Teatro

Lope de Vega: La dama boba

El Fénix, otra vez, en las tablas madrileñas; en concreto en «los teatros Canal» de Madrid. Es un dramaturgo universal, juntamente con Shakespeare; son únicos; la diferencia estriba en que Lope no sabemos dónde están sus huesos, fueron a parar a un osario por falta de pago. Estuvo enterrado en la iglesia San Sebastián de la calle Atocha de Madrid. Un verdadero crimen. Eso sí, las honras fúnebres duraron nueve días. Si hubiera nacido en Inglaterra se iría en procesión a postrarse ante su tumba. En España-«es una delito el talento«-, bien sabemos que no se aprecia la sabiduría, parece como si molestara, y sin embargo «lo que hace Lope, como Shakespeare, es libertar el teatro del gusto renacentista del siglo XVI».

Toda la obra del «monstruo de la naturaleza» es un canto a las personas por encima del género. En La dama boba engranda a la mujer con una penetración psicológica que raya la perfección. En este caso se empapó de la tradición y de los temas del pueblo. El tema es muy antiguo; tenemos noticia que ya Ovidio lo recoge en Ars amandi; incluso nuestro Arcipreste de Hita. Es el amor el que triunfa por encima de todo: «transforma en listos a los tontos». El amor modela el comportamiento con las diversas formas. Lope altera el orden establecido. La expresión lopiana «esto es amor, quien lo probó lo sabe» ha quedado en las mentes de las personas para siempre. Es, en fin, la poesía y la música unidas. El venero que las cataliza.

Desde las primeras escenas del acto primero, Lope tiene cuidado de retratar a dos tipos de personas por las que discurre la obra; el cómo son, es un aspecto que tanto en la representación como en la lectura sirve para comprender mejor hasta dónde nos puede llevar el dramaturgo. Sus nombres Nise y Finea son hijas de Octavio; una, discreta, sabia; la otra, boba, imperfecta, vv. 123-126. Las dotes las iguala, riquísimas; pero ante la fealdad de una, un pariente quiere mejorar la herencia para igualarlas, para casarlas. Así las cosas, Finea y Liseo se comprometen, pero al darse cuenta Liseo de que es necia, ignorante, se achanta y pronuncia; «desde aquí / renuncio a la dama boba«. Así termina el acto primero.

Sin olvidarnos de que Liseo emprendió un camino desde Illescas con su criado Turín hacia Madrid para casarse con Finea. No obstante, antes de salir de la posada, un viajero que venía de Madrid le advierte de que su futura esposa es «boba», pero su hermana-Nise– es «sabia». Liseo recapacita y cambia de opinión; piensa que mejor casarse con su hermana. Por otra parte, . Laurencio intenta convencer a Nise para un futuro matrimonio. El padre de Nise y Finea se reúne con ellas; llega Liseo; después de las presentaciones, Liseo empieza a interesarse por Nise.

En el acto segundo estamos ante la dualidad ingenuidad y madurez. La situación es cabal: «En fin ha pasado un mes / no se casa Liseo», vv, 1063-64.Los milagros amorosos también se siembran. De nuevo aparecen los elogios a la hermosura de Nise; esta ha percibido que Laurencio comienza a inclinarse por su hermana. La disputa es nítida cuando llega Liseo; más discusiones y se marchan. Un un papel que trae Clara para Finea sorprende; es de Laurencio . Al mismo tiempo entra el padre y al leer que era amoroso se ruboriza y entiende que su honor se cae. Más discusiones para llegar a una situación no del todo aceptada por todos. Laurencio pide matrimonio a Finea. Liseo intenta mostrar su amor a Nise ( «Yo he mudado pensamiento»), pero esta lo rechaza (» ¡Qué necedad, qué inconstancia, / qué locura, error, traición / a mi padre y a mi hermana!»).

El tercero, la dama ha adquirido la madurez necesaria para colegir lo que le conviene. Los primeros versos los acapara Finea con la palabra amor-con monólogo placentero-: ¡Amor, divina invención / de conservar la belleza / de nuestra naturaleza, / o accidente o elección! Ebria de la idea, lo agradece: «Mil gracias, amor, te doy, / pues me enseñaste tan bien, / que dicen cuantos me ven / que tan diferente soy», vv.2059-62. Define al amor como «catedrático divino«, v. 2090. Liseo observa que Finea ha cambiado y que su hermana Nise no le hace caso; decide acercarse, de nuevo, a Finea, Esta intenta hacer boberías al enterarse que Liseo quiere volver a reclamarla. La precisión del tiempo, otra vez: «No ha dos meses que vivía /a las bestias tan igual…, vv.2043/4.

