Poesía

Ópera prima de Héctor Acebo, ex alumno

Vamos caminando en este mundo salvífico de la poesía; pero, en este caso, Héctor se apoya en otro poeta grande, ya curtido en todas las batallas, como es Martínez Sarrión. No está solo; se sirve de una pléyade irrepetible como Octavio Paz, Pere Gimferrer, Valente y Panero. Con estos nombres nos envuelve de tal manera que al construir y rematar lo poético resulte más fácil el conocimiento que es  a donde quiere aupar, con ritmo, emoción, sentimiento, erotismo para dar sentido a las palabras de la tribu en expresión mallarmiana.

En la presentación del libro Camas de hierba, ayer, faltó debate, pero Héctor estuvo sublime con las palabras adecuadas, rítmicas, sonoras en las que la poesía que leyó hizo que la libertad se derramara sobre los asistentes, hizo que sobre nuestras cabezas se aposentara el espíritu vivificante, nutriente. Lógicamente, como se dijo, no supera, ni lo pretende, a Don de la ebriedad  de Claudio Rodríguez, pero es el libro inicial, el sustento del porvenir poético.

No pude preguntar, aunque en mi mente revoloteó por qué el poeta, casi siempre, cuando se inicia en la poesía, alude a la poética corporal inmersa en erotismo, pensamiento que ya Octavio Paz se encargó de ventear; mas, en Camas de hierba se va más allá al incrustarse en el sexo. Héctor juega con las palabras, más con el silencio para detener el tiempo. Una vez leído el libro, quizá no me equivoque, el dístico preferido es: “Que descanses. Llámame / por la noche, si te destapas: no vayas a coger frío”. Todo un mundo en el que el simbolismo se hace carne, pasión, entrega, necesidad.