Personales

Ante la ventana, 1. Ya he aludido

Ya he aludido, en varias ocasiones a la ventana, que comencé cuando nos visitó lo inesperado por su sorpresa, sin que nadie lo advirtiera. Fue lo que se llamó «Filomena». Ahora es otra ventana, como mirador, mucho más amplio en su largor, profundidad y anchura. La luz penetra en toda la casa como centinela, como ojo abierto, que destella alegría, entusiasmo, felicidad. Es un incendio de plenitud que penetra en la mente, que te dice vete contento; aquí me quedo vigilante con toda claridad . Llévate la fascinación de los libros que parecen que hablan a la espera que vuelvas. Tan esclarecedor como te vas, se quedan.

Al regreso no hace falta que te agarres al alféizar de la ventana para asomarte. Todo forma una habitación espléndida con paredes blanquísimas. Ni candelabros son necesarios. Es un espacio narcotizado de belleza y de luz que te saludan. El alma se sincera y te anima a que contribuyas con el espacio. La nostalgia no cabe. Ahora solo la contemplo como guardián/a. La fantasía, por tanto, se yergue, huye de la soledad y se encrespa ante lo imposible, como elogio de lo que no se puede lograr. Es el recuerdo de lo vivido, que no se añora, ni se desea. Pasó y ya está. Llamea como necesidad existencial, pero se aporta; vamos todos hacia la finalidad y abandonamos el fruto del deseo.

No es el ancla, sí el centro de la casa, pero no va conmigo la quietud en los espacios, prefiero la huida y acogerme en bibliotecas; la mejor universidad, es el júbilo del pensamiento.

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Cantando sobre el atril by Félix Rebollo Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España License

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Personales

Desde mi ventana

Han pasado diez días desde que nos invitaron al enclaustramiento; ahora soy feliz, y más desde que escuché a Francisco-Su Santidad para los cristianos-católicos- en el programa de la sexta «Lo de Ébole». Se necesitaban sus palabras después de tanto «sabidillo/a» que pulula para criticar sin sentido, por no decir ignorancia. Por qué no dejarán, de una vez, que hable la ciencia y se atienda a la comisión elegida, encabezada por el Presidente del Gobierno. Tendría que reinar la meditación, el silencio y, sobre todo, la solidaridad, lo demás hojarasca.

Escribía que ahora estoy feliz en este Madrid, de hoy, lluvioso y soleado a ratos; pero me costó el primer fin de semana inesperado adaptarme; para mí fue terrible no poder ir a correr, a entrenar, para las dos pruebas que tengo pendientes-ya inscrito- en Cuenca y Londres. El lunes me dije: «levanta Félix ese espíritu». Así lo hice; me propuse desde las ocho a las nueve, todos los días, hacer ejercicios deportivos en casa; después ducha y cambio de ropa todos los días como si fuera a salir, y luego a desayunar. Y fui llenando día tras dia quehaceres, con lecturas, escritura, música, alguna obra de teatro en el ordedenador-gracias a esos autores o directores que nos permiten en estos días convulsos verlas–, limpiar y un nuevo orden de mi biblioteca de 3.260 volúmenes, seguir lo que ocurre en el mundo, sobre todo en Londres ya que tengo una hija trabajando allí, videollamadas casi todos los días y no ver la televisión-salvo algo concreto como «lo de Ébole» o «saber y ganar» y no siempre. Ahora resulta que me falta tiempo para lo que me he propuesto.

A los dos o tres días, pensé que esto iba para lejos; en concreto, me dije hasta el 15 de abril no empezará otro estilo de vida, aunque será mayo cuando despertemos que la vida hay que vivirla que para eso está, lo demás florecillas que marchitan. Ojalá mayo sea florido y hermoso para, una vez más, corroborar lo del mes de las flores. Esta experiencia nos servirá para afrontar que esto va en serio, que el vacío no contribuye a la felicidad; tenemos que ser y expandirlo, liberarnos de tanto acto inútil; hay que abrir la ventana para que entre aire purificador y más si es la interior, el ahondamiento nos hará más fuertes. «La loca de la casa» en expresión de santa Teresa hay que desentumecerla, hacerla vívida, que sea luz, antorcha para todo este año galdosiano. Venga, ánimo.