Teatro

Comedia famosa de La traición en la amistad

La contraportada del libro ya nos insta a que nos apresuremos a leer la obra: «En los últimos años, el de María de Zayas y Sotomayor se ha convertido en uno de los fenómenos más notables para los historiadores de la literatura y la cultura áurea…». La lectura nos convencerá de tal aserto al añadirse lo placentero con que nos sentimos copartícipes de los hechos narrados y descritos. Dejemos que fue censurada; los amores jóvenes no se pueden prohibir porque son inherentes y necesarios a lo existencial; es más, la naturaleza nos exhorta a cumplir. Nos ennoblece y somos más felices. Poco importa que la vida de la autora esté rodeada de un halo de misterio; lo primordial es su obra, que aunque sea de enredo aviva el pensamiento.

Los versos de Lope de Vega nos llena de alegría al saber las destrezas y sabiduría de María de Zayas en su Laurel de Apolo: …»aprisa desnudad, y de las rosas / tejed ricas guirnaldas y trofeos / a la inmortal María de Zayas, …., / porque su ingenio, vivamente claro / es tan único y raro, / que ella solo pudiera / no solo pretender la verde rama, / para solo ser sol de tu ribera».

Tres jornadas jalonan la obra con cincuenta y cuatro escenas. La intriga se establece alrededor de un grupo de jóvenes en los que prima lo humanístico (Nadie puede sin amor vivir); cuatro masculinos y cuatro femeninos; personajes capitales en la obra. También colaboran dos criados; hay que añadir un paje y dos músicos. El comienzo es nítido y nos anima a no descansar la lectura o a estar muy atentos si la vemos representada: («Vi, como digo, a Liseo / en el Prado el otro día, / con más gala que Narciso, / más belleza y gallardía. / Puso los ojos en mí / y en ellos mismos me envía / aquel veneno que dicen / que se bebe por la vista.)

Las relaciones amorosas de tres mujeres hacia un joven son las señas de identidad del sentimiento que una persona siente y quiere pregonarlo; es una necesidad vital. La autora nos descifra ya al principio lo que acontece, como protagonistas Liseo y Marcia; esta se lo detalla a su amiga Fenisa (…» que Liseo / es prenda que el alma estima; / y mientras mi padre asiste, como ves, en Lombardía, / en esta guerra de amor / he de emplearme atrevida»). Es el momento para la entrega. Su disposición es tan alta que abandona todo prejuicio, el qué dirán («Por qué ha de ser milagro / que yo ame, si me obliga / toda la gala que he visto?). Sin amor nadie puede vivir, el alma de la protagonista se derrama hacia la fusión. Su amiga Fenisa queda rendida, prendada al contemplar el rostro («verás en aqueste naipe / un hombre donde se cifran / todas las gracias del mundo»). Se establece un diálogo en que cada una se posiciona («Cómo pides / que no me enoje si quitas / a mis deseos las alas … ¿Quiéreles acaso?). La contestación no es sincera: («¿Yo Marcia? / No está mala la codicia! –No es malicia, sino celos»). Es cuando comienza la alevosa traición entre dos amigas, de ahí el título.

Fenisa quiere saber más de esta persona que ha entrado en su corazón; claro, se lo oculta a su amiga Marcia; entonces recurre a don Juan para que la guíe-cree que le gusta- («… quiérole preguntar / quién es este por quien muero / nuevamente«), pero se da cuenta de sus intenciones, que es por otro y la rechaza. Fenisa le acusa de celoso. Y le dice claramente que es a Liseo quien ama con todas sus fuerzas, que «pretende de Marcia la bella / el dichoso casamiento, / siendo, por fuerza de estrellas» Don Juan queda molido, rendido y pronuncia «Tras ti voy, fiera, / que por amarte me has muerto«.

El diálogo entre Fenisa y Liseo no se deja esperar: «Dichosa es la que merece amarte. -¿Qué mandáis, Fenisa hermosa? -A ver mi dulce ingrato / la gala que no merezco…, y aunque a mi don Juan adoro, / quiero también a Liseo / porque en mi alma hay lugar / para amar a cuantos veo». Fenisa se va porque las respuestas no la seducen, y se despide con un aparte: («¡Ay, ojos, en cuyas niñas / puso su belleza el cielo!). A Dios». La acción cobra fuerza cuando Fenisa le entrega una carta de Marcia, que entre otras cosas resalta: «En tu retrato miré / las partes que te dio el cielo, / y al fin por ojos y oídos / me dio el amor su veneno» . Liseo entre dos aguas duda, pero León le recuerda a su abuelo-cura- «que no dejaba doncellas, ni aun las casadas«; y antes le dice que es necio si no se aprovecha, y le resalta: «Marcia te adora y estima; / Fenisa, por ti muriendo. / ¿Y Laura?» La doble moral que se percibe se lo recuerda sarcásticamente con los doce hijos que ha tenido el cura, y otros muchos que ha tenido el obispo en secreto que se presenta a recriminarlo : «¡Traidor!, cuántos hijos tenéis? – Pienso / que he de tener, / si no me engaño y es cierto, / tantos como useñoría, y aun sospecho que uno menos». La burla a la clerecía era normal en ese tiempo.

