Personales

Selectividad en Madrid. Convocatoria extraordinaria de setiembre, 2013

A la alborada, desde Moncloa, camino hacia la sede 3 en la que estoy convocado por la Universidad Complutense para partcipar en los Tribunales de calificación de selectividad. El mismo paseo que realicé en el mes de junio; entonces la brisa de la mañana bañaba el rostro que se agradecía. Hoy, 11 de setiembre-el pueblo catalán celebra su «Diada», mis parabienes, entrelazados, muchos con camisetas independentistas- voy más abrigado aunque percibo el aire fragante y acogedor-de una nubosidad cercana- con el «frufrú musical», con un aleteo constante de las hojas de los árboles.

Cómo no, al igual que en el mes de junio, me pasé por la cafetería mítica de la antigua Filosofía y letras (ahora edificio A de Filología). Es paso obligado para alguien que fue feliz durante los cinco años de Licenciatura y los dos de doctorado. El recuerdo se hace luminoso, aunque esta vez con la noticia de que uno de los camareros-servicial donde los haya-, se encontró con la muerte de golpe en los aledaños en el mes de julio, según me confirman sus compañeros.

Despùés me dirijo a la máquina-entonces se pagaba al camarero- para sacar el tique de un desayuno con cruasán y café cortado; el agua y la fruta ya la tomé en casa antes de salir. La frialdad de la noticia la palpé en el ambiente. Pensativo, al terminar, me marché a la sede. Somos obedientes, no sabemos ni el día ni la hora. El recuerdo del poeta se nos presenta: «Mirad no os engañe el tiempo / la edad y la confianza».

 

Personales

Vamos caminando

El poeta  se adelantó a la importancia del verbo y del sustantivo, ya clásico, que repetimos cuando lo leemos o lo escuchamos; es el camino como senda que nos conduce hacia la meta en ese «andar» tan rápido y seguro. Otro verano pasó y el tiempo nos alcanza para despojarnos de lo mental, de lo físico, de todo lo que nos concierne. Sin duda, es una necesidad, ese ir abandonando nuestro yo sin darnos cuenta; ni siquiera el amor, el sentimiento, mantiene lo eternal.

El mañana ya no será igual, no está escrito. Es, otra vez, el incio de otro curso, y en la puerta los «cross» universitarios, «Madrid corre por Madrid»,  el Maratón de Donosti que espero con ilusión contenida, pero, sobre todo, el M. Maratón de Gotemburgo, el mismo que describe Larson en quizá uno de los libros mejor escritos y estructurados del año pasado. Mis impresiones quedaron reseñadas en su día en esta página «web». Por encima de todo, está un recuerdo emocionado y viviente.

Personales

De vuelta

De vuelta de unos días placenteros en el Mediterránero en la histórica Peñíscola-vigía del mar- en donde murió a los 95 años el papa Luna, me enfrasco en relecturas de Don Quijote de la Mancha, Cumbres borrascosas y Of mice and  men de  J. Steinbeck. Esta última para ir recordando mi inglés adormecido o en palimpsesto

La novelista y poeta, Emily Brönte, bien lo saben los que me leen, siempre está presente, quizá más por su poesía que por la novela que tanta fama tiene. El recuerdo de la inmortal novela de Miguel de Cervantes ocupa un lugar privilegiado; es la vivencia suma, el cielo y la tierra , el cuerpo y el alma juntos; lo material y espiritual. De Steinbeck aunque me sumergí hace muchos años en su The grapes of the Wrath- su estandarte como escritor-, he elegido sin un motivo especial en esta ocasión la novela que también fue representada en Madrid, en la que fui testigo con un grupo de alumnos como parte práctica de mi docencia hace dos años.

Del Programa del Teatro Español
Teatro Español

Para escribir su obra, Steinbeck se valió de las dos últimas estrofas del poema de Robert Burns, que  escribió en noviembre de 1785, titulado: A un ratón al deshacerle el nido con un arado en el que un campesino se dirige desolado al pequeño roedor al que acaba de destruir el hogar:

Uno más eres de los desdichados

que ven todos sus planes anulados:
de ratones y hombres quedan truncados,
los proyectos mejores,
¡y en vez de los éxitos anhelados,
nos quedan sinsabores!
Mas ¡bien estás comparado conmigo!
Es el presente tu único enemigo:
pero ¡ay! ¡yo miro hacia atrás y veo, amigo,
un sombrío camino!
Y, si miro adelante a oscuras sigo,
porque miedo me da cuanto adivino

Personales

Días de asueto en Peñíscola

Al alba, el vientecillo que acompaña en el paseo marítimo de Peñíscola (Avenida del papa Luna) mientras unos pasean y otros se esfuerzan en correr-tal vez como preparación de alguna carrera popular- contribuye a amansar las temperaturas extremas que este verano se han dado cita, incluso, en la costa mediterránea. El mar calmo se alía a la placidez con que lo miramos para atraernos la lejanía que se confunde.

Días dichosos sin que te golpeen las vicisitudes consuetudinarias con que nos topamos en los días de trabajo. No es una estampa para la eternidad sino la necesidad humana después del esfuerzo. Cuerpo y espíritu, al uníseno, amplían otras formas de vivencia que nos activan. Es la alegría, la dicha, el sosiego. El sentirse paradisíaco. Me viene a la memoria el verso final del famoso soneto de Blanco White, «If light can thus deceive, wherefore nor life?» que leí hace muchos años, pero que todavía pervive por la magistral relación que realiza entre la Night and Death, que así se titula el soneto dedicado a S. T. Coleridge. En el verso citado nos recuerda cómo la luz es maestra, nos  guía; pero la vida lo amplía todo. La dualidad luz-vida como símbolo del conocimiento, como instante que debemos aprovechar; ser nosotros porque el mañana no está escrito. La expresión «Weak man» con que comienza el verso anterior es un reflejo de la debilidad humana ante la existencia.

Capilla del Castillo de Peñíscola
Capilla del Castillo de Peñíscola

Muralla del Castillo dePeñíccola
Muralla del Castillo de P.
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Relajación en Peñíscola

Una semana a la orilla del Mediterráneo te hace más feliz con tanta luz y siempre el mar a la vista; es otro mundo, otra forma de ser tú, de amar la vida, de henchirte de naturaleza viviente, de entrega total. Comprendes el por qué de «la mar» y no «el mar». Recordemos los versos albertianos «El mar. La mar, / el mar. ¡Solo la mar! / Por qué me trajiste, padre, / a la ciudad«. Es el olvido de lo cerrado, de lo cuadrado, de lo convencional, de lo que te anonada, te lo que te absorbe, de lo que te aturulla, de lo amorfo, de no saber entender el cáliz de la dicha. El aire, el azul del mar, te hacen más amoroso, más comunicativo; te recuerda que el tiempo hay que apresarlo, que estás aquí para pasarlo bien; es una terapia para huir de la alabanza y de la calumnia, tal y como el poeta ruso plasmó: «Recibe con indiferencia el loor y la calumnia / y no discutas con el necio».

El bautismo vacacional es una necesidad; una virtud para el cuerpo y el alma. El intelecto recupera otras alforjas que están esperando para que las abras, las llenes, las purifiques. Entre mañanas luminosas y la brisa del mar, por el paseo marítimo, al alba, entreno para la Maratón de Donostia. Me llena de alegría el ver a otros/as que corretean, que al pasar nos saludamos con una sonrisa. Es la felicidad, el preludio de un quehacer; es la forma para un acontecimiento que avecina sin saber cuál.

Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013
Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013