Personales

Hoy es tu día

Desde muchos kilómetros

nuestras felicitaciones

para esas 98 primaveras.

Tú que nos acariciaste

y miraste con esperanza

a nuestros ojos,

te devolvemos nuestras

miradas llenas

de gratitud, de generosidad.

A ti que cincelaste con

tu forma de ser

nuestro camino, henchido

de verdad, solidaridad,

de libertad.

Solo recordamos luz

en nuestra educación,

que hemos derramado,

también, a los nuestros.

Tu nombre, Antonia,

esmaltado en nuestras

mentes.

Personales

Exultent angelica turba caelorum

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Exultent divina mysteria: / et pro tanti Regis victoria turba insonet salutaris. Así comienza lo que se denomina «Pregón Pascual» para el día más grande de los cristianos. Solo en este momento y en esta celebración es proclamado; lo hemos vivido estos días; el resto del año, como símbolo, permanecerá el cirio pascual encendido hasta su extinción. Es el paso de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida. Es la fiesta de la Pascua de Resurrección, la primordial, la que anuncia algo nuevo, el preludio de una nueva aurora; es la alegría de vivir.

El texto es atribuido a san Agustín (354-430), pero no podemos olvidar que, al principio, las comunidades cristianas intervenían en la construcción y elaboración de los textos. Posteriormente se unificarían los textos y los ritos en la liturgia, sobre todo, a partir de san Gregorio Magno (540-604), a quien debemos la difusión del canto gregoriano.

Atrás quedaron momentos estelares, como el día del amor fraterno, el recuerdo de la pasión, el sermón de las siete palabras, y tantos hechos que perturban al ser humano, pero que las gentes viven con entrega. ¡Cómo no recordar, en estos días, lo que tantas veces mi madre, ahora con el invierno a cuesta, nos ha contado: «yo he llevado en las famosas andas a la Virgen Dolorosa, sin descanso a la morra, ida y vuelta, en procesión, sin ningún relevo porque yo no quería». Hago constar que solo las mujeres podían pasear a la virgen, de seis en seis, aunque podías no aceptar el relevo. La morra en mi pueblo está a tres kilómetros, entonces un camino escarpado, en medio de un silencio sepulcral, en que solo se oían el paso  de los creyentes y el ruido del caballo en que iba montado el sacerdote, por cierto navarro. La vuelta era más dura porque mi pueblo está en un cerro y había que subir «las estatuas» por una cuesta empinada y camino estrecho. Eso eran procesiones, nos dice todavía. ¿Se llama eso fe? Quién sabe. ¡Cuántas veces he escuchado de su boca que solo cree en el de arriba! Que la justicia de la tierra está muy lejos del ser humano. Si vemos lo presente no le falta razón.

La estrofa, Haec nox est, de qua scriptum est: / et nox sicut dies iluminabitur / et nox illuminatio mea in diliciis meis (Ésta es la noche / de la que estaba escrito: / Será la noche clara como el día, / la noche iluminada por mi gozo), es todo un presagio de la limpidez, de la alegría del cristiano que comienza un nuevo año santo, la noche en la que ahuyenta la maledicencia en todo su largor, expulsa el odio, se acerca más al carácter solidario que nos debemos, alegra al triste, al desheredado de la fortuna; es la noche de gracia, dichosa, simbolizada en el cirio hecho con cera de abejas, bien elaborado para que expanda su luz sin mengua y una el cielo con la tierra, lo humano con lo divino, lo material con lo espiritual; literariamente, Sancho con Don Quijote.

El cirio como símbolo de una llama eterna para apartar la oscuridad y triunfe la luz, las relaciones humanas como algo salvífico, el foco que necesitaremos cuando se apodere de nosotros el carácter cainita que llevamos desde el nacer, y que los cristianos deben rechazar, deben educar cuando quiera brotar. ¡Pero qué difícil es mantener esa llama de «en el buen sentido de la palabra bueno», evocada por A. Machado! Es más, se deja traslucir en las personas lo que comporta negación, noche.

