Novela, Uncategorized

La joven de Bujará

Hay momentos en los que no sé por qué elijo esta lectura o la otra, o por qué cae un libro entre nuestras manos sin más. Es el caso de la novela Idris, la joven de Bujará de Herminia Mas. La edición es la cuarta, de 2011.

Los que me vayan leyendo se habrán percatado de que estamos hechos de sentimientos, y aquellas personas que les falte es que la naturaleza no ha sido justa. ¿Qué motivo me ha llevado a leerlo? No sabría, pero ya la dedicatoria me llamó la atención y me llenó de alegría: «Para aquél / a quien me une / un hilo de seda». Si es así, enhorabuena. Todo un alarde de sentimientos, de entrega. ¿Pero, en qué sitio nos aposentamos cuando los pensamientos vuelan como las mariposas, y, sobre todo, cuando se cruza entre nosotros una mirada, unos ojos penetrantes, como caídos del cielo? ¿Qué hacer cuando el destino te marca?

Sigue leyendo «La joven de Bujará»

Literatura, Uncategorized

Canto a Carlos Fuentes

No podía faltar en esta página-blog un homenaje a Carlos Fuentes por la fuerza con que  enhebra sus palabras y su magisterio en el arte de narrar. Su belleza es tal que la escritura se convierte en placer para el que lee. Su elegancia estilística nos subyuga. Ya se nos anuncia lo último que nos dejó: Federico en su balcónÉl me miró desde su balcón. Medio metro entre el suyo y el mío». Del extracto de El País, pág. 44).

Como canto al novelista he releído Geografía de la novela, que leí por vez primera en el año 1993, nada más publicarse. Recuerdo que me sentí pletórico, dichoso, al terminar el ensayo; por eso, ahora, en su muerte como homenaje, he vuelto a saborear no solo los pensamientos sino también cómo los traza, cómo los hilvana, cómo los engarza, y cómo, en fin, eligió las mejores espigas en lo narrativo para purificarnos.

El libro, a que hago referencia, es un compendio de conferencias, prólogos, artículos. Empieza reflexionando «¿Ha muerto la novela?» y termina diseñando el mapa de su geografía. En medio, estudios de grandes voces narrativas: Borges, Roa Bastos, Aguilar Camín, Juan Goytisolo, Kundera, Ítalo Calvino, Gyögy Konrad, Julián Barnes, A. Lundkvist, Salman Rushdie.

Su entusiamo por la literatura nos encendió; quedamos ebrios al observar cómo trazaba el problema existencial, en cómo nos hizo ver que la literatura nos tiene que servir para ir en contra de toda oligarquía económica, para defendernos de los atropellos que día a día nos machacan. El tiempo no puede devorarnos, somos nosotros los que debemos permanecer en pie ante todo lo que nos anonade, nos humille. Creo que él sufrió por las desigualdades de la sociedad, y siempre que pudo exigió justicia y mientras no llega esta solidaridad. Su escritura fue un regalo; extendémosla, es el mejor homenaje que podemos hacer; su obra perdurará.

Poesía, Uncategorized

Acercamiento, por vez primera, a la poesía china

Ya he escrito en más de una ocasión que el «twitter» y mi «página web» tienen como sustrato el conocimiento, y, muy tangencialmente, la información,  sobre todo si esta es sapiencia. Debido a estas redes globalizadas se me ha invitado a que conozca la poesía china por parte de una lectora a quien doy las gracias por leerme, y cómo no, por dejarme Segunda antología de la poesía china, edición de Marceloa de Juan(1905-1981). Se llama Irma, que ha dejado constancia en mi página con sus comentarios tan acertados a mis apretadas líneas en verso y prosa.

El fin de semana me he enfrascado en la Antología; a ser sincero, me ha sorprendido, esperaba otra cosa. Como casi siempre, las introducciones son pesadas, sobre todo cuando comienzan con las subdivisiones, clasificaciones, las dinastías, las muertes, las familias; es decir, el emperejilar, el follaje que nos dificulta para embebernos el cáliz de la poesía. Pero, ya lo que me pareció chocante fue, «inclinose demasiado con intención de abrazar a la luna que reflejaban las límpidas aguas del lago, y pereció ahogado. Sería una lástima que fuera una leyenda. ¡Qué muerte más bella para un poeta. La última oración, y encima con admiraciones, exigiendo que fuera verdad, primero quita el sabor poético, y en segundo lugar no creo que un ahogamiento, en ningún caso, sea algo positivo. ¿Por qué no lo dejamos como los «cuantacuentos» lo han transmitido de boca en  boca? La leyenda es más poética. Ahora bien, Marcela de Juan nos ayuda, sin duda, a entender la sensibilidad, la actitud de los poetas chinos ante la realidad, y a veces, consigue líneas excelsas.

