuatro lenguas conforman un mosaico cultural que no debemos desaprovechar. Este ensayo “aspira a situarse en un espacio abierto a las ideas y a la crítica allá donde hayan surgido” (solapa final del libro). Es, por tanto, una ventana que se abre para que se aporten todas las ideas más allá de las opiniones que lanzan distintos especialistas de las cuatro lenguas españolas. Desde luego es un ensayo necesario en el ámbito universitario.

VV. AA., , Pensamiento y crítica literaria en el siglo XX (castellano, catalán, euskera, gallego). Madrid, Cátedra, 2019

Cuatro capítulos y un prólogo repletos de verdadera sapiencia e investigación (“el sintagma ´pensamiento y crítica´ aspira a crear una zona de correspondencias y discursos que permita no quedarse en la sola teoría literaria”, pág.15). Lo primordial es que llegue primero, y después que sirva de cabecera; claro, la lectura como altozano, si no es así, todo será baldío.

El capítulo IV dedicado a la crítica y pensamiento literario gallego en el siglo XX termina con las palabras que han servido para aclarar lo que es propio del análisis del que parten : “no es posible escribir sobre Galicia sin tener en cuenta el exilio, la diáspora, las cárceles del franquismo y la democracia, el manicomio o los nuevos enclaves propiciados por el capitalismo global”, pág. 756. Ahí está la base que ha propiciado el acercamiento en este ensayo. El análisis cultural, por tanto, ha tenido en cuenta esas premisas para acercarse a lo literario, a la crítica y a lo historiográfico .

El capítulo III es novedoso, al menos para quien escribe estas líneas. Ya desde el principio se nos adelanta que la literatura vasca ” se ha desarrollado en gran parte en la tradición oral, debido a la situación de la diglosia, que vedaba su acceso a las instituciones educativas y sociales que aseguraran su cultivo escrito”, pág, 419. En nuestra posguerra destaca el elemento lírico; como clave lo social para extender una cultura distinta y heterogénea que tiene como foco irradiador las editoriales de las órdenes religiosas afincadas en el País Vasco. Sin embargo, se deja bien claro “que son los prólogos de los libros publicados y los debates literarios entablados en la prensa cultural´- pág. 424- en los que se han basado para trazar las ideas más importantes de esta literatura. Las primeras líneas están enmarcadas en lo que se ha llamado el “renacimiento vasco” que abarca de 1876 a 1936 en el se observa un paralelismo con la ” Reinaxenca” de Cataluña y el “Resurdimento ” gallego.

El capítulo II está dedicado al pensamiento y crítica en catalán. Son más conocidos los comienzos de la literatura catalana; en los primeros años del siglo XX se percibe una cierta nacionalización con ese espíritu que imprime a lo cultural con aires distintos lejos de la península. Todo el conglomerado insta a mostrarnos otra realidad propia y distinta. Querían ventearla y quitarse de encima un cierto complejo cultural que en el fondo no se admitía. Según los autores parte de dos fechas; la inicial en 1898 cuando se representa Goethe en traducción de Joan Maragall y lo cierran en 2007 cuando Cataluña es invitada a la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. La universalidad es destacada en el año 1935 con el artículo “Universalidad y cultura” de Josep Carner.

En el capítulo primero se recogen lo referente a lo publicado en castellano, tal vez lo más conocido por su predominio. Y una personalidad quedó en la memoria de estos estudios: Menéndez Pidal; es el canon. Inmediatamente su discípulo Américo Castro ( recordemos El pensamiento de Cevantes, España en su historia. Cristianos, moros y judíos, La realidad histórica de España) . Y prosiguieron Rafael Lapesa, Zamora Vicente, etc.

