Poesía

El mejor homenaje a García Baena, ante su muerte, es leerlo

Quizá uno de los poetas menos leídos, pero casi siempre citamos cuando nos referimos a la década de los cuarenta, sea Pablo García Baena, un clásico vivo de la poesía española. Y menos, aún, hablamos del espíritu religioso que anida en su poesía. De ahí que sea una buena ocasión para reverdecer su poética, que tiene como basamento la poesía religiosa en los siglos XIX-XX. Una poesía concebida como rapto, como enajenación, como ebriedad, como exaltación, hecha carne, nutriente, litúrgica, embellecedora, sugerente, fascinante, humana, para enhebrarla con la idea de Holan: “el poema es un don”. Esta es la idea que subyace en la poesía del poeta cordobés. Y a ella se entrega cuando la inspiración le visita. Hace ya algunos años que en la revista Fin de siglo escribió que la poesía es la vida, la realidad convertida en un gran incendio; el acto poético del que tanto se habla es sólo el reflejo de un conocimiento transfigurado que lleva a la cristalización de algo vivo, a la añoranza y a la pérdida de lo que fue gloria momentánea: canción, carne, perfume. La poesía no es más que un diario sinceramente riguroso y verdadera”.

García Baena ha manifestado que “la poesía es misterio y precisión”. La pasión por la palabra hermosa, juntamente con su vitalismo, siempre va con él, es el sustento de su poesía. Esas palabras adobadas, preciosistas, sonoras.Uno de los poetas más significativos de los que se atrevieron a otras formas  en las que lo humano llegara a los lectores en aquella España de finales de los años cuarenta fue Pablo García Baena, creador con otros de la revista  Cántico, que fue como una bocanada de aire fresco, limpio. La poesía religiosa en la década de los cuarenta.

Ensayo

Novela española del siglo XXI

El ensayo Novela española del siglo XXI nos ha traído una ráfaga de luz en tiempos en los que la novela parecía como desperdigada. La editorial Cátedra siempre atenta  a lo que ocurre nos ha proporcionado una ventana para esa mirada necesaria, no solo para docentes, aunque con buen criterio, el autor nos adelante que ya apareció «inicialmente en Ediciones  de la Universidad de Murcia en 2014» (pág.14). José María Pozuelo nos recuerda, humildemente, que no es «un canon», pero un estudio de tal cantidad de vericuetos de la novela actual sí lo parece; por tanto loores. No se trata como él advierte de la pura reseña periodística que con tanto ahínco realiza, sino algo más profundo; de ahí que nos pueda servir este ensayo de cabecera para observar por dónde discurre la novela actual.

He comenzado la lectura por el último capítulo titulado «La nueva narrativa española frente a la crisis». Es como el colofón, como el final y el principio de todo de la novela en un tiempo concreto en el que sobresalen estilos » que evidencian una notable creatividad»(pág. 373). Para el ensayista, la novela actual tiene su aposento en el realismo, existencialismo, esperpento, crítica  a la realidad cotidiana y «la construcción de fábulas distópicas». Todo un mosaico de elección de lecturas que, tal vez, desconozcamos o hayan pasado desapercibidas. Desde luego, para mí sí. Para un docente, no puede caer en saco roto.

El que haga mención en el frontispicio del capítulo a Pardo Bazán, Galdós y Clarín, además de Zola, Flaubert, Turgueniev es de agradecer porque parte de la crítica y un amplio espectro de la docencia no se enteran. Me refiero, claro, a los tres novelistas españoles porque de los otros tres se dan por hecho y se les cita a menudo cuando abordamos el positivismo, realismo y naturalismo. Con nitidez, José María Pozuelo despacha a los movimientos anteriores a la crisis-kronen y nocilla- como efímeros: «tras mucho ruido fuesen y no hubo nada (o hay poco)». En el marbete de la «novela de la crisis» contempla dos direcciones; la pura realista-de crítica social- en la que sobresale Rafael Chirbes con Crematorio y En la orilla.  Marta Sanz con Farándula. La edad media de  Leopoldo Cano. Y la otra dirección sería la conformada por lo que el autor denomina formas de la distopía-«de manera dialéctica la relación entre los personajes y el entorno»-, «con una valor crítico no menor». Destaca entre otros a Sara Mesa con Un incendio invisible; Isaac Rosa con La habitación oscura.