Al final se resuelve todo: Laurencio se casa con Finea. Liseo con Nise. Las criadas de las hermanas con los criados. Dos damas. (Nise y Finea, con sus criadas Celia, Clara . Dos galanes: Laurencio y Liseo, con sus criados Pedro, Turín).

Tal vez estemos ante dos formas de la vida, una, en la que reina la sabiduría, el entendimiento, el conocimiento, lo académico, los libros; y la otra donde reina el infantilismo, la ignorancia, lo que ocurre en la calle. Dos tipos de educación y que los lectores/as decidan o piensen. Lope desea que el amor triunfe por encima de todo, como creador e inspirador de lo placentero del planeta tierra. Hay un dato revelador cuando Lope introduce la música y también las voces de Cervantes, el propio Lope, Petrarca, Garcilaso, Herrera,, Camoes, etc. como canto a la literatura que todo lo puede; es un aliento para dar más crédito y belleza a las escenas. Los dos pretendientes tienen sus ideas al principio que van cambando, tanto Liseo como Laurencio. Gracias al amor el alma de las personas se enriquecen y mutan.

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Teatro

La vengadora de las mujeres. Lope de Vega

Conviene en esta primavera, ya de mayo, acercarnos al teatro de la Comedia de Madrid para recordar a una gloria nacional como poeta y dramaturgo del cielo y de la tierra. Ahora con su comedia La vengadora de las mujeres para saborear el amor como ágape tanto en las mujeres como en los hombres. No existe otro camino, es una necesidad. Lope nos lo recuerda por si nos distraemos, como si fuera cosmológico para la existencia humana. Como siempre, ayer, el teatro colgó desde la mañana: no hay entradas. Lope es Lope: llena los teatros día tras día. Tal vez ya no queden entradas para todo el mes. Su teatro está basado en la palabra, con personajes, con cara y ojos, con historia, que nos ayude a buscar esperanzas en nuestro destino. Así lo entendió el público el miércoles, de ahí los largos aplausos y las siete veces que volvieron a escena para agradecerlos.

Con la lectura o la representación asistimos a la fuerza de una mujer-Laura-, pronunciando un extenso parlamento en el que expone las razones para declararse en contra de los hombres; de su pluma nace la oposición al matrimonio contra viento y marea, le da igual. Su reflexión es nítida…, «¿qué puede ser / que en cualquier parte que traten / de mujeres, ellas son / las adúlteras, las fáciles / las locas, las inconstantes / las que tienen menos ser / y siguen sus libertades? vv. 69-76. Es la denuncia clara, la prevaricación de los hombres. Ha llegado a esta situación por sus lecturas, y con afán quiere desquitarse de los agravios sufridos por las mujeres, y se rebela contra las normas que rigen en la sociedad. Pero ahí está Lope, al quite, al defender el derecho de las mujeres a la cultura, al pensamiento al proclamar la igualdad, y, claro, a la riqueza patrimonial que les estaba vedada, a ser ellas.

Tres partes para ahondar en el tema. En el primer acto, es el reproche del Príncipe, con autoridad, a su hermana por justificar la negativa a casarse y despreciar a los hombres y su tiranía con razones, vv. 557 y ss. En su cabeza anida y lo tiene en cuenta: » a los hombres les ciega / lo que llaman hermosura«, v.454-5.

Pero hay un hecho que llama la atención, Lisardo queda prendado de Laura, y como testimonio le regala libros; a cambio Laura le concede aposento en palacio y le nombra secretario personal. Es evidente que el lector se percata de una hecho que puede tener trascendencia. La alabanza a Laura es un acto primordial: «Esta vez vi armada, a Palas, / ¡oh, Laura hermosa!, que igualas en las armas y la ciencia. O en boca de Augusto: «Laura hermosa, / ¿cómo naciste sabia y rigurosa?

