Teatro

La bella malmaridada de Lope de Vega

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¡Es Lope! ¡Es Lope! ¡Es Lope! El grande entre los grandes de la literatura universal, de nuevo en el candelero con su obra La bella malmaridada. Cada vez que se publica una de sus obras tenemos que felicitarnos. Ahora solo falta leerla y menos hablar de oídas o recurrir a chascarrillos que empobrecen a quienes los pronuncian y más si se dedican a la docencia.

La cultura popular fue un axioma clave en la creación de Lope. En este caso se inspiró en la tradición para ventear una idea aposentada en el poeta – dramaturgo; tema » tan arraigado en lo popular que probablemente no tiene parangón en todo el Siglo de Oro», pág. 18. De esta forma, Lope se adentra con versos claros en el romance:

«La bella malmaridada,

de las más lindas que vi,

si habéis de tomar amores,

no dejéis por otro a mí«.

Durante mucho tiempo «la bella malmaridada» fue glosada por los poetas y Lope no iba a ser menos; su pensamiento hizo que también él alimentara la canción que corrió de boca en boca y de verso en verso. Según nos muestra el editor, la obra fue firmada un 17 de diciembre de 1596.

Es loable que se nos diga la razón por lo que se plantea el proyecto de una edición crítica doble: «había que fijar, editar y anotar cada versión por separado»(…). «La elegida para el lector es la copia Gálvez, que venimos denominando como versión manuscrita y va escoltada de un voluminoso cuerpo de notas filológicas». En mi caso, he empezado la lectura por la versión impresa, «que toma como texto base la la «editio princeps», págs. 302 – 392 .

En la primera, el comienzo es semejante (TEODORO: amor loco, amor loco. / Yo por vos y vos por otro. LEONARDO: Algo vienes divertido. TEODORO: Bien dijo Montemayor / esta canción), a la segunda. Sin embargo, el final, en la primera, hay algún matiz diferenciador, aunque la idea es nítida. (LEONARDO: Hoy nuestro amor confirmemos. LISBELLA: ¡Tuya seré, soy y fui! LEONARDO: Yo tengo mujer honrada: / de hoy más seré buen marido. TEODORO: Aquí su fin ha tenido / La bella malmaridada). En la impresa, termina así (LEONARDO: Nuestra amistad confirmemos. LISBELLA: ¡Vuestra soy, seré y he sido! LEONARDO: Quede con esto acabada / la amistad que había empezado. TEODORO: Y aquí se acaba, senado, / La bella malmaridada ) . Se percibe sin entrar en detalles que la impresa estuviera como recortada, pero lo que pretende Lope se consigue, sea en una u otra. Simplemente, magistral.

Para llegar a los pormenores de la obra conviene leerse antes la introducción donde cada detalle es significativo; estos los hallamos en Fuentes, La canción de la mal casada, El romance, La novela italiana, Deudas literarias: pastoras y alcahuetas, Construcción dramática. Métrica, Historia del texto. Anejos al manuscrito Tratándose de una comedia de 1596 no está demás que se lean antes para una clarificación más enriquecedora, y así conquistar la cúspide de que es lo que se pretende.

Ya en los primeros versos surge la fuerza dialogal para aludir al hecho representado: TEODORO: (…y pues con una doncella/ te casaste a quien la fama/de Madrid celebra y llama/por excelencia «la Bella»/ y con serlo en tanto extremo/buscas algún pan prestado;/yo, que no he sido casado/ ¿por qué tus sermones temo?/ Vuelve a tu mujer, cansada/de lo que sufriendo está,/que hay mil que la llaman ya / la bella malmaridada ). La respuesta no se hace esperar. LEONARDO: (Teodoro, no la amistad/te haga tan hablador/porque no es burla el honor/que sufre tanta verdad./Deja estar a mi mujer/habla conmigo no más, págs. 103-104). Nítido el pensamiento por si albergaba alguna duda.

