Personales

Selectividad en Madrid. Segundo día: 5 de junio,2013

Otra vez el caminar se hace verdad en esta mañana primaveral que apunta a calurosa en la ciudad universitaria madrileña; el desayuno me espera en la mítica cafetería de la antigua Filosofía y Letras, no sin antes bañarme del aire perfumado que viene de la sierra y el acompañamiento de caras juveniles que buscan un destino, que sueñan, que albergan un espíritu arrollador, cada uno con una dirección a recoger lo sembrado en este segundo día de alborozo por lo que puede representar en sus vidas. La ancha avenida por la que andamos es el cantar de los sentidos en el alma purificadora. El devenir hecho naturaleza que despierta, que clama al uníseno con esta juventud itinerante, como símbolo de ser.

Ayer encontré a una ex alumna que también estaba en la misma sede de selectividad, ya profesora con oposición, que me reconoció después de tantos años. ¿No te acuerdas?, fuiste mi profesor de B.U.P. («mi jovencísimo profesor», insiste). A pesar de los años transcurridos aún conserva la dulzura de su rostro. Me hizo recordar aquellos tiempos.

Observo, hoy, en el aula, más tranquilos a este puñado de jóvenes; a su vez, leo en sus rostros cierto cansancio de haber dormido poco, pero con ánimo para restar un día más a la prueba. Me fijo en la vestimenta, y percibo que vienen más arregladitos que ayer.

No puede haber reproche cuando se han preparado para proseguir en este peregrinaje en el que nos encontramos.

Personales

Selectividad en Madrid. Primer día: 4 de junio, 2013

El tiempo transcurre sin que nos avise del instante; pero, un año más, hoy el sol se detiene en los rostros de una nueva juventud que quiere participar, que quiere ser dueña de su destino; percibo, ya, a primera hora, la alegría con que se apuestan en el entorno de las Facultades de Medicina, Derecho, Filología, Biológicas, etc., de la Universidad Complutense con la carga de la mochila. Yo también me dirijo a pie, desde Moncloa, a la sede 18 en la que debo presentarme a las 8.30 horas en la Facultad de Derecho. Paso obligado para un filólogo, que fue feliz en el edificio- ahora «A», antes Filosofía y Letras- en la Licenciatura y en el Doctorado, es visitar la cafetería. Unos camareros serviciales al verme ya están prestos para el café; aún hay dos de los tiempos heroicos, como yo los denomino, adjetivo que es una constante en este «blog» cuando me refiero a la dictadura y transición españolas. Al fondo, con chaqueta marrón-claro veo al hermano Pisonero que está presto para comenzar el desayuno.

La vida nos empuja «como un aullido interminable», verso de J.A. Goytisolo, que tantas veces hemos leído y hemos comentado en clase para que los alumnos participen, para que vivan, para que no pierdan el tiempo, para que buceen en la literatura como algo salvífico. Es una selectividad más, es la primavera hecha carne, que en otro tiempo los que examinanos fuimos también jóvenes con ilusión para pasar esta valla. Desde estas páginas mi más sincera felicitación por haber coronado la cumbre, y, sin duda, el que cada persona pueda elegir la especialiadad que desea.

Personales

Días de tumulto en la memoria

Mirada triste, reflejada;

el alma cicatrizada por el tiempo

sin que lo luminoso vuelva.

Son días de tumulto, de ángeles prendidos,

de aquí para allá revolotean, henchidos

de juventud, de esperanza.

Aleteo blanco en un cuerpo enjuto,

que balancea con su esbelta figura.

Hoy, su rostro sirve de contraste

con su blusa negra, amaestrada,

a flor de piel; canéfora silente en otro tiempo,

ahora soñadora.

Personales

«Cuenca cierta y soñada, en cielo y río». Carrera popular La hoz del Huécar

Entrecomillo parte del título porque es el último verso del famoso soneto del poeta Federico Muelas que los docentes hemos encajado dentro de la llamada «Generación del 36» o también de la poesía de posguerra.