En el acto segundo, varios pretendientes quieren conquistar a Laura; en concreto: un príncipe de Transilvania-«famoso por tierra y mar«-, otro de Albania-«el famoso y fuerte»-, otro de Portugal y el duque de de Ferrara-«que es el sol a verle en su balcón se para»-. Para la elección se propone un torneo a caballo y que se escriba alabanzas para las mujeres. Laura toma partido, se disfraza de hombre y con cualidades y entereza los derrota a todos los pretendientes-incluido Lisardo- en el torneo de armas.

En el acto tercero, Laura prohíbe el amor a todas las mujeres. Ella esconde lo que proclama. Laura ha caído en las zarzas amorosas de las que no puede salir. Ha quedado enamorada por los encantos del galán y sus decires. Es el sometimiento del hombre y la mujer al cauce amoroso. Laura ha ganado el torneo al disfrazarse del atuendo que llevaba. La dualidad entre Lisardo y Augusto es nítida; el «aquí me tienes, que el alma / me sirve de libro abierto», o «el príncipe transalpino, / y porque vieseis que fue / el victorioso en el campo, / aquesta es la banda azul». La respuesta de Augusto: «que soy el caballero / a quien todos llamáis blanco / bien sabéis que es Laura mía. Lisardo la ensalza como «un libro vivo, / que es Laura , en que estáis mirando/ las virtudes y excelencias / y todo el valor cifrado/ que hay en todas las mujeres«, vv. 2615/2619. Es la celebración y canto a Laura y de las mujeres, ya al final de la comedia.

Como casi siempre los celos aparecen, Lisardo lo ve así: «Ese blanco caballero / que dices que te agradó, / diré que a mí me venció, / pues por él de celos muero / pero ya deberle quiero / que te obligase a querer«, vv. 2149-2154. Los encantos del galán se van percibiendo. El cambio de Laura poco a poco va entrando en el desarrollo de la acción. Los/as espectadores/as o lectores observan que se pueden proteger a las mujeres y también amar a los hombres. En boca de Arnaldo se anuncia la decisión de Laura: «Yo doy palabra que mañana, y antes / si puede ser, pronuncie la sentencia, vv. 2333-34. Se exige que lo haga ya, a quién ha elegido. De su boca salen las palabras «Ya se acerca pensamiento, sin poderse detener / el decir que soy mujer / y que sus efectos siento», vv.2361/.64.

Finalmente, declara: «Yo me he rendido, senado, y pues vivir no es posible / sin hombres, yo ya me caso. / No siendo la vengadora de las mujeres, pues tanto / cuanto aborrecerlos quise, / tanto los estimo y amo«. Se enamoró de Lisardo, al reconocer este la valentía y la sapiencia de Laura y las mujeres.

Como felicidad se alcanzan tres matrimonios, Alejandro-Diana, Augusto-Lucela y la princesa-Lisardo. No se entendería otra salida; hay que dar gusto a todos. Es el amor como base de la humanidad. Da igual que llamemos atracción o necesidad; un principio que en la sociedad se atisba como perpetuación de la humanidad y de cada persona. Laura siente la atracción- recordemos al final de primer acto cuando se presenta Lisardo: «¡Qué buen talle!-, v. 733, y a pesar de todo lo que ha dicho, descrito, da rienda suelta a su pasión amorosa. Es un canto al amor. ¡Es Lope! Defendió la cultura de las mujeres como eje fundamental, como ejemplo sus dos hijas Marcela y Antonia Clara.

El «está todo» es un dicho de la creatividad en el que la palabra y el espíritu se enhebran para conseguir las mejores ideas que puedan caber porque Lope de Vega lo envuelve de pasión, de certeza, gloria; era su alma la que se aposentaba en ese vitalismo que hallamos en toda su obra. Es poesía dramática. Lo trágico y lo cómico mezclados. Séneca y Terencio.

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Personales

Sí, soy Sor Marcela, hija del Fénix de los ingenios, 2

Me cabe hacer constar, otra vez, la nombradía de una gran mujer, excelsa, dramaturga y poeta por lo que nos ha dejado y sabemos; como también nos entristece que cientos de páginas escritas por la hija dilecta de Lope de Vega fueron quemadas por lo que pudiera pasar en vida de la escritora, por consejo de su confesor. Fue una recomendación, pero imperativa («Los libros, Madre mía, que quemaste, / vuelve a nuestra ternura, mejorados. / ¿Por qué cuando a la llama lo arrojaste /…. , conque el Etna en nosotros no avisaste? / Mas ¡Ay! que mi dolor aun no su viza / que eternices el fuego con ceniza»)- extraído de la Décima de la M. Francisca de Santa Teresa, escrita a la memoria de Marcela-. Gloria, también, a esa monja que se encargó de copiar un volumen entero, que es el que se conserva que yo sepa en las Trinitarias y en la RAE. Marcela murió el 9 d enero de 1688 a las siete de la mañana, jueves, después dwe 83 años de vida y 66 de vida religiosa.

