Poesía

Ópera prima de Héctor Acebo, ex alumno

Vamos caminando en este mundo salvífico de la poesía; pero, en este caso, Héctor se apoya en otro poeta grande, ya curtido en todas las batallas, como es Martínez Sarrión. No está solo; se sirve de una pléyade irrepetible como Octavio Paz, Pere Gimferrer, Valente y Panero. Con estos nombres nos envuelve de tal manera que al construir y rematar lo poético resulte más fácil el conocimiento que es  a donde quiere aupar, con ritmo, emoción, sentimiento, erotismo para dar sentido a las palabras de la tribu en expresión mallarmiana.

En la presentación del libro Camas de hierba, ayer, faltó debate, pero Héctor estuvo sublime con las palabras adecuadas, rítmicas, sonoras en las que la poesía que leyó hizo que la libertad se derramara sobre los asistentes, hizo que sobre nuestras cabezas se aposentara el espíritu vivificante, nutriente. Lógicamente, como se dijo, no supera, ni lo pretende, a Don de la ebriedad  de Claudio Rodríguez, pero es el libro inicial, el sustento del porvenir poético.

No pude preguntar, aunque en mi mente revoloteó por qué el poeta, casi siempre, cuando se inicia en la poesía, alude a la poética corporal inmersa en erotismo, pensamiento que ya Octavio Paz se encargó de ventear; mas, en Camas de hierba se va más allá al incrustarse en el sexo. Héctor juega con las palabras, más con el silencio para detener el tiempo. Una vez leído el libro, quizá no me equivoque, el dístico preferido es: «Que descanses. Llámame / por la noche, si te destapas: no vayas a coger frío». Todo un mundo en el que el simbolismo se hace carne, pasión, entrega, necesidad.

Teatro

¿Tiene actualidad El sí de las niñas? ¿Por qué, todavía, es una obra de lectura obligatoria? ¿Tampoco hemos avanzado en las relaciones humanas?

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El sí de las niñas se representó en el teatro de la Cruz el 24 de enero de 1806. Asistió el Príncipe de la Paz, y como sabemos fue novelado por Benito Pérez Galdós en el capítulo II de La corte de Carlos IV. Se hicieron cuatro ediciones ya en 1806, además de otras dos, al menos, en 1805. Es la más estimable si tenemos en cuenta que fue la más aplaudida por los espectadores. Incluso algunos la definen como una de las comedias inmortales y perfectas de la dramaturgia española. Fernández de Moratín (1760-1828) es un clásico que no solo fue autor sino también fue un estudioso del mismo. Se dice que incluso asistía a los ensayos de las representaciones teatrales. Quería que se entendiera la importancia de la educación de los jóvenes, capital para el progreso; de ahí su clara y manifiesta conciencia crítica al sistema educativo. El ataque a la obediencia plena de los jóvenes, que les impide rebelarse y los obliga a actuar hipócritamente en contra de sus sentimientos, se deja traslucir en toda la obra; así como, el abuso de autoridad tanto por padres como por tutores intransigentes. La obra como finalidad didáctica en la que sobresalgan la virtud y la verdad

Quizá en el mundo occidental resulta una trivialidad el tema que plantea, pero en su contexto histórico, tenemos que tener en cuenta que existía una conciencia social que concebía el matrimonio como un pacto de intereses. Moratín se opuso porque iba contra los principios morales; él prefería la honestidad, la rectitud. Su propósito: dar testimonio con esta obra. El autor planteó un problema que estaba en la sociedad, más allá del trono y del altar; algunos conservadores la juzgaron como subversiva, pero fue la más representada de su tiempo, en concreto durante 26 días.

Literariamente, el neoclasicismo representó, frente a la grandiosidad del barroco, un nuevo modelo de escritura, otra actitud en la que las personas son el centro como sabedoras del conocimiento, como motor de la sociedad; precisamente en la obra se nos muestra la razón y la compasión como dualidad para conseguir el disfrute, inherente a los humanos.

