Novela

Desde mi ventana, 13 : una relectura de la mejor novela de Torrente Ballester-según el autor-: Don Juan

Una vez releídas dos novelas de Juan Marsé-El amante bilingüe y Caligrafía de los sueños-, como homenaje tras su muerte, y también releídas La hoja roja y El camino al cumplirse el centenario del nacimiento de Miguel Delibes, me lancé a una de las novelas estelares que exige un intelecto continuamente en suspenso para que no se te escape el hilo argumental y puedas hilvanarlo según vas deslizando por la lectura. Es tal la enjundia que tienes que estar absorto por la dificultad que entraña, y eso que es la segunda vez, aunque bien es cierto que fue en la época de estudiante la primera, allá en 5º de Filología Hispánica.

Una vez releídas dos novelas de Juan Marsé

Personales

Respuesta a M. Carmen Fortuna @carmen_fortuna

Cada persona es responsble de lo que escribe o habla; no vale columpiarse en los demás. Respondo a:

@carmen_fortuna

21 ago.

En respuesta a

@rebollosanchez

@RAEinforma

y

@victorguinot

Al día no estaban o no aprendiste tú bien porque la RAE cambió lo de la tilde diacrítica hace sólo unos años.

——

Primero, respeto a los grandes profesores que tuve tanto en la E.G.B. como en el bachillerato. Desarrollo lo que aprendí y, por cierto, es lo que recomendaba la Academia. Investígalo, por favor, y no te columpies en lo que aprendiste de otros. Sé tú.

La reglas de acentuación de 1952, la palabra solo cuando equivalía a solamente-función adverbial- llevaba tilde; cuando era sustantivo o adjetivo se escribía sin tilde.

En las normas de 1959 se suprimía la tilde del adverbio, aunque podría llevarla si con ello evitaba una ambigüedad. En el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Madrid, Espasa Calpe, 1986 ( la primera de 1973, yo tengo la undécima de 1986) pasó a ser opcional y obligatoria en la ambigüedad (“Es lícito prescindir de ella cuando no existe riesgo de anfibología-reglas 16 y 18 de las Nuevas normas de Prosodia y Ortografía que entraron en vigor el 1 de enero de 1959″). Es decir, nada nuevo bajo el sol, simplemente, ahora, la O.L.E.10 nos lo recuerda, que se evitará la tilde en dicho adverbio.

En la O.L.E. 10, la palabra solo, tanto cuando es adjetivo como adverbio es siempre tónica y llana acabada en vocal. Lo de la “cuestión diacrítica” no cabe-solo se pone en las palabras tónicas para diferenciarlas de las átonas que se esctriben igual-(ya sé que esto nos llevaría mucho tiempo y en los lingüistas hay posiciones diferentes o había). A partir de las últimas normas hay que evitar la tilde en el adverbio, incluso en la ambigüedad. Exactamente lo que se emanaba de las normas ortográficas de 1959. Ni siquiera es novedoso lo que ya se escribió hace mucho tiempo. Conclusión ; solo y solo (cuando es adverbio, adjetivo o sutantivo).

Pérez Galdós

Perez Galdós, padre de la novela histórica

En la mañana escurialense de ayer viernes, día 31 de julio, se impartió una conferencia sobre “Galdós, padre de la novela histórica” en el salón de actos del Real Centro Universitario María Cristina adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, ubicado en San Lorenzo de El Escorial. Me sorprendió que se iniciara la conferencia con atronadores aplausos a petición del presentador para el que hablaría sobre la novela histórica; para mí, fue algo insólito.

Don Emilio Lara fue desgranando aspectos de la vida de Galdós antes de arribar a Madrid; pero inmediatamente se adentró en los cafés literarios madrileños del que fue muy apasionado el escritor canario-madrileño-santanderino juntamente con el Ateneo; y a renglón seguido sacó a colación la expresión más banal que se ha podido decir: “nuevo periodismo”-que de nuevo no tiene nada- atribuido T. Capote por su libro A sangre fría, al menos en sus inicios. Como sabemos versa sobre el brutal asesinato de una familia de Kansas; la sociedad de aquellos años quedó conmocionada. Pues bien, don Emilio Lara, como yo escribí hace mucho tiempo, manifestó que Galdós ya lo había hecho en 1886 con El crimen del cura Galeote, y en 1888 con El crimen de la calle Fuencarral. Por cierto, lo de Galdós está mejor escrito e hilvanado, desde luego para quien escribe estas líneas. Tal vez porque sea una traducción. Me dieron ganas de aplaudir, pero me retuve para no interrumpir la disertación oral sublime que se estaba produciendo

Prosiguió con aspectos capitales, cómo a Galdós se le puede definir como “escritor total”, cómo la documentación fue primordial para los hechos narrados desde La Fontana de Oro para detenerse en los Episodios nacionales y conseguir una obra excelsa en lo que se denomina como lo histórico. Insistió en lo viajero que fue y la capacidad de observación que hallamos en sus obras. Así como lo celoso que era de su vida privada, sin olvidarnos del gran lector que fue de la novela rusa, francesa e inglesa. Ahondó en una idea que apenas se dice o se intenta decir lo contraio: “fue respetuoso con las religiones, sobre todo con la iglesisa católica”. También dejó entrever el poder político de la iglesia. sobre todo de los jesuitas. Estuvo equilibrado cuando habló sobre Dickens-Galdós. Eso sí dejó nítido que tanto Cervantes como Galdós brillan por sí a mucha distancia del resto. Si Galdós hubiera nacido inglés el orbe entero se postraría ante su tumba como hacen los peregrinos cuando visitan a Shakesperare; allí hallaríamos, sin lugar para la duda, la doble Jerusalén literaria.

