Personales

Días de asueto en Peñíscola

Al alba, el vientecillo que acompaña en el paseo marítimo de Peñíscola (Avenida del papa Luna) mientras unos pasean y otros se esfuerzan en correr-tal vez como preparación de alguna carrera popular- contribuye a amansar las temperaturas extremas que este verano se han dado cita, incluso, en la costa mediterránea. El mar calmo se alía a la placidez con que lo miramos para atraernos la lejanía que se confunde.

Días dichosos sin que te golpeen las vicisitudes consuetudinarias con que nos topamos en los días de trabajo. No es una estampa para la eternidad sino la necesidad humana después del esfuerzo. Cuerpo y espíritu, al uníseno, amplían otras formas de vivencia que nos activan. Es la alegría, la dicha, el sosiego. El sentirse paradisíaco. Me viene a la memoria el verso final del famoso soneto de Blanco White, “If light can thus deceive, wherefore nor life?” que leí hace muchos años, pero que todavía pervive por la magistral relación que realiza entre la Night and Death, que así se titula el soneto dedicado a S. T. Coleridge. En el verso citado nos recuerda cómo la luz es maestra, nos  guía; pero la vida lo amplía todo. La dualidad luz-vida como símbolo del conocimiento, como instante que debemos aprovechar; ser nosotros porque el mañana no está escrito. La expresión “Weak man” con que comienza el verso anterior es un reflejo de la debilidad humana ante la existencia.

Capilla del Castillo de Peñíscola
Capilla del Castillo de Peñíscola
Muralla del Castillo dePeñíccola
Muralla del Castillo de P.
Personales

Relajación en Peñíscola

Una semana a la orilla del Mediterráneo te hace más feliz con tanta luz y siempre el mar a la vista; es otro mundo, otra forma de ser tú, de amar la vida, de henchirte de naturaleza viviente, de entrega total. Comprendes el por qué de “la mar” y no “el mar”. Recordemos los versos albertianos “El mar. La mar, / el mar. ¡Solo la mar! / Por qué me trajiste, padre, / a la ciudad“. Es el olvido de lo cerrado, de lo cuadrado, de lo convencional, de lo que te anonada, te lo que te absorbe, de lo que te aturulla, de lo amorfo, de no saber entender el cáliz de la dicha. El aire, el azul del mar, te hacen más amoroso, más comunicativo; te recuerda que el tiempo hay que apresarlo, que estás aquí para pasarlo bien; es una terapia para huir de la alabanza y de la calumnia, tal y como el poeta ruso plasmó: “Recibe con indiferencia el loor y la calumnia / y no discutas con el necio”.

El bautismo vacacional es una necesidad; una virtud para el cuerpo y el alma. El intelecto recupera otras alforjas que están esperando para que las abras, las llenes, las purifiques. Entre mañanas luminosas y la brisa del mar, por el paseo marítimo, al alba, entreno para la Maratón de Donostia. Me llena de alegría el ver a otros/as que corretean, que al pasar nos saludamos con una sonrisa. Es la felicidad, el preludio de un quehacer; es la forma para un acontecimiento que avecina sin saber cuál.

Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013
Al lado de la estatua del papa Luna en Peñíscola, agosto 2013