Poesía

“Que descanses. Llámame/por la noche, si te destapas”

Aunque ya dejé mis apretadas ideas la misma noche de la presentación en esta página “web” del libro Camas de hierba de H. Acebo, vuelvo porque es un deber para los que creemos, somos sentimientos; es un don que hay que aprovechar cuando  vida y literatura se hermanan.

Escribí que su ópera prima tenía como vector el dístico que encabeza este canto. Tantas veces lo he recordado que me veo en la necesidad de dar cumplido al pensamiento que me aprisiona. En realidad, los versos encierran, además de cercanía amorosa, sentimientos, lejanía, pero en ningún caso frialdad, como la expresión que ya he comentado en otro foro: “hablamos, cuídate”, después de una ducha. Esta es la peor frase que puede recibir alguien que ama en aquel contexto en que se dijo; la otra/el otro necesita algo más; lo que decimos o pensamos destroza a uno/a el sentimiento como alma. En aquella ocasión hubiera sido mejor el silencio, o apretar la mano, si no da la sensación de que solo es una necesidad física sin más, que todos necesitamos; pero, otros/as desean no solo el cuerpo sino también el alma. He ahí el problema, pero, ¿debemos exigirlo?

La comunión sería lo ideal, pero qué lejos está, sin que el otro/a se percate.Perdemos la confianza porque exigimos todos los días “dime que me quieres”, como cansina juventud. La exigencia nos envuelve de tal manera que nos convertimos en egoístas. Cuando la duda nos embarga preguntamos, ¿me quieres?, no es el carácter imperativo de la primera; ahora es saber si soy querido/a para tomar una decisión, o mantenerlo en secreto hasta que  nos convenga; o solo decir la verdad interiormente, y pronunciar lo contrario. Sé sincero/a , ¿cuántas veces lo hemos hecho incluso ante   el altar?

La expresión “que descanses” es poética, es querencia. Es el dar y el recibir, va más allá de lo puramente material. “Llámame” estaría en el mismo campo semántico, pero la condicional “si te destapas“, la carga significativa es tan grande que nos sobrecoge, nos inunda de sentimientos, es el final de la entrega, es la fusión del cielo y la tierra. Es siempre a tu lado, es el sentimiento hecho carne.

Poesía

Ópera prima de Héctor Acebo, ex alumno

Vamos caminando en este mundo salvífico de la poesía; pero, en este caso, Héctor se apoya en otro poeta grande, ya curtido en todas las batallas, como es Martínez Sarrión. No está solo; se sirve de una pléyade irrepetible como Octavio Paz, Pere Gimferrer, Valente y Panero. Con estos nombres nos envuelve de tal manera que al construir y rematar lo poético resulte más fácil el conocimiento que es  a donde quiere aupar, con ritmo, emoción, sentimiento, erotismo para dar sentido a las palabras de la tribu en expresión mallarmiana.

En la presentación del libro Camas de hierba, ayer, faltó debate, pero Héctor estuvo sublime con las palabras adecuadas, rítmicas, sonoras en las que la poesía que leyó hizo que la libertad se derramara sobre los asistentes, hizo que sobre nuestras cabezas se aposentara el espíritu vivificante, nutriente. Lógicamente, como se dijo, no supera, ni lo pretende, a Don de la ebriedad  de Claudio Rodríguez, pero es el libro inicial, el sustento del porvenir poético.

No pude preguntar, aunque en mi mente revoloteó por qué el poeta, casi siempre, cuando se inicia en la poesía, alude a la poética corporal inmersa en erotismo, pensamiento que ya Octavio Paz se encargó de ventear; mas, en Camas de hierba se va más allá al incrustarse en el sexo. Héctor juega con las palabras, más con el silencio para detener el tiempo. Una vez leído el libro, quizá no me equivoque, el dístico preferido es: “Que descanses. Llámame / por la noche, si te destapas: no vayas a coger frío”. Todo un mundo en el que el simbolismo se hace carne, pasión, entrega, necesidad.