Poesía

Pere Gimferrer en Madrid

Como la nube desenmascarada,

ver otra vez tu rostro en los carmines

de la vacilación de amanecer.

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Ante un salón abarrotado-para mí fue sorpresivo- se presentó, tarde-anoche, en  Conde Duque de Madrid el último libro de Pere Gimferrer: No en mis días. El poeta del libro clásico y referente de la poesía de los años sesenta Arte el mar (1966)impregnado de tradicionalismo y sensualismo- nos alimenta, de nuevo, en su siempre alborear poético; no puede pasar desapercibido, es como una estela hacia lo sublime; ya quedamos absortos con Amor en vilo (2006 y Tornado (2008).

Hasta la saciedad nos ha repetido que el tema de la poesía “es la poesía”; claro, unido a la fórmula ya clásica: sonido, ritmo, palabra; y estas dentro del campo semántico musicalidad-literatura; no hay más fórmulas; en esto, Pere Gimferrer es un maestro, aunque, a veces, no entendamos algunos versos por la dificultad que entrañan, pero siempre con fidelidad a la medida, al alejandrino, al ritmo. Es de los pocos que hoy defiende que la palabra se basta así misma; es el retorno al fogonazo irracionalista; es el fulgor que estalla, que inventa lo nuevo, que nos purifica; el relámpago que ilumina como llama perpetua.

Poesía

La poesía española/castellana desde los años setenta hasta la actualidad

Con estas líneas he intentado acercarme con pinceladas, sin más, al género poético desde lo que se denominó postnovísimos; son muchas las casas de la poesía; he pretendido ventear algunas.

La poesía espñola / castellana de los años setenta hasta la actualidad

Poesía

La poesía de 1939 a los años setenta

Esta poesía está dentro de lo que Dámaso Alonso denominó POESÍA ARRAIGADA Y POESÍA DESARRAIGADA. A la primera corresponden los que prosiguieron la poesía como si no hubiera pasado nada, y se fundaron las revistas Escorial  y Garcilaso para propagar esta poesía. Con la creación de Garcilaso en 1943 aparece el movimiento denominado “Juventud creadora”, expresión que podemos leer en el subtítulo de la revista. El nombre de la revista llevaba implícito la norma clásica. El propósito no fue otro que romper con la libertad creadora de La Generación del 27 y las vanguardias para volver a las formas clásicas, por ejemplo el soneto y otras. La huida del entorno, del desastre de la guerra fue notorio. Vicente Gaos lo llamó como “anacrónica poesía de evasión”.  

Los poetas de esta corriente pretendían no una poesía pura sino humana, aunque la mayoría después se establecieron en una poesía formalista, alejada de la realidad social del país; cayeron en una estética “neoclásica”. Algunos exaltaron el imperio, la patria, la fe, la cruzada. Sobresalieron los temas patrióticos, amorosos y religiosos con expresiones formalistas, militantes, heroica, incluso metafísicas. De este período destaquemos a los poetas Dionisio Ridruejo (Sonetos de piedra, 1943), Luis Rosales (La casa encendida, 1949), García Nieto (Tú y yo sobre la tierra, 1944), Leopoldo Panero (Escrito a cada instante, 1949), Luis Felipe Vivanco (Tiempo de dolor, 1940),  Rafael Morales (Poemas del toro, 1943).

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