Ensayo

El legado de Luis Chamizo

Después de tanto tiempo e innumerables actos al poeta de siempre en el centenario de El miajón de los castúos que celebramos en el año 2021, recibo en estos días navideños del ayuntamiento de Guareña El legado de Luis Chamizo, editado por la Diputación provincial de Badajoz. Al Ayuntamiento y a la Diputación gracias mil por extender la poesía de Chamizo, clave de los años veinte.

Sin duda conmueve los «recuerdos de María Luisa Chamizo sobre la vida de su padre», la primogénita. Ya murió, pero con motivo de los actos que terminan, alguien me dijo que el estudio que hice de la poesía y el teatro titulado Nueva perspectiva de Luis Chamizo le había gustado porque era la persona que mejor había comprendido tanto la poesía como el teatro de su padre; se lo agradezco, no fue posible en vida.

El libro consta de, además de la introducción, seis apartados( «Los padres del poeta». «La casa grande y su moradores». «Matrimonio de Luis Chamizo». «Luis Chamizo y los avatares de la guerra». «Muerte de la abuela Asunción. Pérdida del patrimonio familiar». «Luis Chamizo en Madrid. Muerte del poeta. Su legado»). y tres anexos ( el primero «Poesías publicadas e inéditas de María Luisa Chamizo. El segundo, Otros poemas de Luis Chamizo documentados a través del Registro de la Propiedad Intelectual. El tercero, Obras inéditas de Luis Chamizo: Gloria, comedia musical . Flor de Luna Zarzuela.).

Siempre que se habla de Luis Chamizo nos viene a la memoria La Nacencia, es el logotipo, sus señas de identidad en la que sobresale la exaltación de un dialecto del castellano hablado, sobremanera, en el pueblo en que nació: Guareña. Quiso dejarnos para la posteridad lo que más tarde se denominó «lo castúo», convertido en sentimiento de los lugareños y que revierte en los que leen su obra, en la que subyace lo que ha estado en barbecho en demasía: «su verdadera dimensión de poeta social, adelantándose en muchas décadas a la que en los años cincuenta del siglo XX habría de ser llamada ´poesía social´», pág.10. Este mismo aspecto nos lo recordó José López Martínez en el periódico Hoy de Badajoz en diciembre de 1962: «Luis Chamizo fue quien mejor supo llevar nuestro campo a su poesía y demostró, por otra parte, ser un adelantado de la poesía de contenido social», pág. 37. Y lo chocante para mí es que fuera encarcelado en Medellín por declamar la poesía «Invocación al héroe» en los festejos que se celebraron en el pueblo de Hernán Cortés con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de México en el año 1921 («de ella salió pronto, porque la protesta que armó el pueblo no era para menos»), pág38. Chamizo cantó a los más humildes, a los que trabajaban de sol a sol, a los braceros («fueron a estos últimos a los que Chamizo dedicó sus poemas, por los que se le ha calificado de poeta social, con el significado que empleábamos quienes éramos protagonistas jóvenes de la historia de los años sesenta y setenta del pasado siglo veinte», pág. 125). Fue el poeta de los humildes, de los que no tienen voz. Ya era hora de que se quitaran caretas los que no saben, no entienden o no leen a un poeta excepcional, así de claro. ¡Cuánto le hubiera gustado al poeta oír estas palabras!

La introducción de José Juan González Sánchez nos aporta datos, sentimientos, quehaceres que algunos desconocíamos, fruto de las conversaciones con su hija primogénita y la hija de esta. El redactor ha pretendido «contar mi periplo hasta conocer a María Luisa Chamizo y, a través suya, valorar y admirar a Luis Chamizo, con quien, pasado el tiempo fui identificándome». pág. 13, por lo que debemos estar agradecidos, al menos el que suscribe esta reseña; sus 509 páginas me han producido deleite según iba avanzando la lectura.