El final de la jornada primera es clarividente. Laura cuenta cómo perdió la virginidad con Liseo («…mi honra le entregué, Félix, joya hermosa, y que nací / solo obligada a guardarla, / y con esto me perdí«). Se termina con una soneto; su dos primeros versos muestran un alma herida: («Que muera yo, Liseo, por tus ojos / y que gusten tus ojos de matarme«). El último verso es esclarecedor : «…para unos ojos que a tus ojos quieren«.

La segunda jornada se inicia con otro soneto en boca de Marcia («Amar el día, aborrecer el día, / llamar la noche y despreciarla luego; / temer el fuego y acercarse el fuego, / tener a un tiempo pena y alegría» ). Laura le cuenta a Marcia el gozo que ha tenido con Liseo y también con Fenisa. El enredo en toda la jornada es total y se requiere atención y viveza, que parte de una mentira para ver cómo se comportan todos lo personajes con ideas como matrimonio, seducir si viene el momento, violencia, insultos, aborrecimiento, disfrute en las fiestas de la iglesia de Santa Cruz, cambios en las relaciones amorosas. Estas mudanzas en demasía, quizá, debieron acortarse. El lector / a está avizor. Sinceramente demasiado embrollo para tan poco. Nos quedan algunas ideas ya repetidas en la literatura, por ejemplo en boca de Marcia: «los engaños / de los hombres de ahora», o mal haya la mujer que en hombre fía«. No eran necesario tantas idas y venidas para llegar al alma de los personajes en esta jornada. Se pone fin con el diálogo entre don Juan y Belisa: «Quisiera / que buscaras a Gerardo, / porque mi prima desea / tratar con él ciertas cosas / de importancia. – Mi bien, entra,/ y dirase por los dos: / lo de César darlo a César» . Es el anuncio de que algo va a suceder de importancia.

La tercera jornada prosigue sin que se detalle con claridad todo lo que va aconteciendo. Eso sí, Laura se desata: ¿Qué pecado he cometido / para tan gran penitencia? Mucho ocurre para tan poco, aunque todo queda ensamblado, menos Fenisa («Señores míos, Fenisa, / cual ven, sin amantes queda. / Si alguno la quiere, avise / para que su casa sepa»), en tierra de nadie, precisamente la que quiere un espacio propio, una lucha de ser ella, de por qué no puede abanderar la libertad, en su alma caben muchas cosas que solo se permitían a los hombres, es una lucha que no descansa desde el principio; casi al final proclama (» Tengo la condición del mismo cielo, / que como él tiene asiento para todos, / a todos doy lugar dentro de mi pecho«; la libertad sexual como reivindicación para igualarse con los hombres; o «Naturaleza es varia y hermosa»; pero se percibe un cierto sabor al comportamiento de los personajes que se corresponde con la sociedad que la autora imagina, incluso los arreglos finales como salida ante tanta confusión. El choque entre lo masculino/femenino para que cada lector/a se vea en la obra, en la que la amistad puede ser sagrada, gloriosa, pero también, traidora, perniciosa. La exaltación de la belleza nítida incluso entre géneros iguales; a mi parecer predomina el femenino en la obra. Si bien se nos deja un campo abierto para que pensemos y elijamos, incluso entre la amistad y el amor («Perdona, amistad que amor / tiene mi gusto sujeto«). En la obra sobresale traición, si bien para conseguir el bien deseado.

Zayas y Sotomayor, María de, La traición en la amistad. Madrid, Cátedra, 2024
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Teatro

Los cabellos de Absalón. La gran comedia de don Pedro Calderón de la Barca

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Una historia bíblica que nos sumerge en lo existencial, puesta en los escenarios por uno de los dramaturgos fundamentales de los siglos de oro en donde se desgrana lo filosófico y la crítica social. Una obra que en pleno siglo XXI coadyuva a extender nuestro pensamiento y a preguntarnos las razones por las que, a veces, nos decantamos por el mal.

La violación de Tamar narrada en el Segundo Libro de Samuel, también en Antigüedades de Flavio Josefo, e incluso en crónicas medievales nos conmueve hoy y nos hace que reflexionemos a pesar del tiempo transcurrido. A buen seguro que daremos muchas vueltas en esa tríada Tamar, Amón y Absalón, una vez leída la comedia, y más cuando la violación se ha realizado por un hermano, y cómo se prepara la venganza por el otro hermano.

