Teatro

La gala de Medina, / la flor de Olmedo

De nuevo, pasó Lope por el teatro de la Comedia de Madrid. Su última función el día 31 de marzo-sábado de gloria-. Como siempre, lleno en todas. Tomen nota los tullidos, los que hablan o escriben del «monstruo de la naturaleza» sin leerlo; los que solo hablan de su vida sin llegar a leer no ya su poesía, sus epístolas o su teatro, tampoco a sus biógrafos. Solo cuentan chascarrillos que han pasado de boca en boca por envidia-esa lacra tan humana- o desconocimiento, que es común.

Si leemos El caballero de Olmedo, lo primero, quedamos atrapados, prendados, por lo bien que está escrito; qué más da la génesis de la leyenda del Caballero; simplemente, Lope hace una suya sin más en la que la sencillez y limpidez arropan a la trama para que llegue a los espectadores o lectores; quedamos como genuflexos al ver cómo trenza la seguidilla «esta noche le mataron al Caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo». Cómo supo hilvanar canto y muerte, júbilo y destino («si os importa, yo cumplí, / con deciros la canción. Volved atrás, no paséis / deste arroyo.»), «él te adora, tú le has muerto», «caro os ha costado / el tenerme amor». Varios siglos han transcurridos y no ha aparecido otro que se le asemeje. Loor, por tanto, al «Fénix», palabra viva. Lo demás, florecillas del camino, y, a veces, ni eso.

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Literatura

Cartas (1604-1633) de Lope de Vega

Félix Rebollo Sánchez

«Yo nací en dos extremos, que son amar y aborrecer. No he tenido medio jamás»(c.189, p. 445).

En enero de 2018 saltó la noticia de que la Biblioteca Nacional de España había adquirido 117 cartas-96 escritas por el puño y letra del Fénix de los ingenios-. Ya se conocían las que publicaron Agustí G.de Amezúa-reeditadas en facsímil por la Academia en 1989-, Nicolás Marín y Ángel Rosemblar. Incluso el hispanista norteameriacano Donal McGrady, recientemente, ha publicado ochocientas diecinueve. Tal vez nunca sabremos con exactitud las que ecribió.  Ahora, la editorial Cátedra-con buen criterio- publica las Cartas de Lope de Vega, gloria nacional; faltaban; solo resta leerlas y no recurrir a los chascarrillos que se cuentan del más grande dramaturgo-poeta en lengua castellana del que han bebido tantas generaciones de poetas y dramaturgos; claro, sus rivales-entonces y siempre- les mueve la envidia, y no quieren aceptarlo; pero, cuando se estrenaba una obra caían genuflexos ante la magnificencia artística; hoy ocurre igual; siempre los teatros llenos; es único ante las representaciones allá donde las hubiere. Creador de Arte nuevo de hacer comedias, toda una preceptiva, una simiente que crecerá con luz radiante.

Las Cartas que publica la editorial Cátedra para el duque de Sessa en las que apreciamos no solo lo literario sino también lo histórico y biográfico deben servirnos para un mayor conocimiento de Lope ; sin ellas, no podremos analizar un siglo tan emocionante y convulso, ante escritor tan prolífico.Todo se recoge: conventos, iglesias, amoríos, gastos, autos de fe, vestimenta, hijos-su Marcela:»serrana hermosa, que de nieve helada»-, esposas, mentideros, sacerdocio, citas evangélicas, celos, viajes, desavenencias, Góngora, sentimientos, Cervantes, Quijote, Marta de Nevares, fiestas, frailes, espiritualidad, amor, etc. Leámoslas para entender no solo su vida sino también su teatro y poesía.

