Teatro

Creación del teatro nacional: Lope de Vega, portento del orbe

…, de las cosas que salen en público se puede hablar (Lope de Vega, carta a Luis de Góngora)

En fin, por celos soy: qué ¡nacimiento! / Imaginadle vos, que haber nacido / de tan inquieta causa fue portento.

De generación en generación aplaudirán al que supo aunar cielo y tierra, un monumento humano imperecedero como poeta y dramaturgo. Cómo supo armonizar lo natural y lo artístico. Creación del teatro nacional

                                                                                

Cuadro de Suárez Llanos en el que reproduce el paso de la comitiva con el féretro de Lope ante el Convento de las Trinitarias Descalzas en el que estaba su hija Sor Marcela que pidió ver el entierro de su padre.

Poesía

Quien dice que en mujeres no hay firmeza….

En tiempos de tribulación no estaría de más refugiarse en la poesía, y si es de Lope, mejor.

 

Quien dice que en mujeres no hay firmeza

no os conoce, bellísima señora,

ni menos el que dice que han nacido

de un parto la crueldad y la belleza.

 

Un alma noble, una real pureza

de un cuerpo de cristal hicieron nido,

el mismo ser está con vos corrido,

y admirada de sí naturaleza.

 

Firme sois, y mujer, si son contrarios

hoy vuestro pecho con vitoria quede

de que es sujeto que los ha deshecho.

 

Bronce, jaspe, metal, mármoles parios

consume el tiempo, vuestro amor no puede,

que es alma de diamante vuestro pecho.

Lope de Vega, Rimas.

Personales

Cuando ya el tiempo nos alcanza, 2019. Sinceras felicitaciones a las 119.000 visitas de esta página repleta de lecturas, pensamientos, hechos, con la esperanza vivificadora de proseguir como humilde romero hacia lo excelso

Cuando ya el tiempo nos alcanza, vamos caminando con la mochila repleta de sinsabores y dichas; probablemente, más estas, como propias de la existencia, clave en el género humano a pesar de la lucha diaria con que nos desenvolvemos.Nos damos cuenta del tiempo transcurrido cuando damos vida a otros seres humanos y crecen; ya, entonces, la creatividad se puebla de vigor, de salutación. ¿En qué sentido si no hallamos el conocimiento para el avance de la sociedad? La sabiduría concierne a las personas envueltas en su quehacer diario, que intenta proseguir el camino ya trazado. No importa si este fue erróneo, lo elegiste con libertad o, quizá, condicionado, propio del género humano.

No sé si nuestro paso existencial requiere huellas, aunque, tal vez, contribuyan a conformar otro mundo mejor en el que el progreso sirva para ese avance necesario. Claro que necesitamos apoyaturas concretas no solo el entorno en que nos desenvolvemos; sin ellas, estamos disminuidos, cual barquilla a la deriva. Al cabo de generaciones siempre nos depara esa novedad que ahora no alcanzamos a comprender; son las venideras las que con otra mirada proseguirán de distintas formas la existencia que conocemos hoy con ásperas y laboriosas palabras. Son olas que nos despierten y nos adormecen; son trinos que nos apuntan a vivir y a pensar; son  hojas primaverales y otoñales. Lope de Vega se resarcía con el dístico “¡Oh, quién pudiese / hacer que la memoria no lo fuese!” en Romances de senectud. Es señal de que el tiempo nos alcanza aunque engalanados de lo existencial todavía del estribo que nos exige mudanza. Es la vuelta  al retorno con que llegamos sin que supiéramos el motivo para instalarnos.

Es el aprendizaje de dejarse llevar. Hay que alegrarse por lo alcanzado y sin entristecerse por lo no conseguido; lo que queda es la herencia; la generosidad por lo que has recibido como canon, como ejemplo para los demás. Cuántas veces, quizá, nos hayan dicho sé tú como camino más certero y lo hemos orillado. Ahora no vale mirar atrás, eso sería pernicioso. La mirada es otra, y ella también tiene que servir de formación a los que nos precedan; mientras haya luz será emblema; antorcha que da vida, ráfaga de conocimiento, de simiente, de albor, en este caminar en el que hemos sido llamados para recorrerlo, en esta vida transitoria, como peregrinos salvíficos.

Teatro

Lope de Vega en el teatro La Comedia de Madrid.El castigo sin venganza

“Yo nací entre dos extremos que son  amar y aborrecer; no he tenido medio jamás”.

Otra obra maestra del dramaturgo más grande de la escena española: El castigo sin venganza. Verdadero espejo en el que no queremos vernos.

Cuando Lope está en los teatros existe como un halo, como una alborada de conocimiento, de poesía hecha carne. Vuelve en este final de año el mejor dramaturgo español que juntamente con Shakespeare supieron llevar a las tablas la existencia humana con los problemas acuciantes que queremos ver representados; es decir, la sociedad como modelo de arte; uno, con temas nacionales y el otro universales; pero forman un dúo quizá irrepetible en la escena de siempre.

