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Hoy, no

Solo una sonrisa mañanera

cuando la luz no termina nunca,

llegabas, henchida de juventud,

de plenitud, cada miércoles.

Hoy, no.

¡Qué miras!, me decías.

¿Recuerdas? Tus ojos se

clavaban; tu mirada penetrante

lo inundaba; buscaba la palabra

verdadera, el aroma de la lucidez.

Tú que fuiste luz, cirio

esplendente; vuelves la espalda,

y te vas, también, ¿hacia la luz?

Me dio miedo,

miedo a perderlo todo,

a no extasiarme con tu sonrisa,

qué importa tu figura,

cuando respiras anhelo, alegría, primavera.

No digas adiós

it´s better so long, so long

like the holy tree

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Un hombre culto, un hombre bueno

Al evocar la muerte de Jorge Semprún me viene  a la mente las palabras solidaridad, testimonio, libertad; pero, al mismo tiempo, creación literaria. Escritor y buena persona no siempre se ensamblan; en Jorge Semprún se dan la mano.

Hace ya mucho tiempo, en la época de estudiante, compré y leí con fruición Largo viaje; y después Aquel domingo. Me impresionó cómo relaciona lo cultural, lo ético e histórico. En mis libros Literatura y Periodismo, hoy (2000), y Literatura y Periodismo en el siglo XXI (2011) hago referencia a esas novelas como paradigma de cómo la literatura te puede enseñar tanto. De cómo un escritor con una experiencia asombrosa puede hilvanar el problema existencial en el que nos desenvolvemos.

Encabecé estas líneas con dos adjetivos. No lo conocí personalmente, pero su escritos y su oralidad portentosa me hacen describirlo como una persona culta, y la imagen que siempre percibí fue también la del adjetivo bueno. A veces no damos importancia a las grandes voces que tenemos en nuestra literatura; el hecho de que fuera un republicano exiliado es una virtud. La Academia de la Lengua Española (castellana), como tantas veces, no estuvo atenta.

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«Cuenca, de piedra ruda, / fue la fuente tallada

en el desierto lento de la vida«.

Entrecomillo los versos porque me han venido a la memoria, pero no sé a quién pertenecen. A mi memoria, de vez en vez, acuden ideas, versos, frases que aprendí en el bachillerato. Era cuando me hacían aprender de memoria sonetos, tercetos, cuartetos, y después como práctica teníamos que hacerlos nosotros. Era cuando no se conocían «apuntes», sino libros de textos, libros de lectura, y el profesor explicaba, no dictaba. Nos hacían ver la literatura como vida, y toda lectura nos debía conducir a la escritura.

La universidad fue un desencanto; guardo todavía la carta que se hizo y que se repartió por la Facultad al terminar el 5º año de Filología Hispánica. En otro escrito he hecho referencia. El verdadero estudio filológico lo inicié cuando ya tenía la titulación.

Tal vez los versos anteriores tengan alguna relación con el poeta conquense Federico Muelas, pero por mucho que busco en su poesía no los encuentro, por eso sí voy a nombrar el terceto de un soneto con que el poeta la homenajea: «¡Cuenca, cristalizada en mis amores! / Hilván donde al aire del lamento. / Cuenca cierta y soñada, en cielo y río».

No podía pasar la oportunidad  de un canto a esta ciudad ensoñadora, acogedora, vital y existencialista, después de mi participación en la XXIV Carrera Popular del Huécar, 5 de junio, 2011. El olor a piedra, a flores primaverales,  a sombra, a sol, a agua límpida, a huertos, a desfiladero, te anima a proseguir una carrera que exige voluntad, esfuerzo, para llegar  a la meta como algo necesario que te pide el espíritu. Alegría que uno siente cuando ya vas coronando el kilómetro doce y ves cerca la cota; es indescriptible, la otra cara del esfuerzo humano. Sabes que después tienes una bajada de 2 kilómetros empedrados, y el último kilómetro con al ansia de llegar y los aplausos del público te cuesta más porque no sabes si un tirón, una caída puede dar con todo al traste después de  hecho lo más difícil.

