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Jaume Vicens I Vives(1910-1960) / Josep Pla(1897-1981). Complicitats

Hace unos días, en el centro cultural Blanquerna de Madrid, con escaso público, se inauguró una exposición de dos grandes de la cultura catalana. Los dos escritores han influido en esta, pero, también en la española. Tengo dudas de que haya llegado a todos lo rincones de España, pero tenemos la obligación de conocerla y más lo que nos dedicamos a los menesteres docentes, y cómo no, también al amplio campo periodístico, no en valde Josep Pla ha servido de paradigma a escritores y periodistas. En estos momentos me viene a la memoria el escritor Antonio Muñoz Molina. Si leemos con atención al novelista jiennense la estructura de sus artículos nos debe recordar a J. Pla. A buen seguro que habrá sido un buen lector de Pla.

En el catálogo que me regaló Montse vienen recogido los diez años que se trataron (1950-1960). Copio unos de los párrafos: «Per a la Fundació Josep Pla, I´Any Vicens Vives és una magnífica oportunitat per a aprofundir en el coneixenment de la relació entre l´historiador i l´escriptor, que hem qualificat de complicitat sense cap por d´equivocar-nos».

Algunos de los aspectos narrados ya los conocía; sin embargo, otros me han servido para enaltecerlos, aún más, en el campo estilístico. La prosa de Pla puede ser un ejemplo para los que se incian en la carrera de Ciencias de la Información. Para el que suscribe estas líneas, El cuaderno gris debería figurar como lectura obligatoria, ya en el primer año de los que un día quieren dedicarse al periodismo.

En mi libro Periodismo y Movimientos Españoles Contemporáneos (1998), lo incluí en el capítulo de ensayo-periodismo como una de las plumas más nítidas en el arte de escribir.  La sencillez y la claridad del estilo de sus artículos penetra en los lectores. De ahí que me haya alegrado el artículo inédito que se publica ahora con motivo de la exposición, escrito por Vicens Vives, en el que resalta la humildad, pero también tuvo el arrojo de escribir verdades amargas que no fueron bien  recibidas. «Durante muchos años-escribe V. Vives- fue la gota solitaria que en la gran oquedad de la caverna reveló que no había desaparecido el manantial salutífero». Es de agradecer que el Centro Cultural Blanquerna nos haya recordado el destino de dos personas claves en la cultura de un momento concreto. Conocernos mejor, es una necesidad.

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El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 8

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El inicio de una nueva Edad de Oro en la novela tiene una fecha, un nombre y una novela. Este planteamiento corresponde, sin duda, a Benito Pérez Galdós con La Fontana de oro (1870). Aunque siempre se ha escrito y hablado de las tres grandes figuras de la estética realista -Galdós, Valera y Clarín-, sin embargo, no seríamos equitativos si no nombramos a Emilia Pardo Bazán, Pedro Antonio de Alarcón, El Padre Coloma, José María Pereda, Armando Palacio Valdés y Vicente Blasco Ibáñez. Este es el cuadro de honor de nuestro realismo decimonónico que tanta gloria dará a la novela española, no sólo en España sino en el mundo.

Leopoldo Alas «Clarín» propuso el año 1868 como origen de una nueva época de la novela española. En palabras del escritor: «Y es que para reflejar, como debe, la vida moderna, las ideas actuales, las aspiraciones del espíritu presente, necesita este género más libertad en política, costumbres y ciencia, de la que existía en los tiempos anteriores a 1868. Es la novela el vehículo que las letras escogen, en nuestro tiempo, para llevar al pensamiento en general, a la cultura común, el germen fecundo de la vida contemporánea».

