Poesía

Teatro completo (Farsas y églogas) de Lucas Fernández

El teatro y la poesía son dos vectores esenciales en la literatura; sin ellos está como cojitranca. Es más, el buen teatro está revestido de poesía; su carencia lo achanta. Estas piezas teatrales contribuyen a expandir los primeros balbuceos de lo que será la base del gran teatro que quería romper moldes.

Es difícil hablar o escribir de Lucas Fernández, cantor de la catedral y abad, sin que nos venga a la memoria el otro salmantino, llamado el patriarca o el maestro: Juan del Encina. Así se va construyendo la historia; no es el momento de decantarnos por lo que se ha escrito de ambos, más allá de que perviva la palabra imitación y que, tal vez, sin Juan del Encina no estaría en el grado superior con que todavía se tiene al todopoderoso en Salamanca si nos referimos a lo que concierne a la música religiosa y la catedral de Lucas Fernández; sin entrar en detalles, que nos llevaría lejos, son distintos en aspectos fundamentales.

En cuatro apartados configuran los editores la introducción; Vida y semblanza literaria de Lucas Fernández (1474-1532), El primer libro de teatro de la literatura española :Farsas y églogas (1514), El mundo simbólico y literario de Lucas Fernández y La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández.

La puesta en escena del teatro de Lucas Fernández comprende cuatro apartados (Lengua y gramática sayaguesas, Salamanca y la tradición teatral, Puesta en escena de las Farsas y églogas, Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández). Sobre la lengua ya expertos dialectólogos han dejado su impronta y, sobre todo, su saber, por lo que los editores nos la han recordado con acierto. Lo mismo realizan en el apartado «Salamanca y la tradición teatral» en el que el común denominador es la iglesia, su entorno y la música sirve como espejo de lo literario. Aunque breve pero esclarecedor la «Puesta en escena de las Farsas y églogas» nos conduce a lo que percibo se desenvuelven mejor: «Historia escénica contemporánea del teatro de Lucas Fernández». El retrato en los siglos XX y XXI es un alarde de llegar a los lugares más recónditos en los que fue representado junto con otras obras clásicas. Desde luego es abrumador y nos percatamos del buen hacer recopilador allá donde Lucas Fernández dejó huella; los datos te avasallan y decides terminar cuanto antes para leer el Teatro completo que es al fin lo primordial.

Me ha llamado la atención la puesta en escena que realiza Ana Zamora porque he sido testigo de varias de sus representaciones en las que da un matiz distinto, salvífico, viviente; va más allá de lo que espera el espectador y por eso sorprende, y sales convencido de ese espíritu que te hace decir, ¡qué bien!, y piensas: no me perderé otra representación sea cual fuere la obra. También los editores hacen hincapié en que la obra de Lucas Fernández «que tiene una mayor presencia escénica constante a lo largo del siglo XX es el Auto (o Representación de la Pasión«, incluso, se atreven a decirnos que «la primera puesta en escena de la que tenemos noticia tiene lugar el 23 de marzo de 1940 durante Semana Santa en el teatro Fontalba de Madrid», pág,72. Nada que objetar porque el estudio lo corrobora. Lo que me choca, en toda la edición, es la gran cantidad de paréntesis a los que recurren, la gran mayoría innecesarios.

Enriquecedor me ha parecido y necesario el «Glosario» así como las notas a pie de página, en concreto 699, muy bien documentadas. Son las que nos ayudan a conocer el entorno y al mejor conocimiento de las Farsas y églogas.

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Fernández, Lucas, Teatro completo (Farsas y églogas). Madrid, Cátedra, 2021

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Poesía

La huella manriqueña en Panero, Hierro y Bousoño

La constante temática del tiempo la hallamos, en todo momento, en la poesía como algo inherente a la existencia; es el signo más característico de lo humano, de ahí que nos sumerjamos de vez en cuanto para encontrar «un no sé qué» que aflora en nuestro espíritu.

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Poesía

Quien dice que en mujeres no hay firmeza….

En tiempos de tribulación no estaría de más refugiarse en la poesía, y si es de Lope, mejor.

 

Quien dice que en mujeres no hay firmeza

no os conoce, bellísima señora,

ni menos el que dice que han nacido

de un parto la crueldad y la belleza.

 

Un alma noble, una real pureza

de un cuerpo de cristal hicieron nido,

el mismo ser está con vos corrido,

y admirada de sí naturaleza.

 

Firme sois, y mujer, si son contrarios

hoy vuestro pecho con vitoria quede

de que es sujeto que los ha deshecho.

 

Bronce, jaspe, metal, mármoles parios

consume el tiempo, vuestro amor no puede,

que es alma de diamante vuestro pecho.

