Personales

Desde mi ventana 2

La primavera ya la tenemos; hoy el silencio soleado en el barrio en que vivo se hace presencia; es cuando en estos días desarrollamos lo que somos capaces de realizar y ahondamos en los pensamienos que nos acucian por lo ya asimilado o en la lectura reciente. El conocimento se viste de gala precisamente en unos días en que se nos invita a la reflexión, a ser nosotros en todo su esplendor. El aislamiento produce, a veces, estos efectos. El retiro mental nos hace sentirnos. Además se nos inculca que es necesario para recuperar la felicidad más tarde y acercarnos a esa palabra tan necsaria como es solidaridad. Sin ella, no puede haber contento, hay que llevarla siempre consigo.

Todos los días salgo a comprar el pan y el periódico; observo calles solitarias, salvo algunas personas con su perrillo paseando; ejercen su libertad limitada como el que va al mercado o pide “on line” la comida y bebida. El resto del día estoy en lo se ha venido en llamar “cuarentena” hasta que la próxima mañana, que haré lo mismo; y así un día tras otro. Al final está la cota en la que respiraremos mejor y la alegría ocupará nuestra existencia, a ella nos apuntamos todos. El dolor revoloteará para los que han perdido seres queridos en estos días de negrura. En estos momentos me viene a la memoria el verso de José Hierro ” por el dolor a la alegría”. La vida transcurre.

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Personales

Desde mi ventana

Han pasado diez días desde que nos invitaron al enclaustramiento; ahora soy feliz, y más desde que escuché a Francisco-Su Santidad para los cristianos-católicos- en el programa de la sexta “Lo de Ébole”. Se necesitaban sus palabras después de tanto “sabidillo/a” que pulula para criticar sin sentido, por no decir ignorancia. Por qué no dejarán, de una vez, que hable la ciencia y se atienda a la comisión elegida, encabezada por el Presidente del Gobierno. Tendría que reinar la meditación, el silencio y, sobre todo, la solidaridad, lo demás hojarasca.

Escribía que ahora estoy feliz en este Madrid, de hoy, lluvioso y soleado a ratos; pero me costó el primer fin de semana inesperado adaptarme; para mí fue terrible no poder ir a correr, a entrenar, para las dos pruebas que tengo pendientes-ya inscrito- en Cuenca y Londres. El lunes me dije: “levanta Félix ese espíritu”. Así lo hice; me propuse desde las ocho a las nueve, todos los días, hacer ejercicios deportivos en casa; después ducha y cambio de ropa todos los días como si fuera a salir, y luego a desayunar. Y fui llenando día tras dia quehaceres, con lecturas, escritura, música, alguna obra de teatro en el ordedenador-gracias a esos autores o directores que nos permiten en estos días convulsos verlas–, limpiar y un nuevo orden de mi biblioteca de 3.260 volúmenes, seguir lo que ocurre en el mundo, sobre todo en Londres ya que tengo una hija trabajando allí, videollamadas casi todos los días y no ver la televisión-salvo algo concreto como “lo de Ébole” o “saber y ganar” y no siempre. Ahora resulta que me falta tiempo para lo que me he propuesto.

A los dos o tres días, pensé que esto iba para lejos; en concreto, me dije hasta el 15 de abril no empezará otro estilo de vida, aunque será mayo cuando despertemos que la vida hay que vivirla que para eso está, lo demás florecillas que marchitan. Ojalá mayo sea florido y hermoso para, una vez más, corroborar lo del mes de las flores. Esta experiencia nos servirá para afrontar que esto va en serio, que el vacío no contribuye a la felicidad; tenemos que ser y expandirlo, liberarnos de tanto acto inútil; hay que abrir la ventana para que entre aire purificador y más si es la interior, el ahondamiento nos hará más fuertes. “La loca de la casa” en expresión de santa Teresa hay que desentumecerla, hacerla vívida, que sea luz, antorcha para todo este año galdosiano. Venga, ánimo.