Me alegra que su hija mayor nos recuerde que, tal vez, la obra dramática Las Brujas, dejó de representarse en 1931 «debido a su fuerte contenido religioso que no supieron entender, ya que en la obra predominaba la temática social», pág.30. Grande María Luisa. Esas ideas las tienen los de siempre: lo que no leen o no entienden y hablan de oídas por muchos motivos, pero su estreno y los meses siguientes en 1930 fue aclamada no solo en los teatros, también por la crítica periodística más exigente. Quedémonos con los aplausos enfervorecidos en la escena y al final; esto ha quedado para siempre, así como nos recuerda su hija («ninguna de las tres menores vio jamás a mi padre sobre un escenario, que era donde más se crecía», pág.115),


El relato de su hija cuando su padre es detenido por los «milicianos» te emociona. No conocían que era poeta, por eso les declamó «La Nacencia» y quedaron absortos ante el empuje y viveza de los versos, motivo por el que le ayudaron a escapar poniéndole un sombrero de paja y lo metieron oculto en un vagón de carbón que le llevó a Guareña, págs. 132 y ss, Lector /a, si tienes la oportunidad de leer este ensayo no dudes en leerte con tranquilidad la página 145 y ss. «Sobre el papel de Luis Chamizo durante y tras la contienda» para callar a tantos/as que hablan de oídas. Chamizo creía en una España «más justa y de hombres más libres e iguales», de ahí que cantara a los trabajadores, a los desheredados. Hay un dato que no podemos olvidar: la amistad entre Lorca y el poeta desde el estreno de Las Brujas en el año 1930; este mismo año estrenó el poeta granadino La zapatera prodigiosa en el Teatro Español. Más tarde, Chamizo fue a ver el teatro ambulante La Barraca que venía representándose por diversos lugares de Andalucía. En una de esas tardes, al final de la representación subió al escenario a felicitarlo para después recitarle la «Casada infiel». Lorca quedó impresionado y se emocionó. Posteriormente, Lorca fue a visitarlo a Guadalcanal. Aquí se dedicaron El miajón de los castúos y Romancero Gitano. Esta edición, Chamizo se la regaló a su hija primogénita («lo he llevado siempre conmigo. Desgraciadamente, me lo robaron, ya casada, cuando nos saquearon nuestros baúles en el puerto de Montevideo, donde llegamos como embajadores de Honduras», pág. 147). Como sé que me leen mucho este blog en toda Hispanoamérica, sería glorioso que este libro se encontrara y se devolviera a la biblioteca pública de Guareña (Badajoz).

Y así, hoja a hoja, conocerás el verdadero nombre de Luis Chamizo; y eso sí habrá que corregir algunas cosas que se han escrito por falsas. En este legado lo que se pide es «justicia a su nombre, que se editen unas obras completas legales y sin tapujos, donde vayan incluidas las dos que dejó inéditas. Solo perseguimos que la obra no se pierda, se ensanche y que su nombre no caiga en el olvido», pág. 214). Este ensayo era necesario como el aire que respiramos; de nuevo gracias a los que lo han hecho posible.

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VV.AA., El legado de Luis Chamizo. Diputación de Badajoz, 2021, 509 páginas.

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Personales

Otra vez en la Hoz del Huécar

¡Por fin hubo luz!; se temió que este año «por quítame estas pajas» no se celebrara la carrera, ya santificada, «Hoz del Huécar». La alegría fue enorme cuando entre los/las atletas saltó un fogonazo, que sí, que sí, que se celebra, después de que durante más de un mes apareciera que no había carrera. Del desencanto pasamos a lo celestial.¿Cómo nos iban a cortar las enamoradizas hoces con sus parajes, el bajar del agua-ese runrún inconfundible-, el encanto con que trepas, sudoroso pero altivo ante un paisaje acogedor que invita a la contemplación, a  adentrase en un paraíso que enaltece? Este trece de mayo de 2018 quedará en nuestra mente porque el «no» se convirtió en «sí». Tuvimos que esperar demasiado para volver a la flor de  senderos. La menos participación   sin duda ha sido debido a que se propaló «urbi et orbi» que no había. Me viene a la mente el último verso del Romance del prisionero: «¡dele Dios mal galardón!»