La obra descansa, sobre todo, en un personaje capital: Lisbella. Es la protagonista. A ella se unen marido y pretendiente; a pesar de los requiebros, Lisbella lanza: «No porque esté mal casada / dejo de ser bien nacida«. Todo un aviso claro, contra viento y marea; el rechazo es evidente. Estamos ante algo típico en el siglos XVI amor- celos que ya se deja entrever en el primer acto cuando Lisbella sale de noche, corroída por los celos tras su marido sin que este se entere con todo el peligro que puede entrever, por ejemplo cuando se entabla un diálogo en la nocturnidad entre los dos sin que sepan que son marido y mujer: Leonardo: ¿Sois vos casada? Lisbella: Sí soy. Leonardo: ¿Tenéis mal marido? Lisbella: Malo. Leonardo: ¿No os regala? Lisbella: ¿Qué regalo? Leonardo: Sufridle. Lisbella: Con él estoy / ¿Sois vos casado? Leonardo: Y cansado. Sin restar importancia al encuentro con otro personaje que se rinde a sus pies: Cipión (En toda mi vida vi / mujer de tal lengua y talle). Con estas notas es más que suficiente, es como el umbral del acto primero.

Es en el acto segundo cuando el pretendiente intenta el cortejo a la más bella (¡Yo he conocido a la Bella! ). Quiere valerse de una cadena de oro para el acercamiento, que finge haberse encontrado en la iglesia («Tomadla y dádsela allá, / decid que soy hombre noble»). Lisbella lo rechaza y escribe carta («Jamás tal prenda he tenido, / o el nombre o la casa erró, / aunque si él es Cipión, / un caballero romano, / ya conozco su intención). Pero hete aquí que llega su marido y quiere saber lo que pasa; desconfía y encierra en una habitación a su mujer hasta que se aclare la verdadera razón («Solo quiero saber lo que ha pasado. / Si tienes culpa al cielo te encomienda. Entra en ese aposento»). Hasta el criado sabe de la inocencia de la señora. El marido le lleva el papel y la cadena, y pregunta al pretendiente, este responde que no cree que sea delito el requerir o el mirar (…»y que siempre de ella he sido / ofendido y desdeñado»). Convencido le pide discreción («Con esto que importa más, / os pido, señor, secreto»). Incluso antes de terminar este acto pronuncia: «Yo tengo buena mujer / ¡No más, santo honor!» . La importancia del honor es primordial.

El acto tercero comienza con otras de las maldades o vicios que se dan: el juego. El diálogo entre Lisbella y Leonardo es duro; otra vez la lucha por llegar a la verdad, a la liberación. Lope, como grande que es, tuvo cuidado de que la violencia física no llegara al tablado, aunque por la cabeza de Leonardo prosigue la palabra adulterio ante otro caso con papel incluido. La presencia de los niños pequeños no se esperan, de ahí que la comedia llegue a un dramatismo insoportable («Hijos, yo quedo a morir / inocente como vos. / No pidáis venga a Dios / cuando la sepáis pedir (…) y si os dieren otra madre, / que la obedezcáis y améis»). La entereza de Lisbella ante la verdad la ennoblece («Los inocentes son fuertes/ los culpados son cobardes»). («Una segura conciencia / la muerte puede esperar»).

Cuando Leonardo se prepara para la pena capital, el brazo se congela, ni siquiera desenvaina la espada. («Todo el brazo se me ha congelado! ¿Qué puedo haberlo causado?» (-«Mi inocencia y tu mal celo»). pág, 259. En el fondo, Lope quiere que aunque tarde llegue la luz y el abrazo. La muerte de una inocente no se hubiera aceptado y menos «que se quebrara una piedra angular de la Comedia Nueva: la justicia poética», pag.56. Ni tragedia ni comedia, es Lope el que triunfa al final con la reconciliación de la pareja ante la verdad: «Hoy, nuestro amor confirmemos, -¡Tuya seré, soy y fui! – Yo tengo mujer honrada : / de hoy más seré buen marido».

Lo primordial es la lectura de la obra, el editor se decanta por la primera, la más fiable-«un texto que estaría mucho más próximo al verdadero original que la versión ofrecida por la tradición impresa-., pág,69. Más allá de la certeza en cuanto al texto, la primera te enseña, te clarifica con ese montón de notas filológicas a comprenderla mejor, no solo el tema que se plantea, también el entorno y las causas. Atrévete y entra en esa sociedad en la que el amor, el sentimiento, la mentira, los celos, la libertad son claves en las relaciones humanas. No muy lejos de las de hoy; además, de revestidas de lenguaje poético como acostumbra el todopoderoso Lope.