Para comprender el desarrollo de la obra y cómo llegó al público, el editor nos muestra una serie de apartados que conviene leer antes para acercarse a los problemas, circunstancias y hechos capitales; entre otros destaquemos: «La historia de Tamar, Amón y Absalón». «Del relato bíblico al espectáculo teatral». «La muerte de Amón y dos hipótesis sobre el texto perdido». «Entre Eurípides y Aristófanes».

El editor nos advierte de que estamos ante «las fuentes usadas por Calderón y los vericuetos de su transmisión textual. Pero, sobre todo, el deslinde del texto (del verdadero texto del autor)», pág.16. La investigación es encomiable y creíble al partir del Segundo Libro de Samuel. La obra de Calderón comienza con el regreso triunfal de David a Jerusalén. Consta de tres jornadas y dos entremeses; el primero al finalizar la primera jornada y el otro al terminar la obra.

Con buen criterio se nos detalla el inicio del epígrafe 13: «Aconteció después de esto que, teniendo Absalón, hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró de ella Amón, hijo de David«. La comedia de Calderón comienza con auténticas alabanzas de los personajes: Así Salomón, («Vuelva felicemente / de laurel coronada la alta frente / el campeón israelita»); después Adonías, («Ciña su blanca nieve / de la rama inmortal círculo breve / el defensor de Dios y su ley pía«); Absalón, («Himnos la fama cante / con labio de metal, voz de diamante / de Jehová al real caudillo»); Tamar, («Hoy de Jerusalén las hijas bellas, / coronadas de flores y de estrellas / entonen otra vez, con mayor gloria«). Lo redondea todo la exaltación de David a los que admira («Queridas prendas mías, / báculos vivos de mis luengos días / dadme todos los brazos», pág.70).

El final nos conmueven las palabras de David: («Ay, hijo mío, Absalón, / no fuera yo antes el muerto que tú). (,,,) . «Y ahora, no alegres salvas, / roncos, sí, tristes acentos / esta victoria publiquen / a Jerusalén volviendo, / más que vencedor, vencido«.

No se le puede escapar al posible lector/a la fuerza creativa de Calderón que subyace en el texto, así como la palabra exacta impregnada de belleza estilística. Conviene también tener en cuenta la opinión y certeza de don Alfredo Rodríguez-el que hace la edición-: «Resultaría sorprendente que un hecho de tal envergadura dramática hubiese sido omitido por Calderón en su texto originario, máxime habida cuenta de que él sigue la disposición del relato bíblico en lo que es la trama principal, la que afecta a Tamar, Amón y Absalón» pág. 32. Se refiere a la omisión en la segunda jornada de unos 500 versos por parte de la compañía «que representó la obra y la vendió a un impresor hacia 1675″. Son aspectos que pudieron ocurrir no solo con Calderón de la Barca; el poder de las compañías de teatro fue enorme; siempre tenemos que considerar en la obra literaria. Sin olvidar que lo fundamental es leerla. El enriquecimiento personal dependerá de la atención que tengamos con los hechos y si, hoy, nos aprovecha.

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Calderón de la Barca, P., Los cabellos de Absalón. Madrid, Cátedra, 2024
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Teatro

Tres tragedias de María Rosa de Gálvez

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El estigma de la procedencia marca a las personas, pero en este caso más allá de la niñez en que se vio envuelta María Rosa de Gálvez lo primordial es la lectura de estas tres tragedias. Es aquí donde debemos elevar el pensamiento y no resaltar su niñez.

Sí marca, por la realidad profunda que encierra, la Advertencia de la autora antes del comienzo de las tres tragedias, como un ejercicio espiritual, para después adentrarse con ahínco en versos que nos elevan en los que se exige pausa y reflexión (» son fruto de mi afición a este género de poesía y de mi deseo de manifestar que la escasez que en este ramo se advierte en nuestra literatura es más bien nacida de no haberse nuestros ingenios dedicado a cultivarlo que de su ineptitud para ver dado en él pruebas de su fecundidad»).

Lo fundamental que hace levantar la mirada para quedarse en vilo es el común denominador de que lo extranjero se agranda y lo de casa desmerece; incluso, hoy, oímos esta aseveración no solo de personas iletradas, también de las letradas. Esta mujer en un tiempo en que no era tan fácil decirlo supo aupar el espejo («…y aun se atreve a desacreditar a los verdaderos poetas (que algunos hay) valiéndose para dar más importancia a su trabajo de exaltar las composiciones de otros países y deprimir las nuestras»). Sus tragedias originales nos envuelven, nos acunan en un espacio esplendoroso, pletórico de una riqueza lingüística, que va más allá del común.

