Novela

La reina en el palacio de las corrientes de aire.Millenium 3

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Al terninar el segundo tomo de Millenium no tenía ganas de proseguir con la lectura. De tanto sobresalto, el corazón y la mente exigían remanso. No soy un lector mecánico en expresión de la novelista Edith Wharton. Pronto abandoné la idea. Después de una breve visita a mi madre por sus lúcidos 99 años, me zambullí en las 854 páginas de Millenium 3 con el recuerdo de la ciudad en la que viví. Son tantas las veces  que sale que su nombre no constituye lo primordial, ya que es aquí en donde se desarrollan las aciciones capitales.

Me mantengo en lo que escribí anteriormente, que con el primer tomo hubiera bastado; la lentitud de las descripciones se hacen pesadas, solo te pemanece en vilo el qué les esperan a los personajes primordiales. Tanto interrogatorio inane solo conduce a la pérdida de ese estilo brillante con que nos deleitó con la primera parte.

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Novela

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Millenium 2

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Después de haber releído The waste land y escrito que dejaba por el momento el tomo segundo de Millenium sin fecha para proseguir, no he podido resistir el barbecho. Ahora que la carga docente aminora, me embargo, de nuevo, en la lectura de Larsson. Me esperan 749 páginas.

En el final del primer tomo, la nieve caía. En el inicio del segundo «: S. L.  desplazó las gafas de sol hasta…». En las páginas siguientes se nos relatan los últimos hechos para que el lector/a recuerde el final del primero. Las acciones se van incardinando con ese estilo que te absorbe, aunque algo inesperado, cual es «Dimension in mathematics». Te sumerge en lo insólito. La soledad de la investigadora le lleva a huir, a cortar con todo; el amor le ha herido, o los celos.

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Novela

Los hombres que no amaban a las mujeres

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Entre mis manos la novela Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson. ¡Son 665 páginas! ¿La terminaré? Hoy, 1 de junio, comienzo por el prólogo. A la mitad se nombra una ciudad en la que estuve viviendo cuatro meses: Göteborg. La alegría es enorme; aunque hace ya bastante tiempo, el recuerdo pervive, hasta tal punto que ahora que hago turismo deportivo, me he preguntado: ¿por qué no participo en su famoso maratón?

Avanzo con la novela; ya he leído dos capítulos; me han atrapado, aunque lo que cuente son hechos que ocurren hoy, o por lo menos nos lo imaginamos; tengo el propósito de terminarla, ya lo he decidido; el estilo me apasiona; para proseguir con un libro me fijo en la forma literaria, de ahí que haya decidido su lectura..

El capítulo tercero te llena; es la sinceridad total entre las relaciones humanas que la gran mayoría oculta («se conocieron en una fiesta en casa de unos amigos comunes. Estudiaban segundo de periodismo y cada uno tenía una pareja estable. (…) Antes de despedirse ya se habían intercambiado los números de teléfono»). Es una luz de humanisno en medio de un mundo lleno de traidores, ladrones, saboteadores, rastreros, asesinos, pero bien trajeados.

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La joven de Bujará

Hay momentos en los que no sé por qué elijo esta lectura o la otra, o por qué cae un libro entre nuestras manos sin más. Es el caso de la novela Idris, la joven de Bujará de Herminia Mas. La edición es la cuarta, de 2011.

Los que me vayan leyendo se habrán percatado de que estamos hechos de sentimientos, y aquellas personas que les falte es que la naturaleza no ha sido justa. ¿Qué motivo me ha llevado a leerlo? No sabría, pero ya la dedicatoria me llamó la atención y me llenó de alegría: «Para aquél / a quien me une / un hilo de seda». Si es así, enhorabuena. Todo un alarde de sentimientos, de entrega. ¿Pero, en qué sitio nos aposentamos cuando los pensamientos vuelan como las mariposas, y, sobre todo, cuando se cruza entre nosotros una mirada, unos ojos penetrantes, como caídos del cielo? ¿Qué hacer cuando el destino te marca?

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Novela

¡Tantos libros están a la espera!

En una tarde lluviosa que golpea los cristales, y vacacional, entresaco Luna de lobos de Julio Llamzares. Aunque del tema ya he leído varios libros, sin embargo, en este tiempo convulso a la hora de hacer valer la Memoria Histórica, me sumerjo en unos hombres valientes de la sierra, que solo por ser republicanos se refugiaron en las cumbres heladas de la montaña huyendo de la muerte. Y la luna, como el sol de los muertos. Tantas peripecias, saqueos, muertes, paseos luctuosos, ¿a qué conduce? Cansados de tanta incertidumbre, la libertad tiene un precio. ¿Qué hacer cuando la muerte te pisa los talones? ¿Aguantar o marcharse?

El dilema  nos sobrecoge. Solo la huida acallarían las muertes inútiles. En la novela hay cuatro fechas, 1937, 1939, 1943, 1946, enlutadas. Las sinrazones pudieron más, y solo la supervivencia, como hecho natural en las personas, hace posible la esperanza; pero atrás queda la soledad, el miedo, la violencia, el odio, el tú más, la traición. Estas páginas sirven de palimpsesto para que no las olvdidemos.

Hay un hecho que me ha quedado como vivísimo recuerdo, que es el diálogo entre el cura de Llánava y dos hombres en un despacho: «habitación presidida por un crucifijo, con una mesa en el fondo y varios libros desordenados en el armario de la pared». Un silencio acogedor reina por entre ellos. Don Manuel-que así se llamaba el sacerdote-, al oír «hemos venido a matarle», tiembla y su palidez se muestra como la nieve. Pero antes, continúan los dos hombres, nos va decir dónde está mi hermano. Ante la negativa, le dicen que no mienta, que es un insulto lo que dice. Al refrescarle la memoria que su hernano llegó herido y le pidió que le escondiera, usted se negó; es más lo entregó » a sus perseguidores  para que lo remataran». Le ordenan que se levante y le digan dónde está enterrado. Allí fueron. En el mismo sitio le exigen que se arrodille («una luna lejana y fría ilumina la figura del cura, arrodillado frente a la rama de espino, y la pistola que le apunta fijamente a la cabeza» pág. 95). ¡Cuántas muertes inútiles!, y pensar que no se permita, aún, desenterrar  tantas personas que yacen en las cunetas, en los campos o quién sabe!