Teatro

Evolución del teatro barroco. Calderón.Tirso

Evolución del teatro barroco. Calderón. Tirso de Molina

Félix Rebollo Sánchez

Siempre que abordamos el teatro hay una constante que permanece como instrumento poético de conocimiento. De aquí se puede afirmar que un buen teatro tiene como base la poesía. Nos podemos preguntar entonces,  ¿para ser dramaturgo es necesario ser poeta? La respuesta dependerá de cada persona, una vez leída la obra y contemplada en un escenario. Es decir, si el teatro es poesía, el espectáculo también debe serlo. Hay otro rasgo esencial: el teatro es la vida, debe ser el reflejo de la sociedad. ¿Lo consiguieron los dramaturgos del llamado barroco en el que las expresiones desilusión, desengaño, incluso evasión son compañeras del período? Hay que añadir que el Barroco fue un movimiento cultural caracterizado por un gran esplendor en el mundo de las ARTES Y LAS LETRAS, que impresiona por la sensibilidad y la inteligencia. Se prescinde de moderación y se apuesta por una sociedad dinámica, en continuo cambio.Evolución del teatro barroco 2

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Teatro

Los teatros nacionales de Inglaterra y Francia en el Barroco. Relación y diferencias con el español

El adjetivo áureo hay que aplicarlo a la dramaturgia inglesa, española y francesa, más allá de los temas, normas, incluso estructura de los mismos. No existen grandes diferencias, pero sí matices que abordaremos; lo primordial de las tres dramaturgias es que hoy, todavía, sus obras siguen representándose y la lectura se observa como un fervor. Algo tendrán…

Para llegar a ese adjetivo con que he definido las tres dramaturgias hay que remontarse a sus antecedentes, que no son otros que la Edad Media (primeras representaciones teatrales que se bifurcan en el “teatro religioso” y en el ”profano”) y siglo XV (época de transición entre las formas medievales y renacentistas, con Danzas de la muerte, La Celestina.La fusión de las tendencias cultas y populares, que es cuando sobresalen los teatros nacionales español, inglés y más tarde el francés). En concreto, donde existe un paralelismo más nítido es en el español y el inglés. D. Esteban Pujals, quizá, haya sido el que primero atisbó esa relación en “El momento cumbre de los teatros inglés y español” en Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Madrid, C.S.I.C., 1956, págs. 466-505 ( “El panorama de conjunto del teatro inglés y el español de la gran época ofrece con las necesarias salvedades, un paralelismo de una sorprendente exactitud, siendo un hecho curiosísimo que cada uno brotara por su cuenta (…). Solamente, Inglatera y España, a cubierto de prejuicios aristocráticos y refinamientos literarios, abandonándose a un modo de sentir la vida y confiándose por entero al gusto popular, lograron crear un teatro grande, socialmente arraigado, intensamente poético, vital y expresivo” , pág. 502).

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Teatro

La boba para los otros y discreta para sí. Grande Lope de Vega, gloria nacional

Lope es como el mar. Otra obra que hizo delicias del público en su momento, y ahora la editorial Cátedra, fiel al conocimiento y a la expansión de una de las voces irrepetibles, juntamente con Cervantes y Galdós, nos invita a que nos deleitemos leyéndola con su sabor, y saber. Atrévete a leerla, no te arrepentirás.

La crítica ha enmarcado esta joya literaria en el llamado ciclo de “senectute” (1627-1635). En Lope de Vega, al ser inmenso y portento literario, poco importa la clasificación; lo primordial es lo que encierra su obra. Hay que leer a todo Lope, quedaremos como inquietos y oreados de su fragancia. Si en casi todas las obras pensamos ahí está Lope, en esta obra está detrás del personaje Fabio, “el alter ego del dramaturgo” ( pág.27) como apunta Ane Zapatero. Además es el que hace las paces al final de la Comedia y contribuye a que la justicia y el nombre de Diana quede en el frontispicio; eso sí, antes, fue el artífice (“¡ Ea, que ya sale amor / por donde entraron los celos ! / ¿Para qué estáis mirando? / Qué sirve, si los deseos / están pidiendo los brazos, / poner los ojos al sesgo?”). En un alarde de sapiencia, la editora traza las líneas primordiales desde su inicio, bien documentado, tanto en los problemas textuales como en testimonios, transmisión, cotejo, amén de las colecciones y ediciones singulares modernas.

