Teatro

Clase práctica fuera de la Universidad. Un gran Lope en el escenario

No se pudo ir a la obra El caballero de Olmedo porque las entradas para grupos  en el teatro Pavón estaban agotadas. Así es que me apresuré antes del estreno de El perro del hortelano de Lope de Vega a  reservar.

La vuelta de Lope de Vega a los escenarios siempre produce alegría; es un agradecimiento por su esfuerzo continuado tanto en la dramaturgia como en su poesía; los chascarrillos que se cuentan-incluso en la Universidad- no se sostienen; alicortos existen en todas partes. No sabemos dónde está enterrado, esa es la verdad; pero, no mareemos más; seguro que si hubiera nacido en Inglaterra ya se encargarían para  que fuéramos en peregrinación, y a buen seguro hubieran «echado a los leones» a aquella periodista que profanó su nombre en el diario El País. Cuenta Montalbán que cuando murió «las calles estaban tan pobladas de gente que casi se embarazaba el paso, al entierro, sin haber balcón ocioso, ventana desocupada ni coche vacío. Y así viendo una mujer tanta grandeza, dijo con mucho donaire: sin duda este entierro es de Lope, pues es tan bueno». Sigue leyendo «Clase práctica fuera de la Universidad. Un gran Lope en el escenario»

Literatura

Lope de Vega navideño

Lope de Vega navideño.Félix Rebollo Sánchez

Otro canto merece esta gloria universal como desagravio por la superficial crónica que se publicó en el diario El País. El otro canto lo publiqué el día 25 de noviembre. A Lope de Vega no se le puede tratar de esa forma chabacana. Muchos escritores universales han aprendido a trazar poesía, dramas y prosa poética teniendo como referente al mito de las letras españolas; sí, así de claro, que se propague; que no ha habido otro de mayor capacidad creadora en el que se funden dos épocas: el Renacimiento y el Barroco. Ningún otro escritor estuvo más cerca del pueblo, fue su alma, su voz; lo que bebía se lo devolvió con creces en obra de arte. Hasta la Inquisición prohibió la parodia del Credo de los cristianos: «Creo en Lope de Vega, todopoderoso, poeta del cielo y de la tierra…».   Con este panegírico quiero que no quede ni brizna de los renglones que aparecieron un viernes en el periódico nombrado, ni el cronista se atreva a escribir sobre Lope (¿habrá leído algo?, ¿sabrá que la llamada Generación del 27 cayó rendida a sus pies? Estas ideas no pueden quedar en tierra pedregosa, sino en la fértil, en la abonada para que alimente el espíritu.

Estos días navideños son propicios para recordar a los cristianos cómo Lope se adentra en la espiritualidad más emotiva para festejar la «buena nueva»-ha nacido el Redentor- en esos poemas que traspasaron fronteras: «Este Niño y Dios Antón / que en Belén tiembla y suspira / con unos ojuelos mira que penetra el corazón…» (Sus ojuelos). «No lloréis mis ojos, / niño Dios, callad, / que si llora el cielo, quién podrá cantar? (…). Pues andáis en las palmas / ángeles santos, que se duerme mi niño / tened los ramos» (Pastores de Belén). O estos otros que nos devuelven a la más honda espiritualidad; se adentra alegóricamente en su mundo interior: «Entro en mí mismo para verme, y dentro / hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada / una loca república alterada». Y cómo no recordar la entrega que siente cuando es llamado al sacerdocio:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

 Y como estamos en días amorosos que quede esmaltado el terceto del espléndido soneto a la muerte de Marta de Nevares: «Permíteme callar solo un momento, / que ya no tienen lágrimas mis ojos, / ni conceptos de amor mi pensamiento».

Personales

Canto de desagravio a Lope de Vega en el día de su nacimiento

Félix Rebollo Sánchez

Con motivo de cumplirse los 450 años de su nacimiento, el diario El País en el suplemento madridviernes  de 23 de noviembre de 2012, páginas 1, 2, y 3, ha aparecido una crónica con títulos «Amar en tiempos de Lope» y «La movida del siglo XVI». Como quiera que no solo los encabezamientos sino también el contenido me parecen que rayan la frivolidad, vaya ese canto para uno de los grandes entre los grandes universales, que hay que venerar. El 25 de noviembre de 1562, día de san Lope, obispo de Verona, nació el Fénix, uno de los más excelsos creadores que ha dado la humanidad. Otro crítico defiende que fue el 2 de diciembre (también día de san Lope); pero, esto poco importa.

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