Desde el día 21 de noviembre se está representado en el teatro La Comedia de Madrid El castigo sin venganza. Después, a mediados de febrero, proseguirá en Las Palmas de Gran Canaria, Valladolid, Zaragoza, Logroño, Coruña, Córdoba, Santander, Palma de Mallorca, para terminar en Almagro en julio 2019. El éxito está asegurado como todas las obras que se representan del “Fénix” como acertó con la nombradía Cervantes. Gloria, pues, a una de las voces que los lectores y espectadores han consagrado. Es el teatro verdadero, en el alto nivel poético en el que se funden poesía y realidad. Es el problema de las personas ante la realidad, en ese diálogo y acción que como nadie supo plasmar Lope de Vega; líneas certeras de la dramaturgia. Hay otros cojitrancos en que es difícil hallar la dualidad diálogo-acción; es el teatro imperfecto.

El viernes estuve en la representación-con entradas agotadas- en la que observé un torbellino de pasión, una tragedia de amor. Es el Lope que pone sobre las tablas el proceso de un amor prohibido-  ¿cuándo vamos  a dejar de prohibir lo que la naturaleza nos insta en nombre de nuestra libertad?-; es la antigua leyenda de Fedra, enamorada de su hijastro, que en la obra Lope traza las ideas del honor del siglo (“Ay,honor fiero enemigo”). La diferencia estriba con la obra clásica en que en la de Lope hay correspondencia. Cómo amor y libertad se aúnan.

En cuanto a la representación rayó la perfección: ¡admirable!, grandiosa, verdadero portento. No era para menos porque ante Lope hay que arrodillarse. Da pena cuando se oyen chascarrillos sobre su persona; esos son los que denigran sin haberlo visto en escena y menos  que lo hayan leído. La luz hay que ponerla encima del celemín como fue, es y será la del “monstruo de la naturaleza”. Así lo entendió el público asistente que, con aplausos atronadores, al final exigió que salieran hasta cinco veces, con siete ¡”bravo!, los que la representaron.

Poesía

Lope de Vega en la cúspide poética

Que la editorial Cátedra, de nuevo-hace poco se publicaron las Cartas-, se acerque al poeta excelso es buena señal. A ver si de una vez nos dejamos de tantos chascarrillos-incluso libelos- como se cuentan en la casa “Lope de Vega” de Madrid y mucho peor en la enseñanza. De una vez hay que acercarse a su poesía y a su teatro y dejar esas patrañas que  no se sostienen. Y lo que es verdad no se dice; por ejemplo, la Inquisición prohibió una parodia del Credo de los cristianos-católicos: “creo en Lope de Vega, todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra…”.

Acerquémonos a su capacidad creadora, a su energía vital, a esa desbordante humanidad en la que se juntan dos épocas el Renacimiento y el Barroco enarbolados por dos mitos literarios: Cervantes y Lope de Vega. Toda su obra está inundada de lirismo, bien se dieron cuenta la llamada “Generación del 27”, que hizo bandera de su poesía. Una parte lo constituyen los Romances de senectud. Hay que alegrarse de que se publiquen juntos y sobre todo que se lean para desterrar las tonterías que se dicen. En concreto, en esta edición se recogen “todos los romances, romancillos y composiciones arromanzadas” que escribió fuera de su obra dramática desde 1621-1635 (salvo la LXXV, ¡Ay, verdades, que en amor! y Vengada la hermosa Filis, a. 1616-). A mi parecer, la introducción que realiza el editor es demasiado extensa porque lo primordial es que se lean los versos de Lope. Sin embargo, las notas a pie de página de los Romances es de lo mejor conseguido y además dan nitidez a la comprensión. La poesía de Lope hay que leerla, propalarla. Bien está que se analice; ahora bien, no hay que entretenerse tanto en aspectos de unos y de otros cuando nos acercamos a los poemas; por ejemplo, “¡Ay verdades que en amor!” y “Vengada la hermosa Filis”. En los dos se recurre a la misma estructura: testimonios, difusión, trasfondo y estilo. Incluso en todos los demás propuestos como si fuera una tesis doctoral. En los dos mencionados da igual de donde parta. Lo primordial es si hoy esa poesía pervive, si tiene un asidero existencial más allá de las distintas estrategias, si sirve para nuestra formación. Por otra parte, son dos poemas en los que detrás hay dos personas de sobra conocidas cono son Elena y Lope, lo queramos revestir de otros ropajes. Elijamos del primero los versos:

Cuando traté con engaño

tu verdad Filis ingrata,

¡qué de quejas vi en tu boca,

qué de perlas en tu cara !

—–

Y del segundo poema:

Habló Filis y tuvieron

alma de coral sus labios,

que ver humilde al rendido

hace piadoso al vengado.

Cuando elegimos leer poesía del Fénix si no te entregas, la vives, es que te falta algo esencial a las personas: el sentimiento lleno de entereza. Ahí está el poeta del que han bebido tantas generaciones, incluso los que solo escribieron poesía sacra, porque no olvidemos que nadie le supera; además, no en vano, el Papa Urbano VIII le nombró-sin tener título universitario- doctor en teología. Sabía lo que se hacía. El mejor panegírico para Lope es que lo leamos, lumbrera donde las haya.