Lope de Vega, Rimas.

Literatura

Meléndez Valdés: un poeta extremeño de la llamada escuela salmantina

Meléndez Valdés: un poeta extremeño de la llamada escuela salmantina

A estas alturas no es exagerado mantener que Menéndez Valdés es el poeta por excelencia de la lírica del siglo XVIII; sin echar en saco roto su prosa ilustrada, en concreto sus Discursos forenses y sus Epístolas; pero, quizá se ha ido lejos cuando es comparado con el gran Lope de Vega; al contrario se vale de él para escribir los romances, hay como una cierta similitud, el recuerdo de Marta de Nevares es plausible. Difícil es mantener que Juan Ramón Jíménez también aletea en sus versos; otra cosa sería si se recurre a Garcilaso de la Vega o a Fernando de Herrera; a este pedestal sí se le puede aupar. Bien es cierto que Meléndez Valdés estaría en lo que se ha denominado la lírica ilustrada como mirador, que no es poco. No es bueno encumbrarlo en demasía si luego los lectores no lo perciben.

En la edición de sus Poesías de 1820-en la imprenta Real de Madrid-, lo primero que lees: “Don Juan Meléndez Valdés. Fiscal que fue de la sala de Alcaldes de Casa y Corte, e individuo de las Reales Academias Española y de S. Fernando”. Y a continuación la poesía “A mis lectores” (….”En ellos coronado / de rosas y alelíes, / entre risas y versos / menudeo los brindis /. En coros las muchachas / se juntan por oírme; y al punto mis cantares / con nuevo ardor repiten”). Estos cantares están impregnados de bucolismo, sensualidad, sentimentalismo, filosofía, lo anacreóntico y una cierta-aunque sea tangencialmente- moralidad. Detrás están los Tibulo, Horacio, Virgilio, Ovidio, Catulo, Propercio, etc.

Dicho por el poeta, uno de sus temas preferidos es la naturaleza-no sé si real o idealizada-, tal vez esta predomine más como anhelo (“En mis poesías agradables he procurado imitar a la naturaleza y hermosearla, siguiendo las huellas de la docta antigüedad, donde vemos a cada paso tan bellas y acabadas imágenes”).

Me permito agavillar su obra por si algún avezado lector se acerca a leerla aunque sea por curiosidad. Odas anacreónticas, La inconstancia. Odas a Lisi, La paloma de Filis, Galatea o la ilusión del canto, Letrillas, Idilios, Endechas, Los besos de amor, Romances, Misceláneas de versos menores, Traducciones de Horacio, Sonetos, Elegías, Silvas, Églogas, Odas, Epístolas, Poesía épica: La caída de Luzbel, Traducciones: Ilíada, Eneida. Poesía dramática: Las bodas de Camacho ( se representó en el teatro de la Cruz de Madrid). Obras en prosa: Discursos forenses, Epistolario, Cartas turcas, Expediente relativo a la reunión de los Hospitales de Ávila, Oficios y documentos varios. Discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua (“colocándome entre sus individuos de número”).

Coda. Nace en Ribera del Fresno (Badajoz) el 11 de marzo de 1754 y muere en Montpellier en 1817. Sus restos reposan en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de san Justo de Madrid.

Su entrada en el Parnaso fue con la égloga Batilo (1780), que fue premiada por la Academia de la Lengua. Leyó su discurso el 11 de septiembre de 1810 en la Real Academia de la Lengua.

Teatro

Clase práctica fuera de la Universidad. Un gran Lope en el escenario

No se pudo ir a la obra El caballero de Olmedo porque las entradas para grupos  en el teatro Pavón estaban agotadas. Así es que me apresuré antes del estreno de El perro del hortelano de Lope de Vega a  reservar.

La vuelta de Lope de Vega a los escenarios siempre produce alegría; es un agradecimiento por su esfuerzo continuado tanto en la dramaturgia como en su poesía; los chascarrillos que se cuentan-incluso en la Universidad- no se sostienen; alicortos existen en todas partes. No sabemos dónde está enterrado, esa es la verdad; pero, no mareemos más; seguro que si hubiera nacido en Inglaterra ya se encargarían para  que fuéramos en peregrinación, y a buen seguro hubieran «echado a los leones» a aquella periodista que profanó su nombre en el diario El País. Cuenta Montalbán que cuando murió «las calles estaban tan pobladas de gente que casi se embarazaba el paso, al entierro, sin haber balcón ocioso, ventana desocupada ni coche vacío. Y así viendo una mujer tanta grandeza, dijo con mucho donaire: sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno». Sigue leyendo «Clase práctica fuera de la Universidad. Un gran Lope en el escenario»