El resto de capítulos lo conforman Luis Mateo, Javier Marías, Enrique Vilas-Matas, Pérez   Reverte, Javier Cercas, Amudena Grandes, Manuel Longares, Soledad Puértolas, Martínez de Pisón, Menéndez Salmón, Clara Usón. Cada uno/a tiene su capítulo. Hay que añadir el  quinto dedicado a «La guerra Civil en la novela española del siglo XXI». En este reflexiona sobre distintas formas de abordar esas dos Españas que nos persiguen aunque no queramos teniendo como base algunas novelas » por la vía de la ficción» o por lo «memorialístico», que tiene su abrigo en los testmonios. Y a continuación desbroza cuatro razones concordantes por las que la novela refleja estos hechos. Resalto el segundo  por su importancia: el empuje de la novela histórica, su verdadero tipo, «enraizada por demás en la gran tradición española». Se refiere a Galdós, Valle-Inclán y Baroja, «los tres más grandes narradores de nuestra tradición del XIX-XX, seguidos luego por Arturo Barea, Max Aub, Sender, Benet y tantos otros» (pág. 252). La conexión con el pasado es nítida.

El ensayista ahonda, aún más, en las variantes estructurales «en cuanto a la modalidad de la inserción narrativa de los hechos de la Guerra Civil». Destaca como la más llamativa-analiza cuatro- la de la «proyección hacia el presente». Ejemplo: El hijo del acordeonista  de Bernardo Atzaga, El corazón helado de Almudena Grandes, Los libros arden mal de Manuel Rivas entre otros. Este capítulo lo termina con una evocación de Tu rostro mañana de Javier Marías con «responsabilidad que la literatura arrostra de ir más allá de la simple narración de unos hechos para preguntarse por el sentido moral». Es decir, la literatura como reflexión, como hecho existencial para abordar lo que nos acontece, bien basados en el pasado como en el presente para estar prevenidos y sirvan como formación.

Pozuelo Yvancos, J. M., Novela española del siglo XXI. Madrid, Cátedra, 2017

Teatro

Otra vez Lope de Vega en el teatro de la Comedia de Madrid con La dama boba

Otra vez Lope de Vega en el teatro de la Comedia con La dama boba
Nota: me será imposible ir a la representación; quise sacar entrada tres días antes de la primera; pues bien, me dijeron que para todo el tiempo que estará en cartel están agotadas desde hace tiempo, que empezaron a venderlas el 6 de septiembre, y la primera representación fue el 28 de noviembre. Para mí, todo un despropósito, aunque por otra parte, me alegra ya que Lope sigue viviente a pesar de tantas majaderías como algunas veces leemos en los medios escritos, en la radio y la televisión. Como consuelo, releí la obra y escribí lo que viene a continuación.

Quién no recuerda en el bachillerato-si es que fue la literatura como el aire que respiramos- cuando el profesor se dirigía a los alumnos para motivarnos con la expresión lopiana: «Yo he nacido entre dos extremos que son amar y aborrecer. No he tenido medio jamás»; por cierto, sin dictar; por eso cuando llegamos a la universidad se nos «cayó el chumbano» ante tantos apuntes leídos con monotonía aplastante. La ilusión con que llegábamos se desvaneció pronto porque teníamos como base la lectura y el comentario de textos como las formas más gratificantes de la literatura como algo existencial.

En alguna ocasión he manifestado que si Lope de Vega hubiera nacido en Inglaterra estaría enterrado en Westminster Abbey o en el pueblo en que hubiera nacido se iría en peregrinación a su tumba como para convertirse en la “Jerusalén literaria”. Ni los poderes políticos ni eclesiásticos hicieron lo posible para que su tumba permaneciera en la iglesia de San Sebastián de Madrid; sus huesos fueron arrumbrados; algún crítico lo ha definido como sacrilegio.

