Teatro

Creación del teatro nacional: Lope de Vega, portento del orbe

…, de las cosas que salen en público se puede hablar (Lope de Vega, carta a Luis de Góngora)

En fin, por celos soy: qué ¡nacimiento! / Imaginadle vos, que haber nacido / de tan inquieta causa fue portento.

De generación en generación aplaudirán al que supo aunar cielo y tierra, un monumento humano imperecedero como poeta y dramaturgo. Cómo supo armonizar lo natural y lo artístico. Creación del teatro nacional

                                                                                

Cuadro de Suárez Llanos en el que reproduce el paso de la comitiva con el féretro de Lope ante el Convento de las Trinitarias Descalzas en el que estaba su hija Sor Marcela que pidió ver el entierro de su padre.

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Recuerdo de un soneto quevediano de la época estudiantil universitaria

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!

¡Oh, cómo de deslizas, edad mía!

¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría

pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz, de tierra el débil muro escalas,

en quien lozana juventud se fía;

mas ya mi corazón del postrer día

atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!

¡Que no puedo querer vivir mañana

sin la pensión de procurar mi muerte!

Cualquier instante de la vida humana

es nueva ejecución, con que me advierte

cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

————

Estamos ante un soneto-de tipo clásico- famoso de Francisco de Quevedo capital para analizar su poesía y lo que se ha llamado “el Barroco” como la otra cara del Renacimiento. Esa reflexión sobre la vida unida a un sentimiento de angustia ante la muerte fue uno de los temas fundamentales del Barroco. Es el pesimismo y desengaño de esa época concreta propio del poeta. No es el soneto más perfecto. Esta perfección la hallamos en el que comienza “Cerrar podrá mis ojos…”. Dámaso Alonso nos dejó escrito que es el más perfecto (“probablemente el mejor de la literatura española” y a él nos referimos cuando hablamos o escribimos de Quevedo, aunque también tuvieron mucho éxito su epístola censoria al Conde Duque; ” No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, ya la frente, /me representes o silencio o miedo”.

A nadie se les escapa, incluso en una primera lectura, que percibimos una meditación sobre la brevedad de la vida en general y también la del poeta. Es la otra cara de la vida, la que se nos oculta. Llama la atención el tono enfático con que se nos advierte por la repetición de elementos exclamativos en demasía en el primer cuarteto. Hecho bien pensado para que comprendamos la autenticidad que encierra el tema que se nos propone; por eso comienza dirigiéndose a la vida como algo inestable, huidiza, “cómo de ente mis manos te resbalas”. La precisión es nítida. Y más todavía con la palabra muerte que viene, que está ahí con “mudos pasos, con callado pie, todo lo igualas”. Estas ideas no son originales de Quevedo; ya desde la Edad Media no los recuerdan las Coplas de Jorge Manrique (“Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte /contemplando / cómo se pasa la vida / cómo se viene la muerte / tan callando”). Pensemos, también, en las Danzas de la muerte cómo en ese baile se lleva al Papa, al Rey, al Obispo, al labrador, etc.

Importante la reflexión que hace el poeta en el segundo cuarteto “mas ya mi corazón del postrer día /atiende el vuelo, sin mirar las alas”. Es decir está alerta de lo que pueda venir de ese “postrer día”. El vuelo ha representado la muerte; la vida se pasa sin darnos cuenta y ,tal vez, sin gozar del presente; es un síntoma que el poeta la siente, que está cerca.

Quevedo está presente desde el inicio hasta el final (“entre mis manos, edad mía, mi corazón, mi muerte, no puedo, con que me advierte”). La reflexión es personal, claro dentro de cómo se consideraba este tema tradicionalmente. Se parte de una idea existencialista, propia del momento que le tocó vivir; es la angustia, la desolación, la que le lleva a trazar este pensamiento.En el primer terceto cobra un significado esencial las admiraciones del primer verso (“¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!”; es decir desdichada. En el segundo verso de este terceto, Quevedo juega con una antítesis con “pensión y procurar”. La abstracción está ahí; pensión como renta y procurar hacer diligencias para lo que se desea; juego de contradicciones. Cada día vivido es un tributo a la muerte. En el último terceto se insiste en la misma idea, cada instante que transcurre te va restando de vida; eso sí, nos pone sobre aviso, nos advierte, la vida se va transformando en muerte. El panorama de negritud se salva en “la otra”, verdadera visión cristiana con ese vamos de paso , que debemos estar alertas que tantas veces hemos oído o leído. La visión moralizante se desprende desde el primer verso dando a entender que la vida es inconsistente, breve; nos puede sorprender la muerte en cualquier momento, de ahí esa advertencia con que nos envuelve todo el poema. Estamos ante una reflexión final, nítidamente en el último terceto con la tríada adjetival con que define a la vida con esa indeterminación anafórica “cuán, “cuán, “cuán”; frágil, mísera y vana que en literatura recibe el nombre de epifonema.

En todo el soneto lo simbólico está presente, se vale de un lenguaje figurado lleno de metáforas, así como la disposición adjetival. En el primer verso hallamos la aliteración para destacar la inestabilidad (la repetición de la “s”-mis manos te resbalas-). Una personificación en los versos tercero y cuarto (con “mudos pasos”, con “callado pie”). Claro el concepto de igualar. Donde encontramos dificultad para el entendimiento es en la metáfora “…mi corazón del postrer día / atiende el vuelo sin mirar las alas”. La ayuda vendría al considerar vuelo como muerte y alas como tiempo. Otra metáfora convulsa sería “cualquier instante de la vida humana es nueva ejecución”. Señala una idea dada con anterioridad. La dualidad vida / muerte como algo contradictorio pero indivisible; la vida como portadora de muerte.

Observamos la anteposición del adjetivo (“mudos pasos”, “callado pie”, “de tierra débil muro”, “lozana juventud, “postrer día”, “dura suerte”, “cualquier instante”) para motivar más si cabe las ideas que quiere mostrarnos, para acentuarlas; la posposición de “muerte fría” en el primer cuarteto aunque el poeta aplica el adjetivo “frío” a la idea de la muerte, pensamos que no es en sí ni fría ni caliente, lo que es frío es el cuerpo muerto. Simplemente hace una transposición de ideas con el epíteto.

Hallamos otras figuras literarias para remarcar el pensamiento que propone (hipérbaton-“Feroz, de tierra el débil muro escalas”-, sinécdoque-“mi corazón”-, antítesis-el primer terceto, contraposiciones de contenido-, anáfora- cuán.., cuán.., cuán..”-, epifonema-“frágil, “mísera, “vana” .). Es el final, la inconsistencia de la vida; la degradación conque es definida la vida.

La conclusión personal: vive, hermano/a.