Novela

El gran Gatsby

Al nombrar la novela nos vendrá una época llena de esplendor ; son los míticos años veinte no solo económicamente en EE,UU., también culturalmente. Por otra parte, esta novela ha pasado como la cima, como lo mejor de Scott Fitzgerald; además es considerada como la segunda en lengua inglesa tras Ulises de James Joice. Poco importa lo que se diga si no las leemos tanto una como la otra. Sin duda, más difícil la irlandesa. La eclosión cultural también se dio en Europa, pero añadamos, al mismo tiempo, la represión política, aspecto que se deja entrever en la novela; aun así es «un retrato magistral de las paradojas y contradicciones de los años veinte, una de las décadas más completas y fascinantes del siglo XX en los Estados Unidos», pág,13. La frase acuñada del sueño americano reverdece. Sueño o mentira ha quedado para la posteridad.

Si en los EE. UU sobresalen en el año 1925 El gran Gatsby, Manhattan Trasnsfer, Una tragedia americana, en el año 1922 se alzan en Gran Bretaña The waste Land y Ulisses. Años en los que se tendrán en cuenta para configurar desde otra vertiente el Modernismo. Por otra parte, el autor llegó a escribir que El gran Gatsby «bien podría ser la mejor novela escrita en EE. UU.», pág.73). Sin duda, fue consciente de este pensamiento aunque tardara en obtener esa montaña en la que soñó. Y todo con ese nuevo alborear de la novela de principios de siglo; una estética impregnada de poesía, de verdad.

El poder del dinero, la frustración que conlleva si ves a unos que se sientan sobre los demás y son amos incluso de las relaciones humanas, es algo que se percibe y aplastan las ideas más novedosas porque sin dinero te ves hundido y la soledad te embarga. Y como guardián el tiempo tan importante para el personaje que abarca todo y quiere asirlo. La opulencia y la miseria humana se dan la mano en esa dualidad entre el Este y el Oeste de los EE.UU. («Hay algo cierto y nada más cierto hay, / el rico se carga de oro y el pobre de…criaturas /mientras tanto, /entretanto…», pág.268). La mitificación nos conduce también al fracaso, a la imposibilidad, al contraste. Es el retrato de una sociedad en un momento dado pero que proseguimos revistiéndola con todo esplendor, por eso decimos que el personaje Gatsby trasciende, precisamente porque detrás el autor ha sabido ocultar datos tal vez para que los/as lectores seamos copartícipes de hechos que nos vengan a la memoria. Choca, asimismo, que mientras las personas se entregan a las diversiones(» La mantengo siempre interesante , día y noche. Gente que hace cosas interesantes. Celebridades», referida a su casa.) en el personaje primordial está como ausente, como si la soledad le pudiera más; en esa dualidad pervive y contempla. Tal vez sea el no saber a dónde nos conduce la condición humana y al apremiar el tiempo damos suelta, al instante, a la diversión, aunque al final caigamos en la cuenta de la pérdida de la ilusión como si hubiera sido un sueño. El polvo eres y en polvo te convertirás resuena en el espacio. Los símbolos perviven («Cuando el tren pasó por los montículos de cenizas aquella mañana…»). El contraste con la fastuosidad, el frenesí, el encanto son nítidos.

La primera vez que leí la novela, hace mucho tiempo, me sobrecogieron las primeras líneas que siempre he tenido en cuenta, pero no siempre con acierto, y fue el consejo que le dio su padre: – «Cuando te apetezca criticar a alguien-me dijo-, recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú», pág. 163. Ese es un defecto mío: ser exigente con los demás aunque no lo manifieste por respeto y dignidad; la persona está por encima de todo, más allá de sus cualidades o torpezas. La tolerancia es una virtud del género humano. Debemos intentarlo. En cuanto a si es una novela magistral o el paradigma de novela americana («una obra maestra por su perfección formal como por los temas en que profundiza» pág.135), como tantos la han bautizado, no debemos quedarnos con visiones alicortas eres tú quien al desbrozar la lectura el que debes corroborarlo o no. Nos podemos preguntar si la novela se queda solo en ese ambiente americano o va más lejos. Si se prosigue leyendo fuera de ese entorno es porque en la condición humana subyacen las mismas frustraciones, las mismas alegrías, los anhelos sacrificados, el ansia por la supervivencia y la alegría de vivir. Pero, también, al final, quedas en suspenso como si todo ha sido vano, cáscara sin más, o esa palabra que lo abarca todo: el desencanto. El «sé tú», tantas veces repetido, tiene que prevalecer. Recuerda siempre que todo texto y más si es clásico tal vez tenga varias lecturas. Elige la que llegue a tu pensamiento. y si tienes tiempo relee. Las últimas hojas te quedan como absorto; enaltecen las palabras.