Lope de Vega, F., La bella malmaridada. Madrid, Cátedra, 2024, págs. 392
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Teatro

Otra vez ELS JOGLARS en Madrid. El Rey que fue

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Anoche estuve en el teatro Infanta Isabel de Madrid. Como siempre que nos visita ELS JOGLARS teatro lleno. Un público acogedor que aplaudió como merecen este grupo que hace de la realidad arte, no tan fácil como pueda parecer. Pero ahí están venteando lo que apasiona, lo que forma y divierte.

En una paella en alta mar se desarrolla una estampa de quien fue Jefe de Estado en España. No podía faltar un elemento primordial en el grupo: la música; en este caso Schubert, que no le gusta al rey; prefiere a «Los del Río». Esta escena primera nos asombra por el realismo que se observa al ver a la persona renqueante con su bastón en mano para poder sostenerse. No es sátira., al menos, al principio; es algo viviente de Juan Carlos. Fontseré ha sabido captar el papel del rey con una perfección que llena al personaje y lo hace cercano; de impresión.

Es evidente que a lo largo de la obra nos sobresalte la risa al ocupar la sátira la imagen y las palabras, juntamente con la ironía. Es la vida con sus sombras, pero también se valora lo que está en su mente; capital para entender y esclarecer el pasado y el presente; coadyuba lo que se puede denominar el joven-una especie de bufón como en el teatro clásico- con verdades en versos que son contestados, primero con el silencio, la vestimenta o las palabras adecuadas.

Es un repaso a su niñez, a su juventud, a su escasa formación, a sus relaciones amorosas, a su fortuna, al engaño a Hacienda, a frases hechas que pasarán a la historia. Es al final un monarca que dialoga con varios personajes familiares, amigos y políticos; me llamó la atención sus disculpas al presidente Suárez; sin duda fue la etapa más dura del paso de la dictadura a la democracia, con una transición envuelta en tinieblas. Ahora un rey en el exilio-queramos o no-, anciano, recuerda su pasado, muy lejos-allá por el Golfo Pérsico- que no entiende lo que le pasa o no quiere; pero en el fondo puede pensar que la historia le absolverá de tantos desmanes y quedará que contribuyó a que creciera una monarquía parlamentaria en medio de tantas sinrazones y absolutismo, aunque también tendrá sus dudas si proseguirá; la vida da muchas vueltas.

Las felicitaciones para EL JOGLARS son pocas por mi parte, que ya desde mi época estudiantil hasta hoy he visto todas sus obras-las que se han representado en Madrid-; son la perfección suma; cuando sales del teatro prosigues pensando en cómo la sabiduría se hace realidad de lo que ocurre en las tablas.

Personales, Teatro

Otra relectura de El engañao

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A veces conviene releer ante tanta paja prosaica como nos invade, y más si nos ayuda a proseguir el camino existencial. A los que nos gusta enhebrar el pasado con el presente, a los que sentimos el diálogo como único vehículo para esclarecer acontecimientos-qué lejos están aquellos que se arrogan un falso y único saber literario enquistados en sus propias ideas- nos alegra que Martín Recuerda nos refresque la mente, después de tanto tiempo, nos muestre otro enfoque de las cosas.

Con El engañao nos descifra la otra cara del «Imperio». La de los que no quieren o no pueden soñar con la grandeza que apabulla. En la obra subyace un grito de rebeldía ante la pasividad en hechos primordiales en un momento determinado como fue el «imperio» de Carlos V. Es el sabor amargo de la injusticia, la nota discordante de lo que conformó un período de nuestra historia. La defensa de la verdad, la libertad o la justicia no cupieron en la sociedad.

El obispo lo tenía claro: » en este redactado por varios obispos príncipes de la iglesia Católica no se te reconoce tu asilo piadoso, se te declaran ilegales todas tus acciones y se te desahucia de entre estas ruinas». Fueron palabras dirigidas a quien creó la Orden Hospitalaria Juan de Dios. Lo único que se propuso era recoger todos los deshechos humanos de las guerras que sostenía el Emperador para cuidarlos, curarlos. Esto suponía alterar el orden establecido; era la otra cara que no se puede ver, de ahí que doña Juana-qué gran personaje, en línea con doña Juana de Pérez Galdós en lo que tiene de defensa de los humildes y oprimidos- rompa las ataduras y se decante por la labor de Juan de Dios. El obispo de Guadix exclamará: «su majestad nos conduce a que se dividan las ideas entre dos mundos de españoles». La contestación ha pervivido si vemos lo presente: «dos mundos siempre los que queremos la libertad y los que no la quieren» .Desde entonces, la sinrazón, el fanatismo, la descalificación porque sí, la mentira, se ha asomado en los momentos más importantes de nuestra historia. La literatura como recuerdo y refugio.