Nunca sabremos con certeza los motivos por los que María Rosa Gálvez quiso recordar a la egregia poeta Safo con el marbete «Drama trágico en un acto«. Sin duda, es una exaltación, es un canto a esta mujer griega más allá de que no sepamos con exactitud quién fue en realidad; en esta edición se nos recuerdan los fragmentos que nos han llegado, «debido a que en 1073 el papa Gregorio VII mandó quemar todas las copias de sus obras por su supuesta inmoralidad», pág.94. Aun así, uno de sus rasgos que nos motivan, que sentimos. es su sufrimiento. El final de este drama nos inunda de querencia, de estar con ella; amor y decepción unidos («¡…adorando a Faón…y hasta el sepulcro… / su imagen y mi amor conmigo llevo! ).

Hoy se la recuerda, como apunta el editor, en la llamada «la pecera» del Círculo de Bellas Artes de Madrid con las significativas palabras: » Así, la poeta, desnuda, pero con ramo de laurel que la identifica como perteneciente al cortejo de Apolo, desde su lecho de roca recibe cada día a comensales y tertulianos que junto a Safo se dan cita en el Círculo de Bellas Artes mientras ven a los paseantes por la madrileña calle de Alcalá«, pág.110.

Doce escenas conforman la obra; en la diez se nos aclara en boca de Safo lo que nos anonada y sentimos cuando desde la roca famosa nos anuncia: «Vosotros, moradores de Leocadia, / a Faón le diréis que Safo ha muerto / víctima de su engaño, y que esta roca / su delito y mi amor harán eternos»).

Tal vez sea leyenda, como tantas cosas que nos han llegado de la antigüedad, de que desde la roca de Leucadia se suicidó por amor a un joven. Sea o no verdad se nos ha transmitido. María Rosa de Gálvez crea este drama para revivirlo, para que no se olvide. Lo consigue con una justeza lingüística, con un leguaje preciso y poético. Es la mujer fuerte bíblica que anhela libertad; su deseo va más allá de convencionalismo. Los versos «preferí ser su amante a ser su esposa, / que amor, de libres corazones dueño, / huye un lazo que impone obligaciones»; son todo un alarde de grandeza, de ser ella, por encima de todo. El amor pasional triunfa con el deseo que permanezca. Como también, saca la daga contra los hombres: ¡Oh mujeres de Leocadia! / Vosotras que miráis en mí el ejemplo / de la negra perfidia de los hombres / abominad su amor, aborrecedlos / pagad sus rendimientos con engaños», pág. 194.

La última escena estremece: A Safo moribunda la llevan delante de su amante; no lo reconoce. Faón se arrodilla e implora: «Tú que hiciste / mi corazón feliz en otro tiempo, / recibe de Faón antes que mueras / el llanto que a tus pies derrama«. Safo, desafiante, exige: «¡ Oh, tú, seas quien fueres,,, / que has visto de mi muerte el triste ejemplo, / publica que es… supersticioso engaño … buscar aquí el olvido…pues yo muero / adorando a Faón…y hasta el sepulcro… / su imagen y mi amor conmigo llevo!

Si María Rosa Gálvez tiene buen cuidado de mostrarnos a Safo como autodidacta, sentimental, sabia, respetuosa, como un canto a lo que es ser mujer, no van a ser menos Blanca de Rosi y Zinda; estas con otra mirada de salvadoras de la injusticia, de la esclavitud, la tiranía en la que la libertad acopla todo el entorno de la sociedad. Así en Blanca de Rosi tiene que estar atenta a las relaciones que suponga callar y aceptar lo que venga. La fuerza del opresor ante todo, incluso doblegar, el intento de violar es expuesto con una crudeza de quien defiende su cuerpo, su yo; en esta obra Acciolino exige a Blanca («…será mi esposa, y si opusieres / a mi amor tu fiereza, como esclava / sufrirás los rigores de la suerte»).

Para el desarrollo de la obra, de larga tradición italiana, la autora recurre a cinco actos, en los que narra las guerras civiles entre güelfos y gibelinos. La ciudad de Bazano cae en manos del ejército del emperador Federico, mandado por Acciolino, natural de Bazano, que abandonó la ciudad al ser despreciado por Blanca. La malicia y el rencor de Acciolino le insta asolar la ciudad y, más aun, tomar a Blanca por la fuerza; se interpone Leopoldo-delegado del Emperador- y consigue la paz sin violencias. Entonces Acciolino intenta violar a Blanca. Bautista-esposo- sale en su defensa, pero los esbirros de Acciolino lo asesinan y lo dejan en el panteón familiar. Allí se fue Blanca, desesperada, se suicida al dejar caer la losa de la tumba de su esposo sobre ella («Ya está en su rostro, la muerte impresa»). También se dirigió Acciolino; lo esperan las gentes de Bazano («Detente, horrible monstruo; / no has de salir con vida de este sitio»). Acciolino, viéndose rodeado, se suicida también con el puñal de Blanca («Este puñal, que cometió el delito, / es quien toca la venganza solo»).