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Scott Fitzeral, F El Gran Gatsby. Madrid, Cátedra, 2021

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Novela, Poesía

Una ondina moderna

Al abordar el libro Una ondina moderna , narraciones y poemas me encuentro con una mujer pletórica de ideas nuevas en su novela, poesía y relatos de la primera mitad del siglo XX. Tres géneros que se resumen en una adelantada, creadora de una población que es la suya con el emblema de gentes que han recibido el señalamiento de afroamericanas; en este entorno hay que estudiar su obra; por eso debemos celebrar que tengamos acceso a su lectura.


Como nos adelanta el editor, el hecho de que proviniera de una familia » de origen multiétnico y en una ciudad en la que la sociedad estaba formada por gentes de origen muy diverso», hay que tenerlo en cuenta para comprender mejor lo que Alice nos quiere transmitir. Incluso se nos dice que podía encajarse en el grupo Brass Ankle, «quizá haciendo alusión a los grilletes con que se mantenía sujetos a los esclavos», pág.13. Si fuera así, el recuerdo se convierte en alarido y la emoción subyace en todos sus escritos.

Poco importa el rastreo que se pueda hacer, incluso delimitándola bajo el paraguas «Negro Literature», pág.65; lo primordial es la lectura y que pertenezca a una denominación no mengua su poderío singular, como una vez acabada la novela corta Una ondina moderna podemos pensar. Destaquemos esa destreza con que desbroza unos hechos que permanecen, por lo que hemos avanzado poco en lo que se considera primordial en las personas como es el humanismo, da igual desde donde lo otees. ¿Qué hay detrás de esa «ondina», es solo ficción o es una realidad que describe para mejor explicarlo? Las primeras palabras de la novela nos evocan un presagio: «El mar se mecía a sus pies con una tenue monotonía de vida y muerte». Lo simbólico se apodera de la narradora recurriendo a la mitología, a ese espíritu que subyace y que lo aclara en la última línea de la novela: «Lo enterraremos junto al mar, Madre». El mar como refugio, como canto constante para los indefensos, para los/as sin voz. Los recuerdos como evocadores de lo que fue, pero también como agarradores de las posibles caídas.

Ya en las primeras páginas la expresión «¿Qué habrá querido decir» es inquietante para quien acaba de casarse. El «perdóname, por favor» no fue acogido, ni siquiera el abrazo y los besos apasionados. Marion no respondió. Mucho tiempo después musitaba la misma expresión » ¿ qué habrá querido decir?». Su remordimiento no cejará, y estalla con otro pensamiento: ¿Me consideras encerrada y limitada?».

Lo que no entendería Marion es lo que ocurrió en la estación cuando Howard se apeó del tren y no ver el «trineo esperándolo». Este hecho y todo lo que ocurrirá en la novela será determinante. Nos llevará al nacimiento del niño; el dardo envenenado llegó al corazón. «Quería que lo supieras…., ya que es culpa tuya». La intriga de la narración te deja en suspenso hasta que se aclaran los pormenores de la relación y los «dimes». Al final, Howard tiene que partir y le dice: «Dios te bendiga, Marion». Terrible idea, casi al final: «De haber sido una mujer, por supuesto que habría tenido que quedarse y afrontar la situación, pero afortunadamente, en el mundo no se esperan tales cosas de los hombres, siempre se les permite la alternativa….» La estampa «Marion contempló largo tiempo la diminuta forma en su pequeño ataúd revestido de flores» nos sumerge en el silencio al preguntarnos ¿por qué? y no hallamos respuesta.

Me he detenido en el último y más extenso poema del libro («Harlem John Henry views the Armada»). Es en realidad un canto salvífico a una cultura propia inserta en lo americano; esta mezcla se consigue con la aceptación de la tolerancia. Precisamente esta dicotomía nos conduce a una excelencia poética, incluso cuando se añaden voces dialectales, Poco importa si fue verdad o se va lejos. El personaje se ha convertido en mito, como representante de la clase trabajadora, que venció a la máquina, al sacrificarse por los demás, y así es contemplado por la poetisa afroamericana. El comienzo del poema con Harlem mirando al cielo le hace musitar: «Beauty must be, must be, else life is dust». ¿Qué hacer ante las dicotomías «Beauty and peace. Beuty and war?». No puede haber otra senda que la titulada «Let us have peace! Tiene que haber un momento en que en la ciudad se adentre la luz para cantar («Beautiful the feet of them that bring us peace!).

