Literatura

Lo sorpresivo de Bernardo de Balbuena

Ahora que la cultura se deshace por unos y por otros, y el campo de la filología no tiene altura necesaria, cuando menos se espera hallas luminosidad como  fue el caso, a finales de junio, al enhebrar un texto de Góngora-el texto iba sin autor- con Bernardo de Balbuena (1561-1627), ni qué decir tiene que me pasé parte del fin de semana leyendo su poesía. Los elogios de Lope de Vega, Cervantes o Quevedo son más que suficientes para elevarlo a las almenas de la poesía. Valga como ejempo el recuerdo de las laudatorias de Lope de Vega:

Y siempre dulce tu memoria sea,
generoso prelado,
doctísimo Bernardo de Balbuena,
tenías tú el cayado
de Puerto-Rico, cuando el fiero Enrique,
holandés rebelado,
robó tu librería;
pero tu ingenio no, que no podía.

Lope de Vega, Laurel de Apolo (Silva II)

He entresacado estos versos del poeta en este julio caluroso como solaz:

¡Oh bellos ojos, luz preciosa y alma,
volved a mirarme, volveréisme al punto
a vos, a mí, a mi ser, mi dios, mi vida!

Terceto extraído de Siglo de Oro.En las selvas de Erífile

Personales

Que no me miras

Que no me miras

– No quise mirarte…………..

Ante el desconcierto

el dolor se hizo carne,

las campanas enmudecieron,

el alma quedó en suspenso.

Enlutado se presentó

un lunes tenebroso,

sin apenas haber dormido,

sumergido en el final,

en la ruptura.No puede ser, no.

No se rompió el secreto,

no dirá nunca su nombre.

Con rescoldo

de esperanza nutriente,

erguido, abre la puerta y dice:

“Buenos días”. Todos miran,

nadie responde. Sin enterarse,

no levanta la vista. Con firme paso

abandona la sala. Arriba esperan

cuerpos primaverales, con saludos

más cortos, sonríe a quien le mira,

comienza los poemas,

hoy connotan más,

el silencio se hace sentimiento herido.

Al otro lado, esperan

otros la voz viva de unos versos

que nos pertenecen. Pero, antes,

como aire que destila,

de pronto, con exigencia,

-:”no te he visto hoy”. “No has ido”.

-“Déjame”.

-“Estás enfadado”. “Lo noto”.

-“No. No lo esperaba”. Recuerda:

“tengo que hacer”. Aprieta el brazo.

La semana fue dura.

Martes dolorido aún,

mas con color preferido,

relata, relata y relata vehemente

en el pasear “sin de tu mano en mi mano”,

como fue tiempo atrás, en otro desencuentro.

¡Albricias, albricias!

Los clarines festejaron el encuentro.

El sosiego del alma reverdeció.

Las campanas tocaron a gloria

y el rojo coadyuvó;

quedó en el aire “hacer cosas”.

Faltó entereza, arrojo, las palabras

no fueron suficientes.

con permanencia de mirada pensativa,

en actitud de espera,

¿sin resquicio de duda?