Según parte de la crítica varía del original, poco importa. María Rosa de Gálvez se ha valido de la leyenda y ha creado otra con la fuerza que le caracteriza, defensa de la libertad frente a la tiranía, la fidelidad frente al cacique de turno-«la violencia en amor odio»-.

Zinda, drama heroico en tres actos, prosigue con la idea de la exaltación de lo femenino en igualdad con lo humano. Es la mujer andariega, la que exige, de pie; lo sedente porque sí no tiene sentido en una sociedad viviente. La esclavitud no cabe en el género humano, da igual el color de la piel. El basamento de esta historia se remonta a la reina africana Nzinga Mbande, heroína en defensa de la libertad de su pueblo y de sus riquezas. De ella parte María Rosa.

El encargado de la edición apunta unos hechos concretos en las páginas 131-134; nos sirven de ayuda para acercarnos a lo que pudo ser ayuda para la creación de la obra de María Rosa: «La célebre y famosa Zingha, que otros llaman Ginga, fue una reina de Angola, (país situado entre el reino de Congo propio y el de Bengala) muy nombrada en la Historia de África por los dos extremos que en ella se juntaron de crueldad y de cristianismo». Simplemente, violencia, saqueo, muerte, fiereza, venganza, poder, pueblos antropófagos, horror, odio. (…) «Así vivió la inhumana Zingha por espacio de 30 años hasta su edad septuagenaria, en la cual, ya desengañada de sus atroces delitos, arrepentida de sus infames venganzas» …..Al final recuperó la luz del cristianismo-en su momento fue bautizada- y por consejo de su confesor «dejó a disposición del rey de Portugal todas las pretensiones y derechos que podía alegar al reino de Angola», pág.133.

El final es muy parecido con la fuerza estilística con que lo describe María Rosa: ….»las virtudes / nuestros pechos conquistan; el antiguo / tratado de alianza y de comercio / en nombre de mis pueblos ratifico / con Portugal, Pereyra; y si renuncias / al tráfico de esclavos, te permito / que de ese Dios que adoras, los preceptos / enseñen mi imperio sus ministros». Las palabras de Pereyra lo corroboran: ¡Oh generosa Zinda!, en ti se ha visto / que la ferocidad cede y se rinde / a la santa virtud y al heroísmo».

El tema capital de Zinda es la abolición de la esclavitud: su meta es señalar a aquellos que se aprovechan de ciertas personas por el color de su piel para maltratarlos, para aprovecharse, convertirlos en verdaderos objetos. Cuando Zinda oye,…»mas tu hijo / pasará a Portugal en esa nave / que está para partir, (…), ese niño / será esclavo en Europa«, la fuerza de Zinda se estremece: …»Tened…esclavo…nunca. / No , perezca / antes un y mil veces. Si atrevidos / intentáis arrancarlo de mis brazos, / al foso desde aquí lo precipito», pág. 337. La fuerza, el sufrimiento maternal nos anega de sentimiento doloroso, e insta a su hijo que no tema, la muerte es un momento (…»tú no sabes / lo que es la esclavitud de esos impíos»). La tríada, como defensa de la obra, libertad, abolición de la esclavitud y la aberración del colonialismo hay que proclamarlo, enseñorearlo. No ser esclavos /as de los blancos.

Tres tragedias para la eternidad en las que nos debemos mirar y alumbrar para no caer, de nuevo, en las catatumbas del mal, en lo lóbrego, y defender los derechos primordiales de las persona-mas allá de la raza- como axioma humano.

Gálvez de, María Rosa, Tres tragedias. Madrid, Cátedra, 2024. 371 págs.
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Teatro

La viuda valenciana

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Cuando pronunciamos Lope nos viene a la memoria la tríada expresión, ya famosa después de tanto tiempo, ¡Es Lope! ¡Es Lope! ¡Es Lope! Es como una bienvenida, como entrar en una casa llena de luz y saberes. En este caso es el amor hecho fuego; pero también libertad, igualdad y belleza.