En el siglo veintiuno, Lope sigue vigente; en estos momentos me viene a la memoria ¡tantas tonterías como he escuchado en la radio, en la televisión y en algunos medios escritos de Lope!, chascarrillos sin más; son personas que no lo han leído y se valen de lo que se dice, pero nunca se acercarán al gran poeta que fue-no olvidemos que fue el padre de «La Generación del 27»-; pero, aquí vale todo menos acercarse al venero literario; y no discrepes porque te crucificarán; pero, al final quedará el gran dramaturgo y poeta que fue. ¿Se puede ser un gran dramaturgo sin ser poeta? Hay dos dramaturgos por encima de todos que han adquirido excelencia: Shakespeare y Lope de Vega. Lope el primer genio escénico del mundo por su poder inmenso de creación. Lo de más son decires sin sustancia; cuentos y más cuentos; y no verán, porque usan anteojeras, un sello de autenticidad; un oráculo de la lengua, un príncipe de los versos,  una interpretación del alma femenina como nadie, «mayor entre los grandes» como ha escrito Montalbán.

Más en concreto, en la obra representada se puede observar la riqueza de recursos-no siempre bien declamados-, como los tercetos, romances, décimas, redondillas que exigen cierta pausa y no  esa prisa a la hora de la representación. Este hecho lo he observado en varias obras que no sé el motivo; la tranquilidad, el sentimiento es también teatro; es más se exige.

El comienzo de la obra nos impresiona con la dualidad sabiduría / ignorancia. Una hija-Nise-: «ama la poesía y el buen decir», la otra-Finea-, ignorante , tosca (no sabe leer).Pero lo que te llena es con la rotunda expresión: «Es que hay poesía en prosa».

Al final, el público supo apreciar los versos de Finea: «Es el gran Lope / la sublime creación / que a nuestra generación / después de tres siglos llega. / Honra, público, el talento / de que inmortal autor, / y solo al refundidor / perdona su atrevimiento».

Que prosiga el teatro clásico es buena señal, es lo que da vida, pensamiento, sabiduría. Pena, que no pueda ver la representación que termina el 30 de diciembre. Esto solo ocurre  con Lope, con el resto siempre hay entradas, que todavía algunos/as no se enteran.

Literatura

La literatura en el umbral de lo existencial

Por qué la literatura

Ensayo

María Teresa León, todo un símbolo literario

Me enfrasco en la lectura de Palabras contra el olvido.Vida y obra de María Teresa León (1903-1988), ensayo de José Luis Ferris. Que vaya por delante, que de olvido nada, al menos por mi parte, puesto que en mi docencia siempre estuvo presente en el ensayo y en el periodismo-escribó mucho mejor que algunos/as que se creen, hoy, que lo hacen bien-y sobre todo, en el arte de enhebrar la palabra exacta, y menos la mujer de Alberti-eso lo suelen decir los que no leen, cuentan chascarrillos o se contentan con lo que dicen otros-. Evidentemente, que más de cincuenta años con el poeta gaditano están ahí, pero se beneficiaron ambos, por lo que eso de las mujeres del 27 y otras majaderías que a continuo oímos sobran. Incluso me atreveré a escribir, cuando al autor de este ensayo manifiesta que «aún siga siendo una gran desconocida» (pág. 16), que María Teresa León tiene nombre propio en la literatura y así hay que contemplarla y leerla; o mucho más joven, Monteserrat Roig, también ya muerta, y, sin duda, otras muchas. Hay que leerlas pero no por ser mujeres sino porque son extraordinarias y ocupan un lugar preferente en la literatura del siglo XX y en el periodismo. Los latiguillos sobran, ¿qué mas da que sea hombre o mujer? La humildad de María Teresa al definirse como «la cola del cometa» la hace más grande ( su hija fue nítida: «Ella y mi padre fueron dos cometas con luces paralelas…». Recordemos que María Teresa ya era escritora antes de conocer a Alberti y había publicado, también, en revistas y periódicos.