BENITO PÉREZ GALDÓS. Es el novelista por excelencia de la novela del siglo XIX. Mucho se ha escrito y, posiblemente, se escribirá de la obra de quien ha sido considerado el más grande novelista después de Miguel de Cervantes en lengua castellana/española. Aserto que es contemplado por algunos como desmesurado. Pero sin entrar en la polémica, su obra sigue viva y sus lectores cada día se reproducen; por consiguiente, la obra galdosiana no ha envejecido, y muchos de sus escritos si se leyeran sin anteojos, incluso por algunos a quienes les han puesto el peto de galdosianos sin apenas haberlo leído, se observará que tienen plena vigencia, y, sobre todo, se olvida el fin didáctico y el compromiso ético que subyace en todo lo que escribió. Sin esta premisa difícilmente podremos asimilar lo que ha sido una constante en toda su obra literaria: La preocupación y el análisis de la realidad.

Inmerso, pues, en la sociedad, Pérez Galdós no duda en el tema. De ahí que se decante en un principio, por dos novelas eminentemente históricas –La Fontana de Oro y El Audaz- pero que tienen un aserto en la sociedad que le ha tocado vivir. Galdós pergeña la defensa de una novela realista española que responda a las exigencias del momento histórico y que, al mismo tiempo sea portavoz de la burguesía naciente, y, a la vez, reflejo de los problemas más acuciantes  que observa. Galdós sajó, con habilidad, aquella sociedad que él también conocía. A ella se acercó con el propósito de diseccionarla. Cual Diablo Cojuelo quiere ver las capas sociales madrileñas; asomarse, en suma, a la ínfima pobreza de seres henchidos por el desconsuelo y la marginación.

Para comprender la sociedad contemporánea hay que estudiar su pasado. De ahí el objetivo primordial de sus dos primeras novelas La Fontana de Oro y El Audaz. Con ellas pretende rehumanizar la Historia, y propende a la Historia porque ve en ella el trampolín que le servirá de engarce con la realidad que observa. No suficiente con esto, Galdós piensa en qué tipo de novela puede ser idónea para reflejar y proveer a esa sociedad surgida de 1868. De ahí que dibuje el panorama político y social en Doña Perfecta, Gloria, Marianela, La familia de León Roch, sin olvidar Rosalía, que no publicó en vida.

En su plenitud novelesca arranca con La desheredada, que supone una aceptación de la técnica naturalista y que proseguirá con El amigo Manso, El doctor Centeno, Tormento, La de bringas y Lo prohibido. Con estas novelas, Galdós comenzaba su tercera manera de narrar, donde desaparece la novela de tesis y, por consiguiente, los diseños mentales.

El cuarto estrato narrativo está configurado por la progresiva interiorización individual de los personajes; pensemos en Fortunata y Jacinta, Miau, La incógnita, Torquemada en la hoguera, Realidad, Ángel Guerra, Tristana y La loca de la casa. En su andadura novelesca prosigue con la interiorización exaltando la voluntad de vivir, pero desde la realidad para llegar a rebelarse contra el destino. Este período correspondería a Torquemada en la Cruz, Torquemada y San Pedro, Nazarín, Halma, Misericordia y El abuelo. Con estas novelas consigue encerrarse en una nueva forma: «el espiritualismo«. Y finalmente se aferra a su técnica y se encamina hacia el sueño de la realidad con Casandra, El caballero encantado y La razón de la sinrazón.

Todo esto no puede ser considerado como una suma de sucesos o conflictos, sin más, que pululan por doquier. Es algo más. Es una fe que abarca el campo inmenso de la realidad española. «Lo contrario -como apunta María Zambrano, pues, de ese nadismo o niquilismo que se esconde bajo el llamado realismo, bajo el naturalismo -aunque no todo- , y tanto más raro porque no se declara ni expresa por separado».


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El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 7

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Influencia del realismo europeo en el español.

Nuestra literatura siempre tuvo un sustrato realista; quizá sea la nota que marca los géneros literarios. Y en novela, efectivamente, se dio un realismo nítido, así como un costumbrismo acentuado a principios del siglo XIX. Por tanto lo que venía dándose en el resto de Europa, primero no nos fue novedoso, y en segundo lugar tampoco nos costó demasiado la adaptación ya que lo que supuso fue retornar a las fuentes, ya que como digo la tendencia realista es una corriente de gran tradición en nuestra Literatura española; otra cosa es que encontremos una perfecta definición de «nuestro realismo» porque los autores actúan siempre desde una actitud subjetiva y seleccionan de la realidad lo que a cada uno le conviene, aunque tengan un objetivo común: mostrar la realidad lo más objetiva posible.