Vine encantado de Cuenca; no en vano recibe el nombre de «Ciudad encantada». El año que viene estaré, de nuevo, en la salida.

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Año Maragall.El poeta extasiat. El dramaturg.Critic militant

Añadamos también el ensayista y el periodista. Al cumplirse el centenario de su muerte, tenemos que ver en Maragall todas sus aristas, eso sí, a través de la literatura que es lo que permanece, lo que da vida, lo que se sale de lo oficial. Si solo nos quedamos en «nacionalista catalán» es que no hemos entendido, o no queremos comprender sus escritos, sus ideas. Pero, aunque fuera así, ¿es que una persona no tiene libertad para definirse, para propalar su pensamiento, aunque este perturbe el de otros siempre y cuando no recurra a la violencia?

Probablemente,  muchos de los males de los españoles han sido no reconocer otras lenguas, otras literaturas, otras costumbres, otras  culturas, y no solo esto, sino prohibirlas. Aquí está el mal.  Tal vez, el poeta al observar que no se respetaba a un pueblo, a una Nación-por qué no, ¿dónde está el impedimento?- abrazara y exigiera una Nación fuera de España por la intolerancia con que a veces se ha tratado a Cataluña y a otras regiones o nacionalidades. Para  Maragall, en los primeros años del siglo XX, España estaba enferma, y la curación según él debería partir de otras personas distintas, es decir  el catalanismo estaría llamado a conducir esa otra España de los pueblos. Pienso que él deseaba «un encaje» diferente dentro de una nueva España. He llegado a la conclusión de que él se sentía catalán y español, después de haber leído parte de su obra y haber escuchado algunas conferencias. El problema viene cuando a uno no se le permite sentir lo que es desde la cuna.

Todos tenemos que ceder, pero lo que no puede ser es que cada día nos digan que nos tenemos que poner de rodillas y musitar «soy español». Esta idea en sí produce rechazo. Pero, a veces, la inteligencia es tan corta de los gobernantes y de los medios de comunicación que son los verdaderos artífices de los problemas de la sociedad.

He releído, al cumplirse el centenario de su muerte (será en diciembre), algunas poesías y artículos periodísticos. Sin duda ha contribuido bastante el centro cultural Blanquerna de Madrid al recordarnos con una exposición la vida, la obra del poeta y el periodismo. Pero, más todavía las conferencias impartidas y los debates posteriores, en el que se ha insistido en otro brillante, soberbio, poeta Maragall.  No faltó su «Oda a España», que tanto se ha comentado y debatido con aspectos disidentes.

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La emigración global

Siempre ha existido la emigración como necesidad, pero también como conocimiento, aunque es difícil mantener este aserto en los umbrales del siglo XXI, y más cuando la crisis es un vocablo que se repite una y otra vez. Pero, nos olvidamos de que más de la mitad de la población ha sufrido  siempre lo que en las sociedades opulentas llaman crisis. Los que no tienen voz, los desheredados de la fortuna, siempre han estado en el pozo, incluso de la miseria. Es evidente que en la Europa que vivimos se entiende la crisis de otra forma, pero aquí también  reside la pobreza aunque no comparable con los que tienen verdadera necesidad, hambre, en otros lugares.

         La emigración, en parte, sirve para satisfacer las necesidades de donde proceden, pero también del país de acogida. Digamos de partida que se necesitan. Sin embargo, hoy, mucha gente no lo entiende. En la Europa que habitamos, el Parlamento Europeo de Estrasburgo propuso un marco legal que discrimina a trabajadores inmigrantes, ya que con el término “permiso único” excluye a importantes colectivos y deroga derechos básicos. Pero, es razonable que el Eurodiputado socialista Alejandro Cercas manifieste que ¿“estamos ante un nuevo tipo de esclavitud moderna?( El País 13 de diciembre de 2010, pág. 24).

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