La vuelta a lo genuino se dejó sentir, así Quijote se convirtió en piedra angular. La aparición de Vida de don Quijote y Sancho supuso una mirada a lo español, una palanca para los estudios filológicos sin olvidarnos de La ruta de don Quijote, Meditaciones de Quijote, El Quijote durante tres siglos. La estela de Azorín al crear una vinculación entre “hombres, paisajes y libros” se convirtió en el embrión de lo que significaba Castilla. Su memoria hace destacar a “don Benito Pérez Galdós, en suma, ha contribuido a crear una conciencia nacional: ha hecho vivir España, con sus ciudadanos, sus pueblos, sus monumentos y sus paisajes”, pág.44.

Hay dos apartados que configuran su desarrollo; parte A- que consta de 14 apartados- y parte B-con el título “las ideas teatrales”, una introducción y cuatro apartados- . Uno de los puntos de la parte A es el referido a las Primeras historias de la literatura española, concretamente el quinto. Como casi en todo, son los extranjeros los que observan la realidad española, incluso, claro está en lo referente a la literatura. Como sabemos, Juan de Mairena se quejaba de la falta de “un buen manual de literatura”. Clarín, Machado y Azorín lo lamentaron. Se tuvo que esperar a los de Julio Cejador y Francia y Juan Huratdo-Á. González Palencia, que fueron los dos primeros escritos por españoles, pág. 48, más allá de lo sesgada de cómo favorecía la primera a un catolicismo enclenco. No me extraña que el segundo manual-publicado en 1921-tuviera hasta cuatro ediciones antes de 1940, a pesar de que era demasiado conservador. En su advertencia estaba nítido: “Hemos procurado presentar ante todo el dato concreto, preciso y objetivo”, pág.50. Con esta forma de mirar se alzó la Historia de la literatura española de Ángel Valbuena Prat , primera edición en 1937; después vinieron la de Guillermo Díaz Plaja, Historia General de las Literaturas Hispánicas, 1949; y la de Ángel del Río en 1961, Historia de la literatura española.

La segunda parte está dedicada a las “ideas teatrales” que tanta importancia tuvieron sobre todo, en las primera mitad del siglo XX. Sí nos advierte la autora que “el pensamiento en torno a la escena discurre en cierta media paralelo al devenir de las ideas en el ámbito de la poesía y la narrativa”, pág.147. Así se desbroza “palabra o espectáculo”, “el teatro como instrumento de transformación social”, “el debate de los realismos”, “la vieja polémica sobre el realismo”, “los años de la ruptura”, “el espectador como centro”, etc. Todo un compendio que es necesario asimilar si queremos comprender uno de los géneros, tanto en la palabra como en la representación, que más se han significado en la literatura castellana del siglo pasado.

Ensayo

Lope. El verso y la vida

Congratulémonos con un nuevo ensayo sobre Lope de Vega, grande entre los grandes, a pesar de tantas tonterías que se han dicho y se dicen de él. Esto solo puede venir de los alicortos, de los envidiosos, de los que no leen a Lope y luego pontifican sobre todo en los medios de comunicación. Simplemente estoy harto de los chascarrillos que se suelen escribir del poeta por excelencia, de la lumbrera que ha servido a tantos poetas y dramaturgos; si hubiera nacido inglés irían a venerarlo-perdón a los cristianos por el término- al sepulcro. Aquí, no sabemos dónde se encuentra. El autor de este ensayo escribe: “Los restos de Lope pasan al osario común de la iglesia de San Sebastián” (pág.31). Ese osario no sabemos dónde está. “En 1658 debieron de trasladar los huesos del poeta al dicho osario” (pág.344). Ignoramos sus restos; sabemos que fueron removidos a principios del siglo XIX (“fueron extraídos y arrumbados”. Américo Castro lo define como “criminal profanación”). Para la posteridad ha permanecido la pequeñez de los que ejercen el poder. Pero, la savia poética ha permanecido. Esto es lo más importante. Su entierro constituyó uno de los acontecimientos dignos de tal persona. Madrid se postró, se paralizó; desde su casa hasta la iglesia de san Sebastián se agolpó la gente un 28 de agosto en el que el silencio pudo más. Las honras fúnebres prosiguieron en el mes de septiembre. A buen seguro fue acogido por un coro de ángeles.