Teatro

El Teatro Español de Madrid. La Historia (1583-2023)

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«Este libro quiere ser un lugar de fácil acceso para la historia del Teatro Español…». Con esta idea comencé a leer todo un tratado más que didáctico del ensayo que acaba de publicarse en la editorial Cátedra dirigido por don Eduardo Pérez-Rasilla (ed.).

Son «los recuerdos de un teatro que permanece», frase que leemos en la última línea y página, después de una agotadora lectura que me ha hecho revivir algunas obras que vi representadas en este teatro mítico de Madrid en pleno centro llamado «barrio de las las letras», muy cerca también del no menos mítico Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Espronceda dejó su impronta que llevamos en la frente los socios del Ateneo: «A todos, gloria, tu pendón nos guía, / y a todos nos excita tu deseo: / apellidarse socio ¿ quién no ansía / y con las listas estar del Ateneo?» .

Trece capítulos y presentación conforman la historia del teatro, llamado en su origen «Corral del Príncipe», hasta hoy. La presentación es un diálogo entre la Directora artística del Teatro Español y el editor del volumen. La explicación entre los dos es nítida para acercarse a lo que fue y es el emblemático teatro en la famosa plaza de santa Ana. La «sensación de vértigo» con que es vista y descrita la historia del teatro hace pensar al lector/a que hay muchas cosas que con el paso del tiempo se han perdido-o se han olvidado-, pero que con la investigación desde sus orígenes nos hace hoy rememorar muchos hechos capitales del ya famoso Teatro Español. Y eso es lo que el ensayo pretende: que sea un libro de cabecera para entender y saber todo lo referente a la dramaturgia y su entorno; fijar lo que se ha descubierto. Propalar «una joya que estaba escondida, como en una pirámide». Se apunta que son casi cuatro años de investigación.

Al referirnos a este teatro, una de las representaciones que pervive con ahínco y de más éxito fue la representación de Electra de Pérez Galdós el 30 de enero de 1901. Pérez Rasilla ha rastreado todo lo que supuso el estreno y la importancia del teatro galdosiano anterior a 1939 ya que no estuvo sola esta obra en este período. El célebre estreno supuso un aldabonazo; la obra dramática se convirtió en un referente incluso ya en el ensayo general antes de su estreno como se recoge en La correspondencia de España citada por el editor: «…que Electra me parece no solo el mejor drama de Galdós, sino el mejor drama de todo nuestro teatro contemporáneo, y una de las obras más magistrales que en castellano se escribieron jamás», pág.432.

El frenesí y el entusiasmo se apoderó del público asistente y de la crítica. Resaltemos la del periódico El Dia al día siguiente del estreno: «El ilustre literato que es hoy una legítima gloria nacional, ha hecho más por la causa de la libertad y del progreso en una sola noche que toda una generación durante un cuarto de siglo de esfuerzos inútiles. Toda la prensa fue un clamor a Galdós como maestro literario«. Al final del estudio investigado se nos da cuenta de diversas reposiciones en 1913, 1929, 1937 y 2010, pág. 448.

En realidad, los trece capítulos desde el primero con el título «El corral de comedias del Príncipe» hasta el último «De lo efímero que permanece. Recuerdos del Teatro Español» constituyen un verdadero venero en el que se nos informa de una joya más que literaria que pervive en el corazón de todas las Españas. No hace falta solemnizar las palabras porque cada investigador/a ha sabido adentrarse en un santuario dramático y darnos a conocer hasta la más mínima brizna cultural. Hay hechos concretos que no podemos ladear como aquel 11 de julio de 1802 en que ardió completamente y hubo que reconstruirlo. Se abriría el 25 de agosto de de 1806. Por tanto se tardó cuatro años en la reconstrucción. Antes, llamado «Corral del Príncipe«, en 1744 se acordó la demolición, para construirlo en el mismo solar. Se inauguró en junio de 1745 con el nombre «Coliseo del Príncipe», para más tarde «Teatro Español» con que se conoce hoy. Este telar investigador se puede leer en los dos primeros capítulos, págs. 21 77.

