Poesía

Otro poeta que escribió en agua: Carlos Sahagún

Otro poeta que escribió en  agua: Carlos Sahagún

Félix Rebollo Sánchez

Hace unos días se nos fue una voz poética dentro de los que se ha denominado “Generación de los 50”; para ser más exactos de la “la promoción del 60” en la que se incluyen, también, J. Á. Valente, Ángel González, J.G. de Biedma, Félix Grande, Eladio Caballero y Francisco Brines. Esta terminología corresponde a la crítica que lo encajó en un momento determinado. Lo mejor, como homenaje, es leer al menos su primer libro: Profecías del agua, premio Adonais de 1957, que comienza con “En el principio, el agua / abrió a las torres de la paz-eran tiempos de paz-, bajó a los hombros de mi profesor/-aquellos hombros suyos tan metafísicos, tan doctrinales, tan / florecidos de libros de Aristóteles-, bajó a sus hombros, no os engaño, / y saltó por su pecho como un pájaro vivo”. La reminiscencia de san Francisco de Asís es nítida que alababa al Señor “por la hermana agua”.

            Su primer libro es un canto a la existencia, es una alegría que provoca; es algo que dimana para aposentarse, erigirse sobra la sombra ( “Entonces, sí. Por las paredes, / como un hombre invisible, entraba la alegría, / nos echaba los brazos por los hombros, / soplaba en el cuaderno, duplicaba / las malas notas, nos traía en la mano / mil pájaros de agua, y de luz, y de gozo”). Y destella cuando irrumpe con el verso “Y os juro que la vida se hallaba entre nosotros”. Después glosó una infancia herida por el hambre y la miseria en Como si fuera muerto un niño. No contento con lo dibujado se adentra aún más en estos temas con Estar contigo. Es el testimonio hecho carne; es el hacer frente a la situación que le ha tocado vivir y ensimismado la describe como “la tiranía del silencio”. Nadie se hacía cargo, ante la frustración clama: “Solo espuma en la orilla y tierra inhóspita / bajo los pies descalzos, anhelantes / y acobardados”.  

            Su último libro Primer y último oficio recoge, ensambla con el primero, toda la existencia en la que se derrumba ante el final no sé si con tristeza o abatimiento: “ por él avanzas como quien sostiene / a vida o muerte, un cuerpo sobre el agua”. Siempre el agua presente en la que hallamos tanta simbología desde el agua como salvífica bautismal, como el inicio de la inocencia de la alegría del vivir.

Literatura

Meléndez Valdés: un poeta extremeño de la llamada escuela salmantina

Meléndez Valdés: un poeta extremeño de la llamada escuela salmantina

A estas alturas no es exagerado mantener que Menéndez Valdés es el poeta por excelencia de la lírica del siglo XVIII; sin echar en saco roto su prosa ilustrada, en concreto sus Discursos forenses y sus Epístolas; pero, quizá se ha ido lejos cuando es comparado con el gran Lope de Vega; al contrario se vale de él para escribir los romances, hay como una cierta similitud, el recuerdo de Marta de Nevares es plausible. Difícil es mantener que Juan Ramón Jíménez también aletea en sus versos; otra cosa sería si se recurre a Garcilaso de la Vega o a Fernando de Herrera; a este pedestal sí se le puede aupar. Bien es cierto que Meléndez Valdés estaría en lo que se ha denominado la lírica ilustrada como mirador, que no es poco. No es bueno encumbrarlo en demasía si luego los lectores no lo perciben.

En la edición de sus Poesías de 1820-en la imprenta Real de Madrid-, lo primero que lees: “Don Juan Meléndez Valdés. Fiscal que fue de la sala de Alcaldes de Casa y Corte, e individuo de las Reales Academias Española y de S. Fernando”. Y a continuación la poesía “A mis lectores” (….”En ellos coronado / de rosas y alelíes, / entre risas y versos / menudeo los brindis /. En coros las muchachas / se juntan por oírme; y al punto mis cantares / con nuevo ardor repiten”). Estos cantares están impregnados de bucolismo, sensualidad, sentimentalismo, filosofía, lo anacreóntico y una cierta-aunque sea tangencialmente- moralidad. Detrás están los Tibulo, Horacio, Virgilio, Ovidio, Catulo, Propercio, etc.

Dicho por el poeta, uno de sus temas preferidos es la naturaleza-no sé si real o idealizada-, tal vez esta predomine más como anhelo (“En mis poesías agradables he procurado imitar a la naturaleza y hermosearla, siguiendo las huellas de la docta antigüedad, donde vemos a cada paso tan bellas y acabadas imágenes”).

Me permito agavillar su obra por si algún avezado lector se acerca a leerla aunque sea por curiosidad. Odas anacreónticas, La inconstancia. Odas a Lisi, La paloma de Filis, Galatea o la ilusión del canto, Letrillas, Idilios, Endechas, Los besos de amor, Romances, Misceláneas de versos menores, Traducciones de Horacio, Sonetos, Elegías, Silvas, Églogas, Odas, Epístolas, Poesía épica: La caída de Luzbel, Traducciones: Ilíada, Eneida. Poesía dramática: Las bodas de Camacho ( se representó en el teatro de la Cruz de Madrid). Obras en prosa: Discursos forenses, Epistolario, Cartas turcas, Expediente relativo a la reunión de los Hospitales de Ávila, Oficios y documentos varios. Discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua (“colocándome entre sus individuos de número”).

Coda. Nace en Ribera del Fresno (Badajoz) el 11 de marzo de 1754 y muere en Montpellier en 1817. Sus restos reposan en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de san Justo de Madrid.

