Poesía

Luisa Castro: poesía reunida

En los tiempos heroicos, me pregunté quién sería esta poetisa que había aterrizado con un fulgor distinto; más tarde, ya de docente universitario me atreví a poner un libro suyo de lectura obligatoria que me llegó al alma; recibí con alborozo que cayera en tierra abonada; me encantó que tuviéramos varios días su poesía como cabecera en los debates de clase y sobre todo aquel, entonces, su último libro titulado Amor, mi señor. Corría el año 2005. Supongo que alguna edición se deba a esos alumnos universitarios que se acercaron a su poesía con fervor, o así lo percibí. Ante el éxito estuve casi a punto de buscar su nombre y traerla a clase, pero no me atreví. He leído todo lo que ha caído en mis manos, incluso su novela y, claro, también cuando nos visitaba, de vez en cuando, con su escritura en El País. Hace tiempo que ya no veo en este diario su nombre.

Ahora con su Poesía reunida en la editorial Visor, 2019-sorprende que no se incluya Actores vestidos de calle, 2018, su último libro-, me cumple hacer constar la huella que depositó en mi concepción poética; no en valde tengo algunos de sus versos en mi “salutación” de mi blog que tanto me llenaron; esta relectura me ha conmovido; por el prólogo, fechado en marzo de 2019 está fuera de España o en ese momento; tal vez con algún cargo institucional relacionado con la enseñanza, pero esto poco importa; lo que nos debe acercar es su poesía hecha de trozos de cielo aunque sean a brincos. Cuando deslizo las páginas de ese libro que vuelve a imprimirse en esta Poesía reunida , recuerdo la clase abarrotada en la que se oía el silencio cuando unas veces el profesor y otras un/a alumno pronunciaba algún verso estremecedor. Todo el libro fue como maná poético; me viene a la memoria “La desertora” que constituían los primeros versos : “Desobediencia es / palabra triste / a soldado de amor”. Por si existía alguna duda alza la voz límpida, sonora, altiva: “Pero yo / no acataré a mi señor / que me oprime, / no acataré los designios de amor / que deniega mi señor. / No acataré su desdén / su capricho”. Así, de pie, andariega, esbelta; el yo como luciérnaga, como fuerza aural. O los que parecen cercanos al sentimiento existencial, hechos rasgados, vivenciales: “Vine aquí a luchar por amor / y ahora lloro. / En la falda del monte / bajo la noche clara / oculto entre los árboles / lloro de pena”. Y así, verso a verso, fuimos desgranando los siete apartados del libro mencionado. Es el recuerdo que te hizo feliz.

En el prólogo de la autora, en las líneas finales, permanece lo que siempre pensé de su poesía: “El poema nos espera con sus fauces solo cuando salimos de nuestras batallas, y es lo único que quiere de nosotros, que cantemos nuestras derrotas, nuestros fracasos. Los míos, cada uno a su manera, hablan de ese combate entre mundo y forma, que es como decir entre sueño y vida, amores o ausencias” (pág. 10).

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España

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