Ensayo

Lope. El verso y la vida

Congratulémonos con un nuevo ensayo sobre Lope de Vega, grande entre los grandes, a pesar de tantas tonterías que se han dicho y se dicen de él. Esto solo puede venir de los alicortos, de los envidiosos, de los que no leen a Lope y luego pontifican sobre todo en los medios de comunicación. Simplemente estoy harto de los chascarrillos que se suelen escribir del poeta por excelencia, de la lumbrera que ha servido a tantos poetas y dramaturgos; si hubiera nacido inglés irían a venerarlo-perdón a los cristianos por el término- al sepulcro. Aquí, no sabemos dónde se encuentra. El autor de este ensayo escribe: «Los restos de Lope pasan al osario común de la iglesia de San Sebastián» (pág.31). Ese osario no sabemos dónde está. «En 1658 debieron de trasladar los huesos del poeta al dicho osario» (pág.344). Ignoramos sus restos; sabemos que fueron removidos a principios del siglo XIX («fueron extraídos y arrumbados». Américo Castro lo define como «criminal profanación»). Para la posteridad ha permanecido la pequeñez de los que ejercen el poder. Pero, la savia poética ha permanecido. Esto es lo más importante. Su entierro constituyó uno de los acontecimientos dignos de tal persona. Madrid se postró, se paralizó; desde su casa hasta la iglesia de san Sebastián se agolpó la gente un 28 de agosto en el que el silencio pudo más. Las honras fúnebres prosiguieron en el mes de septiembre. A buen seguro fue acogido por un coro de ángeles.

La frase mítica: «Es de Lope». El pueblo llano tiene una sabiduría que no poseen los que gobiernan-da igual el ámbito-. Cuando mandan se les nubla la inteligencia.

Ocho partes conforman el libro, amén de un prefacio, una cronología, 13 tablas de ilustraciones, 1.448 notas al final y una amplia bibliografía, sobre esta me extraña que si cita el manual de Valbuena Prat-tomo II-, olvide a J.L. Alborg que nos ha servido, nos ha guiado tanto a generaciones anteriores a la del ensayista. Y además, hoy, incluso es luz para adentrarse en la enorme obra de Lope; claro, y no solo de este. La lucidez estilística no puede quedar en la sombra.También me hubiera gustado que la primera cita del Prefacio perteneciente a Azorín y que podemos leer, también, en la contraportada hubiera sido completa, «aguja de marear» (1. Martínez Ruiz, 1960-pág.361) . En cuanto a la cronología mantiene que nació el día 3 de diciembre de 1562 siguiendo a Luis M. Vicente; sin embargo, otros «lopistas» mantienen el 25 de noviembre o el 2 de diciembre (día de san Lope) que también  nombra en la página 40. Poco importa. Pero para el mundo lopiano quedarán esas dos fechas el 25 o el 2. Son las más certeras.

La lectura de los versos de Lope son una delicia; uno de los aspectos clarividentes de Antonio Sánchez ha sido ese intercalar poesía a la vez que desgranaba la vida y la obra del poeta. Es una forma de leer al Fénix ya que toda su obra es inmensa. Su desmesura es difícil de abarcar, de ahí que este ensayo contribuya a ensalzar la figura de Lope para que de una vez comprendamos la luz que irradia su obra, ese altar literario en que se encuentra que todavía algunos no se han enterado. Por favor, no escriban los que no lo han leído, que de estos abundan. Da igual el tipo de poesía que elijamos, siempre el sentimiento está ahí. Veamos el terceto que dirige a Micaela cuando la conoce, todo un testamento amoroso: «cuando Amor me enseñó la vez primera / de Lucinda en su sol los ojos bellos / y me abrasó como si rayo fuera».

Ante la pasividad de la actriz o quién sabe, escribe: «Tú sola mereciste mi desvelo / y yo también, después de larga historia, / con mi fuego de amor vencer tu hielo».

Hoy, muy pocos poetas se embelesan ante el sentimiento que acude de vez en cuando. Su fe religiosa también le visita y a ella se entrega con sus Rimas sacras. Su sacerdocio quedó para la posterioridad: «De todo cuanto es  bien mortal desisto; / humilde adquiero la cruzada estola, / y la suprema dignidad conquisto». Es el Lope entregado a su fe que se ensimisma en el conocido soneto «¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras; /¿qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta, cubierto de rocío, / pasas las noches del invierno oscuras?»

Aunque, Lope, en un principio habla de amor platónico cuando ve a Marta, con el tiempo los ojos verdes de la joven-casada fueron a más, hasta fundirse lo espiritual y lo material. El poeta quedó arrobado: «Canta Amarilis, y su voz levanta / mi alma desde el orbe de la luna / a las inteligencias, que ninguna / la suya imita con dulzura tanta». (…) «Quién no amará tantas gracias, tanta hermosura y celestial ingenio?».

Cuando Marta quedó ciega, el poeta se entrega al dolor: «Cuando yo vi mis ojos eclipsarse, / cuando yo vi mi sol escurecerse, / mis verdes esmeraldas enlutarse / y mis puras estrellas  esconderse /, no puede mi desdicha ponderarse, / ni mi grave dolor encarecerse, / ni puede aquí sin lágrimas decirse / cómo se fue mi sol al despedirse». Esto no lo puede escribir una persona que no ama.

Y finalmente, ¿alguien duda de su dramaturgia de la que vivió? Por algo habrán quedado para siempre los dos dramaturgos universales por excelencia: Lope de Vega y Shakespeare. Sí, no tengamos miedo en proclamarlo (y ya que cito al dramaturgo inglés , …in a loud clear voice).