Una de las pautas esenciales, después de su lectura, consiste en la práctica o acercamiento a lo que hemos leído; en este caso con el título «Después de la lectura«: Del Barroco a nuestros días: contrastes y huellas. Comprende dieciocho preguntas o aspectos que nos conduzcan al desarrollo de la obra literaria. La que más me ha encantado es la ultima; parte del poema de José Hierro: Lope. La noche . Marta. No entiendo por qué no viene el poema entero; tanto en la obra como en el poema es el amor el que triunfa. De hecho La viuda valenciana está dedicada a Marcia Leonarda (Marta de Nevares); es la mujer última que ocupó ese ansia de amar, y en un momento en que ya era sacerdote, pero «los ojos verdes, cabellos rizos y copiosos, boca que ponen en cuidado los que la miran cuando ser ríe...», pág.40, pudieron más ante una entrega amorosa total. La hermosura que desprendía juntó cielo y tierra, y si «escribe un papel, la lengua castellana compite con lo mejor». Fue un amor genuflexo ante una preciosa divinidad. Mereció para la posterioridad que colgara los hábitos para dejarnos lo sublime hecho carne.

En la estructura de la comedia, Lope se atiene a su Arte nuevo de hacer comedias. » en el acto primero ponga el caso, en el segundo enlace los sucesos, de suerte que hasta el medio del tercero juzgue nadie en lo que para». En el primer acto, Leonarda, hermosa, joven, viuda, al morir su marido, promete no casarse- «como he dado en no casarme» para mantener el título de viuda. Julia, su criada, discrepa y le muestra lo guapa y atractiva que desprende, y le invita al goce-«Acábate de ver». Su insistencia es clara: «Dejadme, aquí, pensamientos; / no hay más, no me he de casar» . Al entrar en escena su tío le espeta: «Tío, si es de casamiento, / ni se miente ni se hable«. En el diálogo, insiste: «La viudez casta y segura, / ¿no es de todos alabada?». Este diálogo termina con («¡Qué viejo tan importuno!) / (¡Qué mujer tan arrogante!). A continuación aparecen tres pretendientes que desean a la viuda, todos de forma ridícula; son rechazados con desaires. Con sorpresa el corazón de Leonarda empieza a latir fuertemente, un joven le ha llamado la atención. Ahora es ella la que requiere conocimientos. Una condición: debe ser en secreto («…y camina y dile en disfraz, Urbán, / que una dama se le inclina, / y que le ama tiernamente, / y que le podrá gozar…).Todos los pormenores están descritos y han de cumplirse, El acto termina con las palabras de Camilo: «Yo he de saber lo que es esto, / aunque me cueste la vida».

El acto segundo lo empieza Camilo «Entre el temor y el deseo«, se dispone a ir a casa de Leonarda. En su itinerario se va preguntando: «… si a oscuras la he de gozar, / ¿no es todo una misma cosa? Leonarda está impaciente con su criada por cuándo llegará el mancebo y si sabrá saltar los obstáculos que se le presenten. Por fin llega el momento, entra Camilo, se dan la mano, se sientan- ¡Ay, señor, con vos me asiento!– y conversan. Ante el temor de que no puede verla; la sala está oscura; el hecho cruel de no poder verla, dice: «Ya me enciende el corazón / amor sin luz, pues no veo; / que ha tocado en el deseo / como piedra el eslabón«. Leonarda sin tapujos le lanza lo enamorada que está desde que lo vio, pero deseó que fuera en secreto. Ante tanta espera y palabras amorosas sin que se puedan ver, Leonarda se entrega, otra vez-«Este pecho que me habéis enamorado-. Le pide tranquilidad, que no se apene-«Yo os vi y el alma os rendí». Se despiden cariñosamente, y, de nuevo, es Leonarda la que toma la palabra: «Noches quedan, mi Camilo; / esto por ahora baste». Ahora es cuando Camilo quiere el abrazo como despedida-¿No os he de abrazar primero? La respuesta no se deja esperar: «Si´, por cierto«.

Ya casi finalizando Camilo confiesa a su criado que está enamorado, y además la gozó aunque a ciegas. Se contenta con «Imitar a Amor, y ser / sin ojos enamorado». Poco después, aparecen Leonarda y su criada. Reconoce a Camilo-«Julia, Camilo es aquel. ¡Ay señora ya lo vi)– tiene un diálogo con Leonarda sin saber que es ella, narra que se ve por las noches y la describe como hermosa, única, que no la ve y la siente.

