Ensayo

El legado de Luis Chamizo

Después de tanto tiempo e innumerables actos al poeta de siempre en el centenario de El miajón de los castúos que celebramos en el año 2021, recibo en estos días navideños del ayuntamiento de Guareña El legado de Luis Chamizo, editado por la Diputación provincial de Badajoz. Al Ayuntamiento y a la Diputación gracias mil por extender la poesía de Chamizo, clave de los años veinte.

Sin duda conmueve los «recuerdos de María Luisa Chamizo sobre la vida de su padre», la primogénita. Ya murió, pero con motivo de los actos que terminan, alguien me dijo que el estudio que hice de la poesía y el teatro titulado Nueva perspectiva de Luis Chamizo le había gustado porque era la persona que mejor había comprendido tanto la poesía como el teatro de su padre; se lo agradezco, no fue posible en vida.

El libro consta de, además de la introducción, seis apartados( «Los padres del poeta». «La casa grande y su moradores». «Matrimonio de Luis Chamizo». «Luis Chamizo y los avatares de la guerra». «Muerte de la abuela Asunción. Pérdida del patrimonio familiar». «Luis Chamizo en Madrid. Muerte del poeta. Su legado»). y tres anexos ( el primero «Poesías publicadas e inéditas de María Luisa Chamizo. El segundo, Otros poemas de Luis Chamizo documentados a través del Registro de la Propiedad Intelectual. El tercero, Obras inéditas de Luis Chamizo: Gloria, comedia musical . Flor de Luna Zarzuela.).

Siempre que se habla de Luis Chamizo nos viene a la memoria La Nacencia, es el logotipo, sus señas de identidad en la que sobresale la exaltación de un dialecto del castellano hablado, sobremanera, en el pueblo en que nació: Guareña. Quiso dejarnos para la posteridad lo que más tarde se denominó «lo castúo», convertido en sentimiento de los lugareños y que revierte en los que leen su obra, en la que subyace lo que ha estado en barbecho en demasía: «su verdadera dimensión de poeta social, adelantándose en muchas décadas a la que en los años cincuenta del siglo XX habría de ser llamada ´poesía social´», pág.10. Este mismo aspecto nos lo recordó José López Martínez en el periódico Hoy de Badajoz en diciembre de 1962: «Luis Chamizo fue quien mejor supo llevar nuestro campo a su poesía y demostró, por otra parte, ser un adelantado de la poesía de contenido social», pág. 37. Y lo chocante para mí es que fuera encarcelado en Medellín por declamar la poesía «Invocación al héroe» en los festejos que se celebraron en el pueblo de Hernán Cortés con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de México en el año 1921 («de ella salió pronto, porque la protesta que armó el pueblo no era para menos»), pág38. Chamizo cantó a los más humildes, a los que trabajaban de sol a sol, a los braceros («fueron a estos últimos a los que Chamizo dedicó sus poemas, por los que se le ha calificado de poeta social, con el significado que empleábamos quienes éramos protagonistas jóvenes de la historia de los años sesenta y setenta del pasado siglo veinte», pág. 125). Fue el poeta de los humildes, de los que no tienen voz. Ya era hora de que se quitaran caretas los que no saben, no entienden o no leen a un poeta excepcional, así de claro. ¡Cuánto le hubiera gustado al poeta oír estas palabras!

La introducción de José Juan González Sánchez nos aporta datos, sentimientos, quehaceres que algunos desconocíamos, fruto de las conversaciones con su hija primogénita y la hija de esta. El redactor ha pretendido «contar mi periplo hasta conocer a María Luisa Chamizo y, a través suya, valorar y admirar a Luis Chamizo, con quien, pasado el tiempo fui identificándome». pág. 13, por lo que debemos estar agradecidos, al menos el que suscribe esta reseña; sus 509 páginas me han producido deleite según iba avanzando la lectura.