Este año con un tercio menos de participantes-se percibió en los hoteles y en las compras que solemos hacer- asaltamos, otra vez, los cielos de Cuenca. En alguna ocasión he manifestado que hay dos carreras que te impregnan, te purifican, te glorifican: la Hoz del Huécar y la Behobia-San Sebastián. Sin ellas, te falta algo. No necesitan publicidad, la transmitimos de boca en boca los que participamos. Son, simplemente, únicas.

Alicortas e injustas serían estas líneas si no diera gracias mil cuando alguien en alta voz me lanzó ¡ánimo, profesor! durante la carrera, y  ya en la recta alfombrada final para llegar a meta ante el griterío de la gente alguien susurró ¡vamos Rebollo! entre acogedores aplausos. Evocando al poeta habrá que volver la próxima primavera a «Cuenca cierta y soñada, en cielo y tierra».

El poeta Federico Muelas enalteció a Cuenca con un soneto ya famoso:

Alzada en limpia sinrazón altiva
–pedestal de crepúsculos soñados–,
¿subes orgullos, bajas derrocados
sueños de un dios en celestial deriva?

¡Oh, tantálico esfuerzo en piedra viva!
¡Oh, aventura de cielos despeñados!
Cuenca, en volandas de celestes prados,
de peldaño en peldaño fugitiva.

Gallarda entraña de cristal que azores
en piedra guardan, mientras plisa el viento
de tu chopo el audaz escalofrío.

¡Cuenca, cristalizada en mis amores!
Hilván dorado al aire del lamento.
Cuenca cierta y soñada, en cielo y río.

Está esmaltado en el jardín de poetas.

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Vista del puente san Pablo y parador de turismo. Antiguo convento de los PP.Paúles.

Literatura y Medios de Comunicación

En la «Docta Casa»

Ayer se presentó mi libro  Literatura y Periodismo en el siglo XXI en la «Docta Casa» (para Galdós «Templo espiritual«) . El acto fue presidido por Miguel Pastrana, representante de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid;  duró dos horas.

Sala de conferencias de la presentación  del libro

            Aparte de los agradecimientos, brevemente, desgrané algunas ideas; entre otras manifesté cómo la literatura me sirve de refugio, como huella, como meditación, como casa de misericordia, para sacar jugo de la existencia, para que las sombras se conviertan en primavera, única forma de ser feliz, de apostar por la vida. El jardín que día a día cultivamos debe tener como asidero la ensoñación, la utopía. He intentado que el arroyo literario pueda con todas las malezas que, a veces, quieren dificultar la limpidez del agua.

            La mayor parte de mi investigación está dedicada  a la dicotomía Literatura-Periodismo; he puesto todo el empeño para demostrar que en su nacimiento, el periodismo fue el mundo de la literatura. Primero, oral con los juglares que fueron los que pregonaron las noticias con su voz, memoria y donaire. Queramos o no, el embrión de la prensa literaria podemos cifrarla en los pliegos sueltos-cuadernillos de dos, tres o cuatro hojas- que servían para informar, aunque un siglo antes aparecieron “hojas volanderas”. En esta andadura Lemmard Davies ha escrito que la novela inglesa de los siglos XVI y XVII se asemejan a lo que consideramos los orígenes del periodismo. Sin olvidarnos de Andrés de Almansa cuando relata el viaje que hace Felipe IV por Andalucía; se puede considerar como prensa revestida de lo literario, aunque elija la forma epistolar. Quevedo sin saberlo estaba haciendo periodismo con un estilo conciso, improvisado. Era, como Umbral lo definió “periodismo de mano en mano”.

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