La frase mítica: “Es de Lope”. El pueblo llano tiene una sabiduría que no poseen los que gobiernan-da igual el ámbito-. Cuando mandan se les nubla la inteligencia.

Ocho partes conforman el libro, amén de un prefacio, una cronología, 13 tablas de ilustraciones, 1.448 notas al final y una amplia bibliografía, sobre esta me extraña que si cita el manual de Valbuena Prat-tomo II-, olvide a J.L. Alborg que nos ha servido, nos ha guiado tanto a generaciones anteriores a la del ensayista. Y además, hoy, incluso es luz para adentrarse en la enorme obra de Lope; claro, y no solo de este. La lucidez estilística no puede quedar en la sombra.También me hubiera gustado que la primera cita del Prefacio perteneciente a Azorín y que podemos leer, también, en la contraportada hubiera sido completa, “aguja de marear” (1. Martínez Ruiz, 1960-pág.361) . En cuanto a la cronología mantiene que nació el día 3 de diciembre de 1562 siguiendo a Luis M. Vicente; sin embargo, otros “lopistas” mantienen el 25 de noviembre o el 2 de diciembre (día de san Lope) que también  nombra en la página 40. Poco importa. Pero para el mundo lopiano quedarán esas dos fechas el 25 o el 2. Son las más certeras.

La lectura de los versos de Lope son una delicia; uno de los aspectos clarividentes de Antonio Sánchez ha sido ese intercalar poesía a la vez que desgranaba la vida y la obra del poeta. Es una forma de leer al Fénix ya que toda su obra es inmensa. Su desmesura es difícil de abarcar, de ahí que este ensayo contribuya a ensalzar la figura de Lope para que de una vez comprendamos la luz que irradia su obra, ese altar literario en que se encuentra que todavía algunos no se han enterado. Por favor, no escriban los que no lo han leído, que de estos abundan. Da igual el tipo de poesía que elijamos, siempre el sentimiento está ahí. Veamos el terceto que dirige a Micaela cuando la conoce, todo un testamento amoroso: “cuando Amor me enseñó la vez primera / de Lucinda en su sol los ojos bellos / y me abrasó como si rayo fuera”.

Ante la pasividad de la actriz o quién sabe, escribe: “Tú sola mereciste mi desvelo / y yo también, después de larga historia, / con mi fuego de amor vencer tu hielo”.

Hoy, muy pocos poetas se embelesan ante el sentimiento que acude de vez en cuando. Su fe religiosa también le visita y a ella se entrega con sus Rimas sacras. Su sacerdocio quedó para la posterioridad: “De todo cuanto es  bien mortal desisto; / humilde adquiero la cruzada estola, / y la suprema dignidad conquisto”. Es el Lope entregado a su fe que se ensimisma en el conocido soneto “¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras; /¿qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta, cubierto de rocío, / pasas las noches del invierno oscuras?”

Aunque, Lope, en un principio habla de amor platónico cuando ve a Marta, con el tiempo los ojos verdes de la joven-casada fueron a más, hasta fundirse lo espiritual y lo material. El poeta quedó arrobado: “Canta Amarilis, y su voz levanta / mi alma desde el orbe de la luna / a las inteligencias, que ninguna / la suya imita con dulzura tanta”. (…) “Quién no amará tantas gracias, tanta hermosura y celestial ingenio?”.

Cuando Marta quedó ciega, el poeta se entrega al dolor: “Cuando yo vi mis ojos eclipsarse, / cuando yo vi mi sol escurecerse, / mis verdes esmeraldas enlutarse / y mis puras estrellas  esconderse /, no puede mi desdicha ponderarse, / ni mi grave dolor encarecerse, / ni puede aquí sin lágrimas decirse / cómo se fue mi sol al despedirse”. Esto no lo puede escribir una persona que no ama.