El siglo XIX es recordado con dos adjetivos: «fascinante y abrumador», bien por las obras representadas como por los actores y actrices, teniendo como base no solo la prensa sino también los archivos consultados. En este mismo período la investigación se acerca al «disputado príncipe de los ingenios nacionales» como colofón al gran éxito del Teatro Español que supo mantenerse, incluso, ante las adversidades. Fue «garante de la pervivencia y el remozamiento tanto de los clásicos de los siglos anteriores como de los que ya empezaban a considerarse tales», pág.158.

Del siglo XX,ante la escasa bibliografía, la autora se decanta por los periódicos y revistas de la época para destacar los hechos primordiales. Los vericuetos nos dan ideas más que suficientes para entender unos años capitales en torno al Teatro Español, necesarios para comprender lo nimio y lo grandioso. Más que la voz de la autora, quiere que sea «el eco del pasado quien tome el rumbo para explicar qué pasó realmente…». Es de agradecer que al final de la investigación encontremos un cronograma del teatro.

Particularmente, me he detenido con esmero porque muchas personas hablan de oídas desde que Pérez Galdós es aceptado como director artístico del teatro un 11 de julio de 1912 a propuesta de Madrazo. El escritor canario-madrileño-santanderino pronto se vio envuelto en el posible estreno de El Embrujado en el Teatro Español que Valle-Inclán le pidió con insistencia-no olvidemos que le llamó en varias ocasiones maestro de habla y por escrito-. El escritor gallego no entendió que la empresa tenía más poderío porque, sobremanera, valoraba más los intereses. Ante el hecho de que su obra no se estrenaba, insistió una y otra vez. Cansado fue al Ateneo de Madrid a despotricar y como vino se fue. La autora recoge algunos de los pormenores en la página 177 y siguientes. El primer actor de la compañía dimitió y aludió que «la empresa no le deja estrenar para su beneficio El embrujado de Valle Inclán» ( El Liberal, 24 de febrero de 1913). Ante el enfado del autor gallego, Galdós respondió que «el señor Fuentes expresó su deseo de representar El embrujado, y así se hubiera hecho si Valle-Inclán no pretendiera que la actriz Matilde Moreno fuera sustituida por su esposa». Valle-Inclán no quiso entender las líneas que Matilde Moreno le envió: «en todo negocio teatral tienen que marchar de acuerdo los intereses artísticos y los intereses materiales». Estoy en desacuerdo con que Galdós fuera una marioneta. Galdós era el director artístico, pero primaban los intereses, es decir ganar dinero. Valle-Inclán se molestó porque esperaba una ayuda de Galdós, y eso no se podía hacer, ni siquiera el ayuntamiento pudo porque había un contrato. Cuando quisieron, de nuevo, proponer a Galdós, este no lo aceptó. Seamos serios, si tan buena era la obra El embrujado por qué tardó en estrenarse, y en el fondo Valle-Inclán no solo actuó como prestigio, también por intereses, que esto no se dice. Galdós ha dado prestigio al Teatro Español se mire como se mire. La dirección de Benavente quedó un poco oscura más allá de la certeza o no de lo que ocurrió.

Los siguientes capítulos, desde el sexto, contribuyen de manera certera a la importancia de un teatro y las obras que se representaron y otros hechos para insistir en la importancia del teatro desde la guerra. Así, entre 1936 y 1950 supuso «ruptura y una gran continuidad en el teatro de Madrid». De forma pormenorizada vienen las obras que se representaron por temporada. A partir de 1950 es otro el teatro que acoge el Teatro Español, con especial significación a finales de los años cincuenta, pero es a partir de los años sesenta cuando el vuelco es total tanto del extranjero como del español. Lo estético y lo político se amasa más y los/as espectadores toman conciencia de forma notoria. Las señas de identidad que dejó el teatro en este período siempre reverdecerán; como se destaca: el «talento que entonces se desplegó en todos los ámbitos de la creación escénica», pág.253.