La biografía se lee con delectación; es un saber contar que se aprecia, y algunos hechos te alegran; por ejemplo me ha sorprendido que tan jovencita leyera a A. Dumas, V. Hugo y Galdós («A quien iba a echar de menos la pequeña era a don Benito Pérez Galdós. Había descubierto al gran novelista con apenas once años, en las lecturas secretas de la casona de Barbastro, al lado del tío viejo, solitario y loco, leyendo a Trafalgar. Tras el descubrimiento que le produjo aquella novela, escuchó de alguien que el escritor acostumbraba a tomar el sol en el Parque del Oeste madrileño. Y allá que fue María Teresa, de la mano de su madre, un día propicio para el encuentro: ´Nos acercamos a saludarle siempre. Sí estaba medio ciego. Nos acariciaba la cara. ¿Y esta niña? ¿Quién es? Es la hija del teniente coronel, ya te lo hemos dicho, le explicaba el sobrino que se llamaba Hurtado de Mendoza. ¡Ah, sí!, decía don Benito, volviendo a su silencio. El sobrino miraba a las chiquillas. Las chiquillas se dispersaban jugando y él tenía que quedarse junto a su tío ilustre, ya tallado como si fuera de piedra´, págs. 44-45).

Y cómo no, otro hecho que me ha alegrado es que cuando Alberti conoce a María Teresa, Ferris haga mención al Premio Nacional de Poesía de 1924 que fue otorgado a Alberti (el jurado: Antonio Machado, Gabriel Miró, José Moreno Villa, Carlos Arniches y Ramón Menéndez Pidal, pág.86). Y sin embargo, todavía, en libros de textos, en ensayos, en universidades, en colegios, en institutos, en oposiciones,  algunos/as docentes digan que fue «ex aequo». Me he cansado de propalarlo en las clases y en los escritos e incluso en este «blog»; pero todavía se mantiene no solo en lo escrito anteriormente sino, cómo no, en la radio y en la televisión como tantos errores.

Me viene a la memoria cómo el propio Alberti en el homenaje que se tributó a Antonio Machado en Baeza en 1983 aludíó al premio y al jurado, y evocó al poeta sevillano cuando se lo encontró en la calle General Arrando y se apresuró a saludarlo y darle las gracias; » no me tiene que agradecer nada, era el mejor»- le respondió Machado-;bien conocía Alberti este hecho porque Machado había olvidado su escrito en el libro: «Mar y Tierra. Rafael Alberti. Es a mi juicio, el mejor libro de poesía presentado al concurso». Ferris alude a que una vez juntos, «Alberti tuvo el detalle de regalar a María Teresa un objeto de gran valor personal. Se trataba de un ejemplar de su libro Marinero en tierra, ilustrado con sus manos, y que guardaba la sorpresa, entre la páginas de una nota olvidada de Antonio Machado en la que razonaba limpia y brevemente su voto para el Premio Nacional de Poesía de 1924. (…)». ´A veces, paso los dedos sobre la escritura de Machado desvaneciéndose, quisiera  detenerla. Rafael me hizo con este libro su primer regalo», pág.94). Cuando estuve en la Fundación Rafael Alberti en el Puerto de Santa María, hace tiempo, no me percaté de buscarlo por si estaba allí.

Tenemos que ser agradecidos con  José Luis Ferris por habernos recordado mucho, pero también por otros avatares que quizá desconocíamos-al menos, yo-. Las últimas líneas-la lucidez es tanta- que los ojos se vuelven acuosos. Su pluma eléctrica nos ha hecho ver con limpidez y altura la grandeza de María Teresa León- en la que inteligencia, talento, y estilo se aúnan-, que se necesitaba. Al final queda uno como en vilo, pensante, con la idea si alguna vez veremos publicado Amor en vilo, pero esto no mengua a María Teresa que tiene un cajón hermoso en la literatura.

Cuando escribo Amor en vilo me refiero al libro amoroso que escribió Alberti que no se ha publicado-aunque sí poemas sueltos-. No sé si esto sucederá alguna vez. ¿No sería lógico que a quien van dedicados estos poemas fuera la verdadera dueña del libro más allá de herencias, hechos judiciales o testamento si lo hubiere?

En realidad, el título Amor en vilo apareció por vez primera en las revista Los Cuatro Vientos para designar un puñado de poemas de Pedro Salinas. ¿Fue consciente el poeta gaditano de tal hecho? Esta pregunta no me la puedo contestar. Con el paso del tiempo, P. Gimferrer nos sorprendió con el mismo título Amor en vilo, en 2006. ¿Otra historia de amor? No olvidemos que después-o al uníseno- de la palabra libertad es lo más grande que tenemos los humanos.

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