Personales

La Prensa literaria

Ya no resulta novedoso la relación entre Periodismo y Literatura; es más, la crítica, en general, ha sancionado que, en su nacimiento, el periodismo fue el mundo de la literatura; los juglares, los trovadores, los pliegos sueltos forman parte del campo semántico de las noticias y estas revestidas de la perfección lingüística, bien oral o escrita.El embrión de la prensa literaria podemos cifrarla en esos pliegos sueltos-cuadernillos de dos, tres o cuatro hojas- que servían para informar; dichos pliegos fueron impresos en Barcelona, Valencia y Sevilla; después fueron pregonados por mendigos y truhanes en las ferias y mercados de Castilla, Extremadura, Aragón, Andalucía.

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Personales

Cosas que ocurren en Madrid 3

En café literario; un domingo sobre las 15,30 horas. Me llamó la atención que dos hombres de mediana edad entraran hablando en alto y prosiguieran sentados; parte de la conversación, desde que llegaron, se deslizó sobre Galdós.

– “Como te decía, este año se celebra el centenario de la muerte de Galdós, uno de los grandes universales; no lo digo yo, sino hasta los ingleses, fíjate bien los ingleses…; nosotros desdeñamos a los genios; es el sino nuestro. Para la posteridad: Galdós es una gloria nacional; quédate con la expresión en la memoria. Cuando terminemos de tomar el café te voy a llevar a la calle Hilarión Eslava donde murió, está a un tiro de piedra de aquí. ¿Sabes quién le atendió en las ultimas horas? Otro portento español: Gregorio Marañón. Ya te diré quién fue”.

-No conocía estos cafés; cada uno con lo suyo; escribiendo, leyendo; somos los únicos que hablamos, tal vez, nos escuchen. No sé, habla bajo.

-Ahora, están de moda. ¡Cómo se nota que eres provinciano! A lo nuestro, venga, vamos a la calle Hilarión Eslava. Hace tiempo que no paso por ahí; leemos la lápida y nos fotografiamos para que tengas un recuerdo y te inicies en la lectura galdosiana y lo extiendas en tu pueblo.

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Teatro

La boba para los otros y discreta para sí. Grande Lope de Vega, gloria nacional

Lope es como el mar. Otra obra que hizo delicias del público en su momento, y ahora la editorial Cátedra, fiel al conocimiento y a la expansión de una de las voces irrepetibles, juntamente con Cervantes y Galdós, nos invita a que nos deleitemos leyéndola con su sabor, y saber. Atrévete a leerla, no te arrepentirás.

La crítica ha enmarcado esta joya literaria en el llamado ciclo de “senectute” (1627-1635). En Lope de Vega, al ser inmenso y portento literario, poco importa la clasificación; lo primordial es lo que encierra su obra. Hay que leer a todo Lope, quedaremos como inquietos y oreados de su fragancia. Si en casi todas las obras pensamos ahí está Lope, en esta obra está detrás del personaje Fabio, “el alter ego del dramaturgo” ( pág.27) como apunta Ane Zapatero. Además es el que hace las paces al final de la Comedia y contribuye a que la justicia y el nombre de Diana quede en el frontispicio; eso sí, antes, fue el artífice (“¡ Ea, que ya sale amor / por donde entraron los celos ! / ¿Para qué estáis mirando? / Qué sirve, si los deseos / están pidiendo los brazos, / poner los ojos al sesgo?”). En un alarde de sapiencia, la editora traza las líneas primordiales desde su inicio, bien documentado, tanto en los problemas textuales como en testimonios, transmisión, cotejo, amén de las colecciones y ediciones singulares modernas.

Con esta obra, Lope pretende dar a conocer la hipocresía, la codicia, la ambición, la mentira de la corte; hasta dónde se puede llegar por conquistar el poder. Al final, es precisamente Diana la que representa la destreza, el honor, la gallardía, la sutiliza, su inteligencia para conquistar lo que le pertenece por testamento o por ley natural; qué importa que naciera de una violación; para Lope no hay distingos, todos y todas son iguales ante el derecho, más allá de que haya nacido fuera de las normas establecidas por la sociedad; aquí la “la expresión hija natural” cobra todo su esplendor. Diana tuvo que luchar para reconocer que tiene sangre noble para ocupar el poder por nacimiento. Un hecho más del gran Lope para aupar a la mujer, como en casi todas sus obras,

En esta edición el apartado crítico es digno de alabanza por el trabajo arduo que ha debido suponer (págs. 225-247). Incluso la sinopsis de la versificación de los tres actos de que consta la comedia con el total de todas a las que recurre Lope, así como el tanto por ciento. La estrofa más usada es el romance (42,59%); la que menos seguidillas (0.28). El resto son redondillas, silva, octavas reales, romancillo, décimas y quintillas. Todo un acopio de perfección que solo un dramaturgo como Lope puede conseguirlo. Ante los diálogos nítidos y rápidos quedas absorto; te ensimismas con esos versos lúcidos, amorosos, ardientes, en continuo suspenso, pero con una lectura que se hace amena, y nos tiene en vilo hasta el final.