El acto tercero es deleitable y dolorido. Comienza con la discusión entre Celia y Camilo. Este dio por terminada la relación que mantenía con Celia, pero esta no lo acepta-«que se entienda tu traición»-. Las divergencias entre ambos es oída por Julia y Leonarda, que están escondidas. Después de algunos sobresaltos se va descubriendo la certeza del amor. En la escena 22, Leonarda, cauta, manifiesta: (» ¡Que no me aprovechan hoy / con este viejo cautelas! / Cuando a Camilo he de ver, / tengo aquesta sombra en casa! / Pero bien lejos del pasa / y yo le sabré esconder). Camilo desea ya luz, no tanta oscuridad («Ya no se puede sufrir. / Heme aquí que me descubro. / ¿Qué importa, si ciego estoy / para el desengaño de hoy? Leonarda, tranquila, arde en deseos de decirle la verdad («Por quien soy, de vos me encubro. / Pero no saldréis de aquí / sin que vais desengañado / y habéisme mucho agraviado / con pensar eso de mí»). Y aunque en lo hablado y escrito no anduvo discreto, lo perdona. Camilo disculpa, pero ansía luz, sin ella cabe desconfianza. «Luz traigo, y veros quiero«. Ante tanta luminosidad y belleza no hay duda («¿ No sois la viuda / que yo tantas veces vi?) . Las palabras sinceras de Leonarda no se dejaron esperar: «Si fuere voluntad suya, / yo quiero ser su mujer«. Es el triunfo de la independencia de las personas, el camino de la libertad, del deseo sin cortapisas; callarse y encerrarse como en otro tiempo fue para la mujer no cabe; es la transformación de Leonarda, ser ella. Es el triunfo del amor ¡Es Lope!, ¿quién si no?

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Lope de Vega, F., La viuda valenciana. Madrid, Cátedra-Base, 2024, 172 págs.
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Personajes de Shakespeare

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William Hazlitt nos ha dado unas ideas claves para entender mejor los grandes personajes que han hecho más conocido al poeta y dramaturgo inglés, y más cuando todavía desconocemos tantas cosas de su persona y entorno; otras exageradas.

Nos hallamos ante la pregunta que tantas veces se ha repetido: «¿Qué significa escribir como Hazlitt?«. No hay otra fórmula que adentrarse en su alma con la lectura como axioma embellecedor. Esta quizá no sea suficiente; hay que añadir ese recóndito de sabiduría que algunas personas tienen y otras van a la búsqueda hasta conseguirla. Un ejemplo claro lo tenemos en el poeta J. Keats con sus poemas que arrancan de sus lecturas, no de sus vivencias, y nos hace pensar en Shakespeare por saber extraer el máximo jugo a las palabras.

Es difícil mantener la idea de Hazlitt que recoge el encargado de la edición: «Entre todos los poetas, Shakespeare sería el que habría interpuesto una mayor distancia entre él mismo y sus creaciones dramáticas», pág.13; y, sin embargo, la supresión de esa distancia ante los sonetos le produjo «disgusto». Las dudas surgen en los dos aspectos, todo dependerá de la comprensión de los que se acerquen a los dos géneros o uno, ya que el lenguaje dramático está revestido de lo poético, al menos, en el poeta-dramaturgo inglés; aspecto que no ocurre en otros.

Que Hazlitt admiraba a Shakespeare se desprende de los personajes que evoca y además quiere dejar para la posterioridad esa idea, como si fuera el único que lo ha desbrozado: …»habría sido el poeta cuyo genio ha sintonizado mejor con el genio de la humanidad», pág.28. En buena lógica, el absolutismo en literatura no cabe, más bien la disidencia. Siempre hubo y habrá autores en ese jardín con la palabra o la imaginación. En «Poemas y sonetos», págs. 327-332, vierte otra idea que es fácil entender y que damos por supuesto, lo mismo en Velázquez: «En sus obras de teatro, era tan amplio y envolvente como el aire«. Es exactamente lo que observamos en el pintor español, ese aire que se aprecia en sus cuadros; sin embargo, apunta el editor, en sus poemas «parece estar encerrado y enclaustrado«. En cuanto a la expresión «No sabemos bien qué decir de los sonetos», pág. 330; me sorprende ante quien se considera un admirador del poeta, que siente «idolatría»,- pág. 327-, cuando se puede percibir que, a veces, va más allá de una desbordada imaginación en algunos de los 154-primera edición completa de 1609- que se han publicado, incardinados de hermosura; algunos se necesita amar hasta el límite, hasta la transgresión para poder comprenderlos; los dedicados a la mujer son rompedores ante el sufrimiento; otros, inmensos, atronadores, como a una mujer henchida de belleza pagana. Cómo no, recordar a Wordsworth en –Lyrical Ballads– que esmaltó los sonetos de Shakespeare como la gran verdad: la dualidad belleza-sentimiento como inherente al ser humano.

Al lado de los grandes lectores de Shakespeare, además de Hazlitt, ocupan un lugar destacado, también, Johnson y Pope. De este podemos leer en el Prefacio del libro con el título «El señor Pope ha observado»: Si algún autor ha merecido el nombre de original ha sido Shakespeare. Más claro es imposible; sin embargo, aunque algunas personas no hayan leído a Shakespeare, le parecerá imposible de creer, y además con razón. Toda exageración es perniciosa. Más entendible es que son propios » de la naturaleza», y que cada uno de ellos «es tan individual como la vida misma». Esta aseveración cabe dentro de lo lógico. Parece también encomiable la opinión de Schlegel: «Si Shakespeare merece nuestra admiración por sus personajes, la merece igualmente por su exhibición de la pasión, tomando esta palabra en su significado más amplio…», pág.45. Sin embargo, no ha ido por esa vereda el doctor Johnson, al contrario. Tanto si eran correctas como equivocadas merecen una reflexión.