A buen seguro, todo lector de Góngora buscará  alguna que se refiera al poeta cordobés. Efectivamente en la carta setenta y cinco-13 de septiembre de 1613- podemos ver una crítica a la Soledad primera («Un cuaderno de versos desiguales y consonantes erráticas se ha aparecido en esta Corte con nombre de Soledades, compuesta por vuestra merced, y Andrés de Medoza se ha señalado en esparcir copias»). En otra carta-la más extensa-, el 16 de enero de 1614-83 del ensayo- le da consejos: » Si vuesa merced, como lo dice, fuera observante de los preceptos de Horacio, dejara reposar sus obras, si no el tiempo que él aconseja el necesario por lo menos para que salieran libres de descuidos, que aunque es general en que en esta han introducido algunos poetas nuestros, deseosos más de gozar las flores y agudeza de ingenio que la madurez y  fruta del juicio, viciándose por no practicar lo más precioso de su Arte, vuestra merced no puede excusarse con los muchos siendo tan único en publicarse, tal en la observancia de él.» El atrevimiento de Lope con sagaz satírica lo observamos en el soneto que aparece en el epistolario-carta 310-; son nítidos los dos tercetos: «Mal afecto de mí con tedio y murrio/cáligas diré ya, que no griguiescos, /como en el tiempo del pastor Bandurrio. Mas que me enciendas turcos o tudescos: / tú letor Garybay, si eres Gongurrio, /aplaude los que son polifemescos». Se ha llegado a la conclusión de que detrás de Bandurrio se esconde el nombre de Góngora. La confusión del lenguaje de Góngora le lleva a pensar que solo un buen conocedor de ella la puede aplaudir, de ahí «Gongurrio». No hay duda que «polifinescos» se refiere al Polifemo, el gran poema gongorino.

Las anotaciones a cada una de las cartas-311- nos ayudan a comprender algunos aspectos primordiales de la época para un mayor conocimiento; el trabajo del editor es encomiable. Además añadió la amplia bibliografía que tenemos de Lope: manuscritos, impresos, ediciones, estudios. Sin duda, era necesaria esta nueva edición; aporta aspectos desconocidos y clarividentes.  Se percibe un cierto empeño en dar aconocer la importancia que tiene el poeta-dramaturgo, por tanto gloria para el editor.

Lope de Vega, Cartas (1604-1633). Madrid, Cátedra, 2018, 684 págs.

Teatro

Aquilana-primera obra romántica del teatro español- de Bartolomé Torres Naharro

Ya era hora de que se estrenara una obra del gran dramaturgo y poeta pacense, considerado como el primer preceptista teatral en lengua romance en Europa; censurado-¡cómo no por la inquisición!-.Enhorabuena, por tanto, a Ana Zamora que ha sabido traernos a escena  una de las voces capitales de nuestro mejor teatro.

No sé si soy osado al recordar lo que nos enseñaban en el bachillerato cuando nos hablaban del poeta-dramaturgo y el profesor  escribía en la pizarra la dualidad comedias «a noticia» y comedias «a fantasía»-eso sí, sin dictar-; percibíamos que se preparaba la clase y el silencio enaltecía sus palabras precisas y sonoras con un «introito y argumento», exactamente con las dos partes en que dividía sus comedias el poeta-dramaturgo. La tríada Lucas Fernández, Torres Naharro y Gil Vicente fue tema de debate en la clase. Es el teatro prelopista-con ese aire de libertad-, el umbral para coronar al «monstruo de la naturaleza»: Lope de Vega; el más grande entre los grandes, y solo se le asemeja Shakespeare. Ahora con la distancia, rememoro aquellas clases gratificantes; la literatura como vida, como ensoñación. Eso es exactamente lo que he pretendido en la docencia mucho tiempo después.

Ayer en el teatro la Comedia de Madrid viví unos momentos estelares con la representación de Aquilana (1527)-era la primera vez que la vi representada-, sobre todo en el movimiento, la música-extraordinaria- y la dicción de los actores. Una vez que termina la obra, quedas como en suspenso; después del tiempo transcurrido piensas que en las relaciones humanas hemos avanzado poco; el público salía como circunspecto, meditativo.Lo enamoradizo que somos, pero en el que el deseo es la puerta principal más allá del linaje o clase social. Idea clave en el dramaturgo, así como que la presunción nos conduce al rechazo que arrastra al mal de amores.

Para los que desconozcan este tipo de teatro de Torres Naharro, no duden en acercarse para observar una puesta en escena brillante como bien supo trazar la directora Ana Zamora, distinta y enriquecedora. El público lo agradeció con esos aplausos, al final, que a buen seguro emocionaron a la directora que se encontraba en un palco.

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Ensayo

Luis Goytisolo recapitula en El sueño de San Luis

En su momento con la lectura de su Antagonía quedé prendado del arte de escribir; pensé que el autor no podría superarlo, y en ello estoy. En realidad, como ya he manifestado en varias ocasiones, con «los Goytisolos» el castellano se viste de hermosura, como la primavera esmaltada de flores; frase que ya he acuñado cuando he tenido que impartir docencia en las clases; siempre ha estado presente. Los tres configuran un estilo literario que te absorbe; ha pasado a la posteridad.