Pero hay que admitir que los escritores realistas europeos fueron muy leídos en España e incluso se convirtieron algunas veces en maestros, hasta tal punto que fueron imitados no sólo en los temas sino en el desarrollo estructural de la novela. De Inglaterra tienen auge los relatos de Charles Dickens. Galdós lo consideró como «mi maestro más amado». La novela rusa llegó a calar en la mentalidad española, sobre todo Los hermanos Karamázov y Crimen y Castigo de F.M. Dostoievski, y Ana Karenina  y Guerra y Paz de Tolstoi.

Emilia Pardo Bazán en 1887 impartió un ciclo de conferencias sobre «La revolución y la novela en Rusia». Este mismo año se publicó en Barcelona una traducción de Ana Karenina que fue el comienzo del interés por la novela rusa. De Francia se admiró La Comedia humana de Balzac, Madame Bovary de Flaubert, y Rojo y Negro de Stendhal. Todo esto influyó lógicamente, pero no de una forma decisiva. Se tuvieron en cuenta algunas técnicas narrativas, por ejemplo la labor de documentación. En Benito Pérez Galdós tenemos un ejemplo señero. Pero nuestros novelistas realistas trataron más de acercarse al paisaje y a la vida de los españoles, y deslindaron claramente la dicotomía campo-ciudad; también algunos -piénsese en Pereda, Alarcón y Fernán Caballero- trataron en sus novelas de poner a salvo la moral de la nueva clase social que despuntaba, como fue la burguesía.  Ahí es donde encuentran lo novelesco. Nosotros comenzamos con la novela regional, seguimos con la realista, la naturalista, e incluso la realista-espiritualista al final de siglo. En resumen, las causas fundamentales de un nuevo realismo fueron: a). El cambio de mentalidad de la sociedad desde el punto de vista ideológico; b). La tradición realista de la literatura española desde su albores; c). El cambio se produjo en el romanticismo al buscar nuevas tendencias con el interés por el costumbrismo; d). Y cómo no, la influencia ejercida por algunos escritores europeos.

El año 1849 -cuando se publica La Gaviota, como folletín en El Heraldo, de Fernán Caballero, Cecilia Bölh de Faber, 1796-1877, hija del famoso cónsul alemán en España- sirve de base para el desarrollo de nuestra gran novelística del siglo XIX. Se han observado en la novela de Fernán Caballero tres características que se tendrán en cuenta en la novela posterior. En primer lugar, «un costumbrismo pintoresquista». Pensemos en los cuentos o romances que la autora intercala en  sus novelas, que Fernán Caballero las denomina «costumbres españolas», pero que tendrán un germen andaluz, y que más tarde tratarán de proseguir esta senda regionalista los Pereda, Palacio Valdés y Vicente Blasco Ibáñez. En segundo lugar, sus escritos están oreados de un cierto conservadurismo. En tercer lugar, admite la autora en su obras influencias extranjeras, sobre todo de Honoré Balzac.

En fin, Fernán Caballero fue la primera novelista que engarzó diversas escenas de costumbres con trama. En sus novelas destaca las costumbres populares andaluzas, el habla popular y una cierta inclinación moralizante. La escritora definiría la novela como algo que «no se inventa, se observa».

E incluso el naturalismo iría más lejos al analizar la conducta humana por procedimientos científicos como las leyes de la herencia biológica y el entorno en el que se vive. Fermín Caballero decide apartarse del subjetivismo romántico y pone en práctica el apunte del natural, posiblemente influenciada por Balzac. De manera que podemos manifestar que es a partir de este año cuando en España hay un resurgimiento de una nueva concepción de la literaura y, por tanto, de la vida.

