Novela

Algo más que «amante»

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La remembranza del pensamiento tantas veces repetido de Juan Marsé de que «la literatura es un ajuste de cuentas», y de que podamos ver, ya, su novela esperada, en las librerías,  Caligrafía de los sueños, me ha recordado otra, que, quizá, no se la haya valorado en su justa medida; me refiero a El amante bilingüe.

La novela de Juan Marsé se remonta al año 1975, en la que el novelista nos narra una historia envolvente que nos conduce a la nostalgia de ser otro. Más allá de una historia de amor, subyacen las dicotomías lengua española / lengua catalana; emigración (charnegos) / burguesía catalana;  ser y no ser; casamiento / separación; dictadura / democracia, y, cómo no, la ebullición del “Proceso de Burgos”. Son años convulsos, pero apasionantes para la sociedad española.

Juan Marsé se alinea con lo que se ha considerado como un escritor de denuncia y compromiso, que ha llegado a mostrarnos una visión de la vida desalentada, en el que su principal objetivo ha sido el de contar el pasado, recrear la memoria, de manera emocional, para mostrarla entre la realidad y los deseos en un espacio que conoce bien: el barrio en el que creció.

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Pérez Galdós

Al «dios de las palabras»

con la esperanza de que queden esmaltadas para siempre.

Canto de desagravio. No puedo callar ante el comentario de toda una profesora universitaria que tildó a la novela Tristana de “vodevil”  con tono despectivo. Esta palabra  me hirió, de ahí el canto. ¿Qué motivos le han llevado a semejante disparate? ¿Es que ella prefiere que la mujer sea súbdita, que no piense, que no tenga sentimientos amorosos-¿desde cuándo la relación amorosa es un delito-?, que no tenga derecho a votar, en definitiva que no sea persona?

Veamos. Pérez Galdós publica la novela en el año 1892. Es la última etapa narrativa del novelista en la que aúna los dos movimientos literarios de finales del siglo XIX: realismo y naturalismo. La técnica narrativa está basada en la observación de la realidad; la novela como medio de la comprensión histórica, pero también como forma periodística, como si novela y noticias se imbricaran, fueran una misma cosa. Con las nuevas formas estilísticas como la omnisciencia, el monólogo interior, el subconsciente, intentarán elevar el realismo a una esfera novelesca que se puede considerar de oro, no sólo en España sino en el resto de Europa.

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Teatro

Algo más que palabras

La tragicomedia Divinas palabras la escribió, quizá, el dramaturgo más influyente en el panorama teatral del siglo XX: Valle-Inclán. Se publicó, por vez primera, en la revista La Pluma  de Madrid en 1919; se estrenó el 16 de noviembre de 1933 en el Teatro Español de Madrid, pero no tuvo éxito. La obra está encuadrada dentro de Comedias bárbaras. Es el llamado ciclo mítico; es el paso previo a la aparición de la estética del esperpento. No fue escrita para ser representada. Pero, el Valle- Inclán  que conocemos, hoy, en cuanto a la lectura y representación de su obra fue muy distinto. En su época fue muy discutido; hoy se le venera no sólo en lo que dice sino, también, en cómo; su estilo raya la perfección.

            Su fuerza denunciadora y satírica entusiasma a los espectadores y lectores. Su cruel implacabilidad respecto de situaciones en los que andan metidos sus personajes, no sólo en Divinas palabras, es única; de ahí que sea admirada su trayectoria dramática por críticos, autores, directores de escena, etc.

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Literatura

El canto de la Literatura como sustrato de nuestra vida

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 Tantas cosas se agolpan en nuestra mente cuando queremos hablar de literatura que, a veces, tenemos que aparcar algunas ideas para enaltecer lo esencial de lo que constituye lo primordial de nuestra existencia, como es el pensamiento. ¿Se puede dar este sin antes libar de nuestra lectura  lo que otros han plasmado en el papel? Si se ha alumbrado el canto de la existencia, coadyuva; lo primordial es que canten las palabras, que el camino esté henchido de literatura, de poesía, de perfección, que nos sintamos partícipes de esa belleza con la que escribimos. Desgraciadamente, la imaginación, la ensoñación cada vez ocupan menos espacio; las bibliotecas que en otro tiempo, nos sirvieron de reflexión, ahora se cierran por el falso concepto de la palabra “crisis” que nos anega.