A Fabio le concede la despedida. ” Aquí, sentado, se acaba / la boba para los otros / y discreta para sí; / y, pues sois discretos todos / perdonando nuestras faltas, / quedaremos animosos / para escribir, el poeta; para serviros, nosotros“.

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Ejemplar en la Biblioteca Nacional, 1635. Portada
Pérez Galdós

¡Siempre Misericordia! ¿Por qué no justicia?

Una nueva edición de la obra Misericordia de Pérez Galdós en Cátedra Base acaba de publicarse. Buena señal que se prosiga editando esta obra necesaria en el siglo XXI. En mi mente se agolpan muchas ideas de aquellas personas que cayeron genuflexas ante el novelista. Ya ha quedado mitificada la expresión “después de Cervantes: Galdós”. Incluso el Nobel Saramago venteó en varias ocasiones la tríada imagen de nuestra lengua castellana: en el centro Cervantes, a la izquierda Galdós, y a la derecha Torrente Ballester. ¡Qué clarividencia tuvo el escritor portugués! No lo dudemos y aceptemos la realidad. Los alicortos-que los hay de muchos colores-, que se abstengan, que también abundan. Estas ideas y muchas otras las dejé plasmadas en una edición-ensayo titulado Galdós y MIsericordia, 1993.

Sin duda la obra es de las más leídas. Esta edición, escribe la autora, es para “animar a los jóvenes lectores a descubrir en Misericordia una propuesta realista que les acerque a la literatura realista y aun pasado relativamente reciente, a la vez que les permita reflexionar y establecer relaciones con la actualidad del siglo XXI.” (pág.31). En el fondo hay muchas verdades que no queremos oír ni aceptar; no importa que el autor tenga que recurrir a la ficción para comprender la realidad. Esa es la grandeza de la literatura, sin ella no es posible acercarse a la realidad que nos envuelve.

¿Qué se propuso Galdós? Sencillamente hacer suyo lo que veía y oía: “descender a las capas más ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria…”. Ser testigo de una realidad que le atosigaba para ventearla. Este año 1897-el mismo de la publicación de Misericordia- en su discurso de ingreso en la R.A.E. defendió que “imagen de la vida es la novela y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías…”. En suma, analizar la sociedad de finales del siglo XIX desde el altozano espiritualista. Se apoya en cierta inquietud religiosa para escribir no solo Misericordia; al lado están Nazarín, Halma, Tristana y El abuelo. Es el Galdós intimista que le ha conducido de la interiorización personal hasta llegar a la corriente espiritualista. No se contenta con la “misericordia institucional”; por cierto que es un derecho; sino que va más allá con ese aldabonazo a las conciencias, y exige entrega, respeto, cariño, caridad entendida como amor (Ubi caritas et amor Deus ibi est).¿Qué es si no Nina ese gran personaje que crea Galdós apayándose en la lapidaria frase evangélica “Benigna sea tu misericordia”? Nina con su entereza busca la verdad, inculca la esperanza,el bien de los de los demás. Por desgracia, necesitamos muchas Ninas. La tríada adjetival-¡ingrata, ingrata, ingrata!- (“reventó en un llorar ardiente, angustioso, y golpeándose la frente con el puño cerrado, exclamó: Ingrata, ingrata, ingrata”, pág.291) casi al final nos tiene que llegar al sentimiento más profundo y acercarnos a este personaje hecho de trozos de cielo al que tenemos que llevar siempre. La literatura debe servir para esto. no para el entretenimiento. Si no te sirve para la vida, no pierdas el tiempo.

Al final de la obra, la editora recurre a 28 preguntas que te ayudarán a comprenderla con el rótulo “Después de la lectura. La realidad, reflejo de la ficción” para que ahora seas tú el que expandas tu creatividad una vez leída. Un ejercicio en el que se debe notar tu personalidad, tu estilo y si tienes conciencia social ante los desatinos de las relaciones humanas.