En líneas anteriores escribí que me había sorprendido la Antología, sobre todo por la sencillez con que enhebra las ideas. Esto no quiere decir que no sean profundas; al menos algunos versos nos llevan muy lejos, destellos abigarrados existenciales; otros no tanto, sobre todo cuando se queda solo ante el paisaje, cuando se evoca solo la naturaleza. No esperaba que los poetas chinos amaran tanto la floresta como algo vivificador. Hay versos que nos incitan al canto, a participar, a recordar lo que los cristianos cantaban o cantan la noche del sábado al domingo en la pascua florida. Me refiero al «Exultent». Poema literario donde los haya, embellecedor, agradecido, al que  me he referido en otra ocasión.

Hay un tema que es común a las literaturas, como es el paso del tiempo que cala en las personas, en las cosas y en la naturaleza («las plantas y los árboles que existen en la tierra / tiene contado el tiempo del nacer y el morir. / La hoja marchita echa una mirada de nostalgia / a la rama aún enhiesta, / y siente que ha perdido su color primitivo»); pero hay un detalle que casi pasa desapercibido como es el vagabundear del espíritu, la búsqueda de algo que anhela. El morir también se conduce al mar por lo que la copla manriqueña nos viene  inmediatamente. Lo humano nos inunda de pensamientos, de búsqueda.

Las poetisas chinas se asemejan a las de occidente ante el dolor, ante el tiempo que hiere, el amor que termina, el desarraigo, el hecho de ser mujer («Me miro al espejo y me espanta mi rostro». / ¡Me horrorizo a mi misma! / A cada primavera que retorna me invade siempre una gran / laxitud pareja al malestar de una grave dolencia»).

El recuerdo de las Rosalía de Castro, Ibarbourou, Agustini, Storni, se hace presencia según vamos desgranando la poesía de Chao Su Cheng, Fang Chen Ta, Li Ts’Ing Chao.  Me ha conmovido que una poetisa nos advierta, en el siglo XII, de la dura vida de los campesinos, es lo que hoy denominamos poesía social («El implacable sol agrava su miseria. Les arden sus gargantas. / El esfuerzo les hace sudar gotas de sangre. ¿Quién hablará por ellos»? Todo un alarde de pesadumbre, de solidaridad ante el que sufre. Pero este sufrimiento es igual cuando para la poetisa Chao Su Cheng, llega la primavera, repleta de pesar, turbadora («Entonces, ante los esplendores de la naturaleza, no hay un / solo momento en que no se desgarren mis entrañas»). Ante esto, lo mejor es silencio; no sin antes recordar que si la literatura no es vida, no nos sirve para nuestra formación, no es nada. Vida y literatura están en el mismo campo semántico. Es lo nutriente.

Uncategorized

Jaume Vicens I Vives(1910-1960) / Josep Pla(1897-1981). Complicitats

Hace unos días, en el centro cultural Blanquerna de Madrid, con escaso público, se inauguró una exposición de dos grandes de la cultura catalana. Los dos escritores han influido en esta, pero, también en la española. Tengo dudas de que haya llegado a todos lo rincones de España, pero tenemos la obligación de conocerla y más lo que nos dedicamos a los menesteres docentes, y cómo no, también al amplio campo periodístico, no en valde Josep Pla ha servido de paradigma a escritores y periodistas. En estos momentos me viene a la memoria el escritor Antonio Muñoz Molina. Si leemos con atención al novelista jiennense la estructura de sus artículos nos debe recordar a J. Pla. A buen seguro que habrá sido un buen lector de Pla.

En el catálogo que me regaló Montse vienen recogido los diez años que se trataron (1950-1960). Copio unos de los párrafos: «Per a la Fundació Josep Pla, I´Any Vicens Vives és una magnífica oportunitat per a aprofundir en el coneixenment de la relació entre l´historiador i l´escriptor, que hem qualificat de complicitat sense cap por d´equivocar-nos».

Algunos de los aspectos narrados ya los conocía; sin embargo, otros me han servido para enaltecerlos, aún más, en el campo estilístico. La prosa de Pla puede ser un ejemplo para los que se incian en la carrera de Ciencias de la Información. Para el que suscribe estas líneas, El cuaderno gris debería figurar como lectura obligatoria, ya en el primer año de los que un día quieren dedicarse al periodismo.

En mi libro Periodismo y Movimientos Españoles Contemporáneos (1998), lo incluí en el capítulo de ensayo-periodismo como una de las plumas más nítidas en el arte de escribir.  La sencillez y la claridad del estilo de sus artículos penetra en los lectores. De ahí que me haya alegrado el artículo inédito que se publica ahora con motivo de la exposición, escrito por Vicens Vives, en el que resalta la humildad, pero también tuvo el arrojo de escribir verdades amargas que no fueron bien  recibidas. «Durante muchos años-escribe V. Vives- fue la gota solitaria que en la gran oquedad de la caverna reveló que no había desaparecido el manantial salutífero». Es de agradecer que el Centro Cultural Blanquerna nos haya recordado el destino de dos personas claves en la cultura de un momento concreto. Conocernos mejor, es una necesidad.

Uncategorized

El nuevo lector: de la narrativa romántica al realismo en Europa 8

Para que esta «página literaria» mejore, atrévete a colaborar con un «Bizum» al 637160890. A final de año daré cuenta de lo recaudado.

