Teatro

Noventa años del estreno de la obra más representada en el año 1930: Las Brujas de L. Chamizo

¿Por qué Chamizo abandona, por un instante, la poesía, y escribe teatro? Según el testimonio de Enrique Segura “fue un íntimo amigo suyo el que lo anima a escribir una obra teatral en aquellos días en que Marquina, Villaespesa y otros literatos triunfaban con obras de teatro poético, tan en boga durante los años del modernismo”.

Anímate, ahora ya, en el siglo XXI para leer y reflexionar sobre un tema tan candente en todo tiempo y lugar. El poeta dramaturgo dio su opinión. Desgraciadamente a Luis Chamizo se le han colgado tantas idioteces que ya va siendo hora que se lea su obra tanto el impresionante El miajón de los castuós como Las Brujas. No hagas caso de “dimes y diretes” y verás cómo al final después de una sosegada lectura tendrás una opinión certera y lejos de los que acostumbran a decir sin leer (“semos asina” como dicen en esa Extremadura esquilmada y lejana).

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Poesía

Luisa Castro: poesía reunida

En los tiempos heroicos, me pregunté quién sería esta poetisa que había aterrizado con un fulgor distinto; más tarde, ya de docente universitario me atreví a poner un libro suyo de lectura obligatoria que me llegó al alma; recibí con alborozo que cayera en tierra abonada; me encantó que tuviéramos varios días su poesía como cabecera en los debates de clase y sobre todo aquel, entonces, su último libro titulado Amor, mi señor. Corría el año 2005. Supongo que alguna edición se deba a esos alumnos universitarios que se acercaron a su poesía con fervor, o así lo percibí. Ante el éxito estuve casi a punto de buscar su nombre y traerla a clase, pero no me atreví. He leído todo lo que ha caído en mis manos, incluso su novela y, claro, también cuando nos visitaba, de vez en cuando, con su escritura en El País. Hace tiempo que ya no veo en este diario su nombre.

Ahora con su Poesía reunida en la editorial Visor, 2019-sorprende que no se incluya Actores vestidos de calle, 2018, su último libro-, me cumple hacer constar la huella que depositó en mi concepción poética; no en valde tengo algunos de sus versos en mi “salutación” de mi blog que tanto me llenaron; esta relectura me ha conmovido; por el prólogo, fechado en marzo de 2019 está fuera de España o en ese momento; tal vez con algún cargo institucional relacionado con la enseñanza, pero esto poco importa; lo que nos debe acercar es su poesía hecha de trozos de cielo aunque sean a brincos. Cuando deslizo las páginas de ese libro que vuelve a imprimirse en esta Poesía reunida , recuerdo la clase abarrotada en la que se oía el silencio cuando unas veces el profesor y otras un/a alumno pronunciaba algún verso estremecedor. Todo el libro fue como maná poético; me viene a la memoria “La desertora” que constituían los primeros versos : “Desobediencia es / palabra triste / a soldado de amor”. Por si existía alguna duda alza la voz límpida, sonora, altiva: “Pero yo / no acataré a mi señor / que me oprime, / no acataré los designios de amor / que deniega mi señor. / No acataré su desdén / su capricho”. Así, de pie, andariega, esbelta; el yo como luciérnaga, como fuerza aural. O los que parecen cercanos al sentimiento existencial, hechos rasgados, vivenciales: “Vine aquí a luchar por amor / y ahora lloro. / En la falda del monte / bajo la noche clara / oculto entre los árboles / lloro de pena”. Y así, verso a verso, fuimos desgranando los siete apartados del libro mencionado. Es el recuerdo que te hizo feliz.

En el prólogo de la autora, en las líneas finales, permanece lo que siempre pensé de su poesía: “El poema nos espera con sus fauces solo cuando salimos de nuestras batallas, y es lo único que quiere de nosotros, que cantemos nuestras derrotas, nuestros fracasos. Los míos, cada uno a su manera, hablan de ese combate entre mundo y forma, que es como decir entre sueño y vida, amores o ausencias” (pág. 10).