Ensayo

Novela española del siglo XXI

El ensayo Novela española del siglo XXI nos ha traído una ráfaga de luz en tiempos en los que la novela parecía como desperdigada. La editorial Cátedra siempre atenta  a lo que ocurre nos ha proporcionado una ventana para esa mirada necesaria, no solo para docentes, aunque con buen criterio, el autor nos adelante que ya apareció “inicialmente en Ediciones  de la Universidad de Murcia en 2014” (pág.14). José María Pozuelo nos recuerda, humildemente, que no es “un canon”, pero un estudio de tal cantidad de vericuetos de la novela actual sí lo parece; por tanto loores. No se trata como él advierte de la pura reseña periodística que con tanto ahínco realiza, sino algo más profundo; de ahí que nos pueda servir este ensayo de cabecera para observar por dónde discurre la novela actual.

He comenzado la lectura por el último capítulo titulado “La nueva narrativa española frente a la crisis”. Es como el colofón, como el final y el principio de todo de la novela en un tiempo concreto en el que sobresalen estilos ” que evidencian una notable creatividad”(pág. 373). Para el ensayista, la novela actual tiene su aposento en el realismo, existencialismo, esperpento, crítica  a la realidad cotidiana y “la construcción de fábulas distópicas”. Todo un mosaico de elección de lecturas que, tal vez, desconozcamos o hayan pasado desapercibidas. Desde luego, para mí sí. Para un docente, no puede caer en saco roto.

El que haga mención en el frontispicio del capítulo a Pardo Bazán, Galdós y Clarín, además de Zola, Flaubert, Turgueniev es de agradecer porque parte de la crítica y un amplio espectro de la docencia no se enteran. Me refiero, claro, a los tres novelistas españoles porque de los otros tres se dan por hecho y se les cita a menudo cuando abordamos el positivismo, realismo y naturalismo. Con nitidez, José María Pozuelo despacha a los movimientos anteriores a la crisis-kronen y nocilla- como efímeros: “tras mucho ruido fuesen y no hubo nada (o hay poco)”. En el marbete de la “novela de la crisis” contempla dos direcciones; la pura realista-de crítica social- en la que sobresale Rafael Chirbes con Crematorio y En la orilla.  Marta Sanz con Farándula. La edad media de  Leopoldo Cano. Y la otra dirección sería la conformada por lo que el autor denomina formas de la distopía-“de manera dialéctica la relación entre los personajes y el entorno”-, “con una valor crítico no menor”. Destaca entre otros a Sara Mesa con Un incendio invisible; Isaac Rosa con La habitación oscura.

El resto de capítulos lo conforman Luis Mateo, Javier Marías, Enrique Vilas-Matas, Pérez   Reverte, Javier Cercas, Amudena Grandes, Manuel Longares, Soledad Puértolas, Martínez de Pisón, Menéndez Salmón, Clara Usón. Cada uno/a tiene su capítulo. Hay que añadir el  quinto dedicado a “La guerra Civil en la novela española del siglo XXI”. En este reflexiona sobre distintas formas de abordar esas dos Españas que nos persiguen aunque no queramos teniendo como base algunas novelas ” por la vía de la ficción” o por lo “memorialístico”, que tiene su abrigo en los testmonios. Y a continuación desbroza cuatro razones concordantes por las que la novela refleja estos hechos. Resalto el segundo  por su importancia: el empuje de la novela histórica, su verdadero tipo, “enraizada por demás en la gran tradición española”. Se refiere a Galdós, Valle-Inclán y Baroja, “los tres más grandes narradores de nuestra tradición del XIX-XX, seguidos luego por Arturo Barea, Max Aub, Sender, Benet y tantos otros” (pág. 252). La conexión con el pasado es nítida.

El ensayista ahonda, aún más, en las variantes estructurales “en cuanto a la modalidad de la inserción narrativa de los hechos de la Guerra Civil”. Destaca como la más llamativa-analiza cuatro- la de la “proyección hacia el presente”. Ejemplo: El hijo del acordeonista  de Bernardo Atzaga, El corazón helado de Almudena Grandes, Los libros arden mal de Manuel Rivas entre otros. Este capítulo lo termina con una evocación de Tu rostro mañana de Javier Marías con “responsabilidad que la literatura arrostra de ir más allá de la simple narración de unos hechos para preguntarse por el sentido moral”. Es decir, la literatura como reflexión, como hecho existencial para abordar lo que nos acontece, bien basados en el pasado como en el presente para estar prevenidos y sirvan como formación.

Pozuelo Yvancos, J. M., Novela española del siglo XXI. Madrid, Cátedra, 2017