Novela

Relectura veraniega de Cumbres borrascosas

No sé, realmente , si la obra de Emily Brontë en España se lee, incluido el ámbito universitario. Por favor, aparquen lo cinéfilo y vayamos a lo nutriente, al conocimiento, a las relaciones humanas, al amor apasionado-¿es que existe otro?- Si nos desamoramos es que no lo estuvimos. Evidentemente, las complejidades nos avasallan y no existe solo una entrada. Desechemos lo de sentimiento irracional. ¿Cómo se puede tildar irracional algo que es una cualidad del ser humano, una virtud? ¿Cabe más intolerancia? Por cierto, una de las ideas clave es la toleranccia, el respeto que nos debemos.

Si Emily es tan grande, es porque deja al lector/a  que se decante, que haga suya la obra, sea su artífice. La tríada texto literario-autor-lector se aúnan, se ensartan; de otra forma, no se permite ni siquiera otear la grandeza de la obra literaria. El cuento-¿de qué va?- no se sostiene, esto es propio de los tullidos. La prosa con que Emily B. reviste lo narrativo recuerda su poesía, un tanto olvidada pero que es la savia de su novela.

Aunque el tema emerge en el Romanticismo, sin embargo, Emily quiere llevarlo a lo existencial, a lo individual. Es decir, el amor concebido como más fuerte que la muerte, o el amor más allá de la muerte, reservado a unos pocos, que los alicortos no pueden ver porque tienen un sentimiento limitado. La crítica, por tanto, a este aserto, es porque la naturaleza ha sido pródiga con algunos, y otros aleteamos de aquí para allá sin que recibamos ese néctar. En el capítulo XI hay una pregunta sobrecogedora cuando Edgar le dice: «¿Vas a prescindir de Heathcliff en adelante, o vas a prescindir de mí? Es imposible para ti ser al mismo tiempo su amiga y mi amiga, tengo que saber necesariamente a quién escoges».

He ahí un pensamiento nítido que tal vez algunos por interés ocultan y no quieren verlo. La disyuntiva es prístina: el matrimonio o la amistad con Heathcliff. Es la convivencia existencial que nos hace humanos.

Novela

Rayuela, ¿un clásico?

A fuerza de ser sincero, cuando me acerqué a su lectura-tengo la edición de 1984- lo hice ya cuando la vía de la inteligencia suscita algo más que unos apuntes de clase; es decir, ya había pasado los cinco años-vallas de la Licenciatura, la pendiente de los dos cursos de doctorado,  y estaba inmerso en mi primera Tesis, Las novelas de la primera época de Galdós, publicada en la editorial Tantín como Novela y Sociedad en Galdós. Me percaté de que la novela era algo más que un ejercicio literario por lo que la terminé, pero con ese prurito de no haberla comprendido del todo. Ahora, cincuenta años después de su primera publicación y veintinueve de mi primera lectura, me acerco con otro mirar desde una almena distinta.

Para adentrarse en la novela hay que arroparse de creatividad, ser un lector activo, de lo contrario, tal vez, sintamos la idea de abandonarla. Me llamó la atención en sus primeras líneas,  «…que la gente que da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo dentrífico» (pág. 120, de Cátedra). El inconformismo como actitud estaba ahí. La búsqueda existencial como necesaria para huir del ropaje convecional de la sociedad. Lo de novela total como leímos de estudiantes es una expresión manualesca que de poco nos sirve. Con el tiempo transcurrido oí muchos apelativos que hoy no se sostienen, probablemente porque, a veces, sin leer una obra lanzamos las campanas a voltear. Claro que contribuyó a una liberación del género literario, pero no político; al menos, el texto en sí; a no ser que lo entendamos como varapalo al convencionalismo y exaltemos la libertad de vivir.

Humorismo, inteligencia, preguntas, saberes, comportamientos, inconformismo, rebeldía, libertad, sexo, amor, inseguridad, lucidez, y así un dédalo hasta ese agujero negro sugerido por el autor. Ya en las primera páginas me descolocó la frase «Ese idiota que quería ver para creer» (pág.144). El adjetivo idiota supone una carga de negatividad que me chocó, y, en realidad, se podía haber evitado.

Otra aspecto que no entendí fue  por qué se quería indagar quién era «la Maga». ¿Y qué más da? Es una pregunta inane que  nos debilita; es lo mismo que cuando alguien te pregunta, ¿de qué va? Es  lo que denomino el lector pasivo. Así es cuando no llegamos a nada, y menos, en este caso, a denominarla como clásica porque un puñado de críticos la hayan reverenciado; lo clásico, no viene por ahí, sino, como ya escribió William Somerset, «porque muchos lectores, generación tras generación, hallan placer y provecho espiritual en su lectura». Dejemos, por tanto, que los/as lectores cumplan con el deber de elevarla a los altares literarios, o dejarla sin más en el umbral.

Novela

Relectura. The Great Gatsby

Ante el murmullo desatado por la película, de nuevo, he leído la obra de F. Scott Fitzgerald. Me acerqué  a la lectura allá en el año 1990; aún conservo la edición de Alfaguara, una reimpresión de la de 1983. He tenido en cuenta las primeras líneas; el consejo que le da su padre: «Siempre que sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha disfrutado de las facilidades que tú has tenido«.  Ahora, con la distancia, sigo pensando lo mismo después del tiempo trascurrido; una obra «mediocritas»-entiéndase el término latino, primera acepción-. No sé los motivos por los que The Great Gatsby  está en el candelero como una obra magna. Mantener que es representativa de los felices años veinte antes de la hecatombe de 1929, no sería suficiente. En realidad, la he vuelto a leer porque como bien saben mis alumnos/as no soy partidario de que las obras literarias vayan al cine, y, precisamente, lo he hecho ante el alboroto mediático-cinéfilo.

El nombre de Scott Fitzgerald siempre ha estado como en un altar, incluso se ha repetido hasta la saciedad su opinión sobre los cuentos La Cenicienta y Pulgarcito como paradigmas del buen hacer, como básicos de todos los tiempos, más allá de estar esmaltado en la llamada «Generación perdida» con los Hemingway, Faulkner, Steinbeck, Dos Passos como baluartes de un período concreto, pero con diferencias narrativas entre ellos. Si con motivo de la película se ha leído la obra  miel sobre hojuelas.

Novela

Reflexiones sobre La metamorfosis de Kafka

Todavía lo kafquiano nos inunda; es el devenir de la existencia. La lectura de la obra La metamorfosis

Novela

Los nuevos enfoques de la literatura

El ámbito político, social, económico, los avances científicos, la tecnología influyen en la creación de la literatura del siglo XX; pero, al mismo tiempo, será portadora de aquellos aspectos que anulan la dignidad humana. Ante los cambios tan vertiginosos, la literatura sabrá amoldarse. En la primera mitad del siglo XX