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El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 6

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El realismo en Portugal tuvo un nombre destacado: EÇA DE QUEIROZ que nació en Povoa de Varzím el 25 de noviembre de 1845 y murió el 16 de agosto de 1900 en París. En un primer momento llamó la atención el espíritu ideológico claramente decantado por el progresismo. Pero con el paso del tiempo la impronta ideológica dejó paso a la pura creación literaria. También contribuyó, sin duda, el que visitara países, y, sobre todo, le encantara la vida regalada de París. Ensalzó el realismo francés.

Wenceslao Fernández Flórez dijo que fue «uno de los mejores, más cáusticos, efectivos y precisos escritores humoristas de su siglo». En general se le considera juntamente con Camilo Castelo Branco el máximo representante de la novela de portuguesa del pasado siglo. Y hoy día su nombre perdura como «un ejemplo fustigador de usos y costumbres, en cuyo cometido jugó como pocos el cendal del humor».

Su inicio novelesco surge con El crimen del padre Amaro (1875). En esta novela quizá lo más imoportante no sea el estilo sino el tema; la novela rezuma un anticlericalismo apasionante, en esto se asemeja a nuestro escritor Pérez Galdós. Que una mujer paralítica sea requerida en amores por un joven sacerdote con el cual tiene un hijo, no era un tema baladí. Cuando apareció su novela O primo Basilio (El primo Basilio, 1878) escribió: «Pobre de mí, nunca podré dar la sublime nota de la realidad eterna, como el divino Balzac, o la nota justa de la realidad transitoria, como el gran Flaubert». Pero parte de la crítica ha entrevisto en el estilo de EÇA DE QUEIROZ mayor fluidez que en Flaubert.  Posteriormente escribiría Os Maias (Los Maias). Con esta novela se adentra en los entresijos de la alta burguesía. Y en su obra póstuma A ciudade e as serras, (La ciudad y las sierras, 1901) se adentra en los vericuetos de su país y propugna una nueva sociedad a través de una regeneración que impregne todos los estratos de la misma.

El autor portugués siempre resaltó la maestría de Balzac -le llamaba el divino, por su nota sublima a la hora de adentrarse en la realidad eterna-, y cómo llegaba a percibir la realidad transitoria el gran Flaubert; a éste quiso acercarse. Sin embargo Martín de Riquer y José M. Valverde sostienen que «quizá quepa decir que EÇa llegó a superarle en algún aspecto: el esfuerzo de aquel por optener el equilibrio rítmico exacto de la frase produce cierta frialdad sin holgura; en Eça el estilo se mueve sin la menor fatiga, respirando con pleno señorío. Y si Flaubert -en Madame Bovary- cae en la tentación de dejar sus opiniones y partidismos, sobre todo con el boticario Homais, Eça, en cambio, se guarda siempre sus tesis, aun a costa de parecer cruelmente indiferente».

           


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El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 5

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La aportación de la novela realista francesa a la literatura de otros países no admite, hoy, dudas. HENRI BEYLE ( Stendhl, nombre de un pueblo alemán que él adoptó para la posteridad, 1783-1842) contribuyó a la expansión del realismo. Stendhal consigue pasar a la posteridad con dos novelas: El rojo y el negro (1830) y La cartuja de Parma (1839). En cuanto a la primera novela recoge el tema de los diarios, y a partir de ahí construye la trama novelesca. Los personajes se describen a través de soliloquios.

La crítica se pone de acuerdo en que lo que llama la atención en los lectores de hoy es su estilo penetrante, seco, frío, inteligente, tenso, analítico. Stendhal sintió la literatura como nadie y quizá sea eso lo que le hace impermeable a cualquier época, lugar o sociedad. Su capacidad de observación y la fuerza objetiva con que narra ciertos pasajes nos conducen inexorablemente al realismo crudo. Detestó lo inauténtico y le horrorizaron los sentimientos y las ideas convencionales.