A la espera del Alvia que me conducirá a Cuenca, un año más, para participar en la carrera «La hoz del Huécar», me entretengo en la estación «Atocha-Renfe» leyendo Babelia del diario El País de 25 de mayo. Como casi siempre paso las páginas para ver qué me interesa más, o simplemente de qué versa, más allá de la portada con un título torrencial: «Contra la cruda realidad. La literatura fantástica vive una primavera editorial a través de nuevos sellos y colecciones». Al principio quise leer las páginas centrales por la luz que transmitía el título «Mapa total de Otero» con la ya famosa fotografía del poeta en Granada en un homenaje en 1976 a García Lorca. Pero, no lo hice porque me llamó la atención en las páginas siguientes «Vidas de la novela. Luis Goytisolo revisa las fuentes de un género informe convertido en eje de la sensibilidad lectora occidental». El motivo de hacerlo antes que el resto del suplemento fue porque se refería al ensayo de Luis Goytisolo Naturaleza de la novela (mayo, 2013), que yo, ya, había leído y dejada mi opinión en mi «web-blog» (18 de mayo). Además, el libro lo llevaba en el bolso de viaje porque quería releerlo en el trayecto, juntamente con Simple suspense para recordar «my English» por si paso una temporada en Inglaterra.

Me enfrasco en la reseña (pág. 14), y al terminarla me quedé suspenso. Inmediatamente, percibo que el escrito no se lee como una novela, y sí el ensayo de Luis Goytisolo, con más razón, por tanto, para imbuirme, de nuevo, en el libro. Fui previsor porque no conocía que hoy sería reseñado. Quizá sea el adjetivo agridulce el que más defina mi lectura del comentario en el suplemento; es que, a veces, los críticos quieren ser más que los autores y aprovechan para ventear todo un repertorio de lo que conoce, sin que el lector se entere nítidamente del libro reseñado si antes no lo ha leído. Los críticos deberían leer los pasajes bíblicos y evangélicos propuestos por Goytisolo para que sus escritos se lean como un relato y la sencillez lo cubra todo, que el texto afecte al lector por lo evocado. Percibo que no se hace, que se intenta llamar la atención con oraciones farragosas, con un léxico, a veces, rebuscado, y eso sí, demostrar que la crítica está por encima, y al final el lector no sabe qué es lo que ha pretendido el autor siendo como es primordial.

En la página siguiente del suplemento, leo en destacado el título «Sobre amores». En  «´Miguiño mio´, doña Emilia Pardo Bazán, una mujer de armas tomar, da rienda suelta epistolar a su pasión por Galdós», que leo con fruición. No es novedoso lo que se relata, al menos para el que suscribe, porque para motivar a los alumnos a la lectura del más grande novelista después de Cervantes he recurrido a estas anécdotas, a esa relación amistosa y pasional entre los dos.

El domingo, día 26, era el día señalado para la carrera que imprime carácter para siempre, por lo que irá en las alforjas en este itinerario existencial. Para mí, de todas las  carreras en las que que he participado, sobresalen esta y la de «Behobia». A la de Cuenca le falta ese aluvión de personas animándote, haga calor, frío, llueva o nieve, durante toda la carrera;  esto no lo olvidará el atleta que participe en la «Behobia-Donosti». Más de 25.000 personas es una tarjeta de visita para tenerla presente.

A las diez se dio la salida, y al igual que hacían las compañías teatrales en el siglo XVI cuando estrenaban una obra, dimos una vuelta por las calles principales de  Cuenca, para después enfilarnos por la celestial hoz del Huécar donde parece que según subes, deseas acariciar el cielo; pronto me acuerdo del verso del poeta «en volandas de celestes prados», que cristaliza con su enamoramiento al exclamar: «¡Oh, aventura de cielos despeñados».

Panorámica del puente san Pablo, parador(antiguo semillero de los PP.Paúles) y las famosas rocas
Panorámica del puente san Pablo, parador(antiguo semillero de los PP.Paúles) y las famosas rocas.