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Sánchez Jiménez, A., Lope. El verso y la vida. Madrid, Cátedra-biografías-, 2018

Ensayo

Martín Gaite todo un hito literario en que la perfección enaltece

Cuando citamos a Martín Gaite nos tiene que venir a la memoria el Ateneo de Madrid donde pasó tantas horas leyendo y escribiendo. Recordemos los versos de Espronceda que a buen seguro los tenía en su mente:.»A todos, gloria, tu pendón nos guía, / y a todos nos excita tu deseo: / apellidarse socio ¿quién no ansía / y con las listas estar del Ateneo?».  Me ha sorprendido que el profesor  José Teruel no  haya recordado este dato que los ateneístas propalamos y ella glorificó.

Cuando pareció, allá en 1978 , El cuarto de atrás, quedamos prendados de su belleza estilística; ya no se podía superar esas formas  que ella supo hilvanar para la posterioridad, aunque quizá los libros que nos apabullan sean  Nubosidad variable y La reina de las nieves. Nos da igual que sea autobiografía repleta de ficción, novela, ensayo, qué más da; no acortemos las alas del arte de escribir. Cuando leemos, percibimos un pasado entrevisto de presente; poco importa que esté revestido de ironía para agavillar mejor el hecho transcurrido. Como muchos escritores y escritoras, Martín Gaite se refugia en la literatura, tanto la escrita como la lectora; es cuando la soledad quiere imponerse y ella se integra, no se evade, quiere ser, translucir, el rescate de la memoria como asidero,  adentrarse en la dicotomía realidad-ficción y trazar los raíles de la inocencia y la madurez para una formación venidera de los/as posibles lectores; su mundo como atalaya en la que podamos subir para ver. Distinguimos ese halo de la ecritora en tanto en cuanto nos damos cuenta de que su narración tiene basamento el cómo y a quién se cuenta con precisión y belleza léxica en esa oralidad que se establece con el misterioso personaje que la visita cuando la inspiración le viene de sopetón. Es única, se distingue cuando la leemos. Gloria, por tanto, a quien supo amasar hechos que nos conmueven y venteamos.

Personales

La literatura de no ficción en el marco del «Nuevo Periodismo»

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La literatura de no ficción. 

Ante el barullo del término,  escribí estas ideas por si podía dar luz a esa moda de los años ochenta de la que discrepaba en la revista Anaquel. Ahora, después de tanto tiempo transcurrido la recupero para aclarar-otra vez-la gran mentira del término «nuevo periodismo». De poco servirá porque se volverá a repetir sin que se demuestre tal expresión, me refiero, claro, al adjetivo.

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Poesía

Lope de Vega en la cúspide poética

Que la editorial Cátedra, de nuevo-hace poco se publicaron las Cartas-, se acerque al poeta excelso es buena señal. A ver si de una vez nos dejamos de tantos chascarrillos-incluso libelos- como se cuentan en la casa «Lope de Vega» de Madrid y mucho peor en la enseñanza. De una vez hay que acercarse a su poesía y a su teatro y dejar esas patrañas que  no se sostienen. Y lo que es verdad no se dice; por ejemplo, la Inquisición prohibió una parodia del Credo de los cristianos-católicos: «creo en Lope de Vega, todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra…».

Acerquémonos a su capacidad creadora, a su energía vital, a esa desbordante humanidad en la que se juntan dos épocas el Renacimiento y el Barroco enarbolados por dos mitos literarios: Cervantes y Lope de Vega. Toda su obra está inundada de lirismo, bien se dieron cuenta la llamada «Generación del 27», que hizo bandera de su poesía. Una parte lo constituyen los Romances de senectud. Hay que alegrarse de que se publiquen juntos y sobre todo que se lean para desterrar las tonterías que se dicen. En concreto, en esta edición se recogen «todos los romances, romancillos y composiciones arromanzadas» que escribió fuera de su obra dramática desde 1621-1635 (salvo la LXXV, ¡Ay, verdades, que en amor! y Vengada la hermosa Filis, a. 1616-). A mi parecer, la introducción que realiza el editor es demasiado extensa porque lo primordial es que se lean los versos de Lope. Sin embargo, las notas a pie de página de los Romances es de lo mejor conseguido y además dan nitidez a la comprensión. La poesía de Lope hay que leerla, propalarla. Bien está que se analice; ahora bien, no hay que entretenerse tanto en aspectos de unos y de otros cuando nos acercamos a los poemas; por ejemplo, «¡Ay verdades que en amor!» y «Vengada la hermosa Filis». En los dos se recurre a la misma estructura: testimonios, difusión, trasfondo y estilo. Incluso en todos los demás propuestos como si fuera una tesis doctoral. En los dos mencionados da igual de donde parta. Lo primordial es si hoy esa poesía pervive, si tiene un asidero existencial más allá de las distintas estrategias, si sirve para nuestra formación. Por otra parte, son dos poemas en los que detrás hay dos personas de sobra conocidas cono son Elena y Lope, lo queramos revestir de otros ropajes. Elijamos del primero los versos:

Cuando traté con engaño

tu verdad Filis ingrata,

¡qué de quejas vi en tu boca,

qué de perlas en tu cara !

—–

Y del segundo poema:

Habló Filis y tuvieron

alma de coral sus labios,

que ver humilde al rendido

hace piadoso al vengado.

Cuando elegimos leer poesía del Fénix si no te entregas, la vives, es que te falta algo esencial a las personas: el sentimiento lleno de entereza. Ahí está el poeta del que han bebido tantas generaciones, incluso los que solo escribieron poesía sacra, porque no olvidemos que nadie le supera; además, no en vano, el Papa Urbano VIII le nombró-sin tener título universitario- doctor en teología. Sabía lo que se hacía. El mejor panegírico para Lope es que lo leamos, lumbrera donde las haya.