 HONORÉ DE BALZAC  es otro de los destacos del realismo francés, e incluso se le describe como «el gran maestro de la novela realista»; con su literatura se acerca a los tipos y problemas de las diferentes clases sociales, especialmente la burguesa, en su obra más conocida: La Comedia humana. Pero en su novela, en general, recoge los aspectos filosóficos, las costumbres, lo social y lo económico. Su intención, en fin, era «expresar su siglo». Su capacidad de observación y su fecunda imaginación crearon más de dos mil personajes. A diferencia de Stendhal, los personajes de Balzac los moldea él, no deja que sean ellos los que se caractericen. Estamos ante un escritor omnisciente. Otra técnica de Balzac es presentar los mismos personajes en varias de las novelas que forman La Comedia humana, parece como si los personajes le pertenecieran.

En el escritor realista-francés se han observado ciertas analogías entre Flaubert y él. Tienen un origen burgués similar; una precoz vocación literaria, sus musas son  mayores que ellos. Pero también existen diferencias. Flaubert es un intelectual y Balzac es más de acción. En Balzac predominan las descripciones generales y largas mientras que en Flaubert las descripciones son profundas y más cortas. Y «la estilización de lo real -escribe Germán Palacios- , que es lo que verdaderamente define la obra de arte, no alcanza en balzac la categoría que tiene en Flaubert, cuyo estilo es claro como un espejo que refleja limpiamente su pensamiento». Quizá se el escritor  que más influyó en la novelística inmediata española posterior, sobre todo en Pérez Galdós, Pereda, Alarcón y Palacio Valdés.

GUSTAVE FLAUBERT  es probablemente el novelista más estetizante del realismo francés. Se le considere como un estilista de la novela y, al mismo tiempo, un defensor del arte por el arte. Parte de la crítica incluso va más lejos al reconocerlo como el mejor novelista de su siglo.  Su marco referencial es Madame Bovary. La obra fue considerada en su día como inmoral y su autor fue procesado juntamente con el editor y el impresor; después serían absueltos. También se ha dicho que Leopoldo Alas «Clarín» tomó como modelo esta novela para escribir La regenta. La trama de la novela es muy sencilla. Madame Bovary  es la esposa de un médico de provincias. Se dedica a leer mucha literatura romántica, y como consecuencia piensa que la vida que lleva es un aburrimiento. Cree que merece otra mejor. La solución momentánea la hallará en nuevos amores, pero también éstos la conducirán a la frustración y luego al suicidio. La novela tardó cinco años en escribirla; producía una página por semana para llegar a la suma perfección estilística.

El otro referente flaubertiano fue su nueva versión de La educación sentimental. No tuvo la fama de Madame Bovary pero también puede entrar en el cuadro de honor de la novela realista. Es un libro de pasión, de una historia de amor pero sin llegar al adulterio. A La educación sentimental se la ha considerado como la síntesis entre las  «contradictorias tendencias de Flaubert: después de esa novela vuelve al ideal esteticista, que en forma extrema, confiesa que sería un libro sobre nada, un libro sin vínculo exterior, que se sostendría por sí mismo por la fuerza interna de su estilo».

 EMILIO ZOLA es el novelista más conocido y de mayor influencia  en la narrativa realista europea en la segunda mitad del siglo XIX. Con su forma de ver la realidad -a través de la observación y la documentación- nos conducirá a otra corriente literaria: el Naturalismo. Su afán consistía en tratar de incrustar en la novela el método experimental de la ciencia para mostrarnos los avatares de la personalidad debidos a la herencia. Por consiguiente el naturalismo de Zola no es solamente una tendencia literaria, sino una nueva concepción del hombre y una forma para estudiar su comportamiento.  El novelista francés para llegar a explicar esta nueva narrativa escribe: «Puesto que la medicina, que era un arte, se está convirtiendo en una ciencia, ¿por qué la literatura no ha de convertirse también en una ciencia gracias al método experimental? El escritor naturalista es, al  mismo tiempo, observador y experimentador. Su misión consistiría en tomar los hechos de la naturaleza, estudiarlos y actuar sobre ellos sin apartarse de la naturaleza. Todo esto nos llevaría al conocimiento científico tanto en su acción individual como social. El mayor éxito novelesco lo consiguió con Nana (1880). Pero también fue importante Germinal (1885).