 En cuanto a la producción del autor, nos ha legado cinco comedias (El viejo y la niña, El Barón, El si de las niñas, La mojigata, La Comedia nueva); escritos sobre teatro ( Orígenes del teatro español); Discurso preliminar, que antecede a sus comedias; obra en prosa: La derrota de los pedantes; Epistolario, Diario, Viaje de Italia. Su faceta poética, hoy olvidada encandiló a parte de la crítica, pero también fue denostada por otros. La hondura de su vena poética se circunscribe al gran poema «Elegía de las musas» en el que hace una reflexión de la poesía y del teatro, baluartes de su pensamiento. Para mí, su poesía fue de las más perfectas del siglo ilustrado o, al menos, a mí me lo parece.

El contexto histórico en el que se inserta, el autor, con la caída de Godoy, se pone al lado de los franceses. José Bonaparte lo nombró bibliotecario mayor de la Biblioteca Real(1811). Con la vuelta de Fernando VII, como los llamados afrancesados, tuvo que marcharse.

Me ha  llamado la atención, aunque considero que la libertad es inherente a las personas, independiente del género, el hecho de que Moratín  nos quisiera plasmar en su obra la importancia que tiene la mujer a la hora de elegir con quién quiere compartir su vida, que en ese tiempo estaba vedada, por lo que se opuso a la pragmática real. Una vez leída,  mis pensamientos se sumergen en tantas mujeres que, hoy, tampoco son libres para decidir su vida en este sentido. De ahí que todavía tenga actualidad después de más de dos siglos de diferencia.

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Año Maragall.El poeta extasiat. El dramaturg.Critic militant

Añadamos también el ensayista y el periodista. Al cumplirse el centenario de su muerte, tenemos que ver en Maragall todas sus aristas, eso sí, a través de la literatura que es lo que permanece, lo que da vida, lo que se sale de lo oficial. Si solo nos quedamos en «nacionalista catalán» es que no hemos entendido, o no queremos comprender sus escritos, sus ideas. Pero, aunque fuera así, ¿es que una persona no tiene libertad para definirse, para propalar su pensamiento, aunque este perturbe el de otros siempre y cuando no recurra a la violencia?

Probablemente,  muchos de los males de los españoles han sido no reconocer otras lenguas, otras literaturas, otras costumbres, otras  culturas, y no solo esto, sino prohibirlas. Aquí está el mal.  Tal vez, el poeta al observar que no se respetaba a un pueblo, a una Nación-por qué no, ¿dónde está el impedimento?- abrazara y exigiera una Nación fuera de España por la intolerancia con que a veces se ha tratado a Cataluña y a otras regiones o nacionalidades. Para  Maragall, en los primeros años del siglo XX, España estaba enferma, y la curación según él debería partir de otras personas distintas, es decir  el catalanismo estaría llamado a conducir esa otra España de los pueblos. Pienso que él deseaba «un encaje» diferente dentro de una nueva España. He llegado a la conclusión de que él se sentía catalán y español, después de haber leído parte de su obra y haber escuchado algunas conferencias. El problema viene cuando a uno no se le permite sentir lo que es desde la cuna.

Todos tenemos que ceder, pero lo que no puede ser es que cada día nos digan que nos tenemos que poner de rodillas y musitar «soy español». Esta idea en sí produce rechazo. Pero, a veces, la inteligencia es tan corta de los gobernantes y de los medios de comunicación que son los verdaderos artífices de los problemas de la sociedad.

He releído, al cumplirse el centenario de su muerte (será en diciembre), algunas poesías y artículos periodísticos. Sin duda ha contribuido bastante el centro cultural Blanquerna de Madrid al recordarnos con una exposición la vida, la obra del poeta y el periodismo. Pero, más todavía las conferencias impartidas y los debates posteriores, en el que se ha insistido en otro brillante, soberbio, poeta Maragall.  No faltó su «Oda a España», que tanto se ha comentado y debatido con aspectos disidentes.

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La emigración global

Siempre ha existido la emigración como necesidad, pero también como conocimiento, aunque es difícil mantener este aserto en los umbrales del siglo XXI, y más cuando la crisis es un vocablo que se repite una y otra vez. Pero, nos olvidamos de que más de la mitad de la población ha sufrido  siempre lo que en las sociedades opulentas llaman crisis. Los que no tienen voz, los desheredados de la fortuna, siempre han estado en el pozo, incluso de la miseria. Es evidente que en la Europa que vivimos se entiende la crisis de otra forma, pero aquí también  reside la pobreza aunque no comparable con los que tienen verdadera necesidad, hambre, en otros lugares.