Me alegra que su hija mayor nos recuerde que, tal vez, la obra dramática Las Brujas, dejó de representarse en 1931 «debido a su fuerte contenido religioso que no supieron entender, ya que en la obra predominaba la temática social», pág.30. Grande María Luisa. Esas ideas las tienen los de siempre: lo que no leen o no entienden y hablan de oídas por muchos motivos, pero su estreno y los meses siguientes en 1930 fue aclamada no solo en los teatros, también por la crítica periodística más exigente. Quedémonos con los aplausos enfervorecidos en la escena y al final; esto ha quedado para siempre, así como nos recuerda su hija («ninguna de las tres menores vio jamás a mi padre sobre un escenario, que era donde más se crecía», pág.115),


El relato de su hija cuando su padre es detenido por los «milicianos» te emociona. No conocían que era poeta, por eso les declamó «La Nacencia» y quedaron absortos ante el empuje y viveza de los versos, motivo por el que le ayudaron a escapar poniéndole un sombrero de paja y lo metieron oculto en un vagón de carbón que le llevó a Guareña, págs. 132 y ss, Lector /a, si tienes la oportunidad de leer este ensayo no dudes en leerte con tranquilidad la página 145 y ss. «Sobre el papel de Luis Chamizo durante y tras la contienda» para callar a tantos/as que hablan de oídas. Chamizo creía en una España «más justa y de hombres más libres e iguales», de ahí que cantara a los trabajadores, a los desheredados. Hay un dato que no podemos olvidar: la amistad entre Lorca y el poeta desde el estreno de Las Brujas en el año 1930; este mismo año estrenó el poeta granadino La zapatera prodigiosa en el Teatro Español. Más tarde, Chamizo fue a ver el teatro ambulante La Barraca que venía representándose por diversos lugares de Andalucía. En una de esas tardes, al final de la representación subió al escenario a felicitarlo para después recitarle la «Casada infiel». Lorca quedó impresionado y se emocionó. Posteriormente, Lorca fue a visitarlo a Guadalcanal. Aquí se dedicaron El miajón de los castúos y Romancero Gitano. Esta edición, Chamizo se la regaló a su hija primogénita («lo he llevado siempre conmigo. Desgraciadamente, me lo robaron, ya casada, cuando nos saquearon nuestros baúles en el puerto de Montevideo, donde llegamos como embajadores de Honduras», pág. 147). Como sé que me leen mucho este blog en toda Hispanoamérica, sería glorioso que este libro se encontrara y se devolviera a la biblioteca pública de Guareña (Badajoz).

Y así, hoja a hoja, conocerás el verdadero nombre de Luis Chamizo; y eso sí habrá que corregir algunas cosas que se han escrito por falsas. En este legado lo que se pide es «justicia a su nombre, que se editen unas obras completas legales y sin tapujos, donde vayan incluidas las dos que dejó inéditas. Solo perseguimos que la obra no se pierda, se ensanche y que su nombre no caiga en el olvido», pág. 214). Este ensayo era necesario como el aire que respiramos; de nuevo gracias a los que lo han hecho posible.

——————-

VV.AA., El legado de Luis Chamizo. Diputación de Badajoz, 2021, 509 páginas.

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Ensayo

Estética de la novela

En estos tiempos en que la superficialidad ha creado un sendero, no está de más que de vez en cuando se publiquen libros con enjundia y el pensamiento trabaje para llegar a otros ámbitos más cultos como es el caso de este ensayo Estética de la novela publicado por la editorial Cátedra.

El autor aborda el espinoso tema de la evolución de la novela en el que afirma: «son muchos los intentos y son muchos también los fracasos» con una base: la estética. Al final de la introducción nos deja nítido su pensamiento: «de la descripción de una filosofía de la novela habría que deducir una filosofía de la historia. Esa es la enseñanza primordial de la obra de Bajtín», pág.17 .

Con esta línea se sumerge para analizar «el marco teórico», » La novela cortesana «, La novela popular» y «La novela moderna». Un período arduo desde los primeros albores que el autor nos desgrana para una mejor comprensión, que sirva para generaciones posteriores sin que sea el único maná al recoger otras voces en el » Epílogo bibliográfico», así como los diez puntos sobre «Tesis sobre la novela», que se agradece.