El final es clamoroso: la belleza del dolor es un grito contra el odio; es el triunfo del bien sobre el mal, el día sobre la noche; es el gran día de la igualdad, de los justos. Ahora sí: » God´s goin´ to build up Zion ´walls! El pensamiento bíblico resplandece; es el Jesús de los cristianos el que estaba llamado a derribar y construir una nueva justicia, un nuevo Sión, la tierra prometida. El poema termina con el festejo y la gratitud: «Great day! Great day!».

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Dunbar-Nelson, A., Una ondina moderna. Narraciones y poemas. Madrid, Cátedra, 2021

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Novela

Desde mi ventana, 13 : una relectura de la mejor novela de Torrente Ballester-según el autor-: Don Juan

Una vez releídas dos novelas de Juan Marsé-El amante bilingüe y Caligrafía de los sueños-, como homenaje tras su muerte, y también releídas La hoja roja y El camino al cumplirse el centenario del nacimiento de Miguel Delibes, me lancé a una de las novelas estelares que exige un intelecto continuamente en suspenso para que no se te escape el hilo argumental y puedas hilvanarlo según vas deslizando por la lectura. Es tal la enjundia que tienes que estar absorto por la dificultad que entraña, y eso que es la segunda vez, aunque bien es cierto que fue en la época de estudiante la primera, allá en 5º de Filología Hispánica.

Una vez releídas dos novelas de Juan Marsé

Novela

Las Brontë en parajes inhóspitos

Aunque tarde, como casi siempre ocurre cuando algo tiene valor, las hermanas Brontë están en el candelero con tres novelas que apasionan a los lectores, aunque para la posteridad nos sobrecoja Emily con su obra maestra Cumbres borrascosas sin que Jane Eyre-Charlotte Brontëy Agnes Grey-Anne Brontë- desmerezcan. Si puedes, intenta ir a Haworth, visita la casa en la que vivieron-casa parroquial-, recréate con el paisaje-«tan del todo apartado del mundanal ruido»-, y así quizá comprendas mejor el espíritu que destilaron las tres hermanas en sus obras. Después, ese oreo que imprime el lugar no te abandonará con un recuerdo perenne; y si te atreves a leer la poesía de Emily quedarás imantado para siempre. Haworth y  Yorkshire estarán presentes cuando oigas o leas a las tres escritoras después de que pises esos petrificados lugares agrestes-en los que acaricias el cielo- con acento literario; mejor en la primavera o verano que no en el crudo invierno.

Ahora en formato asequible, no solo por el precio, intenta leerlas y no tengas en cuenta las opiniones vertidas. Lo primordial es el lector/a ante el texto y si te sirve para tu formación; he ahí la grandeza de los libros. La creación literaria como algo necesaria para extender el conocimiento y la inteligencia. Aquí a buen seguro que los hallarás en medio de una época victoriana tan grandiosa de las que forman parte las tres novelas. Hoy, se consideran dentro del clasicismo literario inglés y eso que en aquel tiempo no era tan fácil que se publicaran y  leyeran.

Con una voluntad de hierro, CH. Brontë consiguió que Jane Eyre. An Autobiography saliera a la luz en 1847. Ante tanto éxito, se publicó la segunda edición ya con prefacio de la autora, todavía con el seudónimo Currer Bell. Aparte de los agradecimientos por la acogida del público, la prensa y los editores, arremete contra la intolerancia-«padre de todo delito»-. He sonsacado las frases : «El convencionalismo no es la moralidad. La santurronería no es la religión. Atacar aquellas no es defender esta. Quitarle al fariseo su careta no significa alzar la mano contra la Corona de Espinas». En realidad, todo el prólogo está lleno de verdades que incluso hoy gran parte de la sociedad no quiere oír, de ahí su vigencia.

Aunque ya la novela se publica solo con el título de Jane Eyre, en la primera edición aparecía An Autobiography. Sin duda, la realidad y la ficción se dan la mano, y parte de la novela atestigua la vida de Charlotte. ¿Se puede crear de la nada y más en un siglo tan convulso?, ¿y cómo no recurrir al sentimiento amoroso tan propio de las personas? El romanticismo que tanto bien trajo también se asomó al fracaso; son las dos laderas por las que cabalgamos las personas.