La descripción que realiza William Hazlitt de Los Personajes nos recuerda a lo que perciben los lectores e incluso otras que nos ayudan a ir más allá por aspectos que en ese momento no llegamos a esa profundidad. En Hamlet es tan hondo que un lector puede no darse cuenta en la lectura que hizo. Por ejemplo: «esta obra tiene una verdad profética que está por encima de la histórica». O cuando se concreta más al acudir a una obra de teatro para huir de «los males de la vida mediante su representación simulada, este es el verdadero Hamlet». Y luego el pensamiento más prístino de Hazlitt: «No nos gusta ver representadas las obras de nuestro autor, y menos Hamlet». Pero, por otra parte, en general, se piensa que la función primordial del teatro es la representación. Algo se nos escapa, entonces. O tal vez, por eso, es tan asombroso Shakespeare en Hamlet o El rey Lear, o son mucho más que obras para el género dramático..

En cuanto al personaje Enrique VIII, cada persona lo puede definir según las lecturas o las representaciones; para la historia ha sido un espejo en un determinado tiempo y aun así siempre habrá algo más que no podamos percibir. Para Hazlitt es el todopoderoso; el que aglutina todo según su mente. …»su poder es más fatal para aquellos que ama: es cruel y persigue sin remordimientos sus lujosos apetitos; es sangriento y voluptuoso, un asesino amoroso, un esposo libertino», pág.245. A esto habría que añadir su grosería, su vulgaridad, su hipocresía.

El drama pastoral A vuestro gusto es descrito como un paraje de tranquilidad, de sosiego, en el que los sentimientos son acogidos como primordiales e importa más «lo que se dice». Es cuando habla la naturaleza,» del lugar parece respirar un espíritu de poesía filosófica, agitar los pensamientos, tocar piadoso el corazón, mientras el bosque somnoliento susurra por el suspirante vendaval», pág.297. Todo un descanso para la mente, un alimento para la reflexión.

No podía dejar sin acercarse a Lear: «Es la mejor de todas las obras de Shakespeare, porque es aquella en la que habló más en serio«, pág. 175. Es el sentimiento, el corazón humano en el que late un espíritu cargado de humanismo, pero también de ingratitud, de desilusión, de poderío, de fuerza, de muerte, de desagravio, de desapego, de pasiones, de afectos. Se ha hondado en las debilidades de las personas cuando las tormentas humanas arrecian y apreciamos el egoísmo. En las primeras líneas ya se nos advierte: «Se ha dicho, y creemos que con razón que el tercer acto de Otelo y los primeros actos de Lear son las grandes obras de Shakespeare en la lógica de la pasión», pág.177. Shakespeare convierte la vida en arte. Su maestría nos deja perplejos. En la entrevista entre Lear y su hija no cabe más perfección, hay que releerla más de una vez, como apunta Hazlitt en la página 179 y ss. La cólera de Lear en un momento nos atormenta: «¡Si llega a concebir, engéndrale un hijo de maldad, que pueda vivir y ser para ella un tomento perverso y desnaturalizado!». ¡Hasta dónde puede llegar la maldad! Más fiereza es imposible; se llega a lo más profundo de la iniquidad. Es algo más que la expresión cría cuervos.

En este escrito, finalmente, el hacedor nos muestra cuatro cosas que le han llamado la atención al terminar la lectura de El rey Lear : «Que la poesía es un estudio interesante, ya que se refiere a lo más interesante de la vida humana. Que el lenguaje de la poesía es superior al de la pintura. Que la mayor fuerza del genio se muestra en la descripción de las pasiones más fuertes. Que la circunstancia que equilibra el placer frente a dolor en la tragedia es que, en proporción a la grandeza del mal, se excita nuestro sentido y deseo del bien opuesto», pág.194.

En el libro encontramos 34 formas, más el prefacio, de acercarse a cada uno de los personajes que nos seducen, que nos miran, que nos hacen pensar, que nos absorben con tanta imaginación, con tanta pasión, con tanta verdad, que nos envuelven en este existencialismo. Sin duda, Hazlitt es admirable al darnos unas ideas que se nos escapan, que quizá no vemos o pasan desapercibidas. Al menos para quien ha leído, el detallismo y excelente prosa de Hazlitt.

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Hazlitt, William, Personajes de Shakespeare. Madrid, Cátedra, 2024, 334 págs.
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