Poesía

La poesía de William Wordsworth

La poesía de William Wordsworth

 

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Enorme: Vivir es tu tarea

La opera prima poética Vivir es tu tarea de Iria Fernández Silva-qué acierto tuvo tu padre cuando te lo recordó- es un testamento existencial para que nos detengamos y reflexionemos; nos paremos no para trazar el camino sino que comencemos a ser caminantes  con mirada límpida hacia ese horizonte sin que conozcamos el final. Tiempo ha que no leía poesía, por eso estoy como arrobado ante tanta sapiencia interior con que Iria nos sumerge con esos versos que escribe «para tildar una a una las vocales que apenas se escuchan en los nuevos tiempos». La entrega poética se realiza por «no saber qué hacer con el aire que se cuela / entre las llagas de las tildes, comas y apóstrofes«. ¡Qué bien! ¿Se puede decir mejor cuando queremos adentrarnos en los porqués?

Glorioso el libro que hoja tras hoja se desliza hacia un horizonte viviente al observar cada uno de los versos. El recuerdo de que «somos tiempo abocado a la ceniza»  nos sobrecoge y miramos para otra parte, pero nos aprisiona, nos delata, lo llevamos a cuesta, no quiere dejarnos. El comienzo de la segunda parte: «Perdón / Amé. Sin noticias de yo» con una nota a pie de página («Perdóname por ir ocultándote en todos los alientos de tu nombre / por hacerte creer que queda tiempo para recuperarnos /  sabiendo que la noche ya no dio más tregua a nuestro resultado enérgico / de las caricias») resplandece la sinceridad, el yo arrebatador. Esta parte del libro nos enmudece (somos silentes y nos preguntamos , ¿por qué a mí?).

«Mirarse a los ojos, ampliar la sonrisa / y de vuelta a sonreír / Si esta última propuesta cansa, / no dejar de utilizar el cuerpo». Todo un alarde; es volver al origen por si nos desviamos. Varias veces he leído el poema «Esculturas»; cada vez hallo una migaja más de sentimiento. Los trazos son tan perfectos que nos imbuimos. Vaya, por ejemplo, «él la modela / con salientes y prosas incluidos. / Ella se persigna ante su columna vertebral». Por si faltaba poco lanza al aire «Toda yo creía en el amor. / Me obstinaba en creer en el amor». Un destejer que apuntala, pero que anonada, cuando antes había escrito el dístico «Ahora vuelvo, no discurras más / en mi ausencia». Bajó, y una vez saboreado el polen de la amapola regresó «hasta tu cuarto…/ y nos coseremos los párpados». Toda una dicha que nos somete.

En el poema «De vuelta a casa» se arrinconan muchas verdades de las que huimos y no queremos comentar, preferimos el silencio, tal vez, para no molestar o no sincerarnos: «La cama está cansada del peso de unas sábanas / vacías, / sin roces ni caricias. Son viejas / y en ellas están escritos los versos de la última noche / en la que dormimos dándonos la espalda».

Y así, verso a verso, Iria escancia su yo hecho carne y sabiduría para, otra vez, refrescarnos la memoria en su último poema «La ruta elegida» («Cuando te detengas / a cariciar un detalle en la pared que duele. Cuando no te reflejes ya ni en los cristales…»). Es la existencia que nos devuelve y nos recuerda la ya clásica pindariana: «sé tú». ¿Qué más podemos hacer?

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Aunque es de noche, (Desencuentro vivo), mi canto para que resplandezca en las cumbres

Me valgo del título de un poema  titulado»Aunque es de noche» de san Juan de la Cruz -según Gamoneda, Premio Cervantes, «el mejor poeta de todos lo tiempos»- para evocar el recuerdo viviente de un hecho personal, de ahí el paréntesis del título, para que sirva de galardón ante unos hechos inconcebibles pero que el tiempo cura aunque cincela para que quede solo como palimpsesto. Ahí va  en pdf lo que en parte, generosamente, debí entregar.

La poesía excelsa de san Juan de la Cruz

La poesía excelsa de san Juan de la Cruz

                              Félix Rebollo Sánchez

La lírica renacentista, concretamente en la segunda mitad del siglo XVI,  se orienta hacia lo religioso con motivo de la Contrarreforma, con un dato importante: no se pierde lo renacentista sino que se agavilla con las tradiciones nacionales para darnos un renacimiento propio. Todo adquiere -la literatura, las artes y la vida social- un tono severo. Es cuando surgen los grandes escritores de la ascética y la mística. La lírica italiana, importada por Boscán y Garcilaso, se nacionaliza; entonces cobran pujanza los temas religiosos y patrióticos. Es el punto culminante de la lirica religiosa en la que sobresalen Fray Luis de León, san Juan de la Cruz, santa Teresa y el soneto “A Cristo Crucificado”- No me mueve, mi Dios para quererte / el cielo que me tienes prometido, / no me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte”- (no sabemos quién es el autor).