Y finalmente, ¿alguien duda de su dramaturgia de la que vivió? Por algo habrán quedado para siempre los dos dramaturgos universales por excelencia: Lope de Vega y Shakespeare. Sí, no tengamos miedo en proclamarlo (y ya que cito al dramaturgo inglés , …in a loud clear voice).


Sánchez Jiménez, A., Lope. El verso y la vida. Madrid, Cátedra-biografías-, 2018

Ensayo

Martín Gaite todo un hito literario en que la perfección enaltece

Cuando citamos a Martín Gaite nos tiene que venir a la memoria el Ateneo de Madrid donde pasó tantas horas leyendo y escribiendo. Recordemos los versos de Espronceda que a buen seguro los tenía en su mente:.”A todos, gloria, tu pendón nos guía, / y a todos nos excita tu deseo: / apellidarse socio ¿quién no ansía / y con las listas estar del Ateneo?”.  Me ha sorprendido que el profesor  José Teruel no  haya recordado este dato que los ateneístas propalamos y ella glorificó.

Cuando pareció, allá en 1978 , El cuarto de atrás, quedamos prendados de su belleza estilística; ya no se podía superar esas formas  que ella supo hilvanar para la posterioridad, aunque quizá los libros que nos apabullan sean  Nubosidad variable y La reina de las nieves. Nos da igual que sea autobiografía repleta de ficción, novela, ensayo, qué más da; no acortemos las alas del arte de escribir. Cuando leemos, percibimos un pasado entrevisto de presente; poco importa que esté revestido de ironía para agavillar mejor el hecho transcurrido. Como muchos escritores y escritoras, Martín Gaite se refugia en la literatura, tanto la escrita como la lectora; es cuando la soledad quiere imponerse y ella se integra, no se evade, quiere ser, translucir, el rescate de la memoria como asidero,  adentrarse en la dicotomía realidad-ficción y trazar los raíles de la inocencia y la madurez para una formación venidera de los/as posibles lectores; su mundo como atalaya en la que podamos subir para ver. Distinguimos ese halo de la ecritora en tanto en cuanto nos damos cuenta de que su narración tiene basamento el cómo y a quién se cuenta con precisión y belleza léxica en esa oralidad que se establece con el misterioso personaje que la visita cuando la inspiración le viene de sopetón. Es única, se distingue cuando la leemos. Gloria, por tanto, a quien supo amasar hechos que nos conmueven y venteamos.

Ensayo

Meditaciones de Hispano-América

Con retraso leo el ensayo Meditaciones de Hispano-América de Agapito Maestre, una de las voces más exigentes en el campo de la filosofía por el carácter intelectual que nos aporta su habla, su escritura y docencia-Catedrático-. En su momento, sí leí El placer de la lectura (2007) y El fracaso de un cristiano (2010). Dos libros capitales para entrever los entresijos del egregio profesor.

Una de las ideas que sostiene es la referente ” sin literatura no hay pensamiento”, clave en el campo de la filosofía que con acierto Agapito Maestre hace suya y la extiende ya dede el primer capítulo del libro. El dístico literatura es filosofía o filosofía es literatura lo aprendí en el bachillerato; en aquel tiempo, el profesor nos hacía pensar, leer y debatir en clase; si traigo esto a colación es para ser agradecido con quien entendía la literatura como vida, como algo inherente a la persona; en este “blog” creo haberla repetido en otra ocasión, que en realidad es el sustento del mismo.