Bajaba en coche de la sierra madrileña cuando en el programa «Hoy por hoy de la Cadena SER«, oí su nombre. No contento de lo que dijo alguien que «había descubierto»…., como si fuera desconocida; ante tal asombro me apresuré a escribir por correo electrónico al programa mostrando mi perplejidad.

No satisfecho, de nuevo, glorifico a la poeta, dramaturga y su entrega a Dios, que ya en el bachillerato se nos recordó como gran escritora y el adjetivo dilecta que se me grabó en la memoria; y posteriormente en los estudios de Filología de la Universidad Complutense. No voy a repetir las fichas que tengo de su obra que nos ha llegado, loas, coloquios, villancico, décima, endecha, romances, etc. Pero sí, una de sus obras que me impresionó por la perfección que vi representada el 25 de octubre de 1919 en la iglesia de las Trinitarias descalzas de Madrid en la calle Lope de Vega, 19; di constancia con una reseña el día 27 de octubre en este «blog literario» con el mismo título. Me refiero al Coloquio espiritual titulado Muerte del apetito, basada en los textos de Sor Marcela de san Félix; fue para mí como una delectación teatral digna de la perfección humana, jamás vista, Tampoco se me olvidará las cientos de personas que no pudieron entrar después de más tres horas esperando. La hija del más grande dramaturgo Lope de Vega, juntamente con Shakespeare, que vieron los cielos, tenía el mismo éxito que su padre. En mi caso, fui previsor y vi la representación en primera fila. Cuatro personajes fueron la delicia de aquella tarde: el alma, la mortificación, el apetito, la desnudez. Terminó la obra con las palabras de «la desnudez: «En lo que habremos errado / no habrá sino muy poquito. / Que aquí da fin el Coloquio /del triunfo de las Virtudes / y muerte del apetito«.

Por otra parte, cómo no recordar su consagración a Dios con apenas 16 años (¡Oh, santos, oh floridos desengaños!/ Pues tan hermosa virgen tierna y casta / consagra al Dios de amor dieciséis años…). El hábito lo recibió el 28 de febrero de 1621, y profesó en 1622. Allí estuvo Lope a su lado, aunque no concelebró en la misa del convento en el día más grande de su hija, aunque sí lo hizo después en varias ocasiones. No se nos dice el motivo. Hay que señalar que a Lope le sorprendió que su hija se dedicara a la vida religiosa («Rigor profundo / apartarla es de mí»). De su pluma y corazón salen los más enfervorecidos versos: «No vi en mi vida tan hermosa dama, / tal cara, tal cabello y gallardía: / mayor pareció a todos que su fama».).

Espiguemos en la poesía que nos ha llegado de Marcela; por ejemplo cómo describe el jardín del convento («La fecunda retama / tan rubia como bella / de tus cabellos de oro / me da memorias tiernas. / Las abundantes parras, / alegres se manifiestan / que a tu sangre real / accidentes le prestan«…)

Mucho tiempo después a la muerte de su padre, exigió, al no poder asistir al entierro-estaba en clausura-, que el féretro y la comitiva pasara por la puerta del convento para que lo contemplara. Como testimonio quedó el cuadro de Juárez de Llanos que reproduzco.

Coda, como exaltación de Micaela de Luján, madre de Marcela. Según Lope debió ser hermosa; alabó sus ojos-azules como el cielo y los zafiros-. Recordemos el soneto que le dedica: «Belleza singular, ingenio raro, / fuera del natural curso del cielo, / Etna de amor, que de tu mismo hielo / despides llamas, entre mármol Paro. / / Sol de hermosura entendimiento claro, / alma dichosa en cristalino velo, / norte del mar, admiración del suelo, / émula al sol, como a la luna el faro: // milagro del autor de cielo y tierra, / bien de naturaleza el más perfecto, / Lucinda hermosa en quien en mi luz se encierra: // paz de los ojos y del alma guerra, / dame a escribir, como a penar, sujeto«.