         La emigración, en parte, sirve para satisfacer las necesidades de donde proceden, pero también del país de acogida. Digamos de partida que se necesitan. Sin embargo, hoy, mucha gente no lo entiende. En la Europa que habitamos, el Parlamento Europeo de Estrasburgo propuso un marco legal que discrimina a trabajadores inmigrantes, ya que con el término “permiso único” excluye a importantes colectivos y deroga derechos básicos. Pero, es razonable que el Eurodiputado socialista Alejandro Cercas manifieste que ¿“estamos ante un nuevo tipo de esclavitud moderna?( El País 13 de diciembre de 2010, pág. 24).

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Novela

Cartas de la monja portuguesa

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Hace ya algunos años cayó en mis manos las cinco cartas de una monja del convento de Beja en el Alentejo de Portugal. Ahora, de nuevo, con motivo de un próximo debate en clase de la Universidad, han reverdecido. Las ideas que me vinieron, entonces, se agolpan otra vez. La principal: cuando nos visita el amor hay que servirlo, de lo contrario andaremos cojitrancos. E inmediatamente: ¿podemos exigir a la otra persona la misma entrega? ¿Por qué el que está más enamorado quiere arrebatar al otro el mejor tú? ¿Qué derecho tenemos? ¿Por qué al final Sor Mariana se ensaña de forma despiadada? («Si algún azar os devuelve a este país, os anuncio que os entregaré a la venganza de mi familia«). ¿Cómo una monja puede tener semejantes pensamientos? Me refiero, lógicamente, a lo de ´os entregaré a la venganza de mi familia´. ¿Pero, qué cristianismo es ese? ¿No nos enseñaron que hay que ofrecer la otra mejilla?

Si repasamos la literatura y los periódicos, recordaremos que nadie está exento de esa visita, y si nos hacemos caso, los escritos y  las noticias han dado buena cuenta, incluso, de los que un día se consagraron a Dios; han dejado atrás ese voto y se han entregado con pasión, y, sin duda, han proseguido con sus ideas cristianas, precisamente, por eso, por ser los hijos libres de Dios, y en la elección se han decantado por lo más grande que tenemos después de la libertad. Por tanto un aplauso a Sor Mariana, una mujer excepcional. Una mujer apasionada cabe siempre, y, sobre todo, como es el caso, si nos descubre la escasa capacidad o el egoísmo del ser amado («¡Cuánto cuesta decidirse a sospechar de la buen fe de aquellos a quienes uno ama!», pensamiento que ya podemos leer en la segunda carta).

Qué más da que estas cartas hayan sido escritas por Sor Mariana o por otra persona. Para mí eso no tiene importancia. Lo primordial es si nos sirve, hoy, para nuestra formación, no solo estilísticamente, como arte de la palabra.

Y una pasión amorosa, en un tiempo en que las apariencias predominan, siempre será bien recibida. Pero hasta tal punto de ¿ «estoy decidida a adoraros durante toda mi vida y a no ver nunca a nadie más«? La monja ya en la primera carta, se desnuda totalmente: «SI ME FUERA POSIBLE SALIR DE ESTE DESGRACIADO CLAUSTRO, NO ESPERARÍA EN PORTUGAL EL EFECTO DE VUESTRAS PROMESAS. SIN NINGÚN COMEDIMIENTO IRÍA A BUSCAROS, OS SEGUIRÍA EN TODAS PARTES DEL MUNDO«. Sinceramente, ¿no nos gustaría que alguien nos lo dijera? Libertad, amor sentimientos, he ahí un pozo inagotable en el ser humano. ¿Entonces por qué lo ocultamos? ¿Por qué no lo venteamos, como lo hace la monja, que lo sepa todo el mundo, que no haya misterio, que nos sintamos orgullosos de nuestra querencia. aunque esta , a veces, se muestre esquiva?

¿Es contradictorio el pensamiento de una persona que nos ha dicho que ha amado hasta lo máximo con  «pero ya no quiero nada de vos y soy una loca por repetir estas cosas tan a menudo»?

La última frase de las cartas  es un aldabonazo a nuestras conciencias: «¿Acaso estoy obligada a daros cuenta de todos mis sentimientos?