Ya en la portada nos invita a qué pensadores recurre para exponer sus ideas, basadas en esa relación entre literatura y filosofía para llegar al conocimiento y pensamiento; el hecho de que elija  la expresión significativa “no hay pensamiento sin soneto” (pág. 55) lo dice todo para interrelacionar lo que suscribe. Sorprende que recurra a Sor Juana Inés de la Cruz como estandarte de la poesía hecha de trozos de cielo (“la más grande poetisa que la Nueva España haya parido”,pág.61) al no ser estrictamente filólogo; eso demuestra su gran preparación y lector de aquellos que denominamos clásicos. La galería de autores en los que incide son como el maná que todo lector debe tener como canon más allá de su ideología. No podemos, por ejemplo, dejar de leer la Historia de los heterodoxos españoles  de Menéndez Pelayo; es la otra orilla en la que se cimenta parte de nuestra cultura, bien histórica o literaria. La envidia o la ignorancia no pueden sepultar la otra cara que con sabiduría plasmó el santanderino. El sectarismo de una orilla o de otra nos lleva a la sinrazón, propio de los iletrados que cada vez abundan más; eso sí, sacan pecho y no se percatan de su ignorancia.

Alegría, cómo no, cuando cita a Galdós varias veces- además de dedicarle cuatro páginas-; en una de ellas: “uno de los más grandes novelistas en lengua española de todos los tiempos”. Por mi cuenta añado: “el más grande novelista en lengua española/castellana después de Cervantes”. ¿Quiénes lo han denigrado incluidos algunos críticos ramplones hoy? Sencillamente los envidiosos, los que no aceptan que tuviera voz propia, los que alambican su prosa, los tullidos, los salteadores literarios, los que no tienen ideas y se columpian con algún chascarrillo, que han oído, para salir del paso-y encima creen que es verdad y lo hacen bien-. Todos se opusieron-conservadores, progresistas- cuando la Academia sueca lanzó su nombre en dos ocasiones para que recibiera el Premio Nobel. Solo un puñado de jóvenes ateneístas encabezados por Pérez de Ayala protestaron ante las Cortes (hemos avanzado poco, porque antes sí se podía manifestarse ante el Congreso de los Diputados-Galdós lo recoge en varias ocasiones, por ejemplo en La fontana de Oro- (1870). Ahora nos tenemos que contentar en los aledaños, y no pidas justicia o cultura que raudo te denominan “populista”, “radical”; hoy, a Galdós le crucificarían y le denominarían igual- no olvidemos que se adelantó al Concilio Vaticano II- léase Gloria- y a Francisco- léase Nazarín). Por favor, no opines si no la has leído y comprendido, que de estos abundan.

Del capítulo II llama la atención María Zambrano: “la más grande pensadora de España”, pág. 129. La tríada “libertad, tragedia, historia” recoge todo un pensamiento que hizo suyo  la Exposición conmemorativa que se realizó a la filósofa en el año 2000. Rotundo es el profesor Agapito cuando escribe que “Zambrano es la gran exiliada de nuestra filosofía, pues su gran verdad, su gran descubrimiento, está al margen de la España actual”, pág.132. Insiste el ensayista que hoy, todavía, la que fuera discípula de Ortega, está en la “orilla de España, en los márgenes del debate cultural”.

Loa capítulos tercero y cuarto está dedicados a Nietzsche. Sobresalen el poema de Blas de Otero dedicado al filósofo (entresaco: “Amo a Nietzsche (…) /. España, patria despeinada, en llanto / . Ríos con llanto. Lágrimas caudales”.), la reescritura, la angustia conquistada,  Nietzsheanismo de Ortega, de Gaos.

En el epílogo-basado “entre vivir y pensar”, el autor vuelca su conciencia-con ánimo orteguiano- en el estudio, en la lectura y en la mirada antes de afirmar, leer y, sobre todo, hablar. En definitiva, en el clásico pindariano “sé tú” que tanta ciencia y cultura nos han traído. Y finalmente, realiza un panegírico al poeta Carlos Cano (“murió la voz de la experiencia, de la vida”, pág. 216) y al filósofo García Bacca, sobre todo por sus Confesiones (“estas confesiones son quizás una mirada susceptible de caer en la maldad, pero jamás en la malicia”, pág. 223).

Valgan estas espigas para remover cenizas por si hay rescoldo con que calentarnos.

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Maestre, A., Meditaciones de Hispano-América.Madrid, escolar y mayo, 2010