Otras muhas cosas trató el conferenciante, por hoy valgan estas. Al final, con voz clara y fuerte: “proseguid leyendo a Galdós”; y añado: sobre todo los que hablan de él sin leerlo y se valen de chascarrillos, que abundan.

Los aplausos corroboraron la excelencia del orador. Entendí, en silencio, entonces, por qué se le aplaudió tanto antes del comienzo.

Pérez Galdós

Desde mi ventana 12 ( Una nueva biografía de Gadós, 2)

En la primera entrada sobre la nueva biografía de Galdós dejé caer que no convenía leer un ensayo biográfico como una novela, hay que dejar un tiempo en barbecho. Pasado ese descanso me apresuré a buscar el tema dramático. En la página 527 leo: “El teatro como arte total”; sinceramente pensé que desde esta página abordaría su dramaturgia; es decir desde Realidad hasta Santa Juana de Castilla, e incluso nos recordaría la obra que no terminó y que no se representó en vida del autor: Antón Caballero. En vano. A pesar del título de este apartado, pronto me percaté de que desde esta página aparecía Alma y vida hasta la página 533. Los que conozcan el teatro galdosiano se dan inmediatamente cuenta de que a pesar del del título “El teatro como arte total” no aparecía su primer estreno Realidad. Retrocedo hasta la página 359; es decir, si quieres enterarte de todo el teatro tienes que leerte desde esa página hasta el final.Su planteamiento no coincidió con lo que esperaba; bien, nada que objetar; libertad de creación; pero estará conmigo que cualquier lector/a querrá ver a bocajarro este género literario de golpe y, sobre todo, qué se ha aportado a lo ya escrito. No creo exagerar si empleo el adjetivo farragoso; hay que proseguir leyendo, espigando para ver toda su dramaturgia ya que hallamos otros temas que aunque pertenezcan a la época dificultan a la hora de comprender lo que se nos dice de su teatro. Había decidido la ensayista ir día a día desde su nacimiento. Respeto a tantos años de trabajo.

Por otra parte, me sorprende que se valga de las Memorias de un desmemoriado para escribir que el estreno de Realidad fue el 15 de marzo de 1891, no olvidemos que ya Galdós ciego dictaba sin más. Eso es un error de transcripción. Además, ella sabrá que el periódico El Impacial de 14 de marzo de 1892 informa de que a los ensayos han asistido asiduamente Echegaray y doña Emilia Pardo Bazán. De tal acontecimiento-estreno el día 15 de marzo- dieron cuenta también El Heraldo de Madrid, 16 de marzo de 1892; El Resumen, 16 de marzo de 1892; La Época, 16 de marzo de 1892; El País, 16 de marzo de 1892; El Liberal, 16 de marzo de 1892; El Diario Español, 16 de marzo de 1892, etc.

Sin duda, me han alegrado algunas citas que a veces olvidamos y damos por sentado otras ideas que no se sostienen. Una de ellas fue el recuerdo de lo que escribió Max Aub: “El vuelco (en el teatro español) lo va a dar el escritor más importante de este tiempo, Benito Pérez Galdós”, pág. 359. Otra de Pío Baroja con el título “Galdós vidente” en el diario El País el 30 de enero de 1913 con motivo de la reposición de la obra Electra: “La obra de Galdós es una esperanza de purificación, es la visión vaga de la Jerusalén nueva que aparece envuelta en nubes”, y sin embargo he oído, incluso he leído que era antigaldosiano cuando el propio Baroja en una carta se dirije a Galdós con el encabezamiento: “Querido maestro”.

Proseguí revoloteando por las páginas cuando me acordé de Una industria que vive de la muerte . Episodio musical del cólera, pág. 90, que a mí tanto me impresionó de estudiante. A petición del director del periódico La Nación le pide que narre lo que acontecía sobre el cólera; Galdós lo hace a su manera: cómo relaciona ficción y realidad, cómo aúna música y literatura. Lo que no me ha gustado ha sido que la autora escriba: “Una industria… es un cuento temprano de Galdós…”. Ya sé que está en el apartado de Cuentos y así lo ha entrevisto la crítica, pero en su momento mantuve y mantengo que estas crónicas unidas son más ensayo periodístico que cuento. Aun admitiendo que los problemas reales del momento tenían expresión en los cuentos, y estos en los periódicos y revistas. Periodismo y costumbrismo unidos. En el siglo XIX recibía ese nombre, pero me rebelo a que estos artículos reciban el de cuento; están más cercanos a lo que se denomina ensayo periodístico.