En las primeras páginas de «El marco teórico» nos adelanta: «El gran momento de la novela ha llegado con la Modernidad», p. 32. Es otra concepción del arte narrativo que gira alrededor del diálogo. Su papel cosiste en establecer «un puente entre la cultura popular-oral- y la cultura escrita», pág. 25, sin que sea un menoscabo por el espíritu tanto de una como de otra; las dos se necesitaban y así se ha entrevisto tanto en oriente como occidente hasta conseguir la pluralidad estética.

En el capítulo segundo se aborda «La protonovela», como síntesis desde los orígenes, casos, viajes, testimonios y vidas, materias históricas, simbolismo y religión, Tobías protonovela, y la novela en oriente. Todo un compendio que nos sirve como llanura para entender las cuatro partes que conforman el ensayo.

La cuarta parte está dedicada a «La novela Moderna». El autor nos recuerda una idea de Dostoievski de Los hermanos Karamázov: «Aquí lucha el diablo contra Dios y el campo de batalla es el corazón del hombre». Se parte de que la novela es un producto de fusión, e inmediatamente nos recuerda su planteamiento: una teoría «basada en las ideas de Alexis de Tocqueville y Fiodor Dostoievski», pág. 167, para después adentrarse en simbolismo y Modernidad, simbolismo del pasado, la novela del pasado reciente y de la actualidad, el simbolismo del futuro, y la novela popular moderna.

Unidad cultural, unidad estética se retroalimentan. Oralidad, escritura y las fusiones de lo elevado y popular, de lo sublime y lo más bajo ( «Es la estética del individualismo, del mundo de la igualdad y de la libertad, que debe reunir todas las energías del imaginario de la humanidad para dar respuesta al gran reto», pág.172). El ensayista con esa fuerza que siente trae a colación a Dostoevski al observar » a propósito de la estética de La Leyenda del Gran Inquisidor de Iván Kazamázov: aquí lucha el diablo contra Dios y el escenario de la batalla es el corazón del hombre». La estética es capaz de adueñarse de todo, de lo pequeño y de lo grande; de bajar a lo más abyecto y de asaltar los cielos. Grande por poner como ejemplo a nuestro Galdós: «Incluso Galdós, que cautivó las mismas pautas simbólicas que el novelista ruso, nos legó un lema que bien podría ser el lema del simbolismo, aunque ha sido leído en clave realista: Ars, natura, veritas». La tríada presente, pasado y futuro, apunta el ensayista, nos conduce al simbolismo moderno. Sin ambages, es la necesidad creativa para mejor entender el existencialismo y todo lo que circunda. Aun teniendo en cuenta la diversidad de la novela, el individualismo fue el eje vertebrador de lo que podíamos considerar novela moderna de profundas raíces históricas. Recordemos la necesidad de la historia que como vemos se ha expresado, sobre todo, en la novela. De nuevo, el ensayista recurre a Galdós por su precisión en los hechos narrados en la novela Miau. «en enero del 78 el mismo día del casamiento de don Alfonso con la reina Mercedes». Con el añadido de los Episodios nacionales como novela histórica nacional. No se queda ahí al traer a colación Ivanhoe, Los tres mosqueteros, Guerra y paz, lo que el viento se llevó entre otras.

Capital son también las novelas de aprendizaje: El Doctor Zhivago . O mezcla de aprendizaje histórico con la parodia de aprendizaje individual (La Fontana de Orto, La desheredada. Dentro del pasado reciente y de la actualidad estarían las de educación (Grandes esperanzas, El amigo Manso, El árbol de la Ciencia, La montaña mágica, Juegos de la edad tardía). Sin olvidarnos de las novelas del «gran realismo» de autores como Flaubert, Galdós, Balzac, Sthendhal. Y así se va desgranando la novela provinciana, la biográfico-familiar, familia costumbrismo, el caso especial de Ana Karénina; el simbolismo del futuro (la novela de viajes, la infantil, la aventura moderna, la hermética, la de crisis, la satírica, cómica cultural, etc.). Me han llamado la atención las páginas 313-314 al encajar en el apartado-cómica cultural- a dos novelas que han trascendido época y lugar como son Fortunata y Jacinta y Tiempo de silencio . Por mucho que lea esas dos páginas, me es difícil asimilar ese furgón en que se las sitúa, aunque se valga del ensayo La palabra en la novela de Bajtín.