Juan de Yepes y Álvarez “San Juan de la Cruz) es el representante de la poesía mística y una de las cimas poéticas universales.  El reconocimiento oficial es de 1878 por parte de la Academia de la Lengua que lo incluyó en el “Catálogo oficial de escritores que pueden servir de autoridad en el uso de vocabularios y frases en la lengua castellana”. El poeta prescinde de toda preparación ascética; la sublime expresión se concentra en su poesía. Usa las liras; en concreto la de cinco versos es la que elige para componer Cántico y la Noche; en este sentido nos recuerda a Garcilaso. El gran tema es la unión del hombre con Dios, simbolizado por el amor de un hombre y una mujer. Su lírica es una experiencia amorosa mediante símbolos sugerentes y emotivos. No olvidemos que escribía para comunicar su experiencia mística; después, sus discípulos la copiaban para revivirla.

Es sabido su fervor; se cuenta que cuando murió en la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591, mientras las campanas tocaban a maitines pronunció la frase “me voy a cantarlos al cielo”, y cerró los ojos.

En el estilo cada poema es un mundo aparte y responde a una emoción y a una técnica distinta en la que desarrolla  su experiencia mística. Recurre a símbolos y alegorías, comparaciones, metáforas, antítesis, paradojas, oxímoron. Empleo de sustantivos, escasez de adjetivos, el vivir del amor humano. Asimila diversas influencias estilísticas (la lírica tradicional, la Biblia, Garcilaso, Fray Luis).  Luis Cernuda al leerlo queda hechizado “por la hermosa sensualidad” que respira. ¿En qué poeta hallamos expresiones tan puras tan reveladoras sobre el amor?, se pregunta. J. Á. Valente resalta “ la palabra, la palabra poética, que hace existir lo indecible en cuanto tal”. Devuelve a cada palabra “sencilla y clara, algo así como su pureza matinal” según J. L. Alborg.

Tres caminos se ha observado en su proceso místico: –vía purgativa ( la negación de todo lo que distrae al alma de Dios. El alma se despoja de las ataduras terrenales. Es dura para el alma pues ha de pasar por varias noches de purgación, que muchas almas no logran superar); -iluminativa (Dios empieza a manifestarse, supone paz, tranquilidad. Es cuando el alma inicia el tránsito luminoso); -unitiva (el alma se une a Dios, conduce al encuentro final).

Su obra poética es breve. Ninguna de sus obras fue publicada durante su vida. A partir de 1618 y 1622 se imprimen las primeras ediciones. Su obra “Es tan intensa como breve” en expresión de Jorge Guillén. Por una parte, cinco canciones, diez romances y dos glosas a lo divino en las que utiliza el metro de romance y de forma tradicional; y por otra, la cumbre de su poesía que consta de tres composiciones; utiliza la lira de Garcilaso y Fray Luis.

Tres poemas excepcionales coronan su trayectoria:

          Cántico espiritual (adaptación del Cantar de los Cantares –la esposa

enamorada e impaciente recorre el campo preguntando por el esposo  

hasta que lo encentra y se entrega a él-). La unión erótica confiere al 

poema -en expresión de Cuevas García- ·un carácter abierto y

plurivalente”.

          Llama de amor viva: éxtasis místico.

          Noche oscura del alma: cuenta cómo la amada (el alma) huye de su

          casa para ir al encuentro de su amada ( Dios).

Estas composiciones forman una unidad; como un tratado poético-místico. El poeta trata de expresar su tema único de la unión mística con Dios.

Otros poemas como Nueve romances religiosos, Glosas a lo divino  (“Tras un amoroso lance”) y  Otros poemas: (“La fonte”) contribuyen a lo excelso de su poesía.

Las influencias provienen del Cantar de los Cantares,  de la poesía popular, los cancioneros, la Biblia, lo culto italianizante (utilización del endecasílabo y de la lira). Dámaso Alonso destaca la musa tradicional castellana,  el efluvio de Boscán y Garcilaso, el Cantar de los cantares.

La crítica ha dedicado  atención  al estilo y al léxico poético; ha resaltado, sobre todo, por una parte, “el refinado artista de la palabra como instrumento literario”, y, por otra, la capacidad de recrear con un estilo personal y perspectiva nueva los variados influjos literarios e ideológicos. 

Dámaso Alonso en su libro La poesía de san Juan de la Cruz demostró la deuda que tenía el poeta con Garcilaso y la poesía de los Cancioneros. No se entiende que el gran crítico defienda en un principio la técnica literaria de san Juan para después afirmar la despreocupación estética.

San Juan comenta en prosa sus poemas, pero poética también. Se escribieron mucho tiempo después a petición de almas devotas. Se compone de cuatro tratados místicos que glosan los poemas mayores: Subida del monte Carmelo, Noche oscura, Cántico espiritual, Llama de amor viva.  También están escritos en prosa unos Avisos y sentencias. La palabra transmite experiencias, sentimientos; lo que no se puede decir, lo que no se puede entender.