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Pérez Galdós

Prosigamos leyendo a una gloria nacional: Gáldós entre el amor y la ciencia

El Galdós finisecular se debate entre el amor y la ciencia. Encerrado en esta idea, de nuevo, condena la representación del mal que viene dada por la larga figura de Doña Perfecta. Este espíritu intransigente es literalmente desmenuzado en Casandra (1905), en La de los tristes destinos (1907), en Alma y vida (1902) y Amor y ciencia (1905). En un último intento, trata de enhebrar su preocupación realista con los nuevos aires renovadores de la Generación de 1898 y el movimiento modernista. Quiere experimentar un nuevo arte de novelar que arranque de lo subjetivo, de lo esencial, y también sea más atemporal.

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Pérez Galdós

Galdós, glorioso maestro, ante el centenario de su muerte en un frío 4 de enero de 1920

Dos adjetivos coronan la obra galdosiana: excepcional e incomparable. Fue el representante excelso de las virtudes y flaquezas de las personas que conoció, había escuchado y leído; le cupo ser el auriga de una sociedad viviente de una época trascendente en lo social, económico y político; asimiló el latido de las personas en un período convulso; de esta forma se convirtió en un símbolo nítido del realismo literario. Sus máximas, todavía pendientes en las relaciones humanas, jalonan el progreso, la ciencia, la libertad, la tolerancia y la educación; aún estamos en esa lucha, que trazó en la novela como espejo.

Más de 30.000 personas asistieron al entierro. Madrid se paralizó ante la muerte del maestro.

El periódico El País dejó constancia de su importancia: “Don Benito ha muerto. ¡Viva Galdós! (…) vivirá en sus obras mientras viva el mundo”. Gran acierto, a pesar de tantos ataques furibundos por tantos, pero sus lectores proseguimos con el espíritu que anida su obra; solo los envidiosos o los que no lo han leído se valen de chascarrillos impropios de gente abierta y culta; por otra parte, es la única forma de que hablen de ellos. Es difícil no sentirse galdosiano después de leerlo. Anímate que no te arrepentirás. No creas tantas tonterías que se propalan por los que quieren ser famosos o que hablen de ellos por pregonar barbaridades del maestro, así, así de nítido. He tenido la valentía de decir esto a un escritor famoso, ya muerto, delante del público asistente en una conferencia que impartía-que no trataba de Galdós, pero aprovechó para denigrarlo- ante un silencio sepulcral. No tuve respuesta. Dudo que hubiera leído algo como tantos que lo citan, y encima mal.

Ya no se dice “después de Cervantes, Galdós”. En el siglo XXI lo coronamos: “está a la altura de Cervantes“. Si hubieran nacido Lope de Vega, Cervantes y Galdós en Inglaterra habría procesión, camino, para rendirse ante ellos lo mismo que se hace con Shakespeare. Qué le vamos hacer,somos así; ¡nos invadieron tantos pueblos con la espada…!La envidia nos corroe, sobre todo a los que creen que han descubierto el mediterráneo literario.

Sus posibilidades lingüísticas se pueden observar; la percepción con que las envuelve es un don por su capacidad imitativa; en sus primeros artículos periodísticos lo deja entrever; en concreto me causó una honda impresión la lectura de “Una industria que vive de la muerte” sobre el cólera que asoló Madrid, que después pasó a cuento-todavía no sé por qué-. Es ensayo periodístico como ya escribí hace mucho tiempo. La tríada música-realidad-literatura conforman un mosaico difícil de igualar y menos perfeccionar.

“La sociedad presente como materia novelable”, así entra en la Academia para dar vida a sus personajes desde El Audaz, y La Fontana de Oro (1870) hasta el último grito en El abuelo (1898). “He levantado la bandera de la realidad enfrente de un idealismo estragado”. En todas ellas subyace la España radiante con sus dicotomías en las intrigas novelescas con ese tono didáctico que tanto caracteriza a Galdós, en fusionar lo político con lo personal con significaciones posteriores, bien reflejados en el mundo conservador y el mundo del progreso, a este pertenecía Galdós. No olvidemos que la vida de un escritor está en sus libros y en Galdós más, sin orillar los puntos de vista, las voces, la verosimilitud para llegar a la verdad de lo que ocurre a su alrededor para lanzarlo a la posteridad. Su vigencia es lo que nos hace recordarlo y leerlo.

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