Esta es la portada de un nuevo libro, fruto de toda una trayectoria dedicada a la investigación y a la docencia desde el mirador literario-periodístico.

La palabra empeñada
Para que esta página literaria mejore, colabora con un «Bizum». aunque sea módico, al 637160890. Al final de año daré cuenta de lo recaudado
Vayan estas ideas como recuerdo de otras literaturas olvidadas, otro periodismo y, sobre todo, ese regeracionismo, propio de la crisis finesecular.Periodismo, Unamuno y 98
Hay momentos en los que no sé por qué elijo esta lectura o la otra, o por qué cae un libro entre nuestras manos sin más. Es el caso de la novela Idris, la joven de Bujará de Herminia Mas. La edición es la cuarta, de 2011.
Los que me vayan leyendo se habrán percatado de que estamos hechos de sentimientos, y aquellas personas que les falte es que la naturaleza no ha sido justa. ¿Qué motivo me ha llevado a leerlo? No sabría, pero ya la dedicatoria me llamó la atención y me llenó de alegría: «Para aquél / a quien me une / un hilo de seda». Si es así, enhorabuena. Todo un alarde de sentimientos, de entrega. ¿Pero, en qué sitio nos aposentamos cuando los pensamientos vuelan como las mariposas, y, sobre todo, cuando se cruza entre nosotros una mirada, unos ojos penetrantes, como caídos del cielo? ¿Qué hacer cuando el destino te marca?
No podía faltar en esta página-blog un homenaje a Carlos Fuentes por la fuerza con que enhebra sus palabras y su magisterio en el arte de narrar. Su belleza es tal que la escritura se convierte en placer para el que lee. Su elegancia estilística nos subyuga. Ya se nos anuncia lo último que nos dejó: Federico en su balcón («Él me miró desde su balcón. Medio metro entre el suyo y el mío». Del extracto de El País, pág. 44).
Como canto al novelista he releído Geografía de la novela, que leí por vez primera en el año 1993, nada más publicarse. Recuerdo que me sentí pletórico, dichoso, al terminar el ensayo; por eso, ahora, en su muerte como homenaje, he vuelto a saborear no solo los pensamientos sino también cómo los traza, cómo los hilvana, cómo los engarza, y cómo, en fin, eligió las mejores espigas en lo narrativo para purificarnos.
El libro, a que hago referencia, es un compendio de conferencias, prólogos, artículos. Empieza reflexionando «¿Ha muerto la novela?» y termina diseñando el mapa de su geografía. En medio, estudios de grandes voces narrativas: Borges, Roa Bastos, Aguilar Camín, Juan Goytisolo, Kundera, Ítalo Calvino, Gyögy Konrad, Julián Barnes, A. Lundkvist, Salman Rushdie.
Su entusiamo por la literatura nos encendió; quedamos ebrios al observar cómo trazaba el problema existencial, en cómo nos hizo ver que la literatura nos tiene que servir para ir en contra de toda oligarquía económica, para defendernos de los atropellos que día a día nos machacan. El tiempo no puede devorarnos, somos nosotros los que debemos permanecer en pie ante todo lo que nos anonade, nos humille. Creo que él sufrió por las desigualdades de la sociedad, y siempre que pudo exigió justicia y mientras no llega esta solidaridad. Su escritura fue un regalo; extendémosla, es el mejor homenaje que podemos hacer; su obra perdurará.
Ya he escrito en más de una ocasión que el «twitter» y mi «página web» tienen como sustrato el conocimiento, y, muy tangencialmente, la información, sobre todo si esta es sapiencia. Debido a estas redes globalizadas se me ha invitado a que conozca la poesía china por parte de una lectora a quien doy las gracias por leerme, y cómo no, por dejarme Segunda antología de la poesía china, edición de Marceloa de Juan(1905-1981). Se llama Irma, que ha dejado constancia en mi página con sus comentarios tan acertados a mis apretadas líneas en verso y prosa.
