Personales

«Cantad, cantad, una copla del Arcipreste»

Así terminaba la representación en el Ateneo de Madrid el domingo día 15 de abril a las 21.20 minutos en el salón de actos abarrotado. Cantemos, pues, a una de las más grandes lumbreras de la literratura universal, que con verbo florido el dramaturgo Martín Recuerda nos recreó, en el año 1965, en una España mortecina, agazapada, pero brillante literariamente en la que se dieron a conocer una de las generaciones dramáticas difíciles de superar.

Pero, este canto, también, va dirigido a esos/as cientos de alumnos, de teatro y de literatura, que los días 14 y 15 de abril se acercaron al Ateneo de Madrid para después mandar al campus virtual la crónica teatral, que en estos momentos estoy corrigiendo. He ahí una práctica en la que solo el alumno delante del ordenador intenta, en un folio, con un estilo brillante, umbraliano, azoriniano, certero- que ya quisieran algunos periodistas que escriben en los «medios» y, cómo no, también algunos docentes universitarios tener- dar cuenta de lo que se representó en un salón de actos lleno de tanta historia literaria. Mi más sincera enhorabuena.

Poesía

La poesía de 1939 a los años setenta

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Esta poesía está dentro de lo que Dámaso Alonso denominó POESÍA ARRAIGADA Y POESÍA DESARRAIGADA. A la primera corresponden los que prosiguieron la poesía como si no hubiera pasado nada, y se fundaron las revistas Escorial  y Garcilaso para propagar esta poesía. Con la creación de Garcilaso en 1943 aparece el movimiento denominado “Juventud creadora”, expresión que podemos leer en el subtítulo de la revista. El nombre de la revista llevaba implícito la norma clásica. El propósito no fue otro que romper con la libertad creadora de La Generación del 27 y las vanguardias para volver a las formas clásicas, por ejemplo el soneto y otras. La huida del entorno, del desastre de la guerra fue notorio. Vicente Gaos lo llamó como “anacrónica poesía de evasión”.  

Los poetas de esta corriente pretendían no una poesía pura sino humana, aunque la mayoría después se establecieron en una poesía formalista, alejada de la realidad social del país; cayeron en una estética “neoclásica”. Algunos exaltaron el imperio, la patria, la fe, la cruzada. Sobresalieron los temas patrióticos, amorosos y religiosos con expresiones formalistas, militantes, heroica, incluso metafísicas. De este período destaquemos a los poetas Dionisio Ridruejo (Sonetos de piedra, 1943), Luis Rosales (La casa encendida, 1949), García Nieto (Tú y yo sobre la tierra, 1944), Leopoldo Panero (Escrito a cada instante, 1949), Luis Felipe Vivanco (Tiempo de dolor, 1940),  Rafael Morales (Poemas del toro, 1943).

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Teatro

El teatro de 1939 hasta los años setenta

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Como el resto de géneros literarios,  el teatro está marcado por las consecuencias de la guerra de 1936. Ésta cortó todo atisbo cultural y el teatro no iba  ser menos.Es más, la cultura se convirtió en un acto de provocación. La lucha entre los españoles supuso un hachazo en la producción literaria española y, naturalmente, también en el teatro. La situación de España en el campo artístico, al principio, fue desoladora. Desde su terminación  hasta 1949, prácticamente no existe una obra teatral de calidad, y menos que sea crítica con el entorno. Durante este período se representaron melodramas que hacían reír a un público asustado todavía  por el acontecimiento fratricida.Sin embargo, hubo dramaturgos que prosiguieron escribiendo y representando sus obras como si no hubiera ocurrido nada; es evidente que son los vencedores de la guerra; querían que las gentes pasaran página, aunque políticamente, siempre estuviera presente.

En la década de los cuarenta triunfó un teatro de evasión, de huida de la realidad, y el que más sobresalió fue el “torradismo”; es decir el estrenado por José Torrado; fue el amo de los escenarios madrileños. Podíamos denominar al teatro de los años cuarenta como de entretenimiento . En estos años estrena, también, el dramaturgo José María Pemán; nos guste o no, fue uno de los más representados. Destaquemos Yo no he venido a traer la paz (1943), El testamento de la mariposa (1941) entre otras. Al lado del teatro español también sube a los escenarios el teatro extranjero, pero son aquellas obras que llevan la vitola de comedias de evasión, pero bien escritas, con un diálogo atrayente, que hacían las delicias del público.

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Poesía

En el día mundial de la poesía: El vanguardismo de Gerardo Diego

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 Gerado Diego es uno de los poetas de la llamada «brillante pléyade», que poco antes de morir se definió con el dístico «Soy el total contemporáneo / cantando siempre ante el atril». Personalmente he de reconocer que ya en el bachillerato me impresionó su poesía, y, sobre todo, ´el ciprés de Silos´, y a partir de ahí vino lo demás, de manera que siempre el poeta revoloteó por mi mente, y dio la casualidad que con el paso del tiempo viviera, durante un tiempo, casi enfrente de su casa de Covarrubias, a pesar de que no me atreviera a saludarlo por timidez o, tal vez, para no ser tildado de intruso.

Siempre he pensado, emulando a Miguel de Cervantes, que «el quehacer poético» era lo máximo a lo que puede aspirar una persona, y a fe que Gerardo Diego consiguió la gloria al lograr adentrarse en la savia poética; hasta nueve definiciones halló de lo que él consideraba como poesía, una para cada musa. Sólo recordaremos, en este momento, la novena: «Creer lo que no vimos, dicen que es la fe. Crear lo que nunca veremos, esto es la poesía».

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Literatura

Los estudios literarios «ayer-hoy»

La dicotomía lengua-literatura se complementan y dan como resultante una mayor amplitud de conceptos de la obra literaria. Además, todo texto literario nace de la capacidad que tenga el escritor para la utilización del código lingüístico; el artífice, por consiguiente, de la simbiosis literatura-lengua debe tener sumo cuidado con las expresiones porque éstas quedarán, con el paso del tiempo, impresas; de ahí que la literatura conserve usos que el habla había olvidado. No pueden concebirse los textos literarios como meros reductos del pasado y crear un vacío que nos inunde. Nuestra meta, necesariamente, tiene que ir a la reconquista del lenguaje; éste tiene que ensamblar para poder identificarnos. Se puede, en fin, plantear con rigor ese código de señales que nos eleve el pensamiento para construir nuevos andamiajes ante perspectivas de posibles análisis.

La lucha constante por la expresión es el origen del arte literario; la palabra como irradiación de nuestros pensamientos bien hilvanados; la palabra, en fin, como canto, como elemento de unión entre lo material y espiritual, como simbiosis entre cielo y tierra. Miguel de Unamuno enalteció la palabra en la estrofa: “¡Ara gigante, tierra castellana, / a ese tu aire soltaré mis cantos, / si te son dignos bajará al mundo / desde lo alto!”

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