O cómo la nombra, otra vez, en el poema dedicado al hijo de ambos a la muerte de este: «¡Oh, niño que las niñas eclipsaste / de los piadosos ojos de Lucinda» .



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Personales

Es Navidad, 2025

Otra celebración en la que se nos inculcó que es un día grandioso, en el que se apoderó la luz de la tierra y se convirtió en divina. Uno de los poetas que recuerdo y la Navidad es el todopoderoso Lope de Vega. En realidad, sentía la Navidad con su poesía, allá en el bachillerato. Ahora, al mismo tiempo, que escribo estas líneas escucho el «Concierto de Aranjuez» que me ayudan sentir lo sublime.

Es como si el poeta fuera un niño que siente gozo ante el nacimiento, pero también padre con sus Pastores de Belén. La naturalidad y el encanto que desprende el libro nos hace coparticipar; los versos que se intercalan en la prosa nos emocionan, así como los villancicos y églogas, Mas hay algo que trasluce como el paso del tiempo en el que, a veces, el desengaño crece. Los versos «Los reyes te darán cosas / mayores / que yo solo puedo dar, Rey / mío / frutas del alma / y del ingenio / flores / que por manos tan rústicas / le envío nos invitan a sentir la Navidad, a ser nosotros, a que todas las personas lo vivan y la alegría sea fundamental en su interior. Sin la generosidad nadie puede ser feliz; es la palabra hecha Navidad.

Si puedes, acércate a la ceremonia litúrgica-no importa que no tengas fe; nos enseñaron en el catecismo que «la fe es un don que Dios otorga». Es la hora de revivir la unión de lo terrenal y lo divino; es la fiesta en los cielos y la tierra en la que cobran todo su valor la música, los villancicos, los belenes, «la misa del gallo». Es el orbe el que se rinde ante lo grandioso; es la tradición cristiana viviente, hasta el aire se detiene en todos los corazones para exaltar al Niño-Dios como algo más que símbolo de la redención humana. Es nuestro ofrecimiento existencial.

Un hecho que pervive, también, en mi mente es el poema de Gerardo Diego «Letrilla de la Virgen María esperando la Navidad». Me impresionó cuando tuve noticias de la poesía navideña de Gerardo Diego. Es tiempo de leer poesía navideña, que te dulcifique. Feliz Navidad a esos 300. 000 lectores de esta página singular.

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Personales

Notas encontradas, hoy, en aquel curso (cuarto de Filología Hispánica) en la Universidad Complutense 1

Lope de Vega. Caso único, La voz del alma de las gentes. Un símbolo viviente. Bebió de la personas para luego convertirlo en obra de arte; devolvió lo que vio y sintió. Época y sociedad aunados. Cervantes y Lope sintetizan la dualidad Renacimiento/Barroco. Lo creativo de su obra, además de vital, va más allá de un lugar hasta llegar a toda la historia humana. El clamor «esto es de Lope» se hizo popular, que hoy prosigue.

Los versos de su Epístola a Amarilis son todo un símbolo de su fuerza sentimental:

En fin, por celos soy: ¡qué nacimiento!

Imaginadle vos, que haber nacido

De tan inquieta causa fue portento

En su mente reverdecía, siempre, el «despecho» de Elena que respondió con composiciones hacia la familia, tal vez, exageradas y ofensivas. El destierro a Valencia no le importó. Prosiguió lo que le dictaba el corazón y raptó a Isabel-que se casaría por poderes-, no podía de otra forma por su exilio. Al alistarse en la «Invencible», recordaría a su mujer con el nombre de Belisa («las aguas crecen Belisa / llorando lágrimas tiernas/ diciendo con voces tristes / al que se aparta y la deja»).

A su vuelta de la expedición, recoge a su esposa y se instalan en Valencia. Cumplida la sentencia marchan a Toledo y Alba de Tormes, lugares en los que disfrutó de tranquilidad y felicidad. Solo amargada por la muerte de su mujer al nacer su segunda hija, que moriría tempranamente. Vuelta a Madrid del que no debió salir. Pero el corazón pudo más y se le procesó, otra vez por amancebamiento con la sin par y bellísima viuda Antonia. Otro matrimonio con Juana. Con esta nueva forma de vida, es cuando Góngora, -«qué sabrá lo que es amor»- lo avasalla con sátiras más que dolorosas («Por tu vida, Lopillo, que me borres/ las diez y nueve torres de el escudo/ porque aunque todos son de viento, dudo / que tengas viento para tantas torres«. Por el contrario, Lope lo admiraba: «Canta, cisne andaluz, que el verde coro / del Tajo escucha tu divino acento».