El inicio de una nueva Edad de Oro en la novela tiene una fecha, un nombre y una novela. Este planteamiento corresponde, sin duda, a Benito Pérez Galdós con La Fontana de oro (1870). Aunque siempre se ha escrito y hablado de las tres grandes figuras de la estética realista -Galdós, Valera y Clarín-, sin embargo, no seríamos equitativos si no nombramos a Emilia Pardo Bazán, Pedro Antonio de Alarcón, El Padre Coloma, José María Pereda, Armando Palacio Valdés y Vicente Blasco Ibáñez. Este es el cuadro de honor de nuestro realismo decimonónico que tanta gloria dará a la novela española, no sólo en España sino en el mundo.

Leopoldo Alas «Clarín» propuso el año 1868 como origen de una nueva época de la novela española. En palabras del escritor: «Y es que para reflejar, como debe, la vida moderna, las ideas actuales, las aspiraciones del espíritu presente, necesita este género más libertad en política, costumbres y ciencia, de la que existía en los tiempos anteriores a 1868. Es la novela el vehículo que las letras escogen, en nuestro tiempo, para llevar al pensamiento en general, a la cultura común, el germen fecundo de la vida contemporánea».

BENITO PÉREZ GALDÓS. Es el novelista por excelencia de la novela del siglo XIX. Mucho se ha escrito y, posiblemente, se escribirá de la obra de quien ha sido considerado el más grande novelista después de Miguel de Cervantes en lengua castellana/española. Aserto que es contemplado por algunos como desmesurado. Pero sin entrar en la polémica, su obra sigue viva y sus lectores cada día se reproducen; por consiguiente, la obra galdosiana no ha envejecido, y muchos de sus escritos si se leyeran sin anteojos, incluso por algunos a quienes les han puesto el peto de galdosianos sin apenas haberlo leído, se observará que tienen plena vigencia, y, sobre todo, se olvida el fin didáctico y el compromiso ético que subyace en todo lo que escribió. Sin esta premisa difícilmente podremos asimilar lo que ha sido una constante en toda su obra literaria: La preocupación y el análisis de la realidad.

Inmerso, pues, en la sociedad, Pérez Galdós no duda en el tema. De ahí que se decante en un principio, por dos novelas eminentemente históricas –La Fontana de Oro y El Audaz- pero que tienen un aserto en la sociedad que le ha tocado vivir. Galdós pergeña la defensa de una novela realista española que responda a las exigencias del momento histórico y que, al mismo tiempo sea portavoz de la burguesía naciente, y, a la vez, reflejo de los problemas más acuciantes  que observa. Galdós sajó, con habilidad, aquella sociedad que él también conocía. A ella se acercó con el propósito de diseccionarla. Cual Diablo Cojuelo quiere ver las capas sociales madrileñas; asomarse, en suma, a la ínfima pobreza de seres henchidos por el desconsuelo y la marginación.

Para comprender la sociedad contemporánea hay que estudiar su pasado. De ahí el objetivo primordial de sus dos primeras novelas La Fontana de Oro y El Audaz. Con ellas pretende rehumanizar la Historia, y propende a la Historia porque ve en ella el trampolín que le servirá de engarce con la realidad que observa. No suficiente con esto, Galdós piensa en qué tipo de novela puede ser idónea para reflejar y proveer a esa sociedad surgida de 1868. De ahí que dibuje el panorama político y social en Doña Perfecta, Gloria, Marianela, La familia de León Roch, sin olvidar Rosalía, que no publicó en vida.

En su plenitud novelesca arranca con La desheredada, que supone una aceptación de la técnica naturalista y que proseguirá con El amigo Manso, El doctor Centeno, Tormento, La de bringas y Lo prohibido. Con estas novelas, Galdós comenzaba su tercera manera de narrar, donde desaparece la novela de tesis y, por consiguiente, los diseños mentales.

El cuarto estrato narrativo está configurado por la progresiva interiorización individual de los personajes; pensemos en Fortunata y Jacinta, Miau, La incógnita, Torquemada en la hoguera, Realidad, Ángel Guerra, Tristana y La loca de la casa. En su andadura novelesca prosigue con la interiorización exaltando la voluntad de vivir, pero desde la realidad para llegar a rebelarse contra el destino. Este período correspondería a Torquemada en la Cruz, Torquemada y San Pedro, Nazarín, Halma, Misericordia y El abuelo. Con estas novelas consigue encerrarse en una nueva forma: «el espiritualismo«. Y finalmente se aferra a su técnica y se encamina hacia el sueño de la realidad con Casandra, El caballero encantado y La razón de la sinrazón.

Todo esto no puede ser considerado como una suma de sucesos o conflictos, sin más, que pululan por doquier. Es algo más. Es una fe que abarca el campo inmenso de la realidad española. «Lo contrario -como apunta María Zambrano, pues, de ese nadismo o niquilismo que se esconde bajo el llamado realismo, bajo el naturalismo -aunque no todo- , y tanto más raro porque no se declara ni expresa por separado».