Más allá de que es un trasunto de su vida enmarcada en Jane, los hechos del hambre, la intolerancia, la descripción de interiores por las cinco casas que pasó, los jardines, familias que trataban a las institutrices con arrogancia-rayando la ridiculez-, desolación interior, la búsqueda de identidad, el poder o porque lo mando yo es propio del siglo que le tocó vivir, y a eso se agarra la autora para darlo a conocer, pero también en su idea de ser ella, de ser libre, que siente, la lucha por la igualdad, de conquistar algo nuevo-tal vez por la monotonía de sus ocho años de profesora-, «desistí e hice un ruego más modesto, por un cambio»; incluso nos dice que rezó por conseguir la libertad. Claro que choca el final de la novela, aquí no se parece a lo biográfico; el porqué Charlotte se decanta por un matrimonio entre Jane y un hombre ciego y mutilado caben muchas interpretaciones, pero  esto no es lo fundamental.

Los que  leen  mi página se habrán percatado de que tengo una cierta predilección por Emily-de hecho cuando voy a Extremadura una de las mieles que compro es la de brezo- «La abeja danza entre las campanas del brezo»-, planta abundante, símbolo del páramo por excelencia-«en verano nada más divino que esos valles encerrados entre colinas y esas erguidas, audaces crestas de brezo», leemos en la novela y que tanto admiraba-, sobre todo desde cuando visité Haworth y descubrí que también había escrito una poesía excelente-nada de metafísica como se ha escrito-, sino cercana, sentimental, que te llena y parece que sientes como ella lo que escribe. Guardo con primor una edición en inglés de Wuthering Heights (Reissued by Macmillan Collector´s Library que me regalaron) y, claro, el libro de poesía The Brontës en el que están los 31 poemas que escribió Emily que compré cuando estuve por esos páramos de York, ya famosos («only twenty-one of her poems were published during her lifetime», aunque después he tenido noticias de que tal vez se le puedan atribuir 182; quizá conjeturas).

Todo lo que rodea en Haworth lo puedes leer en la novela con un detallismo que te impresiona; solo puede venir de una persona que ha hollado esos lares, y como en una colina nos presenta una apasionada relación amorosa que nos sirve de lumbrera para que estemos advertidos. Hasta dónde nos puede conducir el amor, incluso en este relato entreverado de odio, incluso brutalidad. Cómo es posible que ante la perseverancia amorosa exijamos la frase lapidaria «No descansarás mientras yo viva» (Catherine Earnshaw, may you not rest, as long as I am living! (…) I know that ghosts have wandered on earth. (…) Oh, God! It is unutterable! I cannot live whithout my life» I cannot live without my soul!). Por qué nos apropiamos del otro yo; por qué arrebatamos la otra libertad que no nos pertenece. La leyenda dice que ese espíritu amoroso prosigue por las parameras del lugar. Hay expresiones que van más allá de los imaginado («Si todo lo demás sucumbiera y él quedara, yo seguiría existiendo). Queramos o no, Brontë country es un territorio mítico; no importa que combinara lo real con lo imaginario para describir los páramos de Yokshire; la creación es necesaria.

La muerte de Emily, tan temprana-30 años-, fue injusta, quizá en ella se juntaron la soledad, la muerte de su hermano, su obra que no fue bien recibida y cómo no, algo que necesitamos, como es el amor (El verso “Sweet Love of youth, forgive, if forget thee /while the world´s tide is bearing me along”, siempre me hizo pensar en que algún día le llegaría la plena realización amorosa; tal vez se truncó o ni siquiera apareció). Algunos achacan al resfriado que cogió, la tuberculosis…, todo se juntó, quién sabe. Lo primordial es que hoy pervive y es un ejemplo en muchos sentidos. El devenir le ha premiado no solo con su obra cumbre sino también con su breve poesía. Hagámoslo posible también en el siglo XXI. Su espejo nos servirá de ayuda. A las personas de bien hay que enarbolarlas.

Detrás de la novela Agnes Grey, al menos en parte, subyace la vida de Annë Brontë. No entremos en si es «un diario», «apuntes autobiográficos» o novela realista. Eso poco importa. Son los lectores los que la valorarán. Es una historia más en la que sobresalen los quehaceres de una mujer en medio del siglo; es la suma de la realidad y la ficción. La autora quiso darnos otra historia de amor en la que por cierto ella no está inmersa, por lo menos en ese final propio de hacer felices a los demás, o tal vez lo que le hubiera gustado, aunque no fuera así como sabemos por su vida. Tres novelas que te harán pensar para que cada día entiendas la importancia de la existencia.

 

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Las Brontë, Tres novelas, Jane Eyre, Cumbres borrascosas, Agnes Grey. Madrid, Cátedra, 2018