Novela

Los hombres que no amaban a las mujeres

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Entre mis manos la novela Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson. ¡Son 665 páginas! ¿La terminaré? Hoy, 1 de junio, comienzo por el prólogo. A la mitad se nombra una ciudad en la que estuve viviendo cuatro meses: Göteborg. La alegría es enorme; aunque hace ya bastante tiempo, el recuerdo pervive, hasta tal punto que ahora que hago turismo deportivo, me he preguntado: ¿por qué no participo en su famoso maratón?

Avanzo con la novela; ya he leído dos capítulos; me han atrapado, aunque lo que cuente son hechos que ocurren hoy, o por lo menos nos lo imaginamos; tengo el propósito de terminarla, ya lo he decidido; el estilo me apasiona; para proseguir con un libro me fijo en la forma literaria, de ahí que haya decidido su lectura..

El capítulo tercero te llena; es la sinceridad total entre las relaciones humanas que la gran mayoría oculta («se conocieron en una fiesta en casa de unos amigos comunes. Estudiaban segundo de periodismo y cada uno tenía una pareja estable. (…) Antes de despedirse ya se habían intercambiado los números de teléfono»). Es una luz de humanisno en medio de un mundo lleno de traidores, ladrones, saboteadores, rastreros, asesinos, pero bien trajeados.

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Personales

Tercer y último dia de selectividad en Madrid

Primero, gracias mil, a los lectores de mis apretadas líneas de estos tres días de selectividad en la que, año tras año, participo; me consta que el país que más me sigue después de España es Argentina; vaya un aplauso sincero por la constancia en responder, aclarar o ampliar al señor  Neyret-la red nos tiene que servir para el conocimiento-  que, tal vez, sea  residente en Argentina. Anoche me dio la noticia, en contestación a mi escrito, que R. Bradbury había muerto. Hoy, el diario El País (pág. 38) nos trae la noticia.

Si hay una palabra que recoja el ambiente de este día es alegría. Hasta percibo que la vestimenta destila otra actitud, otra forma; no son ajenos, tampoco, los correctores-vocales, todos nos hemos puesto más guapos, valga la expresión. Es el final, es la fiesta del deber cumplido; es la puerta que se les abre a la ciencia, al pensamineto, al ser. Como ya adelanté en el «twitter», la víspera de las pruebas, enhorabuena, de nuevo.

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Personales

Segundo día de selectividad en Madrid

No me ha causado sorpresa, los lectores del diario El País estamos acostumbrados,  que la información sobre un acontecimiento primordial, como son las pruebas de selectividad, se arrincone a la página 4 del suplemento Madrid, y encima en página par. Ni siquiera en la portada del suplemento se nos informa; al parecer tiene más importancia lo de «Tío Pepe». ¡Todo un hito para los anales del periodismo! Pero, este es el periodismo que tenemos.

Por si fuera poco, el título de la crónica de P.A. me saca de quicio. Que yo sepa- soy vocal- el estreno no versó sobre Historia o Filosofía sino que fue  Comentario de Texto, Lengua y Literatura, que nombra de pasada. ¡Qué oportunidad ha perdido el periodista para ahondar en los dos temas que cayeron: «Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX» y «La poesía de la Generaciópn del 27» para reivindicar el conocimiento, la solidaridad y la generosidad que traslucen en los temas nombrados en estos días de tribulación; por ejemplo, la poesía como casa de misericordia o los nombres de Pérez Galdós, Clarín y Pardo Bazán como sustratos de tantas cosas existenciales como nos conciernen hoy.

Estoy convencido de que estos jóvenes, en el segundo día, vienen más tranquilos; respiran conocimiento y se muestran más cercanos, más sonrientes, despopjados ya de lo típicos nervios del primer día. Los veo pletóricos, con ansias de convertirse en universitarios. Espero que encuentren lo que desean y no desbarren el primer año, no pronuncien la expresión:»¡qué desilusión!, esperaba otra cosa». La ilusión, la utopía, la heterodoxia, deben predominar, ser simiente, en la Universidad.

Personales

Selectividad en Madrid

A primera hora me persono en la Facultad de Biología en donde está la sede que me corresponde y en la que estoy convocado a las 8.30 horas. Son las 7.50 minutos; me dirijo a tomar un café; la cafetería está cerrada, me dicen que hasta la 8 no abren; en la espera, observo, a lo lejos, a una antigua compañera que viene acompañada con una joven. Nos saludamos, me presenta a su hija, y me lanza: doctora cum laude; mi más sincera enhorabuena, respondo. No me dejan que invite, quieren festejar conmigo la calificación.

  A las ocho nos tomamos el café e invito a unos huesos de san Expedito que traigo en el bolso, como recuerdo de esas rosquillas que hacía mi madre en el pueblo. Son lo más parecido y que tanto gustaban a mi padre. Les encantan, sobre todo a su hija Isabel.

Otra vez, encargado de aula. Me ayuda al reparto de exámenes y a la vigilancia otra profesora de matemáticas. La primera prueba versa sobre comentario, lengua y literatura con dos opciones. En la literatura salen dos temas para el lucimiento: «La poesía de la Generación del 27» o «Realismo y naturalismo en la novela del siglo XIX». Si yo me hubiera examinado me hubiese decantado por el segundo. Es más creativo.