A la alborada, desde Moncloa, camino hacia la sede 3 en la que estoy convocado por la Universidad Complutense para partcipar en los Tribunales de calificación de selectividad. El mismo paseo que realicé en el mes de junio; entonces la brisa de la mañana bañaba el rostro que se agradecía. Hoy, 11 de setiembre-el pueblo catalán celebra su «Diada», mis parabienes, entrelazados, muchos con camisetas independentistas- voy más abrigado aunque percibo el aire fragante y acogedor-de una nubosidad cercana- con el «frufrú musical», con un aleteo constante de las hojas de los árboles.
Cómo no, al igual que en el mes de junio, me pasé por la cafetería mítica de la antigua Filosofía y letras (ahora edificio A de Filología). Es paso obligado para alguien que fue feliz durante los cinco años de Licenciatura y los dos de doctorado. El recuerdo se hace luminoso, aunque esta vez con la noticia de que uno de los camareros-servicial donde los haya-, se encontró con la muerte de golpe en los aledaños en el mes de julio, según me confirman sus compañeros.
Despùés me dirijo a la máquina-entonces se pagaba al camarero- para sacar el tique de un desayuno con cruasán y café cortado; el agua y la fruta ya la tomé en casa antes de salir. La frialdad de la noticia la palpé en el ambiente. Pensativo, al terminar, me marché a la sede. Somos obedientes, no sabemos ni el día ni la hora. El recuerdo del poeta se nos presenta: «Mirad no os engañe el tiempo / la edad y la confianza».
El poeta se adelantó a la importancia del verbo y del sustantivo, ya clásico, que repetimos cuando lo leemos o lo escuchamos; es el camino como senda que nos conduce hacia la meta en ese «andar» tan rápido y seguro. Otro verano pasó y el tiempo nos alcanza para despojarnos de lo mental, de lo físico, de todo lo que nos concierne. Sin duda, es una necesidad, ese ir abandonando nuestro yo sin darnos cuenta; ni siquiera el amor, el sentimiento, mantiene lo eternal.
El mañana ya no será igual, no está escrito. Es, otra vez, el incio de otro curso, y en la puerta los «cross» universitarios, «Madrid corre por Madrid», el Maratón de Donosti que espero con ilusión contenida, pero, sobre todo, el M. Maratón de Gotemburgo, el mismo que describe Larson en quizá uno de los libros mejor escritos y estructurados del año pasado. Mis impresiones quedaron reseñadas en su día en esta página «web». Por encima de todo, está un recuerdo emocionado y viviente.
De vuelta de unos días placenteros en el Mediterránero en la histórica Peñíscola-vigía del mar- en donde murió a los 95 años el papa Luna, me enfrasco en relecturas de Don Quijote de la Mancha, Cumbres borrascosasy Of mice and men de J. Steinbeck. Esta última para ir recordando mi inglés adormecido o en palimpsesto
La novelista y poeta, Emily Brönte, bien lo saben los que me leen, siempre está presente, quizá más por su poesía que por la novela que tanta fama tiene. El recuerdo de la inmortal novela de Miguel de Cervantes ocupa un lugar privilegiado; es la vivencia suma, el cielo y la tierra , el cuerpo y el alma juntos; lo material y espiritual. De Steinbeck aunque me sumergí hace muchos años en su The grapes of the Wrath- su estandarte como escritor-, he elegido sin un motivo especial en esta ocasión la novela que también fue representada en Madrid, en la que fui testigo con un grupo de alumnos como parte práctica de mi docencia hace dos años.
Teatro Español
Para escribir su obra, Steinbeck se valió de las dos últimas estrofas del poema de Robert Burns, que escribió en noviembre de 1785, titulado: A un ratón al deshacerle el nido con un arado en el que un campesino se dirige desolado al pequeño roedor al que acaba de destruir el hogar:
Uno más eres de los desdichados
que ven todos sus planes anulados: de ratones y hombresquedan truncados, los proyectos mejores, ¡y en vez de los éxitos anhelados, nos quedan sinsabores! Mas ¡bien estás comparado conmigo! Es el presente tu único enemigo: pero ¡ay! ¡yo miro hacia atrás y veo, amigo, un sombrío camino! Y, si miro adelante a oscuras sigo, porque miedo me da cuanto adivino