El último capítulo versa sobre «La novela popular moderna», hermética, sentimental, erótica, otros géneros-algunos géneros propios de la novela literaria tienen también su cultivo popular-. Dos ideas sobresalen, una: » la novela popular tiende a ser un fenómeno internacional sin renunciar a lo local típico». La otra: » la novela popular cultiva géneros con una estructura precisa, como fueron en las `pocas premodernas los géneros cortesanos», pág. 320 . Todo un compendio de por qué la novela ha significado tanto, incluso cuando lo nebuloso se apoderaba del existencialismo. La lectura de este ensayo nos recuerda un pasado que se hace presente con miras al progreso humano.

_——-

Beltrán, L., Estética de la novela. Madrid, Cátedra, 2021

Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Ensayo

El espacio literario de M. Roig

Félix Rebollo Sánchez

Las personas que se entregan a la escritura y nos dejan su sabiduría hay que releerlas.

by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

Ensayo

Las voces líricas de Lope de Vega

Con el título Que de tantos cuerpos vive repetido (Las voces líricas de Lope de Vega), la editorial Cátedra, de nuevo, publica a uno de los excelsos de la literatura española, por lo que nos debemos congratular y, sobre todo, leer; sin la lectura no llegaremos a percibir el néctar que destila el Fénix, grande entre los grandes, también de la literatura universal.

El ensayo consta de prólogo, introducción, cinco partes, y una extensa bibliografía, 69 páginas; todo en 532 apretadas páginas. Su lectura nos conforta al recordar con una prosa rica toda una vida dedicada a las letras. Una monografía gratificante por la belleza que destila al irnos detallando la vida y la obra de Lope de Vega. Antonio Carreño en el prólogo nos adelanta que «se ha ido cocinando a lo largo de una veintena de años», pág. 14. Pero, también, matiza que la mayoría de los capítulos vieron la luz en revistas académicas.

En la introducción con el título «La literatura de la vida o la vida en la literatura» nos detalla la obra y vida de Lope que se hallan en sus cartas, textos narrativos y líricos. Como una gran mayoría de los que han leído al dramaturgo y poeta, el ensayista comienza por los amores que le visitaron, no sin antes recurrir a un romance del conde Claros, «que los yerros por amores / dignos son de perdonar». La primera mujer a la que alude Antonio Carreño es Marfisa ,«uno de sus primores amores», sin que haya dejado huella en los estudios que se han realizado; como bien sabemos el primer nombre de mujer está reservado para Elena y el último Marta. En el centro está Micaela de Luján con la que tuvo cuatro hijos. sin olvidarnos de Isabel de Urbina y Juana de Guardo con las que se casó; también ocupó su corazón Antonia Trillo, descrita como la «hermosa viuda». Probablemente hubo más, quién sabe; pero eso no es lo importante, lo primordial es que no nos paremos ahí y leamos su ingente obra, aunque sí nos tenemos que detener en el año 1614, ya viudo por dos veces y tantos amores-«porque amar y hacer versos todo es uno»-, un 24 de mayo en el día que cantó misa en el convento de las Carmelitas Descalzas de Madrid. Dos años después conoció a Marta en una fiesta poética que presidía con la que tuvo una hija, Antonia Clara. Marta fue el resumen de todos sus amores en expresión de José Hierro a los que dedica una de las poesías más sentimentales de la literatura española del siglo veinte Lope. La Noche. Marta («He abierto la ventana…. Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar» ). El recuerdo del bachillerato donde me explicaron cómo Lope la atendió durante varios años al volverse loca y ciega sigue perenne, además de los versos con los que sintió su muerte, hasta esta lloró. Con esto sobra para enaltecer la esencia amorosa. Hasta la muerte sintió llamarla.