Con esta obra, Lope pretende dar a conocer la hipocresía, la codicia, la ambición, la mentira de la corte; hasta dónde se puede llegar por conquistar el poder. Al final, es precisamente Diana la que representa la destreza, el honor, la gallardía, la sutiliza, su inteligencia para conquistar lo que le pertenece por testamento o por ley natural; qué importa que naciera de una violación; para Lope no hay distingos, todos y todas son iguales ante el derecho, más allá de que haya nacido fuera de las normas establecidas por la sociedad; aquí la “la expresión hija natural” cobra todo su esplendor. Diana tuvo que luchar para reconocer que tiene sangre noble para ocupar el poder por nacimiento. Un hecho más del gran Lope para aupar a la mujer, como en casi todas sus obras,

En esta edición el apartado crítico es digno de alabanza por el trabajo arduo que ha debido suponer (págs. 225-247). Incluso la sinopsis de la versificación de los tres actos de que consta la comedia con el total de todas a las que recurre Lope, así como el tanto por ciento. La estrofa más usada es el romance (42,59%); la que menos seguidillas (0.28). El resto son redondillas, silva, octavas reales, romancillo, décimas y quintillas. Todo un acopio de perfección que solo un dramaturgo como Lope puede conseguirlo. Ante los diálogos nítidos y rápidos quedas absorto; te ensimismas con esos versos lúcidos, amorosos, ardientes, en continuo suspenso, pero con una lectura que se hace amena, y nos tiene en vilo hasta el final.

A Fabio le concede la despedida. ” Aquí, sentado, se acaba / la boba para los otros / y discreta para sí; / y, pues sois discretos todos / perdonando nuestras faltas, / quedaremos animosos / para escribir, el poeta; para serviros, nosotros“.

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Ejemplar en la Biblioteca Nacional, 1635. Portada
Teatro

Noventa años del estreno de la obra más representada en el año 1930: Las Brujas de L. Chamizo

¿Por qué Chamizo abandona, por un instante, la poesía, y escribe teatro? Según el testimonio de Enrique Segura “fue un íntimo amigo suyo el que lo anima a escribir una obra teatral en aquellos días en que Marquina, Villaespesa y otros literatos triunfaban con obras de teatro poético, tan en boga durante los años del modernismo”.

Anímate, ahora ya, en el siglo XXI para leer y reflexionar sobre un tema tan candente en todo tiempo y lugar. El poeta dramaturgo dio su opinión. Desgraciadamente a Luis Chamizo se le han colgado tantas idioteces que ya va siendo hora que se lea su obra tanto el impresionante El miajón de los castuós como Las Brujas. No hagas caso de “dimes y diretes” y verás cómo al final después de una sosegada lectura tendrás una opinión certera y lejos de los que acostumbran a decir sin leer (“semos asina” como dicen en esa Extremadura esquilmada y lejana).

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Teatro

Relectura de dos obras dramáticas de Martín Recuerda

Recuerdo del dramaturgo Martín Recuerda precursor de tantas cosas que nos alucinan, hoy todavía, al releer El engañao  y  Caballos desvocaos. No estaría de más que en estos días nebulosos se leyeran estas dos obras; quizá se encuentre la luz que necesitamos.

A los que nos gusta enhebrar el pasado con el presente, los que sentimos el diálogo como único vehículo para esclarecer acontecimientos – qué lejos están aquellos que se arrogan un falso y único saber literario enquistados en sus propias ideas-, me alegra que Martín Recuerda nos refresque nuestra mente, nos muestre otro enfoque de las cosas. Con El engañao, el dramaturgo nos descifra la terrible paradoja de la otra cara del Imperio. ¿Qué cara del Imperio es esta? La de los muy pegados a la tierra. La de los que no quieren o no pueden soñar con tanta grandeza. En la obra subyace un grito de rebeldía ante tanta pasividad como existía en hechos fundamentales, durante el Imperio de Carlos V. Todo el teatro de Martín Recuerda golpea nuestra mente al planteamos otras formas envueltas en lucha, pasión, acción, cariño, consuelo. Todo su teatro está salpicado de ese sabor amargo de injusticia. Se observa la nota discordante de lo que conformó un periodo de nuestra historia. Para que la verdad triunfe el personaje debe morir o volverse loco, y, precisamente, en nombre de la verdad –qué paradoja-los que defienden la libertad, la justicia y la verdad sucumbirán.

