Teatro

Docencia práctica en el teatro Español de Madrid. La casa de Bernarda Alba

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Personales

A esas trece rosas, siempre en la memoria

que entendieron lo que es la libertad; esta que ahora disfrutamos algunos seres humanos gracias al sacrifico de otros; entre ellos estas niñas que prefirieron morir antes que perder la dignidad. Nos tiene que dar vergüenza cuando preferimos callar, cuando la injusticia puebla nuestro entorno, cuando aceptamos la caridad (el cristianismo propala: Ubi caritas est amor,Deus ibi est) y no la justicia que nos hace humanos. No podemos contribuir al silencio atormentado. Exijamos, no roguemos. El ser humano no puede permanecer genuflexo, sino altivo ante lo que suponga destrozo existencial.

Personales

Misa del Gallo en Los PP. Paúles

Este año he ido a «la misa del gallo» a la Basílica-Parroquia Virgen Milagrosa que regentan los PP. Paúles en la calle García de Paredes 45, precisamente donde recibió «la semilla divina» san Josemaría («el Padre» para los del OPUS) en unos ejercicios espirituales. Sorpresa agradable al contemplar a doce personas-cinco mujeres y siete hombres- negras, llenas de fe, venidas de Uganda según nos dijo el párroco que contribuyeron con sus cantos-en forma de coro- a imbuirnos de más espiritualidad en un templo lleno aunque no participativo, en su gran mayoría, a la hora de coadyuvar en la misa concelebrada compuesta por nueve sacerdotes.

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Novela

El nuevo lector: otra vez, Madame Bovary 9

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En esta página «web», en el apartado «blog», me he adentrado en mujeres que han sentido esa gran palabra con que Don Quijote contesta, en una ocasión, a Sancho: libertad; y, sin embargo, en un  principio, las mujeres han sido señaladas, apartadas, segregadas, precisamente por ser mujer. ¡Qué desatino para los que todavía distinguen, juzgan por el sexo! Todavía en su mente no han anidado la palabra «persona», que evoca más, que une, que nos conduce a lo que somos: humanos.

Los de siempre se escandalizaron de la novela Madame Bovary de G. Flaubert. No falta detallar, si me sigues leyendo, a lo que me refiero cuando escribo «los de siempre». Seguramente por ese rechazo, la novela adquirió más acrecentamiento en su día. He vuelto a leerla y he sentido un sabor distinto, placentero, saludable, envolvente, y dejando atrás el latiguillo que con fue bautizada en el siglo XX: como precursora de la liberación de la mujer. Esta idea en sí, hoy, me parece huera. Estoy más por la actitud que toma el personaje más allá de su condición. Evidentemente que fue valiente con su forma de proceder en una sociedad opresora en las relaciones humanas. Pero lo que está mal, está mal en todo tiempo y lugar. No vale decir es que eran otros tiempos. La sociedad la formamos los humanos, y la libertad de pensamiento ha sido cercenada desde tiempos remotos porque molesta a los de siempre, aquellos que quieren que la gran mayoría seamos genuflexos, que seamos rebaño.

Sinceramente, a mí no me importan las clasificaciones tanto del autor como de la novela; lo primordial es si hoy me sirve para mi formación, para mi manera de ser. Qué más da que a Flaubert se lo sitúe al lado de Zola o Maupassant, o que la novela se la encuadre dentro del movimiento realista del siglo XIX. Es más, creo que ni siquiera al autor le interesaba. Lo que quería es contar unos hechos.

 La mujer es entronizada en la novela del siglo XIX; es la protagonista. El adjetivo infiel es negativo por lo que deberíamos buscar otro más acorde con los sentimientos que germinan en las personas, porque el problema se plantea de distinta forma si el hombre es infiel, casi se oculta.

Desterremos, por tanto, ese adjetivo con que se ha bautizado a todas las “Emmas” de la literatura universal. Y menos, todavía, cuando algunos recurren a la expresión “mujer fatal”, que sirve de reclamo y, por tanto, de perdición para el hombre. Estas ideas deben ser abolidas de nuestro diccionario.

De nuevo, la literatura es el arroyo corporal, el que nos invita al goce; esto en sí sería más bien vitalidad, no una perdición. Quizá sea el miedo a ser nosotros, y, sobre todo, a que la mujer sea.

Personales

Hoy es tu día

Desde muchos kilómetros

nuestras felicitaciones

para esas 98 primaveras.

Tú que nos acariciaste

y miraste con esperanza

a nuestros ojos,

te devolvemos nuestras

miradas llenas

de gratitud, de generosidad.

A ti que cincelaste con

tu forma de ser

nuestro camino, henchido

de verdad, solidaridad,

de libertad.

Solo recordamos luz

en nuestra educación,

que hemos derramado,

también, a los nuestros.

Tu nombre, Antonia,

esmaltado en nuestras

mentes.