En la primera parte titulada «De Iuventute» aborda los temas «Por los caminos del romancero nuevo», «El hortelano de amores»:Belardo», «De potros y rucios», «Del Romancero nuevo a la comedia nueva»; páginas certeras para comprender los romances que tanto arraigo han tenido en la literatura; de ahí que ya desde las primeras líneas se sostenga que «Lo nuevo y lo viejo se cruzan como modalidades líricas mostrando una clara competencia», pág.39. Como la crítica ha sostenido y recoge el señor Carreño, el paso hacia el romance nuevo lo podemos observar en Flor de varios romances nuevos, y canciones que sale en Huesca en 1589. La recopilación realizada por Pedro de Moncayo incluye entre otros a Lope de Vega. Sesenta y tres notas a pie de página-solo para los caminos del romacero- marcan lo bien que está estudiado este tema; es más, es obligado leerlas para comprender de forma nítida el valor de los romances. Muy bien está documentado el primer éxito de Lope de Vega. Las notas aclaratorias 32 y 33 con las que el ensayista recurre a Menéndez Pelayo es bien elocuente cuando se refiere al romance Sale la estrella de Venus en el que se narra la historia de Gazul en pliegos sueltos y después en el Romancero General, que estaría en el ciclo morisco y pastoril.

En la introducción hay un hecho que no puede pasar, sin más, desapercibido. Su enterramiento no fue en el convento de las Trinitarias Descalzas («En él descansan los restos del padre», pág. 26). Fue enterrado en la iglesia de san Sebastián de Madrid («las calles estaban tan pobladas de gente que casi se embarazaba el paso al entierro»); , posteriormente sus restos pasaron a una fosa común cuando el duque de Sessa dejó de pagar; un sacrilegio en opinión de tantos; esto solo puede ocurrir en lo que denominamos España. Si hubiera sido en Inglaterra se le glorificaría y hoy habría colas para ver su sepultura. Así somos.

En «El hortelano de amores: Belardo» se recoge la estancia de Lope de Vega en Valencia con su mujer Isabel de Urbina. Corría el año 1589 («Hortelano era Belardo / de las huertas de Valencia»). En los dos años que estuvo se dedicó a escribir comedias y romances. En este transcurrir lopiano se apodera de un nuevo resurgir en «Del Romancero nuevo a la comedia nueva»; se detiene de modo generalizado, tanto en el romancero morisco y pastoril como en la comedia, «en el retrato lo mismo los lamentos por la ausencia del amante o de la amada», pág.112. Lope sabe entretejerse en las avenidas del romancero nuevo. Su evolución va «a la par con los pasos que recorre la comedia nueva, interpolando temas, personajes, motivos y hasta acciones», pág. 108)

En la segunda parte con el título «De mediocritas: Rimas a lo humano» al igual que la primera tiene cuatro partes («Amor regalado / amor ofendido». «Los mitos del yo lírico». «Un canto disfrazado en velo: las Angélicas». Los mitos de la historia: Jerusalén conquistada»). Se inicia con la emoción que siente por Lucinda con esos ojos que penetraron en el corazón del poeta («y me abrasó como si fuera rayo»). Es el Lope de siempre en sus Rimas que contienen doscientos sonetos, una égloga, dos epístolas y varios poemas; en su gran mayoría los sonetos dirigidos a Lucinda. Es su yo emocionado, latente en todo momento, eso sí con la mirada estelar siempre («miránrome unos ojos y mirelos»), también con la dualidad vida/muerte ( «pues si las estrellas daño influyen, / y con los de tus ojos nací y muero»). Es la mitificaión de ojos y mirada que tanto abunda en la poesía hecha de trozos de cielo.

En la tercera parte se recoge «El arrepentimiento:Rimas a lo divino» también con cuatro capítulos: «Las trampas de la carne». «Las trampas de la fe». «Yo soy sacerdote y rey». «Dualidades pronominales: el Romancero espiritual». Las Rimas sacras son la espiritualización, es la reflexión a lo divino, «un proceso de espitualización religiosa», pág.209. Es el Lope inclinado al sacerdocio («importaba / el ordenarme a la desorden mía»); ahora es el Lope a lo divino. Como sabemos, canta misa en la iglesia del convento de las Carmelitas Descalzas. Pero Lope no pudo resistir en el nuevo sacramento («cegome una mujer, aficioneme») ante los ojos verdes esmeraldas de Marta de Nevares. Colgó los hábitos y se entregó en cuerpo y alma. Las Rimas sacras simbolizan el contrapunto en su vida personal.