Así se expresa el obispo de Granada: ha llegado el momento de tener que decirte la verdad. En este pliego redactado por varios príncipes de la Iglesia Católica no se te reconoce tu asilo piadoso, se te declaran ilegales todas tus acciones y se te desahucia de entre estas ruinas.  Estas palabras apocalípticas van dirigidas a Juan de Dios, “el engañao”, el que fundó el Hospital de todos y con él la Orden Hospitalaria que más tarde se extendería por todo el mundo. Su única deficiencia consistía en recoger todos los deshechos humanos de las guerras que sostenía el Emperador para cuidarlos, curarlos. Esto suponía  alterar “el orden” establecido pero que, en realidad, era la otra cara que no se quería ver; de ahí que doña Juana –qué gran personaje. en línea con doña Juana de Pérez Galdós en lo que tiene de defensa de los humildes, de los  oprimidos- rompa las ataduras y se decante por la labor de Juan de Dios: por eso, el obispo exclamará: su majestad nos conduce a que se dividan las ideas entre dos mundos de españoles. La contestación no se deja esperar: dos mundos siempre. Los que queremos la libertad y los que no la quieren. Desde entonces, la sinrazón. el fanatismo, la descalificación porque sí, se ha asomado en los momentos más importantes de nuestra historia.

Pero no podemos olvidar que todo el teatro de Martín Recuerda es una lucha con la España oficial y siempre al lado del pueblo que a veces ha estado cual barquilla a la deriva por las ambiciones y la ineptitud de los gobernantes: toda una denuncia nítida. 

Con Caballos desbocaos parece como si Martín Recuerda -emulando ese sentido galdosiano de unos hechos ocurridos –quisiera dejar constancia de su Andalucía; porque, aunque el tema es España desbocada, el escenario es esa siempre Andalucía trágica: a ella se entrega con ardor defendiendo la bandera verde y blanca. Efectivamente, el personaje principal, Juan, al querer ondear la bandera en el balcón del pueblo es acribillado. La maestra del pueblo se hará cargo del cadáver: “Atrás todos. Que nadie ponga las manos en su cuerpo y en esta bandera que lo envuelve. Atrás. Yo sola con él en su escuela. Que nadie lo vele conmigo. No quiero consuelo de nadie. Él y yo solos. Solos. Atrás todos. Atrás. Atrás. Atrás”.

Para analizar este período histórico se tendrá que contar, al uso galdosiano, una de las constantes del dramaturgo en sus obras; no podemos olvidar que esta obra fue escrita en 1978 y refleja los años de la pre-democracia. Se nota que desecha la España carnavalesca donde nadie sabe quién es quién para propalar la que perdona y olvida, la que quiere vivir en paz, pero enfrentándose a les corrupciones, especulaciones, terrorismo. Naturalmente que el dramaturgo quiere dar una salida clarividente al hecho histórico preguntándose qué ocurre. El disfraz, la careta tiene que desaparecer para quedarnos con la limpidez. con el rostro humano: para que la verdad, la cultura o la heroicidad no sean signo de provocación y desterremos el miedo; la cerrazón y los salvadores de turno; para que, en definitiva, vayamos con orgullo defendiendo nuestra libertad, nuestra cultura y respeto; pero, para que esto ocurra 108 caballos deben recogerse para que su furia no derrame más dolor. Esperemos que la comprensión, el diálogo nos lleve a la cúspide de la serenidad. Todo lo que ya. en su día, escribiera Galdós; su obra, todavía, sigue vigente mal que les pese a algunos.

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