Pérez Galdós

Relectura en estos días aciagos, después de mucho tiempo, de "Una industria que vive de la muerte. Episodio musical del cólera" publicado en La Nación en 1865 por Pérez Galdós

Cuando leí por vez primera este cuento-ensayo quedé impresionado no solo por lo bien que está escrito sino también cómo Galdós supo aunar música-industria-cólera-muerte. De un hecho del que fue testigo realiza una obra artística que ocurrió allá en 1865, en Madrid, en el que también nos visitó una epidemia de cólera. Galdós se percata de este hecho de actualidad. No podemos olvidar que los problemas reales del momento tenían expresión en los cuentos, y estos en los periódicos y revistas. Periodismo y costumbrismo unidos. Se publicó el 2 y el 6 de diciembre de 1865 en La Nación, aunque lleva fecha de 20 de noviembre. Personalmente, pienso que más que cuento se puede denominar, sin lugar para la duda, ensayo periodístico; poco importa que sea fantástico, real, maravilloso, irreal o de ficción. Antes de entrar en lo acontecido con el cólera, nos adelanta: “Decid, señores músicos, Palestrina, Haendel, Mendelssohn, ¿cuándo habéis llevado la imaginación hasta este punto? ¿Hay en vuestras cinco miserables líneas nada comparable a ese dies irae cantado por un martillo?

Al cólera siempre se le ha emparejado con el terror, con la economía, con el contagio, con la historia, pero no con su música que yo sepa. Este es el acierto de Pérez Galdós: haber relacionado el cólera con la música; haber prestado el oído. La combinación música y cólera es perfecta, y, sobre todo, con el objeto martillo con significado de muerte y esta con una plena significación: liberación. Esta ¿tenía que ver con la sociedad española de 1865? ¿Existe una relación entre ella y la epidemia? La evidencia es el cólera, pero ¿no podía Galdós aprovechar la ocasión para diagnosticar la enfermedad de la sociedad del momento? Lo que es nítido es el enriquecimiento del fabricante y la miseria de los demás. Galdós lo deja nítido: no se puede permitir el lucro ante la desgracia de unos.

La historia comienza en el taller de un carpintero de ataúdes y finaliza con su entierro; murió al terminar su último encargo (“cesó de clavar, y cayó al suelo después de vacilar un instante. El horrible martillo calló”); lo paradójico estriba en que los golpes que daba el carpintero se oyen después de su muerte. Es aquí en donde está lo irreal o maravilloso que mantenemos en la imaginación. Galdós hace morir de la misma forma a quien usaba la muerte como riqueza. Casi al final, el lector/a percibe que el narrador parece como si se decantara por la superación del cólera: “Al siguiente día la animación y la alegría reinan en todos los talleres de la vida”. Y termina: ” Algunos han visto el cólera de cerca , otros lo han sufrido, otros lo temen y otros lo palpan . ¿Por qué no ha de haber quien lo oiga? Sí, lo ha oído quien tiene la manía de atender siempre a la parte musical de las cosas”.

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Personales

La Prensa literaria

Ya no resulta novedoso la relación entre Periodismo y Literatura; es más, la crítica, en general, ha sancionado que, en su nacimiento, el periodismo fue el mundo de la literatura; los juglares, los trovadores, los pliegos sueltos forman parte del campo semántico de las noticias y estas revestidas de la perfección lingüística, bien oral o escrita.El embrión de la prensa literaria podemos cifrarla en esos pliegos sueltos-cuadernillos de dos, tres o cuatro hojas- que servían para informar; dichos pliegos fueron impresos en Barcelona, Valencia y Sevilla; después fueron pregonados por mendigos y truhanes en las ferias y mercados de Castilla, Extremadura, Aragón, Andalucía.