Con el título «Vida desde las cenizas (1979-2022»), la investigación más extensa, comienza con el incendio que destruyó el teatro el 19 de octubre de 1975, que «durmió algo más de cuatro años»; son años en los que no hubo certezas para una pronta recuperación, aunque ya el cambio socio-político llamaba a la puerta; eran muchas cosas que había que hacer y con otras orientaciones. Las elecciones de 1979 contribuyeron a otras formas y en este momento se erigió la figura de Tierno Galván como alcalde de Madrid. La cultura se contemplaba desde otro mirador y el teatro no podía quedarse parado. La temporada 1980/1981 fue como una explosión cultural. Destaquemos, entre muchas, cuando llegaron al Teatro Español producciones del Teatre Lliuri de Barcelona en diciembre de 2006. O el estreno de las Naves del Español-antiguo matadero-. Forman parte del Teatro Español, a bastante distancia. El no hay billetes fue una expresión, casi siempre, en ambos sitios. Son muchos aspectos estelares que anidan y que el investigador nos ha otorgado para que nos recreemos con la lectura serena, apacible.

«La huella del Español en la ciudad» contribuye a un conocimiento del entorno en el que está construido «con todo los condicionantes que esto implica»- pág.371-, aunque algunos de los hechos ya han sido rememorados en capítulos anteriores. Se destaca «Corral de comedias», «Coliseo a la italiana», «Incendio y reconstrucción», «Epicentro cultural», etc. Conviene, también, leer una breve estampa del cronista oficial de la Villa siempre tan cercana a los acontecimientos fundamentales. Me ha llamado la atención por su singularidad el hecho de que aun no se ha podido realizar que el tráfico continúe por la puerta del teatro («El tráfico sigue discurriendo…», pág.391). También contribuye a resaltar la zona «un paseo histórico – anecdótico» por sus calles, y cómo no, la majestuosa plaza «Santa Ana» y las tan nombradas por Galdós como «Plaza del Ángel» o «De la Cruz».

Sin lugar para la duda, estamos ante un libro necesario para conocer los pormenores del gran Teatro Español con tantas luces que prosiguen no solo en sus paredes sino en el «miajón» de las obras representadas, hagámoslo posible.


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Pérez Rasilla, E. (ed.), El teatro español de Madrid. La Historia (1583-2023). Madrid, Cátedra, 2023, 464 págs.

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Teatro

ELS JOGLARS: la suma perfección en «¡Que salga Aristófanes!»

Anoche estuve en los «teatros Canal» de Madrid para ver la representación ¡Que salga Aristófanes! Como siempre el grupo se esforzó hasta conseguir la perfección en el ritmo, en la musicalidad, en la palabra, en el movimiento, en un escenario desnudo de ornamentos , un teatro basado en la palabra para que los/as espectadores captásemos con claridad lo que proponían. Es decir, un teatro con cimientos del verdadero teatro dramático, del teatro de siempre que Els Joglars ha sabido transportar en estos 60 años; se consideran y son «los herederos de Aristófanes» como pregonan; el teatro hecho arte es la verdadera estampa y así se entendió con los repetidos aplausos con un público entregado, ávidos de certezas aunque fuera con esas sátiras e incluso con utopías llenas de inteligencia.

Sin duda, el público esperaba esa sabiduría con que Els Joglars sabe adentrarse en los problemas cotidianos de las personas; lo sublime de la representación ya lo esperábamos, sobre todo, los que no hemos querido perdernos ninguna de sus obras cuando arriban al «rompeolas de todas las Españas» para ventear la libertad del arte, sobre todo en los tiempos en que es cercenada, arramblada por tantas cosas inanes que conducen a la inquietud, a la amargura. Nos anuncian, nos recuerdan que «veinticinco siglos más tarde, Aristófanes sigue siendo un símbolo libertario con sus risas,, sus críticas y sus fantasías utópicas». Precisamente en estos 60 años han apostado para lanzarnos el grito de la libertad, inherente a las personas; pero, al mismo tiempo decirnos que sin cultura no puede haber libertad.

¡Cuántas verdades encierra ese centro de «Reeducación Psicocultural! en el que es internado un catedrático de clásicas «destituido de la universidad» (el actor añadió de la Complutense) por las secuelas mentales con que ha quedado debido a su cese! La admiración por el mundo clásico hace que se convierta en el mismo Aristófanes, y es aquí donde la dualidad ficción realidad hace que bebamos en ese mundo admirable y recordemos al dramaturgo griego «como modelo de libertad frente a una sociedad cada vez más repleta de tabúes intocables». No dudes en ir a ver esta obra que estará hasta el 6 de marzo. No te arrepentirás. Son ochenta minutos de sabia redentora. Es como la miel de brezo o de encina que cuando la pruebas quieres más y no quieres deshacerte de ella para empaparte de felicidad, de belleza, de existencia.