Ensayo

Martín Gaite todo un hito literario en que la perfección enaltece

Cuando citamos a Martín Gaite nos tiene que venir a la memoria el Ateneo de Madrid donde pasó tantas horas leyendo y escribiendo. Recordemos los versos de Espronceda que a buen seguro los tenía en su mente:.”A todos, gloria, tu pendón nos guía, / y a todos nos excita tu deseo: / apellidarse socio ¿quién no ansía / y con las listas estar del Ateneo?”.  Me ha sorprendido que el profesor  José Teruel no  haya recordado este dato que los ateneístas propalamos y ella glorificó.

Cuando pareció, allá en 1978 , El cuarto de atrás, quedamos prendados de su belleza estilística; ya no se podía superar esas formas  que ella supo hilvanar para la posterioridad, aunque quizá los libros que nos apabullan sean  Nubosidad variable y La reina de las nieves. Nos da igual que sea autobiografía repleta de ficción, novela, ensayo, qué más da; no acortemos las alas del arte de escribir. Cuando leemos, percibimos un pasado entrevisto de presente; poco importa que esté revestido de ironía para agavillar mejor el hecho transcurrido. Como muchos escritores y escritoras, Martín Gaite se refugia en la literatura, tanto la escrita como la lectora; es cuando la soledad quiere imponerse y ella se integra, no se evade, quiere ser, translucir, el rescate de la memoria como asidero,  adentrarse en la dicotomía realidad-ficción y trazar los raíles de la inocencia y la madurez para una formación venidera de los/as posibles lectores; su mundo como atalaya en la que podamos subir para ver. Distinguimos ese halo de la ecritora en tanto en cuanto nos damos cuenta de que su narración tiene basamento el cómo y a quién se cuenta con precisión y belleza léxica en esa oralidad que se establece con el misterioso personaje que la visita cuando la inspiración le viene de sopetón. Es única, se distingue cuando la leemos. Gloria, por tanto, a quien supo amasar hechos que nos conmueven y venteamos.

Personales

El erial y sus islas

Con motivo del Premio Cervantes, se han publicado con el título El erial y sus islas (2015) los artículos y conferencias de los últimos años de Juan Goytisolo. Nos tenemos que felicitar; estos no podían permanecer en tierra de nadie; ahora los lectores pueden degustar no solo su prosa sino también ese espíritu emprendedor, diverso, rebelde con que nos recuerda tantas cosas que pueden pasar desapercibidas en el Parnaso de las letras. Son como ventanas privilegiadas para asomarse. Son algo más que ” pecios” de otro premio Cervantes, ahora, también, con su Campo de retamas, excelente como todo lo de Sánchez Ferlosio.

Cantor que raya la excelencia de nuestra literatura; deberían aprender los que convierten sus clases en lo dicho y redicho; eso, sí, sin levantar la vista del papel. Pedir que la enseñanza sea creadora es una utopía; ni te atrevas a sugerirla. Ya era hora que le concedieran el Premio. ¿Cómo es posible que se haya otorgado el galardón a personas que no han escrito de nuestro primera pluma  algo significativo? ¿Cómo es posible que a Goytisolo se le admire fuera de España y aquí permanezca en el cuarto trastero, y si se le nombra siempre hay un “pero” por esto o por lo otro? Siglos venideros ahondarán en su prosa para entender que la literarura es algo más que el entrenimiento o el mercadeo. Tal vez, por eso, a Juan Goytisolo se les destierre a las tinieblas y sin embargo, el arte de escribir va con él; aunque solo fuera esto es suficiente para la delectación.

El libro está estructurado en dos partes. La primera con el título de “Cervantiadas” en la que elogia a nuestro Miguel de Cervantes desde “Un océano en la Mancha” hasta “Prisionero de la obra escrita” (pág.91). La segunda, con el nombre de “Lecturas, evocaciones y relecturas”, es más extensa. Lo último es el texto leído en Santillana del Mar con el título  “Elogio del saber no rentable”. Aquí hallamos todos los despropósitos, la degradación cada vez más del conocimiento (“el lento pero imparable declive del alumnado que ingresa en el alma máter.Cualquier profesor titular de las disciplinas humanísticas puede atestiguar la verdad cuanto digo.Como me confió uno de ellos, los estudiantes que hace veinticinco años habían leído a Descartes y a Kant los conocen hoy solo de nombre y no saben deletrear ni escribir correctamente los de Nietzsche o de Schopenhauer. Desdichadamente acaece lo mismo en el campo de la literatura”. Pero es como si fuera una voz en el desierto. He ahí la gran verdad, pero no lo digas porque entonces…..

En todo el ensayo se percibe el saber hilvanar con una precisión y justeza digna de cualquier ejercicio de redacción, la perfección suma.