La belleza de la palabra poética es su música. Es el arroyo literario. Acerquémonos a esas aguas cristalinas que arrastran el devenir y lo purifican. Contemplémoslo como catarsis.

         La literatura no puede sucumbir ante el mercado si la entendemos como libertad, como vida, como faro, como pensamiento, como luz eternal; la creatividad sólo es libre en la voluntad, en la imaginación del que escribe, del que piensa, del que realiza; es el tiempo de inocencia,  la época del alma. Pero, también es soledad, aunque nos conduzca a la angustia existencial tan propia del género humano.

         Si la expresión flaubertiana “escribir es una forma de vivir”, ¿por qué no hacerla factible en nuestras vidas para orientarnos mejor por ese laberinto lleno de dudas que trascienden nuestras formas de conducta?

Poesía

Beauty is truth; truth, beauty. That is all

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you know on earth, and all you need to know.

Desagravio. Hace tiempo que tenía en mi mente la desconsideración que hizo un profesor de Ode on a Grecian Urn, escrita en 1819, en favor de Lord Byron porque la Comisión encargada de seleccionar las lecturas para la selectividad de la Comunidad de Madrid se había decantado por el poema de J. Keats, y no por el Don Juan de  Byron en «hora 25» de la Cadena S.E.R.

Dejé mi disconformidad en el «Twitter», el mismo día, pero no porque manifestara que uno es mejor que el otro, sino porque para encumbrar a Byron desdeñó a Keats, incluso con el tono de expresión. Esta forma ya desdice para quien la pronuncia. Algunos mantenemos que B. Pérez Galdós es «el más grande escritor» después de Miguel de Cervantes, pero no por eso arrinconamos a otros muchos excelentes escritores que hay para levantar la peana galdosiana. No olvidemos que la literatura es disidencia.

Este es el motivo por el que dedico este canto a este poeta que se sumergió en las situaciones de las cosas para hacerlas poesía, que disfrutó en su breve vida de la luz y de la sombra, y que ha sido definido por el crítico J.M. Valverde como «el mejor entre los poetas británicos»,»poeta, poeta», «poeta por antonomasia»; o por A. Burgess: «would have become one of the great poets of all time» (…).»The poems of Keats that remain to us are models of the purely sensuous aspect of the romantic movement»( English literature, pág. 172).

Por eso quiero llamar la atención de J. Keats al que la muerte le llamó demasiado temprano, para recordar que, quizá,  sea la voz poética más importante del romanticismo inglés. Su pensamiento siempre estuvo en los parámetros de la virtud, de la conducta, unidas a la palabra independencia. Al lado están  celebración, alegría («Una obra hermosa es eterna alegría»-Endymion-). En muchos de sus poemas nos habla de ese «espacio  de mirada interior».

En su Ode to a Grecian Urn canta la inmortalidad de la belleza por el arte, que se contrapone a la caducidad de la vida. Es la permanencia del arte frente al paso del tiempo de las personas. Su poema no nos lleva al escepticismo como pudiera parecer sino a lo humanístico, aunque siempre veteado de un fondo de muerte tras la belleza; y eso sí, con adjetivos novedosos, exactos. La idea borgiana de que «se anticipó en un cuarto de siglo a la tesis de Schopenhauer» ha quedado esmaltada para la eternidad.

El epitafio en su tumba de Roma es toda una revelación: «Here lies one whose was write in water».

Que L. Byron tuvo más notoriedad, sin duda; pero desbarra el profesor si piensa que  Don Juan sea el ejemplo más nítido de la poesía inglesa romántica. El crítico A. Burgess lo tiene claro cuando escribe que Don Juan «is perhaps not strictly a romantic poem at all; there is too much laughter in it».