Con ocasión de la reedición de la primera novela Las afueras-cuando la editó era menor de edad-, Luis Goytisolo se enclaustra y nos ofrece una radiografía de todo su quehacer novelesco; recuerda y nos da unas serie de ideas que parten del subconsciente («se manifiesta con especial relieve en el ámbito de la creación artística y literaria», p. 9) incluidos aspectos íntimos y familiares. Estamos, por tanto, ante un ensayo en el que se aúnan lo autobiográfico y lo literario; experiencias para que comprendamos toda una trayectoria desde su tierna infancia, que parte de Las afueras, pero que prosiguió con la totalidad de su obra en lo estilístio, argumnetal y estructural.

Es reiterativo, pero la madre siempre sale a colación en los hermanos Goytisolo; y de hecho nos viene a la memoria si hemos asistido a conferencias y hemos leído la obra de los tres( José Agustín en El retorno, su poema famoso Palabras para Julia-aunque es para su hija, su madre se llamaba igual-; en Juan, en Don Julián y Juan sin tierra); en este ensayo, también la tiene presente al principio («La primera de estas cuestiones con la que me tropecé se refiere a mi madre, una persona de la que no guardo el más mínimo recuerdo; ni siquiera existe una foto en la que aparezcamos juntos», p. 12). La falta de ese cariño, el subconsciente, la huella de su madre o quién sabe, lo trae a colación en el capítulo cuarto de Las afueras, ya que el hijo del protagonista del capítulo cuarto se llama Julio-su madre se llamaba Julia-. De la misma forma-nos atestigua el novelista- hay referencias en Las mismas palabras, Antagonía, Oído atento a los pájaros. Queriendo o no, Luis Goytisolo mantiene como tema capital en su trayectoria novelesca el tema de la muerte, como algo que le revolotea con constancia.

El porqué de este ensayo está en el sueño que tuvo después de una conversación con Herralde «respecto a la publicación de esta obra» (se refiere a Las afueras). En definitiva, estamos ante una construcción literaria de las relecturas de su obra; aspecto que congratula al lector para una mayor clarificación.

Poesía

Una poesía que te inunda de conocimiento existencial, que los borbotones te paralizan, te llenan de sentimiento, de eternidad poética

Por una noticia me entero de una poetisa que desconocía : Elvira Sastre. Raudo, leí La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida. Percibí en el título que eran sus primeras espigas poéticas, y en ellas me enfrasqué, y-no lo son-. He leído el libro con delectación,  serenidad y arrobo de un tirón. Hay una palabra que lo recoge todo, lo envuelve: emoción, ya desde el primer poema titulado «Libre».

El dístico «Quería que supieras / que mi daño es algo que solo elijo yo» del primer poema lo marca. Advertencia nítida; cuando terminas de leerlo te quedas en silencio, y piensas que esto puede suceder, que la vida está encarnada en la poesía; petrificado quedas ante «porque irse en silencio hace más ruido»; el diálogo se entrevé, pero en el último verso la claridad te inunda, «y yo ya he pasado de canción».

La lucidez del segundo poema te enternece: «La soledad es mirar a unos ojos que no te miran». ¡Qué bien!, cómo describe la hondura con precisión absoluta, con clarividencia que antes había advertido: «Y así con el dolor de lo inevitable,/ recogerás con el dedo la misma lágrima / que hoy me quitas / y volverás a dejarla sobre mi rostro, / esta vez / en la otra mejilla». Da igual que haya o no sucedido, la impronta está ahí junto al desgarro que clama herida. No puede ser ensueño, desvarío, es la poesía hecha carne amorosa. Es «el espejo,/ y el silencio, / la cama vacía. / La pregunta que solo es pregunta».

Deslumbrado llegas al final y sientes que te falta algo; y comienzas otra vez para que no se pierda brizna de sentimiento, de otredad, de rasgo amoroso, de espejo en el que te ves, no para jugar a ser sino para decírtelo, para envolverte, para emborracharte de luz celestial;  no puede ser que las olas oculten las palabras y digan que voy de vuelo, y el vacío lo ocupe todo, mejor el silencio salvífico en receptáculo abierto sin ventanas aunque no suficiente, pero » es el único que sabe cómo pedirte / lo imposible». Así, verso a verso, Elvira desgrana con una belleza que te acoge el «no me dejes a solas» en el que el dolor subyace, pero también el gozo.