En estos días también me acuerdo del estribillo gongorino:» ¡Que se nos va la Pascua, mozas, /que se nos va la Pascua!». Y eso es lo que inculco que prevalezca, que intentemos vivir, que la vida es breve, que vamos de paso. Son las expresiones clásicas «Carpe diem», «Collige, virgo, rosas», «Tempus fugit», «Coged de vuestra alegre primavera». Es el dístico del poeta culteranista: «Mirad no os engañe el tiempo, / la edad y la confianza».

Personales

¡Feliz cumpleaños!¡Happy birthday! ¡Tanti auguri a te!

Con tarta de manzana incluida y en los tres idiomas escuché las notas musicales tradicionales en mi  cumpleaños.

Celebración completa. Este canto va dedicado al día en que nací, 1 de marzo, en lo que coloquialmente denominamos “el cerro”, porque el pueblo Castilblanco (Badajoz)  está como enclavado, sobre ese trozo de tierra elevado. Allí está como vigilante de lo que también se llama la Comarca de los Montes dentro de una geografía más amplia con el nombre de la popular “Siberia Extremeña”, nombre alto, sonoro y significativo. Desde el castillo se pueden divisar el círculo de montañas que jalonan un paisaje acogedor que enaltece el espíritu e invita a la meditación.

Del año 1272 proviene el nombre del pueblo. Aquí se asentaron los “Templarios”, y, probablemente el nombre del pueblo  provenga del hábito de esta orden y el castillo que se constituyó en el montículo.

Entrada de la parroquia
Entrada de la parroquia

Este día ha quedado en mi memoria, transmitido de boca en boca, que llovió copiosamente en la madrugada, pero que con el alba se transformó en un día luminoso, esplendente. Mi madre fue asistida por el Doctor Seco, el practicante (hoy A. T. S.), y una vecina que hizo las veces de Comadrona. A buen seguro que a ésta y al Doctor, Dios les habrá reservado un lugar destacado en el reino de los cielos; del practicante no recuerdo nada especial, seguro que tendría virtudes. Siempre que pasaba por la puerta de mi casa saludaba y preguntaba por mí. Era una persona enjuta, bien vestida y con garrota.

Lápida dedicada al Dr. Seco en la plazoleta
Lápida dedicada al Dr. Seco en la plazoleta

En el Doctor observé, cuando ya tenía uso de razón, inteligencia, solidaridad, cultura, y una entrega a los demás poco común. En mi memoria han quedado para siempre muchas anécdotas y hechos. En Medicina era un especialista, que tal vez, si no se hubiera enamorado de la mujer más guapa y rica del pueblo─él había nacido en Cabeza del Buey (Badajoz)─, su nombre estaría esmaltado en letras de oro en Madrid, Barcelona, o quién sabe. Tenía su clínica en una “casona grandísima”, con olivar incluido. Aquí operaba con las técnicas más avanzadas por aquel entonces. Todos los días recibía revistas y más revistas, libros, cartas. El cartero se despojaba aliviado con su voz atronadora  al pronunciar “Doctor Secoooooooooooooooooo”, cuando llegaba a la mansión del médico.

En varias ocasiones me comentó que Dios estaba en deuda con él, porque no cobraba a los pobres, y al terminar una operación, una visita, eran agradecidos con la frase “que Dios se lo pague”. Tampoco cobraba a los suyos-los ricos-, sería una bajeza, ¡cómo los iba cobrar, me decía! Estos solo decían gracias, y no siempre.

Esto sí que es ser cristiano. ¡Llevamos más de 2000 años de cristianismo y se nota tan poco! Ni siquiera en los que un día se consagraron, que libremente aceptaron ser alfareros de luz cristiana, faro, se les nota, y menos, todavía, en la jerarquía eclesiástica. Ojalá me equivoque, por eso, añándanse todas las excepciones y los “versos sueltos”,  a esta opinión singular.