Su entrada en el Parnaso fue con la égloga Batilo (1780), que fue premiada por la Academia de la Lengua. Leyó su discurso el 11 de septiembre de 1810 en la Real Academia de la Lengua.

Literatura

Lo sorpresivo de Bernardo de Balbuena

Ahora que la cultura se deshace por unos y por otros, y el campo de la filología no tiene altura necesaria, cuando menos se espera hallas luminosidad como  fue el caso, a finales de junio, al enhebrar un texto de Góngora-el texto iba sin autor- con Bernardo de Balbuena (1561-1627), ni qué decir tiene que me pasé parte del fin de semana leyendo su poesía. Los elogios de Lope de Vega, Cervantes o Quevedo son más que suficientes para elevarlo a las almenas de la poesía. Valga como ejempo el recuerdo de las laudatorias de Lope de Vega:

Y siempre dulce tu memoria sea,
generoso prelado,
doctísimo Bernardo de Balbuena,
tenías tú el cayado
de Puerto-Rico, cuando el fiero Enrique,
holandés rebelado,
robó tu librería;
pero tu ingenio no, que no podía.

Lope de Vega, Laurel de Apolo (Silva II)

He entresacado estos versos del poeta en este julio caluroso como solaz:

¡Oh bellos ojos, luz preciosa y alma,
volved a mirarme, volveréisme al punto
a vos, a mí, a mi ser, mi dios, mi vida!

Terceto extraído de Siglo de Oro.En las selvas de Erífile

Personales

Selectividad en la Universidad Complutense, 2015

El aire purificador de la mañana, en el primer día de selectividad, me acompaña en esta primavera madritense en la que, como casi siempre, año tras año, riadas de jóvenes van apartándose a las distintas Facultades para dar cuenta de su sapiencia en el último curso escolar. Otro año más sin que hayamos todavía dado rienda suelta a los que tienen verdadera vocación por el estudio. Dudo-siempre presente- que en la elección no se equivoquen; la desbandada después de cursar primero es demasiada; todavía no sabemos las verdaderas causas.

Tres días de martirio para después congraciarse o entristecerse. En realidad, no tendría que suspender nadie ya que estas mismas materias fueron aprobadas, y, sin embargo  habrá, más o menos un 15 % de suspensos según las estadísticas. En algo, por tanto, se falla. Admito la excelencia de unos o simplemente el aprobado en estos exámenes, pero es difícil entender el suspenso en estas pruebas, ya que un mes antes las aprobaron. Aquí no cabe la suerte, es el conocimiento.

En una mañana con olor a lluvia, acabo de entregar los 159 ejercicios que me dieron para que los corrigiese. Mis felicitaciones por el buen hacer, no solo por el contenido sino también por la escritura. Las calificciones oscilan entre el 4.75 y el 10. Solo un suspenso y un único 10, este rayando la perfección; me impresionó la contestación a la pregunta «La poesía de 1939 hasta la segunda mitad del sigloXX». Seguro que es un buen lector de poesía.

Personales

El erial y sus islas

Con motivo del Premio Cervantes, se han publicado con el título El erial y sus islas (2015) los artículos y conferencias de los últimos años de Juan Goytisolo. Nos tenemos que felicitar; estos no podían permanecer en tierra de nadie; ahora los lectores pueden degustar no solo su prosa sino también ese espíritu emprendedor, diverso, rebelde con que nos recuerda tantas cosas que pueden pasar desapercibidas en el Parnaso de las letras. Son como ventanas privilegiadas para asomarse. Son algo más que » pecios» de otro premio Cervantes, ahora, también, con su Campo de retamas, excelente como todo lo de Sánchez Ferlosio.

Cantor que raya la excelencia de nuestra literatura; deberían aprender los que convierten sus clases en lo dicho y redicho; eso, sí, sin levantar la vista del papel. Pedir que la enseñanza sea creadora es una utopía; ni te atrevas a sugerirla. Ya era hora que le concedieran el Premio. ¿Cómo es posible que se haya otorgado el galardón a personas que no han escrito de nuestro primera pluma  algo significativo? ¿Cómo es posible que a Goytisolo se le admire fuera de España y aquí permanezca en el cuarto trastero, y si se le nombra siempre hay un «pero» por esto o por lo otro? Siglos venideros ahondarán en su prosa para entender que la literarura es algo más que el entrenimiento o el mercadeo. Tal vez, por eso, a Juan Goytisolo se les destierre a las tinieblas y sin embargo, el arte de escribir va con él; aunque solo fuera esto es suficiente para la delectación.

El libro está estructurado en dos partes. La primera con el título de «Cervantiadas» en la que elogia a nuestro Miguel de Cervantes desde «Un océano en la Mancha» hasta «Prisionero de la obra escrita» (pág.91). La segunda, con el nombre de «Lecturas, evocaciones y relecturas», es más extensa. Lo último es el texto leído en Santillana del Mar con el título  «Elogio del saber no rentable». Aquí hallamos todos los despropósitos, la degradación cada vez más del conocimiento («el lento pero imparable declive del alumnado que ingresa en el alma máter.Cualquier profesor titular de las disciplinas humanísticas puede atestiguar la verdad cuanto digo.Como me confió uno de ellos, los estudiantes que hace veinticinco años habían leído a Descartes y a Kant los conocen hoy solo de nombre y no saben deletrear ni escribir correctamente los de Nietzsche o de Schopenhauer. Desdichadamente acaece lo mismo en el campo de la literatura». Pero es como si fuera una voz en el desierto. He ahí la gran verdad, pero no lo digas porque entonces…..

En todo el ensayo se percibe el saber hilvanar con una precisión y justeza digna de cualquier ejercicio de redacción, la perfección suma.