Llega un momento en que su corazón estalla cuando se acerca a Micaela de Luján; poco importa si fue antes o después de casarse. Su corazón pudo más para inmortalizarla bajo el nombre de Lucinda-«y si tienes Lucinda mi deseo/ hálleme la vejez entren tus brazos/ y pasaremos juntos el Leteo»-. Azules son sin duda sus dos cielos. Vida me da su luz / su color celos. Casada y con dos hijos; su marido se marchó a Perú. Con Lope tuvo cinco-tres hijas y dos hijos-. Y mientras, Juana en Toledo con la que tuvo un hijo y dos hijas. Grande en todo. No abandonó a nadie y menos a sus hijos. Su pasión la desbordó y querencia. Ninguna mujer lo dejó, salvo Elena. La naturaleza pudo más. Casi al final de su vida se aposentó en una espaciosa casa con huerto que hoy podemos visitar. Al morir Juana, vinieron a vivir con él Lope Félix y Marcela-su hija predilecta-, del fruto con Micaela. Por si faltaba poco, su alma y pensamiento se unieron y decidió ordenarse sacerdote. El profundo sentimiento religioso se aunó a la portentosa pasión que cifró la naturaleza. Lo insólito se apoderó de él y la envidia de tantos; corría mayo de 1614 cuando dijo su primera misa en el convento de las carmelitas descalzas, en el mismo lugar en que se había enterrado su esposa. Si nos enseñaron en el Catecismo a los cristianos-católicos que el sacerdocio imprime carácter, poco le importó que el amor le visitara de nuevo en 1616; lo aceptó. Fue tal el arrobamiento, la fuerza amorosa que lo acogió con un viento que se lo llevaba en volandas, aun sabiendo que para el resto era «amor sacrílego» hacia Marta, «sus ojos verdes» penetraron en su alma; ya no podía volver atrás.

Sí, claro, sacerdote; pero la naturaleza lo eligió para una cumplida certeza de amor que nombrará como «Amarilis». Alma y cuerpo de mujer juntos. Se le exigía goza, goza. Es la vida. La alegría de Lope fue inmensa cuando murió el marido de Marta. Lo celebró y ya Marta pudo venirse a su casa para la convivencia deseada. Fruto de este amor apasionado nació la bellísima Antonia Clara. La naturaleza fue injusta con Marta; más o menos por 1628 perdió la razón, y antes se quedó ciega. Cuatro años de tormentos en los que Lope siempre estuvo a su lado. La esmaltó en unos versos para la posterioridad que hoy recordamos: «No quedó sin llorar pájaro en nido, / pez en el agua, ni en el monte fiera, / flor que a su pie debiese haber nacido / cuando fue de sus prados primavera; / lloró cuanto es amor; hasta el olvido / a amor volvió, porque llorar pudiera; / y es la locura de mi amor tan fuerte, / que pienso que también lloró la muerte».

Unos años después también le llamó la muerte, después de recibir los sacramentos, firmara su testamento y nos dejara para la posteridad ( «La verdadera fama es ser bueno. Trocara cuantos aplausos había tenido por haber hecho un acto de virtud más en esta vida»), un 27 de agosto de 1635. El entierro pasó por delante del convento de las Trinitarias, a petición de su hija Marcela, que quería verlo por última vez. Nueve días de honras fúnebres para el «Fénix de los ingenios». Fue enterrado en la iglesia San Sebastián de la calle Atocha de Madrid, En el siglo XIX lo trasladaron a una fosa común (un verdadero crimen para una gloria nacional).

Coda: a modo de constancia recordemos también sus Rimas sacrasCuántas veces, Señor, me habéis llamado, / y cuántas con vergüenza he respondido, / desnudo como Adán, aunque vestido / de las hojas del árbol del pecado!) . (Cuando en mis manos, Rey eterno os miro»…). Y los más famosos que aprendimos de memoria en el bachillerato: «Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío / que a mi puerta cubierto de rocío / pasas las noches de del invierno oscuras ?

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