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Personales

Cosas que ocurren en Madrid 4

De vez en cuando paso por una librería – café del centro de Madrid para ver y hojear las novedades literarias, sobre todo de poesía; incluso en esta sección me he leído algún libro. Pero un día, llevado por la curiosidad de una reseña aparecida en el último suplemento cultural Babelia de El País , fui a propósito, expresamente, para ver el libro de la novelista norteamericana Lisa Taddeo; el reseñador destacaba: “Durante ocho años, la autora siguió a tres desconocidas para examinar su relación…”. Es evidente que el entrecomillado me invitó a leer la totalidad y también, cómo no, la fotografía de la autora que ocupaba casi la mitad de la página por el misterio que encerraba el lugar y su vestimenta. Si a esto añadimos que ha presentado su libro en muchos países “y el mío es el más puritano de todos…”

Me encaminé un día, a primera hora de la tarde, hacia la librería-café; al llegar, lo primero que hice es tomarme un café-solo en la planta baja y leer algún poema de san Juan de la Cruz de un librito que, a veces. llevo en el bolsillo mientras me lo servían. Después me dirigí a la planta en la que están los libros de literatura y las novedades. Por mucho que rastreo en las diversas mesas de novedades no encuentro el libro Tres mujeres. En un primer momento, pensé que no lo tenían ya que se trataba de una novedad muy reciente y, generalmente, los suplementos culturales se adelantan. Pero observé que a unos metros se hallaba una encargada delante del ordenador; levantó la vista y nos la cruzamos; me acerqué:

“Mire, he leído una reseña de una novela de Lisa Taddeo y no la he visto en las novedades.

La tiene en el apartado “escritoras de género”.

-Perdone, pero vengo con frecuencia a esta planta desde que se inauguró y no me he percatado de que exista en la planta ese rótulo.

No sé por qué a los hombres os extraña el título escritoras de género; esta mañana, me ocurrió algo parecido.

-Perdone, simplemente le he preguntado por una novela; y esa expresión la conozco, pero que aquí no la he visto.

Con otras palabras, son libros feministas.

-Oiga, a mí no tiene que explicarme lo de “escritoras de género”, que sé, qué significa.

Suba a la planta segunda y allí en un rincón de “escritoras de género” tiene la novela.

-Por mucho que me moví por la segunda planta, no leí ningún rótulo o señal con ese título; había varios, pero ese no lo encontré. Por la vestimenta, cerca de otro ordenador vi a una mujer que me pareció otra encargada. Me dirigí en estos términos:

-Perdone, vengo de la planta primera; me han dicho que existe aquí un lugar o rincón con el rótulo “escritoras de género”. ¿Me puede indicar?

Si. Retroceda, vaya por el pasillo y al final a mano derecha hay un rincón allí está.

Llego. No hay ningún letrero, pero empiezo a ver los libros y sí son todos escritos por mujeres; algunos ya los había leído, pero no encuentro el que buscaba; pero, hete aquí, que por detrás viene la encargada y me dice:

¿Ha encontrado lo que quería?

-No

-¿Qué buscaba?

Tres mujeres

Ah, sí. No sé por qué, pero está en la primera planta en la sección cocina

Según bajaba, iba como perplejo. ¿Una novela con algún referente de Madame Bovary en cocina? Una vez en la planta me fui adonde creía que estaban los libros de cocina, en otros recovecos distintos y más estrechos. Por mucho que observo no veo ningún letrero “Cocina”. Empiezo a leer y nada. A sí es que miro para atrás y había una mujer con gafas y un ordenador. Supuse que era otra encargada.

-Perdone, ¿me puede indicar dónde se halla la sección de cocina?

La tiene detrás de usted

Empiezo a leer y no encuentro el libro. De nuevo me dirijo a la encargada

-Busco la novela Tres mujeres, me han dicho que estaba en esta sección

No, aquí no está. Acompáñame.

Así hice.

Aqui lo tiene.

-Muchas gracias.

Estaba no lejos de allí, en donde se puede comprar de todo para regalos. Lo hojeé; casi 300 páginas. Por lo que leí-muy poco- , no era novedoso porque ya la literatura había dado cuenta de estos temas aunque de distinta forma. Sin quitar méritos a la autora después de ocho años trabajando y buscando la verdad interiorizada de tres casos reales. Según la crítica, tal vez estemos ante lo que se ha llamado periodismo literario. De momento, no está entre mis lecturas. Con el paso del tiempo y si tengo la oportunidad, quizá, lo haga.

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