Fotografía del vareo de las aceitunas en la raña
Personales

Aceituneros altivos

Olivo de Castilblanco

Este canto va dedicado a esas personas venidas a la Siberia Extremeña  de Barcelona, Madrid y otros lugares a recoger las aceitunas a lo que ya popularmente denominamos «el cerro»; aquí está enclavado el pueblo de Castilblanco, en otro tiempo se asentaron los Templarios en el que se construyó un Castillo, y, probablemente el nombre provenga del hábito de esta orden, desde el que se pueden divisar el círculo de montañas que jalonan un paisaje acogedor que enaltece el espíritu e invita a la meditación. Del año 1272 proviene el testimonio de tal nombre. Ahora, parroquia de san Cristóbal Mártir, único lugar de cultura en los tiempos «heroicos», y en el que muchas personas debemos estar agradecidas por ese foco cultural que nos perfumó para siempre. Vayan estas líneas de gratitud para todos los que contribuyeron a expandirla, y, también, para los «ingratos» que no quieren reconocerlo o para los olvidadizos.

A nadie se le escapará el adjetivo «altivos», elegido por Miguel Hernández para dar fuerza, para enaltecer a esos jornaleros jiennenses que trabajaban desde el alba hasta el oscurecer en la recogida de la aceituna.

Cuando en el bachillerato aprendí la canción-poema, me sorprendió lo de «altivo», porque yo lo que veía en mi pueblo era todo lo contrario: personas encorvadas, rostros heridos por el frío de la mañana, bien abrigadas, en fila, cogidas las caballerías del ramal por la carretera nacional, Madrid-Córdoba, o por caminos serpenteantes denominados de «talavera», «colorina». «bajenoso», «jarillo», «canalija», «raña», «el mato», etc.

Fotografía del vareo de las aceitunas en la raña

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Personales

Celebración incompleta

Faltan unos minutos para salir hacia el Madrid galdosiano para anticipar la expresión de anteayer «Ha llegado un ángel» que alguien, en alta voz, me comunicó cuando estaba en la cocina. Ya de vuelta, hemos quedado satisfechos por la  comida y el trato recibido, pero el entusiasmo esperemos se confirme el día de Navidad, sinónimo de amor, de amistad, de entrega, de compromiso, de solidaridad, de luz, y tantas cosas que nos deseamos para estos días, pero que yo añado: «ojalá todos los días sea Navidad». Es el carácter connotativo de la expresión lo que yo deseo, pero extensivo a todas las personas que pueblan la tierra; si fuera así predominaría la bondad que en todo ser anida; pero parece que para que exista el bien debe también convivir con el mal. ¿Es la predestinación de la humanidad por no haber querido permanecer en el paraíso , porque queríamos más, o, simplemente, porque sólo el gozo dado es insuficiente y queremos también luchar con otras formas de vida en las que el mal sea la otra cara de la moneda?

Ese paraíso al que me refería ha sido cantado por muchos poetas, en estos momentos recuerdo a Rafael Alberti con ese dístico tan famoso :»No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel/todo anterior al balido y al llanto…..»,  a J. Milton con su Paradise Lost, y, tangencialmente, el verso de Pedro Salinas «¡Qué gran víspera el mundo!» del libro La voz a ti debida.

Mañana será otro día en el que intentaré motivar el carácter poético de Shakesperare en sus dramas, sobre todo en un fragmento de su obra más repetida, leída, soñada, hecha carne: Hamlet. Luego bucearé en el homenaje que hizo José Hierro a otro grande en la poesía y en el drama: Lope de Vega. Aunque sólo hubiera escrito el poeta madrileño/santanderino el poema «Lope. La Noche. Marta» de su libro Agenda es más que suficiente para figurar en una antología de la segunda mitad el siglo XX. El último verso nos tiene que hacer sentir la poesía: «Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar».

¿Motivaré a mis alumnos/as? ¿Caerá en tierra abonada uno de los axiomas que mantengo desde que me dedico a estos menesteres de que la vida es literatura y ésta vida?  La literatura nos tiene que servir para nuestra formación, si no, no tendría sentido. ¿Y dónde la encuentro? En la lectura, en la lectura, en la lectura.