Pérez Galdós

Una nueva biografía: Galdós

Bienvenida sea la nueva biografía galdosiana y mis parabienes por esta nueva ventana en el centenario de su muerte cortado por lo que viene en llamarse “coronavirus”; tiempo que nos ha servido para la meditación de que otro nuevo mundo es posible si entendemos lo que nos ha caído sin visos, todavía, de su final. Me consta en estos días convulsos que una de las lecturas preferidas ha sido Pérez Galdós. Varias personas se me han dirigido bien personalmente o vía “whatsaap” preguntándome cuál sería la biografía más certera del novelista por excelencia a la par de Cervantes. Mi respuesta antes de detallarles las que se han publicado fue: la mejor biografía es la lectura de su obra; así de nítido; después Memorías de un desmemoriado de Galdós, y para coronar esta tríada Galdós visto por sí mismo de Carmen Bravo Villasante, bien en la editorial “Novelas y cuentos” o la más reciente de la misma autora ya con el tíulo Galdós en la editorial Mondadori, 1988. Es la esencia, es el néctar porque hallamos vitalidad en la narración y aviva al lector /a; desde luego capital para el que no se haya iniciado todavía; al leer el ensayo biográfico de Carmen Bravo Villasante sentimos delectación, aunque sea incompleto como ella misma resalta; las demás están ahí, incluida la última publicada Galdós, una biografía. XXXII Premio Comillas por mayoría. Las otras tres más recientes: Francisco Caudet, P. Ortiz Armengol, Fco. Cánovas. Pero no descubrimos nada si estas no nos llevan a que el lector/a se acerque a la mayor parte de su obra. Primero lo que da vida y después “ya veremos” y sin prisas, eso es lo que manifesté.

Las biografías no son como las novelas que las puedes leer de un tirón; aquellas requieren tiempo y a ser posible que haya intervalos largos. En mi caso, de esta nueva biografía, solo he leído el prólogo florido, sin duda, sin que encontrase novedades reseñables. Algunas ideas que se vierten son el “run rún”, pero que no se atienen por ejemplo cuando se escribe la expresión ” poco y mal entendido”. Lo de “poco” sinceramene no sé de dónde lo saca; un autor que leí en el bachillerato, en la universidad; que estuvo en las oposiciones, tanto en la de profesores de Agregado como en las de Cátedra; y ahora también en las oposiciones de secundaria; después lo impartí tanto en la Enseñanza Media como en la Universidad. He sido testigo de numerosísimas tesis, incluso lo que antes se llamaba en los años setenta “tesina”. Tiene una vastísima bibliografía. Tampoco fue orillado ante el rótulo de la “novela experimental” ya en en furgón de cola. Claro que se leyó a Galdós en ese tiempo de tribulación; por cierto, algún nombre se recuerda no por sus novelas-pocas- sino por lanzar su antigaldosianismo. Me estoy refiriendo a Juan Benet.Querían que lo recordaran. Tengo la impresión de que los que vierten estas ideas ni han leído a Galdós y menos a Juan Benet. De este autor, ya muerto, yo sí lo leí e incluso publiqué en la revista Ínsula, y más tarde lo impartí en la Universidad Complutense. Lo de “mal entendido”, sinceramente no lo entiendo y menos proveniente de una filóloga galdosiana. Y menos, aun, cuando hace referencia a datos elementales de su vida (“algunos se repiten mal”); esto desdice en un prólogo sin que nos invite a decirnos cuáles son. Si se refieren a datos familiares o a la vida sentimental del escritor, estos poco importan ante ese vasto mundo novelesco, dramaturgia, el escritor periodista o la correspondencia para aunar lo individual y lo colectivo.

Me he leído también el apartado “Sociedad y novela”, 1876-1878. Aquí me he detenido. Solo 14 páginas, de la 167 a la 181 me han parecido pocas para una dualidad amplísima en la obra galdosiana y aunque la autora se refiera solo a las novelas de la primera época; hay que pensar que estamos ante un ensayo de más de 800 páginas por lo que tenía que haber profundizado más ya que es la base en la que se sutenta la obra galdosiana; en este periodo, me sorprende que no haya hecho mención a Rosalía, el eslabón entre lo que enumeramos como tratamiento histórico y realidad contemporánea, que hubo debate sobre este tema en el IV Congreso Internacional Galdosiano en 1990. Como bien sabemos fue descubierta por el investigador A. Smith y publicada en la editorial Cátedra en 1983. Eso sí, en la bibliografía final aparece y en una nota (pág.777).

Hubiera preferido que este apartado fuera más personal ya que las exiguas líneas son como un compendio de lo ya escrito por muchos investigadores, lectores y críticos. Sí destacan y necesarias las 14 notas (págs. 776-779), más para los estudiosos, curtidos, de Galdós que para el lector común que se inicie. Por el momento, dejaré la lectura; necesito el sosiego necesario para que no influyan estas ideas en el resto de la biografía, o así lo deseo.