El fin de semana me he enfrascado en la Antología; a ser sincero, me ha sorprendido, esperaba otra cosa. Como casi siempre, las introducciones son pesadas, sobre todo cuando comienzan con las subdivisiones, clasificaciones, las dinastías, las muertes, las familias; es decir, el emperejilar, el follaje que nos dificulta para embebernos el cáliz de la poesía. Pero, ya lo que me pareció chocante fue, «inclinose demasiado con intención de abrazar a la luna que reflejaban las límpidas aguas del lago, y pereció ahogado. Sería una lástima que fuera una leyenda. ¡Qué muerte más bella para un poeta!». La última oración, y encima con admiraciones, exigiendo que fuera verdad, primero quita el sabor poético, y en segundo lugar no creo que un ahogamiento, en ningún caso, sea algo positivo. ¿Por qué no lo dejamos como los «cuantacuentos» lo han transmitido de boca en boca? La leyenda es más poética. Ahora bien, Marcela de Juan nos ayuda, sin duda, a entender la sensibilidad, la actitud de los poetas chinos ante la realidad, y a veces, consigue líneas excelsas.
En líneas anteriores escribí que me había sorprendido la Antología, sobre todo por la sencillez con que enhebra las ideas. Esto no quiere decir que no sean profundas; al menos algunos versos nos llevan muy lejos, destellos abigarrados existenciales; otros no tanto, sobre todo cuando se queda solo ante el paisaje, cuando se evoca solo la naturaleza. No esperaba que los poetas chinos amaran tanto la floresta como algo vivificador. Hay versos que nos incitan al canto, a participar, a recordar lo que los cristianos cantaban o cantan la noche del sábado al domingo en la pascua florida. Me refiero al «Exultent». Poema literario donde los haya, embellecedor, agradecido, al que me he referido en otra ocasión.
Hay un tema que es común a las literaturas, como es el paso del tiempo que cala en las personas, en las cosas y en la naturaleza («las plantas y los árboles que existen en la tierra / tiene contado el tiempo del nacer y el morir. / La hoja marchita echa una mirada de nostalgia / a la rama aún enhiesta, / y siente que ha perdido su color primitivo»); pero hay un detalle que casi pasa desapercibido como es el vagabundear del espíritu, la búsqueda de algo que anhela. El morir también se conduce al mar por lo que la copla manriqueña nos viene inmediatamente. Lo humano nos inunda de pensamientos, de búsqueda.
Las poetisas chinas se asemejan a las de occidente ante el dolor, ante el tiempo que hiere, el amor que termina, el desarraigo, el hecho de ser mujer («Me miro al espejo y me espanta mi rostro». / ¡Me horrorizo a mi misma! / A cada primavera que retorna me invade siempre una gran / laxitud pareja al malestar de una grave dolencia»).
El recuerdo de las Rosalía de Castro, Ibarbourou, Agustini, Storni, se hace presencia según vamos desgranando la poesía de Chao Su Cheng, Fang Chen Ta, Li Ts’Ing Chao. Me ha conmovido que una poetisa nos advierta, en el siglo XII, de la dura vida de los campesinos, es lo que hoy denominamos poesía social («El implacable sol agrava su miseria. Les arden sus gargantas. / El esfuerzo les hace sudar gotas de sangre. ¿Quién hablará por ellos»? Todo un alarde de pesadumbre, de solidaridad ante el que sufre. Pero este sufrimiento es igual cuando para la poetisa Chao Su Cheng, llega la primavera, repleta de pesar, turbadora («Entonces, ante los esplendores de la naturaleza, no hay un / solo momento en que no se desgarren mis entrañas»). Ante esto, lo mejor es silencio; no sin antes recordar que si la literatura no es vida, no nos sirve para nuestra formación, no es nada. Vida y literatura están en el mismo campo semántico. Es lo nutriente.