Con el título De senectute el ensayista aborda la cuarta parte con la misma estructura dividida en cuatro partes ( «Las tragedias de la historia: Corona trágica». «A la sombra de palacio: el Laurel de Apolo». Poeta de repente: Tomé de Burguillos». «Rompa ya el silencio el dolor mío» . Es la nueva imagen que Lope quiere ofrecernos como afamado escritor, pero también admirador de todos con la humildad a sus pies.

Quinta parte. Yo conmigo mismo. En esta última está compuesta por dos apartados: «Que en tantos cuerpos vive repetido». «Leyendo a Quevedo: Lope». Es la mitificación del poeta excelso al que han imitado tantos asomándose a su huerta poética. El modelo poético prosigue.

También Lope estaba al día de lo que escribía Quevedo; los comentarios fueron continuos bien con cartas a otros o de viva voz. En el Laurel de Apolo (» espíritu agudísimo y suave, / dulce en las burlas y en las veras grave; /príncipe de los líricos, que él solo /pudiera serlo, si faltara Apolo», pág. 460). Quevedo también lo admiraba («el grande nombre de su autor las acredita y sus estudios las aseguran de palabra indecente o mal sonante a las buenas costumbres o la verdad de nuestra sagrada Religión», pág.444). Las Rimas para Quevedo están escritas con inteligencia, son entretenidas y carecen de palabras viles.

El ensayo de Antonio Carreño era necesario para reverdecer una gloria nacional para que no se agoste y alumbre a la literatura de siempre; el verso «Que en tantos cuerpos vive repetido» de don Diego de Mójica González lo corrobora.Todavía no se ha superado su dramaturgia y poesía; su venero es salvífico.¡ Grande, Lope!

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.

Ensayo

Pedro Salinas, una vida de novela

Hay autores, sobre todo si son poetas, que tienen un pedestal para que volvamos a leerlos, y uno de ellos es Pedro Salinas, que supo aunar libertad y sentimientos, vida-literatura, ficción-realidad. Precisamente este ensayo nos advierte de la importancia, otra vez, del poeta del amor.

Lo que pretende la profesora y más que entusiasta de Pedro Salinas en este ensayo es reverdecer su vida, «acercarse a la interioridad del hombre para entender mejor su producción literaria» (pág. 17). Precisamente, la ensayista se basa en que si bien los estudios de Pedro Salinas han versado sobre la obra múltiple del escritor, no se ha ahondado lo suficiente «en el hombre con encontrados registros, escindido, en lucha, víctima de su falta de seguridad y de un profundo sentimiento de culpa» (pág. 13). Es como un acercamiento «al hombre desconocido, acallado». Al terminar el largo planteamiento, 461 págs., quedas exhausto , cierras el libro, miras a la lejanía y te dices: ha merecido el tiempo dedicado a su lectura, y te viene a la mente era necesario el ensayo, Pedro Salinas está dentro, vivo ; defendamos su obra y si puedes propálala con ese mensaje nítido: que vida y literatura son lo mismo y recojamos la sabia pregunta: » ¿a quién sino a ti voy a decir mis verdades?», ese es Pedro Salinas.

Estructuralmente, el libro consta de diez apartados. Sinceramente me han sorprendido los dos primeros en los que se rememora su niñez y adolescencia ( «Salinas entre lo anecdótico y lo profundo». «Más allá de una vida conocida»). La dualidad que percibía, a pesar de que estaba seguro de su realidad física, de sus apellidos, de sus años, etc. «Pero y la otra, la íntima, la profunda realidad ? ¿Soy yo el que soy?» (pág, 101), se pregunta.