En la subida del kilómetro siete al ocho, ya coronada la «cueva del fraile», observo, por fin, a un puñado de personas, en una de las curvas, que aplauden; cuando me faltaban unos diez metros para girar y emprender otra cuesta, oigo «ánimo Behobia», «ánimo Behobia», «Behobia», e irrumpen en aplausos, que agradecí con un saludo. El hecho significativo de «Behobia» fue porque yo corrí con la camiseta de la última Behobia 48 (noviembre, 2012), en agradecimiento a esas miles de gentes que tanto me aplaudieron sobre todo en las estribaciones de Lezo, y también como recuerdo de mi madre que dentro de nada cumplirá un siglo, y a la que le dediqué la carrera de Behobia como ya di testimonio en este «blog» («Desde Behobia-San Sebastián. Mis impresiones de la carrera internacional Behobia», 12 de noviembre).

Si, al final, no vienes enamorado de la hoz del Huécar, es que te falta algo; los dioses no han sido propicios; hay que volver para que la lámpara del sentimiento no se apague.

Carrera "La Hoz del Huécar", mayo 2013
Carrera «La Hoz del Huécar», mayo, 2013
La sultana
La sultana al fondo (la roca capital)
Ensayo

Naturaleza de la novela, algo más que un ensayo

De nuevo, Luis Goytisolo se acerca a la literatura-esta vez como ensayista- desde la almena del buen trato de la palabra con su brillante estilo; parece como si la lengua se purificara. No me cansaré de repetir que con los «Goytisolos» el castellano/español se viste de hermosura; es una delicia leer este ensayo. Es como si un corredor en el Maratón no se cansase; quiere llevarlo en volandas, valga el símil en este mes de mayo que tantas carreras se realizan.

Con Naturaleza de la novela vierte lo que está siempre en el alambre a pesar de tantos siglos transcurridos desde que los relatos pasaron al papel. Sinceramente, me ha llamado la atención que nos recuerde el Antiguo y Nuevo Testamento. Ya conocíamos la prosa sublime que encierran; sin embargo, que enhebre tantos hechos capitales para que el lector mire desde ópticas distintas, hacía tiempo que no lo leía. Incluso, Goytisolo va más allá: lo que hoy se entiende por novela se asemeja a esos relatos que primero pasaron de boca en boca y después se plasmaron en papel.

Al recordarnos que en el siglo XX el narrador omnisciente, tan primordial en la novela áurea del siglo XIX, haya desaparecido para dar más nitidez a lo narrado, queda ahí. No sé si ese aserto contribuye o no al decaimiento de la novela en la segunda mitad del siglo XX o ya en los inicios del siglo XXI. Las variantes que se introducen como el objetivismo, el punto de vista expresado en tercera persona o el monólogo interior, quizá hayan complicado más el eje dinamizador de lo contado. Lo que sí parece cierto es que en muchas novelas se ha perdido «alma», o aquellas que más parecen son las que tienen algo más que un puro estilo, tan importante en la escritura. Ambos se necesitan para configuar un relato y, sobre todo, para los lectores. La emoción para implicarnos es capital.

Es difícil encontrar a un crítico que no ponga como ejemplo el Ulysses de James Joyce. Goytisolo lo ensalza como «máximo exponente» (pág. 129) de formas de expresión, más allá del retrato de Dublín durante dieciséis horas. Al igual que otros trae a colación la llamada «Generación perdida» como de «importancia crucial» (pág. 136), de paradigma de lo que se debía de entender como novela.

El epílogo es una reflexión que va más allá del género literario, que aborda y se pregunta por el futuro del libro, tabletas o «futuras variantes». ¿Lo que nos espera? Goytisolo piensa que sí («el libro impreso se convertirá en objeto del coleccionismo», pág. 169). Pero la máxima preocupación del autor es el futuro de la novela o lo que entendemos por literatura («en el fondo, que la cultura, y más concretamente la literatura, se convierta para las mayorías en algo prescindible, accesorio», pág.170). Probablemte estribe en que la novela la cultiven los propios autores, al igual que la poesía. El palo para las editoriales que tienen como común denominador que los lectores consuman novelas para que el negocio no se arruine va a ser descomunal. Goytisolo no deja ni siquiera la duda, y pone el ejemplo de «esos libros de caballerías que ya solo leía don Quijote» (pág. 176). Tal vez exagere, pero el recuerdo de Miguel de Cervantes permanece.