Poesía

Antología poética de W. Wordsworth

De nuevo tenemos que recurrir a otro estandarte áureo para adentrarse en el paraíso poético. En este caso, Wordsworth, que está en ese ámbito de lo que ya ha recibido el marbete de “Lake Poets¨, juntamente con Coleridge y R. Southey. En otra expresión, el inicio del romanticismo inglés, y Wordsworth está considerado como una de las cimas de ese romanticismo. La poesía como bálsamo; dar “la palabra a la palabra” como nos dejó escrito J. Á. Valente.

Es, otra vez, la emoción hecha carne en sus versos; es el poeta que siente, el que se abraza con la naturaleza-“The calm of Nature with our restless thoughts”-, el que desprende un yo romántico para posteriormente dejarnos su testamento poético; pero no solo se inmiscuye en el entorno, también deja entrever la poesía de otros; digamos que todo ayuda para lanzar una nueva poesía. Un nuevo gozo existencial en sus experiencias vitales. Al lado, también otros poetas engrandecieron la poesía inglesa como Keats, quizá, es la mejor voz poética del romanticismo inglés de este periodo. Su pensamiento estuvo en los parámetros de la virtud, de la conducta. Uno de los axiomas: “La belleza es verdad, la verdad belleza, esto es lo que sabes de la tierra y todo lo que saber necesitas”. Si existe una palabra en la poesía de Coleridge es soñador; es el poeta enamorado de lo extraordinario; el que nos transporta a las regiones utópicas. Tres poetas esenciales en la literatura inglesa. Se puede decir que con la publicación de Lyrical Ballads por Worthwords y Coleridge se inicia un nuevo alborear.

La estructura de esta Antología está bien conseguida, que comprende introducción-necesaria su lectura- una bibliografía más que suficiente, el inmenso poema The ruined cottage, las dos Lyrical Ballads,- la primera de 1798 y la segunda de 1800-, Poems in Two Volumes, Poems After 1807. La introducción termina con la expresión “los lectores tendrán en definitiva la última palabra”, pág.123. Sin lugar para la duda, somos los lectores los que hemos dar testimonio de la recepción de la obra literaria porque ya nos pertenece una vez adquirida y leída. Lo primero que leí del poeta fue Tintern Abbey. Me encantó, y ahora, de nuevo, inmerso en estos poemas que te apabullan en este tránsito existencial en el que estamos abocados y en el que solo debes elegir el camino; el poeta te advierte sin más en el que la naturaleza se convierte en tu compañera- y cómo no las lecturas- para que no te desvíes del camino que añoras o quieres recorrer.

No se puede poner en duda, después del esfuerzo, de que “es la más completa antología bilingüe en edición crítica que se ha llevado a cabo en lengua española hasta la fecha”, pág. 117; se reconoce la labor de los que le han precedido en verter al castellano la obra del poeta. Lo que no me parece adecuada es la afirmación ” la todavía extensa laguna en lo que respecta a su conocimiento”, pág.118; aunque sí, en que es “uno de los grandes poetas de todos los tiempos”. Tal vez se ha ido demasiado lejos cuando se escribe: ” viene siendo considerado el tercer componente de una gloriosa trinidad constituida por Shakespeare, Milton y el “padre de la poesía romántica”; en esta tríada también hay que añadir a Keats, “aquí yace/ uno / cuyo nombre fue escrito en agua”, como reza en su tumba; también a mí me lo parece como a parte de la crítica más exigente, claro sin quitar un ápice a Wordsworth. Bien es cierto que el editor tiene palabras elogiosas al referirse a Keats: “uno de los más grandes artífices de la palabra en lengua inglesa”, pag. 77.

Es notorio la universalidad de Wordsworth. No sé si se ha ido demasiado lejos cuando Gonzalo Torné manifiesta: “de manera que cualquiera que escribe o lee poesía, lo sepa o no, la lee y la escribe wordsworthizada”. Y Chesterton “nos asegura que leerlo se parece a beber al alba, entre montañas, nada menos que una copa de agua”. Wordsworth supo aunar la naturaleza como esplendor y la capacidad del poeta para asimilarla y entregarla a sus lectores. De estos se ha recogido incluso que su poesía “les ha sacado de una cárcel oscura y les ha conducido hacia la luz de la liberación”.

La grandeza de su imaginación reside en las tantas veces repetida su concepción de la poesía: “Poetry is the first and last of all knowledge; it is as inmortal as the heart of man”.

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Wordsworth, W., Antología poética. Madrid, Cátedra, 2021, 732 págs.

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Poesía

La poesía romántica europea

Los movimientos literarios son difíciles de definir ya que se entremezclan, se apoyan unos con otros, y más, en concreto, el romanticismo, por lo que no podemos ponerle puertas. El Romanticismo y su conciencia de movimiento

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El Romanticismo y su conciencia de movimiento literario

 Los movimientos literarios son difíciles de definir ya que se entremezclan, se apoyan unos con otros, y más, en concreto, el romanticismo, por lo que no podemos ponerle puertas. Pero sí debemos decir que surgió en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII, que se extendió por el resto de Europa en la primera mitad del siglo XIX. Es el final de la razón, de la regla, con primacía de la libertad, la voluntad individual, predominio del yo, del idealismo-amor, felicidad, paz, justicia-, de lo popular, culto al sentimentalismo-mujer, paisaje-, reivindicación del cristianismo-sentido de la vida y de la muerte, el destino-, imitación a los grandes de Europa como Calderón, Shakespeare, Dante, etc. Es el derecho de una persona a expresarse sin cortapisas, a realizarse en plena libertad en su entorno.

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La lírica romántica de dos poetas ingleses: J. Keats y T. S. Coleridge

El autor de las Odas- Ode to Psyche, Ode to a Nightingale, Ode on a Grecian Urn, Ode on Melancholy, Ode on Indolence, To Autumn-, J. Keats (1795-1821), quizá sea la mejor voz poética del romanticismo inglés porque engrandeció la poesía inglesa de este período. Su pensamiento siempre estuvo en los parámetros de la virtud, de la conducta; la palabra independencia era algo sustancial; de ahí parten sus versos. Decidió “ganarse el pan, como hacen otros”, con la literatura periodística.

 Una de sus ideas capitales han pasado todas las fronteras existenciales: “El elogio o el reproche no tienen sino efecto momentáneo en el hombre cuyo amor a la belleza en abstracto le convierte en severo crítico de sus propias obras”. A la hora de enjuiciar la poesía, no entiende que la gente “pueda leer tanta poesía”. Además añade: “No tengo ninguna confianza en la poesía. No me maravilla”. Pero más sorprendió que mantuviera el criterio de que el autor debe desaparecer del poema, y de que la poesía debe comunicar sensaciones, no las pasiones o ideas del autor; rompe, por consiguiente con el emblema de literatura como vida tan típico del romanticismo, y abre la puerta a la poesía pura tan señalada de la segunda mitad del siglo XIX y primeros del XX.

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