Más conocido, sin duda, es el apartado tercero: «Un hombre entre dos amores». La expresión que siempre nos aflora: «Se fijó en mí en aquella primera clase y eso fue todo; un flechazo». Así nos lo ha recordado Katherine cuando asistió a un curso que impartía Pedro Salinas sobre «La Generación del 98». Corría el verano de 1932; Katherine vino a España para estudiar el tema de su tesis doctoral. Salinas, también, lo recordaría: «No puedo creer que nuestro primer encuentro, que nuestro primer cruce de miradas fue en un aula de la Residencia, una tarde de agosto» (pág. 123). Lo demás, lo que ocurrió ya lo sabemos. Lo primordial es que nos ha dejado sus impresionantes La voz a ti debida, Razón de amor, Largo lamento más allá de lo que algunos críticos han dicho. Me quedo con la opinión de la protagonista aunque, quizá, se la exalte en demasía («Sonreí cuando leí sus reseñas, pero, creo que tenían razón en parte» (pág. 31). Lo que debemos hacer es leer la obra- los tres libros de lírica que ella inspiró-; el resto son aspectos íntimos, son luchas, son celos y tantas cosas más que acarrearon dolor, sufrimiento, pero el amor conlleva, a veces, sinsabores. En el ensayo están recogidos. La mitificación ha quedado para la historia; en realidad, tampoco sabemos cómo sería exactamente porque tal vez la idealizara, algo normal cuando el amor aparece ( «Mi corazón tú lo conoces: eres tú. Tú eres lo que me está pasando siempre»). Sabemos que la ruptura no la entendió el poeta («Otra mujer, en tu lugar, se habría considerado muy afortunada»; la respuesta es nítida : «yo no soy más que lo que soy», pág. 138). Quizá estemos ante más ficción que realidad, eso no quiere decir que no se añorasen siempre. El amor es así.

Otro aspecto capital en el poeta era la necesidad de un interlocutor, la necesidad de diálogo para no sentir el vacío, bien apoyado por la ensayista a lo largo de cuarenta páginas; podemos incluso pensar que fue sobrecogedor; seguramente el aislamiento le ahogaba, de ahí la necesidad de comunicación aunque fuera con el género epistolar (Ese es mi método curativo el ejercicio epistolar, en sus dos direcciones, de ida y vuelta», pág,164.). Es el diálogo entre el tú y el yo («yo soy tu Pedro Salinas», «el que tú suscitaste») que el poeta supo descifrar con limpidez para mostrar qué sentía, verdadero motivo existencial, en este caso quizá obsesivo como se deja desprender en el ensayo. El apartado «Una isla de amor hecha palabras»-el quinto- es un torbellino de querencias arrebatadoras epistolares, lleno de recuerdos, lugares que hablan de amor; el mundo creado de dos personas. «la isla» enhebrada de pétalos rojos que se acarician, que van más allá del color o el perfume para adentrarse en el interior, en los faros del alma.

La mención al exilio, la añoranza de sentirse español, el querer ser, el haber perdido todo, el recuerdo de las costumbres, las calles que recorrió, su entusiasmo por Galdós (¡»Hay que ver lo que sabía aquel hombre»!) exclama al leer Fortunata y Jacinta, Los episodios nacionales, la fuerza de la lengua castellana como motor a pesar de la lejanía, su cosmolitismo, conforman el capítulo dedicado a «¿Quietismo o acción?» No podía faltar en el ensayo la defensa del idioma como escribe la editora «Maestro del idioma», que sin duda fue un dechado, recordemos El defensor en el que hallamos la fuerza del castellano en «Defensa del lenguaje», toda una delicia su lectura en la que tantos hemos bebido para aclimatar el pensamiento, no solo lingüístico.

Su humanismo docente, su vocación poética, lo biográfico trasmutado en poesía, narrativa y dramaturgia, la poesía inédita, los proyectos narrativos y teatrales inacabados conforman otra forma de entender a quien lo fue todo en el arte ser diferente impregnado de sabiduría, acercamiento y sentimiento. Supo elevar la literatura a nuestras vivencias. El acertado título «una vida de novela» nos lo revela. Es «la vida literaturizada».

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España