Personales

Desde mi ventana 6

En estos días de enclaustramiento he recibido dos noticias agridulces: las dos carreras que tenía pendientes una en Cuenca y otra en Londres han sido aplazadas. La del Hoz del Huécar, en la que se aúna el cielo y la tierra, solo escriben el adjetivo y la devolución del dinero; la de Londres, nos remiten para el otoño sin concretar el día por lo que el dinero pagado lo retienen por el momento a la espera, supongo de concretar un día. Sea lo que fuere, mi alegría de participar en Londres, por vez primera, por ese centro mítico se ha desvanecido. Y la de Cuenca, era la de décima vez que participaba, pero me congratulo de volver un año tras otro; ese encantamiento lo percibes ya cuando llegas a la estación de tren y observas las estribaciones de la ciudad clásica-encantada-“Cuenca cierta y soñada, en cielo y río” ( F. Muelas). Ahora bien, lo comprendo ante días neblinosos y una naturaleza que nos ha dado un aldabonazo para que estemos precavidos, que el camino elegido es tortuoso; que así, no. Algunos/as, todavía están en las batuecas. No estaría demás que leyeran poesía-esa, “cargada de futuro”- O los versos de las Rimas de Luis Rosales:

“Como el náufrago metódico que contase la olas que le bastan para morir;

y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,

hasta la última, hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,

así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño.

sabiendo que jamás me he equivocado en nada,

sino en las cosas que yo más quería”.

Personales

Desde mi ventana 5

En estos días convulsos, sin duda, la poesía nos libera, y más si nos interioriza y nos conduce a una arista esencial del género humano como es lo sentimental, que es quizá con la libertad soportes esenciales. A ellos acudimos en cualquier momento y más cuando nos preguntamos por lo primordial y hacemos valer el dístico del poeta culterano “Mirad no os engañe el tiempo, / la edad y la confianza”. Muchas veces añoramos, sobretodo, en la primavera la exaltación no solo amorosa sino también de la naturaleza como algo propio. Somos deudos.

“Nos queda la palabra“, esta expresión tan poética que aprendí en el bachillerato en el que el profesor se desvivía para hacernos ver la importancia de la poesía, hasta tal punto que éramos copartícipes leyendo en clase en alta voz, y otras veces animándonos a participar en concursos de declamación en el centro. Sus alumnos éramos parte activa en la clase; no se sentaba, no dictaba; leíamos, comentaba textos, debates contínuos, bien fuera del Poema de Mío Cid, de Berceo, de La Celestina, de la poesía de Garcilaso, del grande entre los grandes como denominaba a Lope de Vega, etc. El recuerdo es salvífico, a sus clases íbamos contentos, ya con lectura realizada o el texto comentado; y si alguien no lo había hecho, no importaba, para eso estaba él y los demás. Vivía las clases. Nos animamos unos a otros. “Venga, hoy a redactar”, nos sorprendía; era un oasis de paz durante cuarenta y cinco minutos, y al día siguiente nos decía los errores, y se leían cuatro o cinco redacciones. Otro día al llegar a clase-siempe puntual- nos dijo: ayer leímos en clase sonetos del Renacimiento, vimos de qué constaba y cómo rimaban. “Bueno, pues manos a la obra: tenéis toda la clase para escribir y pulir un soneto“. Al día siguiente, ya los había corregido y se comentaban. “De qué sirve que sepáis de memoria, de qué consta y la rima? Vamos a ver qué somos capaces de hacer“. Y así fue pasando el curso…

No es cuestión de comparar ni “que cualquier tiempo pasado…”, no, es que sentía su profesión, la clase la hacía viviente, y nosotros seguíamos su ejemplo. Son días propicios para recordar y ser generosos con aquellas personas que lo dieron todo para que fuéramos felices y agrandáramos el conocimiento.

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Personales

Desde mi ventana 4

La primavera ha llegado con agua; buena señal para el campo fundamentalmente; siempre me acuerdo de esa Extremadura privilegiada en cuanto a hierbas, árboles, jaras, olivos, eucaliptus, alcornoques, retamas, tomillos, encinas (carrascos en castúo), etc.; en estos días la lluvia para esas tierras es una bencición celestial y, en verdad, siento contento;ahora, los cerezos en flor en el que la vista recoge todo su esplendor ante quizá más de un millón que jalonan las estribaciones del Jerte; el que no haya ido a verlo casi es un obligación que lo contemple; allá hallará una visión en la que quedará como extasiado ante tanta quietud y belleza.

Desde mi ventana contemplo que el árbol de la calle supera ya los cristales; tan frondoso, que no veía desde hace tiempo, ayuda a la exaltación de vivir; a esto hay que unir el silencio aclamador que rezuma, salvo a las 20 horas de cada día en el que los aplausos son como una armonía de solidaridad, y cuando terminan desde una terraza a todo volumen se oye la música de “Resistiré”. El tiempo de espera marcará el cambio profundo de la sociedad si no queremos que otra vez el planeta nos avise, tal vez con más rigor. En estos días encapotados, y no solo de lluvia, la poesía puede ser un antídoto- además de no ver la televisión- de los posibles nubarrones que nos insten al desámino. La interiorización es la palanca para la liberación y la fructificación de la felicidad humana a la que tendemos y origen de nuestra existencia.

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Teatro

Los teatros nacionales de Inglaterra y Francia en el Barroco. Relación y diferencias con el español

El adjetivo áureo hay que aplicarlo a la dramaturgia inglesa, española y francesa, más allá de los temas, normas, incluso estructura de los mismos. No existen grandes diferencias, pero sí matices que abordaremos; lo primordial de las tres dramaturgias es que hoy, todavía, sus obras siguen representándose y la lectura se observa como un fervor. Algo tendrán…

Para llegar a ese adjetivo con que he definido las tres dramaturgias hay que remontarse a sus antecedentes, que no son otros que la Edad Media (primeras representaciones teatrales que se bifurcan en el “teatro religioso” y en el ”profano”) y siglo XV (época de transición entre las formas medievales y renacentistas, con Danzas de la muerte, La Celestina.La fusión de las tendencias cultas y populares, que es cuando sobresalen los teatros nacionales español, inglés y más tarde el francés). En concreto, donde existe un paralelismo más nítido es en el español y el inglés. D. Esteban Pujals, quizá, haya sido el que primero atisbó esa relación en “El momento cumbre de los teatros inglés y español” en Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Madrid, C.S.I.C., 1956, págs. 466-505 ( “El panorama de conjunto del teatro inglés y el español de la gran época ofrece con las necesarias salvedades, un paralelismo de una sorprendente exactitud, siendo un hecho curiosísimo que cada uno brotara por su cuenta (…). Solamente, Inglatera y España, a cubierto de prejuicios aristocráticos y refinamientos literarios, abandonándose a un modo de sentir la vida y confiándose por entero al gusto popular, lograron crear un teatro grande, socialmente arraigado, intensamente poético, vital y expresivo” , pág. 502).

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