Juan Goytisolo encumbró al poeta en su libro Las virtudes del pájaro solitario.  Son racimos de prosa poética. Una de las referencias es cómo Juan de Yepes ha sido apresado, humillado por las fuerzas del orden; al lado, la epidemia  que asola y como consecuencia al aislamiento. Se puede llegar a la conclusión de que esta epidemia puede equipararse a la heterodoxia que se extiende de unos a otros. El final es bien elocuente:

“y por ello

el amante le revela los misterios del corazón y sus pensamientos más íntimos y secretos

pero trinos, cantos, gorjeos, modulaciones, zureos, transmiten consignas de partida, impacientes rumores, movimientos de alas ahogan su voz, anuncian el comienzo de la gran marcha

solo tuvo tiempo de copiar aprisa sus versos

                      en soledad vivía

                      y en soledad ha puesto ya su nido

                      y en soledad la guía

                      a solas su querido

                      también en soledad de amor herido

antes de volar con las demás aves y cerrar definitivamente las páginas del libro ya compuesto”.   

Y cómo no traer a colación la opinión de Gamoneda, premio Cervantes: “ Juan de Yepes es el más grande  poeta de todos los tiempos, de todas las lenguas”.

Cristóbal Cuevas  hace hincapié en que Juan de la Cruz no escribe “para ser aplaudido sino para sacudir conciencias e inflamar voluntades”. En él se hace realidad el ideal de la palabra-llama. Eran la suyas más de fuego que de esplendor”.

La voz de Juan Pablo II: “Aprendí a conocerlo en mi juventud…Desde entonces he encontrado en él un amigo y maestro que me ha indicado la luz que brilla en la oscuridad”.

J. Guillén: “ningún poeta español inspira hoy una adhesión más unánime que san Juan de la Cruz

María del Carmen Bobes presentó una impresionante ponencia titulada: “Lecturas del Cántico espiritual desde la Estética de la Recepción”.

San Juan también aparece en la Generación del 27, sobre todo en Jorge Guillén y E. Prados.

En la poesía española de los años cuarenta y sesenta es motivo de atracción.

Admiración por parte de Valery hacia la obra de san Juan que descubrió en 1910

El simbolismo francés viene de los místicos españoles, sobre todo de san Juan, en opinión de Juan Ramón Jiménez. 

La influencia se ha hecho notar en muchos países y escritores como A. Huxley, J. Maritain, P. Valery, H. Bergson.

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Ante la égloga tercera de Garcilaso de la Vega

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Ante mí la edición facsimilar  de la tercera égloga de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera de 1580. A este gran crítico y poeta le debemos que nos haya transmitido con exactitud y precisión la obra original de Garcilaso.

Facsímil de la segunda estrofa de la égloga tercera
Facsímil de la segunda estrofa de la égloga tercera

A pocos se nos escapa que esta égloga era preferida de Pedro Salinas;de la segunda estrofa toma el título de uno de los libros más citados, no sé si leído, tantas veces: La voz a ti debida. Recordémosla en un castellano actual: «Y aún no se me figura que me toca / aqueste oficio solamente en vida, / mas con la lengua  muerta  y fría en la boca / pienso mover la voz a ti debida; / libre mi alma de su estrecha  roca, / por el Estigio lago conducida, / celebrando t´ira, y aquel sonido / hará parar las aguas del olvido».

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75 años de la muerte de Antonio Machado

Hoy, 22 de febrero de 1939, hace 75 años que  murió A. Machado. El mejor homenaje es que leamos su poesía, su teatro o su crítica periodística, y dejemos de decir chascarillos que en nada contribuyen a su mensaje, sobre todo en la casa de Segovia en la que se hospedó; es aquí en donde debemos extender su obra.

Dos de los versos que siempre me conmueven son los últimos de la carta poemática que dirije a su amigo José María Palacio: «En una tarde azul, sube al Espino, / al alto Espino donde está su tierra…». Estos puntos suspensivos son emocionantes, detrás de ellos está su «leonorcica del alma»; fue un hombre afortunado-amó y fue amado- y por eso lo ventea. Leonor fue su voz, la memoria y todo su ser. Es el yo y el tú unidos, que es más que una expresión. No pudo soportar su ausencia, de ahí que pidiera traslado a Baeza desde donde recuerda a su mujer en la ya famosa carta; por cierto, el único poema que fecha: 29 de abril de 1913

Hoy, ni  El País,- salvo una carta de un profesor- ni su suplemento cultural, Babelia, trae unas líneas para recordar la efeméride.

«La poesía  es palabra en el tiempo«, nos dejó escrito.

En la casa-mueseo de A. Machado en Segovia, en 2008
En la casa-museo de A. Machado en Segovia,  2008